martes, noviembre 08, 2016

François Dosse: “Contar la historia con herramientas de la ficción”



El historiador francés François Dosse ahonda en las razones que explican el resurgir de la noción de acontecimiento y el auge de las biografías.

|Por: Alejandra Varela|

La historia es para François Dosse una máquina para capturar escenas. La rutina amistosa a la que Gilles Deleuze sometía a Félix Guattari para que el director de la clínica La Borde pudiera por fin darle materialidad en el papel a su teoría, la furia de Jaques Lacan cuando descubre que Paul Ricoeur lo ignora en su libro sobre el psicoanálisis después de asistir a sus clases y confesarle que no entiende nada de lo que dice, funcionan como el armado político que establece modos laterales, más exigentes de narrar la historia. Entiende que se trata de una disciplina que necesita usurpar ciertas herramientas de la ficción. Por eso la biografía como género y los conflictos que sus retratados hacen destellar como ideas insospechadas. Del descubrimiento feroz de que Wittgenstein fue compañero de colegio de Hitler, de esa amistad que le dejó al lingüista austríaco un eterno desasosiego, habló el historiador francés en las conferencias que brindó en su visita a la Argentina para pensar los cincuenta años del estructuralismo y discutir con una teoría tan francesa, al detenerse en el drama humano, en el acontecimiento como el motor de la historia.

–La biografía le da un protagonismo fuerte a la conflictividad de los biografiados. ¿Es el género que le permite sintetizar todas las líneas históricas que usted discute en sus libros?

–La biografía aporta a la visibilidad del pensamiento y la manera en que fueron creando los conceptos. En el caso de Deleuze y Guattari funcionaron de manera sumamente singular, fuera de los recorridos típicos porque, en general, cuando se trabaja de a dos hay como una complementariedad de las habilidades de cada uno. Se podría pensar que se iba a complementar la capacidad filosófica de Deleuze y el conocimiento psicoanalítico y psiquiátrico de Guattari, y no funcionaron para nada de esa manera. Funcionaron como lo que se llama un agenciamiento colectivo de las enunciaciones donde hicieron valer los roces entre ellos. Pusieron en perspectiva conceptos, los trabajaron los dos, hasta que eso diera chispas. Confrontaron uno y el otro. La manera en la que inventaron los conceptos no es el reflejo de su época sino que van a anticipar la época futura y hay una actualidad extraordinaria de su pensamiento porque los conceptos que destacaron son más válidos para la sociedad en la que vivimos nosotros que la sociedad de los años 70. Tomo el concepto de rizoma. Son las redes sociales, la informática, Internet, que funcionan a partir de conexiones aleatorias, que son muy fuertes y pueden llegar muy lejos y que apuntan a la horizontalidad y no a la verticalidad jerárquica.

–Le da mucha importancia al concepto de acontecimiento. ¿El acontecimiento es un conflicto nuevo que surge de las demandas de la sociedad y que el intelectual se siente convocado a pensar?

–Yo escribí un libro sobre el renacimiento del acontecimiento llamado El acontecimiento histórico entre Fénix y Esfinge. En el período estructuralista se decía que el acontecimiento era un significante porque era la espuma, algo aparente, se valorizaba la larga duración, había que buscar las permanencias detrás de los cambios. Desde hace unos años, se revaloriza en la historia la noción de acontecimiento. Porque hay rupturas, discontinuidades, sorpresas que nos interrogan y que hay que cuestionarse, que son muy significantes y no sin significantes. El acontecimiento interroga porque, como dice Derrida, no lo entendemos. Es algo que sorprende. La tarea de los historiadores, en primer lugar, pero también de los medios, es intentar comprender, darle inteligibilidad y, al mismo tiempo, puedo decir con Michel de Certau que el enigma sobrevive más allá de cualquier explicación que le demos. En general los historiadores tenían tendencia a sobrevalorar las causas y decir que este acontecimiento era ineluctable. Si miramos más cerca nos damos cuenta de que no era tan ineluctable, que había un campo de posibles. Un ejemplo muy revelador es que a Ernesto Lavisse, el gran ícono de la historia francesa de finales del siglo XIX, principios del XX, le preguntaron en 1914: “Señor, usted que conoce la historia de Francia de memoria, ¿habrá guerra?”. Y Lavisse, que como historiador era muy competente para predecir el pasado, contesta: “Si hay algo que puedo decir con certeza es que no habrá guerra”. Era 1914, a vísperas de la Primera Guerra Mundial. La tarea del historiador, en lugar de fatalizar la historia a través de causalidades mecánicas, es volver a encontrar la indeterminación del presente en las sociedades pasadas. Ver cómo en el pasado las sociedades estaban confrontadas a posibilidades que no estaban determinadas. Cuando surge el acontecimiento tiene efectos pero son complejos y no siempre perceptibles en el momento.

–Usted considera que el sentido de la historia surge de la acción humana, en contra de una concepción teleológica. ¿En el concepto de acción se unen la biografía y el acontecimiento?

–Las dos cosas están relacionadas hoy. Tenemos un renacimiento del acontecimiento y el renacimiento de la biografía. Privilegiar un estudio a partir de singularidades, de situaciones, y esas acciones las tomamos a escala micro de los individuos, la singularidad de los acontecimientos. Tiene mucho peso una corriente italiana que se llama la microhistoria. Creo que Carlo Ginzburg no estaba lejos del concepto de huella cuando definía la historia indiciaria. Da varios ejemplos de este paradigma indiciario como la técnica para detectar las falsificaciones en las obras de arte. La técnica de Morelli indica que la lectura de la obra se va a ocupar de indicios marginales. El copista de La Gioconda va a ser muy bueno en la sonrisa, porque tiene que ser perfecta, pero hay momentos de distensión, por ejemplo, en la mano de La Gioconda: ahí se reconoce el arte auténtico del falso.

–Cuando el intelectual elabora un concepto sobre el acontecimiento está realizando una intervención en el presente, su trabajo pasa a tener un efecto performático sobre esa realidad.

–En mi texto sobre Pierre Nora, El regreso del acontecimiento, Nora se cuestiona sobre el acontecimiento moderno. Parte de una experiencia porque en Mayo de 1968 él vivía en el Bulevar Saint Michel en el Barrio Latino. Su balcón era el palco para ver las manifestaciones y, como tiene una gran red de contactos, invita al periodista más conocido de radio, que pudo pasar sus flashes informativos sobre lo que veía desde el balcón de Nora. Los medios informaban cada diez minutos sobre los enfrentamientos. Nora describe lo que ve pero, gracias al micrófono del locutor, llegaba la información a los campos más lejanos de Francia, se vivía al ritmo de los enfrentamientos. De allí surge un análisis sumamente interesante sobre el acontecimiento moderno y el medio que lo transmite. No para decir que los medios fabrican el acontecimiento o lo deforman sino que la construcción del acontecimiento es llevada por el soporte mediático y entonces debe ser pensada en la manera en que sucede ese acontecimiento, qué se conoce, qué se transmite. ¿Qué es lo que hace al acontecimiento moderno por excelencia como es el caso Dreyfus? No es tanto la injusticia de condenar a un inocente porque inocentes en la historia hay muchos. Lo nuevo es que la prensa se apodera de este caso y hace el Caso. Hay un acontecimiento allí que hay que entender con la lógica de la prensa. Hoy en día Internet es fundamental en la transmisión de un acontecimiento; su construcción y las consecuencias dependen de la manera en que se presenta. El análisis forma parte de la sedimentación de sentidos que va a tomar tal o cual acontecimiento.