jueves, octubre 20, 2016

Plebiscito en Colombia: ¡Otro fracaso de Santos!



Con la participación de sólo 13’063.885 colombianos de un total de 34’889.945 registrados, es decir que sólo el 36.7% acudieron al llamado gubernamental, mientras el 63.29% se abstuvo de votar contrariando las encuestas y las tácticas de las redes sociales. Fue así como el Plebiscito concretó un estruendoso fracaso, pasará a la historia como un duro golpe a Santos asestado por los ciudadanos que se abstuvieron.

El SÍ a la pregunta “¿Apoya usted el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera?”, alcanzó 6’377.482 (49.7%); y el NO a la pregunta logró 6’431.376 (50.2%). Para mayor frustración de los perdedores con el SÍ, hubo más de 257.000 votos inválidos entre no marcados (86.000) y nulos (170.000).

Los resultados del plebiscito nos dicen que la paz de Colombia no es la pregonada por el gobierno oligárquico y la cúpula de las Farc. Las cifras de las urnas el 02 indican que la justicia social no está consignada en los acuerdos de La Habana. La paz que reclama el pueblo y quiere Colombia exige al Estado -y en particular al gobierno de Santos- la participación de las mayorías de la sociedad colombiana como camino hacia una paz incluyente, participativa, que tenga en cuenta los derechos y soberanía popular, para lo cual es indispensable la apertura y desarrollo de un amplio dialogo nacional que involucre al pueblo y no sólo a la institucionalidad y las cúpulas de los partidos burgueses y de las Farc. La gente está demandando en grandes manifestaciones en las calles la participación de los distintos sectores del pueblo colombiano, de sus organizaciones sindicales y sociales, del campesinado, la juventud, las mujeres y de todas las víctimas de una guerra que ya sobrepasa los 70 años.

Los resultados del Plebiscito muestran que mientras las Farc se rinden el pueblo no lo hace, sigue resistiendo y luchado contra las maniobras y demás designios de la oligarquía y los yanquis.

El plebiscito dejó evidente la necesidad del diálogo y la negociación con el ELN y el EPL, como organizaciones alzadas en armas, y no sólo con las Farc. Esto lo confirman los resultados en zonas como el Catatumbo (Departamento Norte de Santander), en las cuales –a pesar de que las Farc utilizaron su presencia para impulsar el SÍ junto a la institucionalidad del Estado—  fue contundente el triunfo de la abstención pues logró porcentajes muy superiores al promedio nacional, así como es necesario tener presente el éxito de otras formas de rechazo a los Acuerdos de La Habana.

El plebiscito afirmó la necesidad de una Asamblea Nacional Constituyente de un amplio contenido democrático y popular que recoja ese sentimiento expresado por el pueblo: ¡paz incluyente, participativa, soberana y con justicia social!

La Constituyente Democrática sale airosa de este episodio plebiscitario como medio principal para alcanzar la anhelada salida política al conflicto.

Nuestro Partido reafirma la necesidad de una salida política al conflicto que favorezca esas aspiraciones de dialogo y cambio que han expresado el pueblo y sus organizaciones, llama a la más amplia unidad para lograr éxitos en la lucha popular frente a la crisis y ve definitivo trabajar por una Asamblea Nacional Constituyente que saque del actual entrampamiento burgués y oportunista a la lucha por la paz con Justicia Social y cree condiciones para sacar adelante y desde ya una candidatura presidencial unitaria de los sectores democráticos y revolucionarios para enfrentar en el 2018 a los candidatos de la oligarquía y el oportunismo de todo color.

Rechazamos un Acuerdo Nacional en defensa de los acuerdos de La Habana, o el llamado al Pacto Social de Uribe y su partido Centro Democrático para defender la institucionalidad del país, pues junto al plebiscito, ellos se oponen a la real apertura democrática y el logro de una Nueva Constitución al servicio del pueblo.

Uribe y Santos –secundados principalmente por los partidos burgueses— perdieron en el plebiscito porque las mayorías populares no acataron sus llamados. Ambos, como defensores de la rendición y el sometimiento de las Farc y toda la guerrilla, ahora utilizan la renegociación de los acuerdos de La Habana que obliga la pequeña ventaja del NO para afianzar esa desmovilización y blindar el régimen político pro fascista, el modelo económico neoliberal y la doctrina militar reaccionaria pro imperialista.

Otros grandes perdedores son las fuerzas oportunistas de todo color, que coaligadas con el binomio Santos-Farc, llamaron a votar SÍ para tratar de imponerles a las mayorías el acuerdo de minorías negociado a espaldas del pueblo en La Habana durante 6 años.

El modelo de “democracia avanzada”, el camino de las reformas y el embellecimiento del establecimiento que proponen las Farc no recibieron el espaldarazo de las grandes mayorías del pueblo pues, tal como lo afirman sus voceros, madura en las organizaciones populares el concepto de que las más diversas problemáticas del país no tienen solución con paños de agua tibia, que se requieren salidas de fondo y estructurales.

El plebiscito le quitó validez jurídica a los acuerdos de La Habana pero sus contenidos políticos básicos siguen vigentes y son la base para el Pacto Nacional o nuevo Frente Nacional, según afirmaciones de jefes claves de las élites como los ex presidentes Uribe y Pastrana, así como el propio presidente Santos. Esta identidad política entre facciones oligárquicas y los lugartenientes oportunistas que merodean en la izquierda, servirá para dar paso a un segundo plebiscito u otra figura jurídico-política sustitutiva de esa herramienta predilecta de los dictadores.

Ahora, cuando en el país y la comunidad internacional conocen la premiación de Santos con el Nobel de la Paz, se trata de engañar al pueblo hablando de ese sonoro premio que no modifica los resultados del Plebiscito. Ese premio, dado el sanguinario historial de Santos, cubre más del lodo de la indignidad al premiado, pues es responsable de crímenes de guerra que incluyen a los horrendos asesinatos llamados “falsos positivos”.

Se equivocan quienes para justificar el Nobel a Santos identifican el anhelo popular de paz con justicia social con las mezquindades y cerrazón antidemocrática de la paz de Santos, de su “pax romana”, la paz del sometimiento y silenciamiento de todos de quienes se oponen al cerramiento de la democracia, al desconocimiento de los derechos y las libertades.

La comunidad internacional –en amplios espacios- reconoce en el señor Santos al hombre que impulsó la inclusión del país y sus Fuerzas Armadas a la OTAN, al Grupo de los Aliados, verdaderos responsables de las masacres y el genocidio al pueblo Sirio y otros países árabes. Ellos bajo la orden del imperialismo norteamericano son los verdaderos responsables de la guerra que se promueve en los diferentes rincones del planeta contra los pueblos que luchan por su autodeterminación.

Al premiar a Santos la socialdemocracia de Oslo y la ONU elevar los acuerdos de La Habana a modelo y ejemplo internacional, en plena segunda década del Siglo XXI, no hay en ello otro propósito que apagar las llamas libertarias de los pueblos que se rebelan o quieren rebelarse contra la explotación y la opresión de los regímenes burgueses y relegitimar la doctrina de la Seguridad Nacional y la “lucha contra el terrorismo” que bajo la orientación de los EEUU busca liquidar toda expresión de inconformidad con los planes de ajuste neoliberal y la fascistización en Colombia y el mundo entero.

Las víctimas de la guerra no tienen en Santos a su escudero; la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición de los crímenes del Terrorismo de Estado han sido presupuestos de justicia alcanzados por las comunidades en lucha por la ampliación de sus derechos y libertades; la comunidad internacional hoy se ve obligada a rechazar las masacres y el genocidio, los bombardeos indiscriminados, las violaciones al derecho internacional humanitario impulsadas por el Nobel Santos y los presidentes que lo han antecedido, que han tenido en la Nueva Doctrina Militar y la Política de Sometimiento del Estado Colombiano a una devastadora y criminal herramienta que ha ido degradando la guerra que hace parte del conflicto social.

No descansaremos de repetir que ni el criminal presidente imperialista Obama, ni el lacayo Santos, representan la paz que aspiran los pueblos del orbe.

Seguiremos impulsando un gran Frente Político de Masas contra las reformas económicas, sociales y políticas que busca adelantar Santos y su coalición de gobierno para profundizar el neoliberalismo; la exclusión y la violencia en el país; por la eliminación de la penalización de la protesta social; ampliando la lucha por la desaparición de prácticas represivas como las del ESMAD; demandando el pleno derecho de petición, contratación colectiva, organización y huelga de los obreros y todos los trabajadores; impulsado la lucha por la reforma agraria democrática contra las perversas ZIDRES que sirven al gran capital nacional y multinacional; defendiendo los derechos de los pobladores urbanos a vivienda digna y servicios públicos domiciliarios de calidad y a bajos costos; seguiremos promoviendo las movilizaciones y luchas con las cuales se prepara el Paro Cívico Nacional para exigir la negociación de los 15 puntos presentados a Santos el pasado mes de marzo. Con el apoyo y participación de la clase obrera, los trabajadores y el pueblo continuaremos luchando por una Patria Soberana y Democrática, insistiendo en los cambios que reclama las mayorías nacionales.

Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista) Comité Ejecutivo Central