jueves, octubre 13, 2016

Bob Dylan, Nobel de Literatura para el hijo de los 'beatniks'



Por primera vez, un escritor llegado desde la cultura de la música popular entra en el podio de la literatura.

|Por Darío Prieto / El Mundo|

Su nombre sonaba como el de Haruki Murakami o el de Paul Auster: concesiones demasiado populistas para lo que suele acostumbrar la Academia Sueca. Pero, de tanto repetirse y aparecer en las quinielas, lo que parecía poco probable es ya una realidad. Robert Allen Zimmerman ha conseguido el Premio Nobel de Literatura y lo recibirá con el nombre que tomó de otro gran poeta, Dylan Thomas, a raíz del cual se convirtió en Bob Dylan.

"Por haber creado nuevas formas de expresión poética dentro de la gran tradición de la canción estadounidense". Con este escueto comunicado ha justificado la Academia sueca su dictamen. La secretaria de la academia, Sara Danius, ha sigo la encargada de leer el nombre de Dylan. Tras el anuncio, ha declarado: "Bob Dylan es un gran poeta. Tan simple como eso. Es un gran poeta en la gran tradición de la lengua inglesa, que va de Milton y William Blake en adelante. Al mismo tiempo, es un autor que abraza la tradición, y no estoy hablando sólo de la alta tradición, sino de la más popular. Así, su repertorio incluye canciones folk de los Apalaches, blues sureño del Delta del Misisipi, hasta llegar a Rimbaud y al modernismo francés. Y maneja esta herencia de esta forma absolutamente original. Nadie ha hecho lo que él ha hecho".

¿Cómo interpretar un fallo tan atípico? Dylan ha sido un poeta nuevo, un escritor de versos que caen en torrentes, capaces de describir un mundo que, en su momento, nadie había definido. Además de tomar su nombre artístico de su colega galés, rescató el legado de la literatura y el modo de vida beatnik y el viejo cancionero popular americano, además del esperpento locuaz de Joyce y el talante evocador de Walt Whitman...

Eso, y el rock, claro. Si el rock ha sido la gran revolución cultural desde mediados del siglo XX, Bob Dylan fue el encargado de darle sustancia poética al asunto. Hasta que él llegó, las canciones que sonaban en la radio, con las que la gente bailaba o hacía el amor, estaban todavía impregnadas de aromas adolescentes, de "lo quiero, lo quiero, nena, dámelo ya". Pero Dylan, con sus largos recitados, sus imágenes surrealistas, sus metáforas y sus juegos con la voz del narrador, logró que ese arte adolescente se convirtiese en adulto.

Y, al hacerlo, arrastró a muchos otros detrás. De hecho, se puede comprobar el punto de inflexión que supuso en la carrera de los Beatles toparse con él. Por no hablar de toda esa generación de cantautores folk, de los que fue su apóstol en un primer momento y a los que traicionó (incluso con gritos de "¡Judas!") cuando electrificó su repertorio en el festival de Newport.

Dylan tiene el premio Nobel y sonarán canciones como Blowin' in the wind, esa ristra de preguntas sobre los problemas del mundo cuya respuesta está flotando en el viento. O Rainy Day Women 12 & 35' con su invitación a que "todo el mundo debería pillarse una fumada". O Stuck inside of mobile with the Memphis Blues again, que abrió caminos para tantos músicos, de Kiko Veneno a Grateful Dead y Cat Power.

La Academia Sueca premia también, quizá demasiado tarde, a la que es, hoy por hoy, la manifestación literaria más importante y popular: las letras de canciones. Una forma de escribir condicionada a su acompañamiento musical, pero que, con el transcurso del tiempo, ha trascendido los límites de la música para influir al resto de la literatura.