sábado, octubre 01, 2016

La academia del posacuerdo, ¿Ciencia Política sin campesinos?



|Por Andrea Marcela Cely|

Durante los días 21, 22 y 23 de septiembre se llevó a cabo el IV Congreso Nacional de Ciencia Política en la Universidad Javeriana. Allí nos encontramos egresados de esta carrera, docentes, estudiantes activos y algunas personas que se interesaron en esta disciplina para sus estudios de posgrado. En general, se vivió un ambiente académico y de intercambio de saberes alrededor de la democracia y la construcción de paz, pero muy poco sobre procesos constituyentes, como se tituló esta versión del Congreso. Este evento se realizó en un momento de quiebre histórico para el país, y seguramente la intención de sus organizadores estuvo concentrada en esta necesidad. Sin embargo, la amplitud de temas e intereses de los ponentes sobrepasó tal objetivo.

Junto a Juan Federico Pino quisimos mostrar (1), en dicho Congreso, un ejercicio de análisis de algunas experiencias de líderes estudiantiles, campesinos y defensores de derechos humanos que protagonizaron diversos paros, marchas y movilizaciones desde el 2011, y que posteriormente decidieron entrar a competir por una curul del Congreso de la República en el 2014. Una transición que evidencia al menos dos cosas: una relación intrínseca entre lo social y lo político, y una deuda de la ciencia política frente al análisis de estos procesos. Lo anterior cobra relevancia ante los retos que plantea la implementación del punto de participación política en los acuerdos firmados entre el Gobierno Nacional y las FARC. Este acuerdo será parte del debate político durante los próximos meses y seguramente años, y sin embargo, durante el evento faltó profundizar en la manera en que los politólogos nos estamos acercando a la relación que ya existe entre organizaciones sociales y el espacio de lo político-institucional.

Es importante insistir en las diversas formas en que se relacionan lo social y lo político en la práctica. Y más aún, cuando se afirma que la acción de un movimiento social en sí misma, ya es política. El análisis que hicimos durante la elaboración de nuestra ponencia confirma que las organizaciones sociales no sólo están generando acción política en espacios de movilización social, además están actuando de manera organizada en un campo tradicionalmente entendido como político. Lo anterior es fundamental para el análisis desde la ciencia política, más aún en el escenario que se abre con la implementación del acuerdo de La Habana. No obstante, después de la exposición, algunos asistentes insistieron en plantear variables de análisis construidas desde una mirada reducida del sistema de partidos existente, como las variaciones que determina un umbral. Dichos planteamientos confirman que las acciones de las organizaciones sociales son desconocidas como determinantes para la construcción de herramientas analíticas. Aspecto que puede ser explicado, en parte, por el poco acceso que se tiene a la información de las organizaciones sociales y un nivel de conocimiento aún menor de los debates que esto les genera en su interior.

Por otro lado, una intervención hecha por un asistente a la mesa llamó especialmente mi atención frente a la percepción que se tiene del sujeto campesino. Esta persona afirmó que, desde lo que percibía, los campesinos no sabían con exactitud a qué se estaban enfrentando en elecciones, y además que no contaban con experiencias organizativas lo suficientemente fuertes para disputar curules en el Congreso de la República. El participante asoció la lucha electoral directamente con los intereses privados, la búsqueda de recursos públicos, campañas sucias, y otro tipo de prácticas, que en principio para algunas personas del público, podían asociarse con gremios u organizaciones de otro tipo. En resumen, que la participación electoral estaba diseñada para las grandes maquinarias y que los campesinos y sus organizaciones tenían una debilidad intrínseca para participar en elecciones.

Esto confirmó, de nuevo, el poco conocimiento que se tiene de las distintas formas de acción política por parte de las organizaciones campesinas, la disputa territorial que enfrentan y el acceso a la participación política que han logrado hasta hoy. Frente a este tipo de afirmaciones, se puede responder que el movimiento campesino es, tal vez, la experiencia de movilización social más constante en la historia del país, y que sólo esto ya basta para demostrar que realmente han desarrollado capacidades que les permiten ser un sujeto político. Sin embargo, al revisar el programa del evento se confirma que los campesinos no son un sector social que esté siendo investigado o acompañado como lo merece, dada su relevancia para la sociedad colombiana. Las mesas y ponencias que están relacionadas con la línea de actores sociales y movilización se concentraron en los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes y los movimientos de mujeres.

Es gratificante encontrar tantas ponencias sobre la acción política de las mujeres, varias de ellas sobre mujeres en el sector rural, lo que confirma el avance de este movimiento. Empero, la ausencia del reconocimiento del campesinado como un sujeto político también da cuenta de la forma en que se está analizando la democracia en un proceso de construcción de paz. En las mesas fue recurrente encontrar ponencias sobre víctimas, ejercicios de autonomía territorial, financiación para el posconflicto, políticas ambientales, participación y democracia; pero pocas se refirieron a la acción de sector campesino en Colombia. Y bajo este presupuesto, quisiera enunciar mi mayor preocupación.

El domingo se votará por la aprobación de un Acuerdo que concentra gran parte de su implementación en el sector rural. Y sólo durante un evento, que claramente no representa todo el campo académico, fue posible imaginar lo difícil que será garantizar una relación estrecha entre la academia y la implementación de los acuerdos. Por esta razón, considero importante llamar la atención frente a un sujeto político que será protagonista en los próximos años. Las organizaciones sociales, y particularmente las del sector campesino, han logrado superar momentos de la historia que buscaron silenciar su poder. Y seguramente, serán capaces de leer las condiciones que se abren con la firma del acuerdo y los retos que plantea su implementación. No hay duda que promoverán un cambio en el tipo de reconocimiento hacia ellos y ellas, y considero que es un deber ético y político, acompañar este proceso.

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(1) Ponencia presentada con Juan Federico Pino Uribe, titulada Marchas y votos: análisis de la movilización social a la política electoral en las elecciones al Congreso de 2014.