viernes, septiembre 23, 2016

Muchachos y muchachas de las FARC, soñadores de la paz



|Por Pablo Fierro|

Ya lo sabemos, pero vean: son muchachas, muchachos, de origen popular, de familias campesinas pobres, con sueños como cualquiera de nosotros…

Comprender el proceso de Paz con las FARC no es sencillo; no alcanza con valoraciones superficiales para entender un conflicto armado de décadas con profundas raíces sociales. Dentro de toda la complejidad del caso me gustó que, en el contexto de la firma de los acuerdos, distintos medios se animaron a mostrar a las y los guerrilleros como ´personas´, desafiando la construcción mediática hegemónica que por décadas los presentó como demoníacos narcoterroristas, para así estigmatizarlos y justificar su aniquilamiento. Sin embargo allí están, y se enamoran, se divierten, seguramente quisieran ir a la Universidad, tener su casita y su tierrita y su bienestar. Pero se les cruzó la guerra, una guerra declarada contra sus comunidades mucho antes de que nacieran y que sólo les ofreció despojo, persecución, injusticias insalvables, muerte… Por eso decidieron sumarse a luchar en las filas guerrilleras.

Hay una campaña por ahí que muestra a las chicas con ropa guerrillera, y después maquilladas y producidas con ropas ´de civil´, pretendiendo que son más lindas fuera de la guerrilla. Más allá de los estereotipos que reproduce, creo que esa campaña propone otorgarles ´entidad de personas´ sólo porque vayan a dejar las armas. Yo tengo otra mirada: creo que hay mucha belleza en esa juventud de origen popular que eligió la lucha antes que la resignación; son bellas personas así como están hasta ahora, aún con uniformes guerrilleros; me parece perverso que haga falta negarles esa identidad rebelde para reconocerles su humanidad.

Por supuesto que están muy bien los acuerdos, y si su cumplimiento por parte del Estado implica garantías, bienvenido el hecho de que esos muchachos y muchachas no tengan que verse forzados a la guerra para luchar por un futuro que merezca ser vivido. Pero esa nueva posibilidad no tiene por qué negar la digna opción de lucha de tantos jóvenes que se rebelaron sacrificando y arriesgando lo más valioso: sus vidas, tras un anhelo de justicia que, dicho sea de paso, sigue tan pendiente como siempre.