lunes, septiembre 05, 2016

Segundo y tercer congreso de la CUT: unidad sindical en medio de la adversidad



La primera parte de la década de los noventa será recordada también por el recrudecimiento del genocidio contra dirigentes sindicales. Los picos históricos en número de víctimas, de los años 1993 (201 homicidios) y 1995 (228 casos), solo han sido superados a lo largo de la historia nacional por la estadística de 1996, año en el cual se presentaron 282 muertes (Escuela Nacional Sindical, 2011).

|Por: Felipe Pineda Ruiz / Investigador y analista político|

Después de un segundo congreso sin sobresaltos, de rigor, en donde se ratificaron los principios y los acuerdos del primero, la CUT llegó a su tercer encuentro, realizado en 1995, en la peor crisis de su historia. La salida de Jorge Carrillo, y el nombramiento pocos días después de realizada la tercera convención de Orlando Obregón, como Ministro de Trabajo del gobierno de Ernesto Samper, diezmaron la incidencia de la antigua Unión de Trabajadores de Colombia, UTC, dentro del principal conglomerado sindical colombiano. Esto desató una pugna ideológica entre dos tendencias, que el tiempo permitió que dejase de ser insoslayable a la hora de concertar las decisiones de la central: sindicalismo clasista versus sindicalismo democrático(1).

Corriente clasista, corriente democrática

El sindicalismo clasista estaba conformado por todas aquellas corrientes de ascendencia comunista, y orientación marxista-leninista, mientras a la segunda se suscribían quienes hacían parte del denominado sindicalismo independiente, influenciado fuertemente en aquel entonces por el sindicalismo socio-político, en auge por la creación simultanea de Centrales Unitarias de Trabajadores en Brasil, Chile, Perú y Paraguay, cuyo núcleo principal estaba constituido por organizaciones políticas menos radicales.

La polarización político-ideológica, en el seno del movimiento sindical, no era simplemente una contradicción caprichosa que acontecía únicamente en el ámbito nacional. A nivel global, y a pesar del fin de la denominada “guerra fría”, el antagonismo seguía con vida: la existencia de dos corrientes sindicales 1 El presente texto hace parte de la serie “CUT: 30 años de lucha por la paz, la democracia y la soberanía”, 7 crónicas sobre la historia de la CUT que serán publicadas en las seis próximas ediciones del Informativo CUT Bogotá Cundinamarca. mundiales, una encabezada por la por la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, CIOSL, y su filial en América, la Organización Regional Interamericana de Trabajadores, ORIT, y otra representada por la Federación Sindical Mundial, FSM, adscrita al bloque de la antigua Unión Soviética, mantenían con vida las tensiones previas a la caída del muro de Berlín (1989), aún en pleno 1995.

El debilitamiento de la FSM y las transformaciones en la ORIT(2), sumadas a los cambios vertiginosos en la CIOSL, fortalecieron el accionar la denominada “corriente democrática” dentro de la CUT. Esto permitió que el acercamiento de las organizaciones que recién dejaban las armas como el PRT, el EPL y el M- 19, se consumase. Estos antiguos grupos subversivos supieron hacer su propia “perestroika”, a su manera, una vez reinsertados a la vida civil. Nombres como Julio Carrascal, Miguel Ángel Pérez y Patricia Buriticá jugaron un papel fundamental en ese proceso dentro de la misma central.

Antecedentes del III Congreso de la CUT

Uno de los tópicos principales de discusión, previos al tercer congreso, se centró en la interpretación del papel del movimiento obrero y su propia autonomía: la disyuntiva giraba en torno a si la CUT debía cumplir un rol de opositor per se o si, por el contrario, debía asumir una posición más propositiva y convocante.

Otro aspecto, que desató controversia y suscitó un álgido debate, previo a la realización de tercera cumbre de la central, fue el acuerdo con el gobierno de Ernesto Samper (1994-1998) sobre productividad, precios y salarios.

Este pacto marcó una nueva etapa en las negociaciones entre la CUT y el gobierno nacional ya que logró tres conquistas fundamentales en ese momento: primero, que el ajuste de salarios dejara de hacerse sobre la inflación causada y empezara a realizarse en base a la inflación proyectada; segundo, lograr pactar un control de precios sobre servicios prestados por el Estado (energía, acueducto) y algunos productos y servicios por fuera de su tutela como los alimentos, las matrículas escolares, los arrendamientos y el transporte y, tercero, suprimir el término plusvalía e introducir la premisa de productividad, definiendo un concepto y una fórmula, de común acuerdo entre empresarios, gobierno y centrales obreras, que respondía concretamente a los siguientes interrogantes ¿qué se entiende por productividad?

Y ¿cómo medir dicha productividad? III Congreso de la CUT: por la vida, la paz y la democracia

El tercer encuentro, de la central obrera más importante del país, se llevó a cabo en la ciudad de Bogotá los días 15, 16 y 17 de noviembre de 1995. Con la 2 Al respecto, Héctor Fajardo, miembro del comité ejecutivo de la CUT en ese tercer congreso, señala: “La ORIT en aquel entonces estaba controlada por la férula de los Estados Unidos. Sin embargo, después de los congresos de Caracas y de Melbourne, y bajo la conducción del panameño Luis Anderson, comienza un replanteamiento en este núcleo sindical. La primera decisión que toma la ORIT, posterior a estos dos encuentros, es rescatar su declaración de principios fundacionales. Esto significó una ruptura total con el rumbo y la política previa de esta organización que había apoyado previamente la invasión a Nicaragua y las dictaduras militares en el cono sur. presencia de 1046 delegados nacionales y 13 internacionales, y con el lema “por la vida, la paz y la democracia” el congreso tuvo lugar al fragor de una coyuntura histórica marcada por la violencia antisindical (vida); la desmovilización de varios grupos armados (paz) y la constitución de 1991 (democracia). Algunas de las decisiones principales, aprobadas durante estos tres días de deliberaciones y debates cruciales, fueron las siguientes: se eliminó de los principios de la CUT el párrafo correspondiente a la no afiliación internacional; el artículo 20 de los estatutos de la central fue reformado para eliminar el requisito de las dos terceras partes para tomar la decisión; se aprobó por unanimidad la elección directa de los integrantes de los ejes organizativos de esta confederación obrera y se condenaron, de forma vehemente, las reformas regresivas a la constitución de 1991 y el famoso “revolcón” neoliberal, que destruyó el Estado Social de Derecho, llevado a cabo por el saliente gobierno nacional, en cabeza de Cesar Gaviria3. Principios de los noventa: neoliberalismo global y la apertura económica de Gaviria, a nivel local El Tercer congreso estuvo marcado, a nivel histórico, por el fin de la guerra fría: la bipolaridad de la disputa entre el bloque soviético y occidente fue reemplazada por una mirada unipolar y globalizadora que rigió al planeta después de la caída del muro de Berlín. La doctrina del neoliberalismo, una vez finalizada la pelea entre Moscú y Washington, se convirtió casi en una religión aceptada por unanimidad a nivel global. El desmantelamiento del Estado, el debilitamiento de los Estados-Nación y la injerencia en la soberanía, el manejo de la política fiscal y el pago de la deuda externa de países en vía de desarrollo, por parte de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, FMI, el Banco Mundial, BM, y el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, hicieron parte de lo que en su momento se denominó “Consenso de Washington”, término acuñado por el economista británico John Williamson que definía un paquete de medidas económicas y sociales, impuestas por las naciones desarrolladas al resto de países, como parte de un Nuevo Orden Mundial que, de ese momento en adelante, se encargaron de deconstruir la relación entre la sociedad, el individuo y los Estados. La deuda externa creciente de los países del tercer mundo fungió como el principal mecanismo de presión para que las exigencias de los organismos económicos internacionales, a sus acreedores, se consumaran: la liberalización económica y financiera de los países, la privatización de los activos estatales y los recortes a la inversión pública hicieron posible que la frase “más mercado, menos Estado”, que sintetiza el credo neoliberal, se hiciese realidad. En el plano local, dicho proceso de transición económica hacia el neoliberalismo, 1986-1994, iniciado por Virgilio Barco e implementado en su totalidad por Cesar 3 Central Unitaria de Trabajadores (1995), conclusiones del III Congreso Nacional de la CUT, Bogotá, p. 72, 104-105. Gaviria se denominó “apertura económica” e incluyó reformas al sistema cambiario, arancelario y comercial. El mundo del trabajo fue una de las principales víctimas de los efectos devastadores de las políticas del gobierno de Gaviria. La reforma laboral, sintetizada en la ley 50 de 1990, acabó con las pocas prerrogativas con las que contaba el grueso de la población colombiana: la flexibilización, la privatización parcial de la seguridad social, los despidos colectivos, la aparición de agencias de empleo temporal y el denominado “retiro voluntario” suprimieron no solo conquistas sociales sino, como en el caso estatal, decenas de miles de puestos de trabajo. Según el investigador Mauricio Archila “La privatización de empresas públicas en las áreas de puertos marítimos, aeropuertos, ferrocarriles, telecomunicaciones y seguridad social (ley 1 de 1990 y decretos presidenciales 2156 a 2171 de 1992), causó miles de despidos de empleados públicos; alrededor de 40.000 según el gobierno y más de 77.000 según Fenaltrase4. Sobre las discusiones que tuvieron lugar en aquel momento en el seno de la CUT, relacionadas con la defensa de los trabajadores desde el sindicalismo, del omnipresente neoliberalismo de principios de los años noventa, Miguel Ángel Pérez Gamboa, Secretario del Departamento de Educación acota lo siguiente: “Cómo preparación, de ese Tercer Congreso, la CUT suscribió con el Ministerio del Trabajo un convenio denominado “Impacto de las transformaciones económicas en el mundo del trabajo” que incluyó la realización de talleres a nivel nacional con activistas y dirigentes sindicales. La información recolectada permitió abrir un espacio deliberativo dentro de la CUT, previo a la preparación del III Congreso, en torno a nuevos métodos de organización en el movimiento sindical que hicieran contrapeso a las nuevas formas de contratación laboral que empezaban a emerger: menos trabajadores vinculados de forma directa; aumento de la contratación temporal y auge del denominado “outsourcing”. Las conclusiones del estudio mencionado sirvieron para abrir el debate sobre la necesidad de luchar, como central, por la contratación directa y la creación de sindicatos por ramas de la economía. Infortunadamente en ese momento no estaban dadas las condiciones políticas y subjetivas para que ese debate triunfara en el seno de la CUT”. Violencia anti sindical La primera parte de la década de los noventa será recordada también por el recrudecimiento del genocidio contra dirigentes sindicales. Los picos históricos en número de víctimas, de los años 1993 (201 homicidios) y 1995 (228 casos), solo han sido superados a lo largo de la historia nacional por la estadística de 1996, año en el cual se presentaron 282 muertes (Escuela Nacional Sindical, 2011). Dichos crímenes de lesa humanidad, durante este periodo histórico comprendido entre 1990 y 1995, no solo fueron cometidos por los autores materialesintelectuales a los que tradicionalmente se le atribuyen ente tipo de asesinatos. 4 Archila N, Mauricio (1995). Tendencias Recientes de los Movimientos Sociales, en Francisco Leal B. (compilador), En Busca de la Estabilidad Perdida. Actores Políticos y Sociales en los Años Noventa. Tercer Mundo-IEPRI-Colciencias, Bogotá, p. 263. La violencia desatada en la región del Urabá en aquel entonces, atribuida a la confrontación bélica-territorial entre una escisión del Ejército Popular de Liberación (Comandos Populares) y las FARC, también aportó un número significativo a tan escabrosa cifra de sindicalistas caídos, quienes históricamente fueron víctimas de agentes del Estado y grupos paramilitares. 10 años después de su fundación, y pesar de esta seguidilla de traspiés, la Central Unitaria de Trabajadores supo, durante este periplo de sucesos ininterrumpidos, marcados por el neoliberalismo, la arremetida contra los derechos laborales de los colombianos, la violencia anti sindical, el fin de la guerra fría y una nueva constitución nacional, sobrevivir, sobreponerse, y surgir, como el ave Fénix, de las cenizas de este conjunto de factores externos y de una inédita crisis interna para construir unidad sindical en medio de la adversidad.

 Edición 510 – Semana del 2 al 8 de Septiembre de 2016