lunes, noviembre 07, 2016

A los 29 años de la muerte de Arnulfo Ducuara y de la instauración del parque que lleva su nombre en la Universidad del Tolima



|Por Imaginario Colectivo|

Ducuara en el recuerdo

Inteligente, sensible, solidario, comprometido con las causas populares: así era Arnulfo Ducuara, hijo de Arnulfo Ducuara Luna y Beatriz contreras Romero, nieto de Escolástico Ducuara, gobernador hace ya mucho tiempo del Cabildo Indígena de Yaguara y hoy desplazado a los llanos del Yarí, donde reside aún y aún resiste en un cabildo que han querido denominar Yaguara II.

El Parque Arnulfo Ducuara intenta mantener la memoria y el recuerdo de este estudiante de la Facultad de Educación, nacido el primero de abril de 1960 y muerto accidentalmente el 7 de noviembre de 1987. El liderazgo que ejerció el indio Ducuara en la Universidad del Tolima, obedecía a una precisa fundamentación ética y a un claro compromiso político en torno a los valores de la decencia, de la autonomía, de la pertinencia y de la solidaridad, que debieran acompañar a los estudiantes universitarios, como él lo creía. Militante de la vida, capaz de entenderla y de cambiarla, encarnaba fehacientemente al “hombre nuevo” de la propuesta guerrista. 

Su fugaz tránsito de vida le deparó al movimiento estudiantil de ese momento, un venero inagotable de utopías: confrontó la simulación del pensamiento; la mezquina ambición y los falsos compromisos militantes de Esaúes que buscan cambiar primogenituras por platos de lentejas; trabajo con tesón por construir una auténtica comunidad universitaria en la praxis cotidiana, y no en la retórica reglamentarista o en los farragosos planes institucionales.

Hoy, a los 29 años de su muerte, cuando pareciera instalarse una astuta mentalidad mendicante, logrera y trepadora, entre algunos grupos universitarios que campean escandalosamente sobre las pequeñas negociaciones y la adulación a las autoridades académicas y administrativas, es fundamental que, desde la nostalgia, evoquemos el nombre y las acciones de Arnulfo Ducuara, si queremos rescatar la dignidad del movimiento estudiantil y sus programas. Tanto para las mayorías estudiantiles, como para los sectores democráticos del profesorado y de las directivas universitarias, es urgente superar esas desviaciones y tergiversaciones que han ido estructurando una especie de tejido conjuntivo de avezados tartufos que inmolaron la ética, las ideas y las teorías en favor de las prebendas personales.

Si ayer Ducuara confrontaba las posturas vanguardistas y excluyentes de quienes presumían tener ventajas teleológicas y deterministas, nos corresponde ahora luchar por el restablecimiento de organizaciones políticas y culturales centradas en el pluralismo, en la tolerancia y en las negociaciones democráticas, capaces de impulsar la crítica, la deliberación argumentada, la participación ciudadana y una articulación real con las comunidades, eludiendo en todo caso, esa extraña política de las contemporizaciones y de las conciliaciones amañadas.