domingo, noviembre 06, 2016

Hitos de los catastros rústicos desde la antigüedad hasta el siglo XV



|Por Alexander Martínez Rivillas*|

Introducción

Los catastros rústicos o antiguos ya son ampliamente reconocidos como instrumentos administrativos que contribuyeron a la fundación de las primeras civilizaciones complejas. Estas sociedades se caracterizaron por tener poderes centralizados, sostener una agricultura eficiente y dar lugar a las revoluciones urbanas (Childe, 1983; Diamond, 2014). En general, estas civilizaciones lograron establecer un sistema de captura de excedentes agrícolas para garantizar el sustento de la vida urbana y sus distintas actividades burocráticas, militares, religiosas y otras relacionadas con los oficios artesanales y de la construcción. 

Dicho sistema tuvo éxito en la mayoría de los casos por la configuración de “sociedades de agricultura hidráulica”, debido a su capacidad de construir sistemas de riego y canales de avenamiento para aprovechar agronómicamente los valles inundables de los grandes ríos, como Nilo, Tigris, Éufrates e Indo. Por supuesto, en esta hipótesis se rechazan las capacidades de las “sociedades hidroagrícolas” para constituir tal infraestructura y fenómenos de planificación urbana, dado que sus comunidades se desenvolvieron en pequeños valles fértiles, con escasos poderes centralizados y actividades pastoriles más o menos hegemónicas (Alba, 1983). 

Por tanto, los catastros rústicos no fueron necesarios, o al menos no hay pruebas de su existencia, en aquellas sociedades rurales casi siempre asociadas a un pobre crecimiento demográfico. Lo que sí es factible es el proceso de aprendizaje de las prácticas catastrales de las sociedades hidráulicas por parte de las sociedades hidroagrícolas en procesos de expansión, por la probada eficiencia de estos sistemas fiscales de la tierra (Diamond, 2014; Alba, 1983). Hipótesis que se hace más plausible cuando se trata de explicar el proceso colonialista de sociedades de origen pastoril, como es el caso de los griegos y los etruscos. 

En términos generales, los catastros rústicos tuvieron distintas funciones públicas en cada periodo de los imperios o reinados consolidados del mundo oriental u occidental, con una mayor o menor separación del poder sacerdotal, pero casi siempre controlados, al final de sus etapas, por el poder monárquico. En momentos excepcionales, como es el caso de Grecia Clásica, el catastro rústico fue un instrumento fiscal con efectos redistributivos que se empleaba para repartir las cargas en los gastos destinados a la defensa de las ciudades, o para distribuir las tierras colonizadas de forma más o menos igualitaria (Martínez, 2001). En China se conocen casos muy interesantes de catastros rústicos con resultados redistributivos masivos, pero que pronto colapsaron por la presión de terratenientes o nobles (Hallet, 2007). No obstante, en la mayoría de los casos se confeccionaron catastros rústicos polifuncionales, profundamente instrumentados por los poderes religiosos, militares y civiles, según fuera el caso. 

Por otro lado, es posible que catastros rústicos se hayan originado en sociedades hidroagrícolas colonialistas sin que mediara contacto alguno con imperios de origen hidráulico, como es el caso de los sistemas fiscales de la tierra precolombinos. Los vestigios arqueológicos y memorias de cronistas han ayudado a configurar la hipótesis de catastros rústicos en la sociedad Azteca, la cual puede asociarse a una sociedad hidroagrícola expansionista con pobres desempeños en la producción de cereales, pero muy eficiente a la hora de contabilizar sus recaudos (Lagarda, 2007). 

Asimismo, se pueden derivar algunas conjeturas interesantes sobre el funcionamiento del sistema tributario de los Muiscas (Tovar, 2010), los cuales pudieron desarrollar un catastro rústico de carácter ágrafo o profusamente oral, pues en su calidad de sociedades hidroagrícolas en expansión, y plenamente articuladas a las economías acuícolas y agrícolas de los ríos, valles de inundación y extensos humedales y lagunas, lo pudieron haber desarrollado. 

Respecto a la discutida etimología de la expresión “catastro”, y si efectivamente fue un sistema catastral el que dio origen a la escritura, se mencionarán algunas conclusiones centrales. En una investigación previa se encontró que la expresión katástijon, del griego bizantino según Corominas (1997), representa la etimología correcta de la palabra catastro, y que la hipótesis de su origen en la expresión capitastrum no tiene fundamento. Se demostró que la etimología del filólogo catalán, pobremente sustentada en su obra, sí gozaba de elementos empíricos de soporte, especialmente relacionados con el uso de la raíz griega <kata> en las obras de Heródoto, Hesíodo, Jenofonte, Sófocles, Diodoro Sículo y Platón. Pues, esta raíz contiene referencias a las ideas de “bajo la tierra”, “conforme a la ley” y “distribución” (Martínez, 2001; Wernher y Páramo, 1995).     

Con relación a la hipótesis del origen de la escritura, las últimas investigaciones han confirmado el hecho cierto de que la agricultura, en adecuadas condiciones ambientales y bajo una buena administración de su excedente agrícola, entre otras condiciones, posibilitó la construcción de las ciudades, y con ellas la producción de empleos dedicados al ocio funcional. En virtud de estos oficios se explica entonces la aparición de culturas con escritura en Egipto, Mesopotamia, India y China, quizás de manera independiente (pero esta afirmación se encuentra en discusión) (Diamond, 2014). No obstante, parecer ser que el catastro no participó en el origen mismo de los grafismos, sino que probablemente las necesidades de realizar censos de población fueron las primeras causas del surgimiento de una protoescritura (Schmandt-Besserat, 2002), que en efecto fue evolucionando en virtud de las demandas técnicas del sistema fiscal o catastral hacia la escritura pictográfica e ideográfica, por lo menos.

Posteriormente, las sociedades Maya y Azteca, por sus complejidades administrativas semejantes a las anteriores, lograron constituir sistemas de escritura con pictogramas e ideogramas, los cuales alcanzaron la condición del fonograma en algunas ocasiones (Thouvenot y Hoppan, 2006). No obstante, esta causalidad de lo material a lo cultural debe verse con cuidado, pues las culturas ágrafas también desarrollaron estrategias mnemotécnicas para resolver las complejidades de un sistema contable y fiscal de la tierra, que es el caso que se supone en lo referente a la administración del imperio Inca (contabilidad con quipus), o de la sociedad Muisca (según se colige de los cronistas de Indias y la evidencia arqueológica). 

Este breve estudio sobre los catastros occidentales y orientales desde las revoluciones urbanas hasta el siglo XV tratará de mostrar entonces cuatro momentos de su historia: los primeros catastros rústicos, los catastros rústicos complejos, los catastros rústicos premodernos y los catastros rústicos precolombinos. Esta clasificación es más o menos arbitraria, pues se limita a trazar líneas divisorias en virtud de la simplicidad o diversidad de sus funciones, y no aspira a seguir una línea evolucionista de este instrumento administrativo destinado a la exacción de rentas del campo y la ciudad. 

De hecho, algunos catastros rústicos pudieron ser más eficientes que los catastros modernos, si se tiene en cuenta que los sistemas catastrales tienden a ser más eficientes si los funcionarios, las rutinas burocráticas y las tecnologías de medición se ajustan a un régimen de disciplinamiento y control centralizado. Lo que pudo haber sido logrado por culturas de distintas complejidades. 

Finalmente, se debe advertir que los catastros rústicos a considerar aquí solo representan hitos o momentos clave de su historia, explicaciones que no abundarán en detalles, y que quizás dejarán en la sombras otras experiencias de instituciones fiscales de la tierra, lo que siempre constituye un riesgo en toda pesquisa histórica o en cualquier genealogía.    

1.    Los primeros catastros rústicos

Solo se puede establecer que los primeros catastros emergieron de manera simultánea en Sumeria, Antiguo Egipto y Valle del Indo. Se especula que fueron instrumentos administrativos de la tierra con fines fiscales, bajo el control inicial de los Templos y, posteriormente, regentados por los poderes monárquicos cuando lograron debilitar la influencia del poder sacerdotal. Sin embargo, se conjetura que los Templos continuaron con el control de importantes porciones de tierra bajo la administración de sus propios catastros, después de perder sus luchas contra los poderes civiles. No se conocen las funciones concretas de las instituciones catastrales, pero sí es claro que se desarrollaron en el contexto de las “revoluciones urbanas” entre 3000 y 2900 a.C.  

Mesopotamia

En Sumeria, se colige la existencia de la institución catastral a partir de la “Colección de Tablillas” de Shuruppak (Fara) y de Erech (3000 a.C.), las cuales contienen distintas cuentas de los Templos escritas en sumerio (cuneiforme). Se presume que las cuentas estaban ligadas a censos agrícolas, lo que configura la hipótesis general del nacimiento de la escritura asociada a meras necesidades prácticas de administración o gobierno: primero, un sistema censal de personas, y luego un sistema de recaudo del excedente agrícola, esto es, un catastro rústico. Se supone una evolución desde la protoescritura de la “Tablilla de Kish” datada en 3500 a.C. (Childe, 1983; Schmandt-Besserat, 2002). 

De hecho, el “Plano catastral” inscrito en una pared del sitio conocido como Catalhoyuk (2700 a.C.), ubicado en la región de Anatolia, sur de la actual Turquía, ratifica la presencia del sistema catastral bajo el control de las ciudades sumerias. Asimismo, en otro sitio, bajo la influencia del Imperio Acadio, heredero de los desarrollos fiscales de Sumeria, se determinó la existencia de un “Plano catastral” en tablilla de barro cocido con descripciones de diferentes propiedades (2300 a.C.) (Lagarda, 2007).

Bajo el régimen Acadio también se conjetura la existencia de un sistema catastral, quizás más especializado, para el periodo 2112-2095 a.C., en virtud del famoso “Texto catastral de Ur-Nammu”, el cual se talló en diorita y fue encontrado en Nippur, hoy Niffar, actual Irak. Dicha pieza contiene información predial relevante para la captura de rentas agrícolas (Lara, 1986).

En Caldea, Mesopotamia meridional, se supone la continuidad del sistema catastral por la vía de la sabiduría acadia, lo que se constata con la “Tablilla Caldea”, la cual sugiere inscripciones sobre características de parcelas y su entorno ambiental para 1600 a.C. (Lagarda, 2007).

Egipto

En el Antiguo Egipto se presume la existencia de un instrumento administrativo de la tierra con fines fiscales según los denominados “Registros Reales” (3000 a.C.). Así pues, se hallaron registros de la propiedad del suelo, y en decoraciones de tumbas se representan “estiradores de cuerdas” o agrimensores (Larsson, 1996). Elementos suficientes para suponer la existencia de un catastro rústico. Posteriormente, bajo el Imperio Egipcio, el propio Heródoto (V a.C.) refiere las campañas de actualización del impuesto a la tierra y la redistribución de la misma en 1700 a.C. También abunda en detalles sobre los “estiradores de cuerdas”,  los “impuestos” proporcionales a la producción de la parcela, y al “nilómetro”, instrumento de medición de la cantidad de limo por la crecida del Nilo como atributo de la productividad, en un momento posterior del Imperio, el cual se ha situado en 1400 a.C. Evidencias que hacen suponer la consagración de la institución catastral (Alcázar, 2000).   

Es ya conocida la elaboración de un censo con destino a una nueva distribución de tierras, el cual fue ordenado entre 1279 y 1213 a.C. por el Faraón Ramsés II, y que supone la implementación de un aparato fiscal más especializado, como el empleo de agrimensores, escribas y otros funcionarios públicos (Lalouette, 2006).

India

En el Valle del Indo, civilizaciones de las antiguas ciudades de Harappa y Mojensho Daro (3000-2900 a.C.), pudieron haber desarrollado catastros rústicos. Esta hipótesis cobra fuerza cuando se constató, en sus vestigios arqueológicos, la existencia de una escritura, operaciones matemáticas, aplicaciones geométricas, y patrones de peso y medida. Asimismo, se evidenció planificación urbana y sistemas de riego en diferentes lugares de estas antiguas ciudades (Childe, 1983, pp. 200-206; Martínez, 2001).    

China

El Emperador Yu El Grande, fundador de la dinastía Xia, ordenó la realización de un censo de población y registros de actividades agrícolas en el 2200 a.C., según se infiere de “Las Memorias Históricas” (Sima Qian, 1993). Lo que podría revelar los elementos básicos de una institución catastral. Se debe destacar que esta obra contiene relatos míticos sobre los primeros emperadores chinos, especialmente relacionados con los orígenes divinos de sus regentes. Sin embargo, las huellas arqueológicas de esta civilización permiten suponer los desarrollos de instituciones fiscales de la tierra. Se le ha asociado con una cultura del bronce, pues en yacimientos de Erlitou (1959), en la ciudad de Yanshi (Henan), se encontraron palacios con dataciones entre 2100-1800 a.C., que confirmarían los relatos del antiguo biógrafo Sima Qian.       
  
Norte de Italia

Quizás de origen indoeuropeo, los asentamientos de esta región septentrional pudieron desarrollar un catastro primitivo, en virtud de probables contactos con prácticas administrativas de pueblos mesopotámicos. Para el periodo 1600-1400 a.C. se conjetura esta institución fiscal en virtud del hallazgo de un “Mapa grabado en piedra” con atributos geográficos naturales y campos de cultivos (Lagarda, 2007). Hay que destacar la naturaleza hidroagrícola de estos pueblos, la construcción de viviendas palafíticas y la importancia de las vías fluviales y marítimas en su proceso de consolidación.  

2.    Catastros rústicos complejos 

Estos instrumentos fiscales de la tierra ya gozaban de un complejo aparato administrativo compuesto por reglamentaciones, funcionarios públicos, agrimensores, y se encontraba, fundamentalmente, bajo el control de los poderes monárquicos. El poder del clero se fue limitando mediante un lento proceso de secularización del Estado, lo que es sumamente claro en los catastros de la Grecia Micénica, Clásica y Helenística, y las prácticas fiscales del suelo bajo la Monarquía, la República y el Imperio romano. 

Del mismo modo, el Imperio Carolingio, a pesar de la enorme influencia del papado romano, logró realizar vastos inventarios de las propiedades de la Iglesia con fines administrativos y fiscales. Otro elemento característico de estos instrumentos catastrales fue su enorme utilidad en el proceso de control fiscal de los nuevos territorios colonizados en sus procesos de expansión; y la significativa utilidad al momento de contribuir a la planificación, administración de la tenencia y posterior ordenación del suelo urbano. Ciudades que, de lejos, eran mucho más complejas y extendidas que las primeras de las “Revoluciones Urbanas”.  

De hecho, se sabe que estos catastros complejos, expresión sintética de los catastros de Mesopotamia, Egipto, India y China (debido a los contactos interculturales de “La Ruta de la Seda”), lograron altos niveles de eficiencia en sus procesos de actualización de los inventarios prediales y registro de la tradición de la propiedad. A manera de anécdota, se dice que Séneca fue cuestionado en un debate en el senado cuando se le comprobó mediante el catastro que ostentaba propiedades en Egipto, en un momento en el cual el filósofo condenaba la acumulación de la riqueza (Martínez, 2001).   

Grecia

Bajo el Imperio Micénico se determinó la existencia de escribas vinculados a los Palacios (y no a los Templos), destinados al registro de la propiedad, a partir de las tablillas de Cnosos y Pilos, escritas en “Lineal B” (una forma de griego), las cuales se datan entre 1400 y 1375 a.C. y la narrativa homérica (Wernher y Páramo, 1995). En la Ilíada se sugiere la distribución igualitaria de lotes colonizados en la expansión mediterránea de Grecia Micénica, no solo como un acto ritual, sino también como una forma de impartir justicia divina(Martínez, 2001). Hechos que señalan la presencia de actividades catastrales relacionadas con la memoria escrita de la propiedad y la aplicación de la agrimensura.
  
Bajo la Grecia Clásica (V-IV a.C.), Atenas liquidaba los impuestos destinados a costear la defensa de la ciudad de manera proporcional al valor de las propiedades de cada ciudadano, lo que solo una institución catastral podía realizar satisfactoriamente. Asimismo, la tradición de la repartición equitativa de la tierra desde el periodo micénico se extendió al periodo clásico. En Diodoro Sículo se comprueba que las políticas de regulación a la propiedad del suelo tendían a ser igualitarias, al menos en los frentes de colonización, pues en Lípari redistribuían las tierras cada 20 años y sus islas vecinas se cultivaban de manera colectiva (alrededor de 580 a.C.). Sobre el control a la acumulación de la tierra y su régimen fiscal en Grecia Clásica y Helenística, Alba (1983) hace una extensa sustentación. Por lo anterior, se puede suponer cierto carácter democrático en las finalidades mismas de este catastro rústico (Martínez, 2001). 

Por tanto, existieron aquí facetas de un sistema catastral bajo un contexto de colectivización de la tierra, o en sociedades sometidas a la redistribución obligatoria de la tierra. Lo que es explicable por su alta funcionalidad al momento de la adjudicación igualitaria de la misma, y en la operación fiscal para la exacción del excedente agrícola. Contrariamente, los pueblos hebreos que aplicaron la “Ley de Moisés” (desde el XII a.C.): cada 50 años se anulaban las deudas, se repartían de nuevo las tierras, los esclavos por deudas recobraban su libertad, y estaban terminantemente prohibidos los impuestos y las hipotecas; supuso una fuerte limitación a la economía de mercado y al desarrollo urbano. En estos casos, el catastro debió experimentar su desaparición periódica, pero posteriormente se fue restituyendo bajo su condición de colonia de otros imperios, especialmente (Ídem).    

Varios fenómenos también explican la aparición de mejores técnicas de medición de la propiedad en la Grecia Helenística (IV a.C-I d.C.), lo cual supone una mejora en sus instituciones catastrales. La tradición de la ciudad en damero (atribuida a Hipodamo de Mileto), las complejidades de garantizar una buena planificación urbana con despegues demográficos (primordialmente en materia de vías, acueductos y alcantarillados), y el difícil control fiscal a todas las formas de tenencia de la tierra rural bajo expansión colonialista (especialmente en extensos valles inundables, y en latifundios de llanura y montaña); exigieron el refinamiento de las prácticas agrimensoras. Así pues, es en este contexto que aparece la invención de la “dioptra” de Herón de Alejandría (I d.C.), la cual precede a la “groma” latina y representa el primer teodolito (Alcázar, 2000).

Roma

Bajo las tres formas de gobierno conocidas: Monarquía, República e Imperio, el catastro romano cumplió un papel fundamental en la administración de sus territorios en expansión. Ciertamente, constituyó el paradigma de las instituciones catastrales occidentales hasta la “Conquista de América”, por lo menos, gracias a la apropiación de la sabiduría práctica de los sistemas fiscales originados en Mesopotamia, Egipto, India y China, y desarrollada con mucha anterioridad. 

Así pues, en el reinado de Servio Tulio, entre 578 y 535 a.C. se elaboró un catastro de fincas, propietarios, servidumbres prediales, esclavos y animales de carga. El censo se hizo en cuatro oportunidades, y parece ser que instituyó la tradición de los catastros quinquenales en la República, al menos. La actividad culminaba con el rito denominado lustrum, en celebración de la fundación simbólica de la ciudad de Roma (Kovaliov, 2007).

Pero es bajo el Imperio Romano que el sistema catastral alcanza su mayor gloria. Entre los siglos I y II d.C. se convierte en un instrumento administrativo de la tierra con varios fines: fiscal, jurídico, económico y físico, y en virtud de lo cual se consolidaron profesiones como censores, gromaticus (o agrimensores), arquitectos, urbanistas y otros funcionarios públicos (Martínez, 2001). 

Testimonio de estos desarrollos es la obra de Sexto Julio Frontino (40-103 d.C.), el cual escribe De Agrimensura, obra que sistematiza y mejora las prácticas catastrales del Imperio, y resume las anteriores experiencias fiscales del mundo antiguo euroasiático y norteafricano. La obra abunda en detalles sobre la “clasificación de los campos”, las “controversias” jurídicas, los “límites” o formas de alinderamiento, y el ars mensoria, técnicas topográficas propiamente dichas. De Frontino se impone: “Deben computarse las áreas por la proyección ortogonal sobre un plano horizontal y no por las medidas hechas sobre el terreno inclinado”. Máxima que los catastros medievales y modernos observarán a pie juntillas, y que hoy amerita una seria revisión dadas las limitaciones para la ordenación efectiva de agrosistemas de laderas. Otro testimonio relevante de la institución catastral es la obra denominada Constitutio limitum, un tratado de agrimensura atribuido a Higino “El Gromático” (II d.C.), el cual daba orientaciones prácticas sobre la medición y ordenación del suelo rural principalmente, y procedimientos de asignación de tierras (Alcázar, 2000; Homo, 1956; Rostovtzeff, 1964; Paniagua, 2006, pp. 40, 57-60; Rykwert, 1985. pp. 43-44).  

Asimismo, se tienen evidencias de las actuaciones catastrales con fines ordenadores del territorio urbano y agrario en la Campiña de Jaén del I-II d.C., asentamiento romano en la actual Andalucía (Alcázar, 2000). En general, los textos históricos y “gromáticos” constatan que la agrimensura tenía la “finalidad de formalizar un censo catastral a efectos políticos y administrativos”. No importaba si los terrenos eran producto de una colonización o de una victoria militar. Y la meta de estos asuntos políticos y administrativos era “romanizar el territorio” como modelo de control espacial (Paniagua, 2006, pp. 40, 57-60)

China

La institución catastral asiática no ha sido investigada a profundidad. El próximo y lejano oriente contiene verdaderos tesoros sobre el buen funcionamiento de los sistemas fiscales, que incluso pudieron nutrir las prácticas catastrales del Imperio Romano, y otras propias de la administración de la tierra en el medioevo y la modernidad, si se observan los estudios de Dussel (1996), entre otros autores, sobre una fundada “contrahistoria” de Occidente. Por ejemplo, para el periodo 9-23 d.C., el emperador chino Wang Mang, después de usurpar el trono, realizó un registro de la población del Imperio y de la propiedad de la tierra. Se presume que, con base en estos registros, tomó decisiones como la abolición de la esclavitud y la aplicación de una reforma radical de la propiedad de la tierra. Algunas de estas reformas se abandonaron en el 12 d.C. debido a presiones de los terratenientes. Wang Mang fue asesinado, al parecer, por nobles y latifundistas afectados por sus reformas (Hallet, 2007).  

Posteriormente, entre 618 y 907 d.C., bajo la Dinastía Sui (581-618 d.C.) y la Dinastía Tang (618-907 d.C.), se realizaron censos de población y registros de riquezas con propósitos fiscales, especialmente de granos y telas. Por su importancia, se destacan los censos de 609, 742 y 754 d.C., lo cual permite suponer la consolidación de una institución catastral con funcionarios como escribas, agrimensores, notarios, entre otros, quizás más compleja que las desarrolladas en Occidente, dado el tamaño de la población (más de 100 millones de habitantes para el final del milenio, mientras que el Impero Romano apenas alcanzaba los 30 millones) y la extensión de los territorios (Ebrey, Walthall y Palais, 2006).

Imperio Carolingio

Bajo la Monarquía y el Imperio de Carlo Magno (VIII-IX d.C.), se conoce de la realización de inventarios de predios de señores medievales y registros de bienes pertenecientes a las órdenes religiosas. Lo que permite conjeturar la existencia de un sistema catastral, en una época en la cual la población podía alcanzar los 15 millones de habitantes (Alcázar, 2000; Martínez, 2001). 

India

Para el 1000 d.C., el Imperio de Raja Raja Chola I ordenó la realización de un censo predial y la valoración de inmuebles con destino a capturar rentas y reformar la administración del territorio. Se especula sobre la existencia de una tradición catastral desde siglos anteriores, cuyas investigaciones son precarias si se considera la importancia de esta civilización. Por ejemplo, para esta época, India (incluyendo Pakistán y Bangladesh de hoy) superaba los 75 millones de habitantes (Singh, 2009).

Inglaterra

La tradición de los sistemas fiscales latinogermánicos del medioevo se extendió a Inglaterra, lo que se constata con el catastro que ordenó Guillermo “El Conquistador” en 1086 d.C., el cual se conoce como Domesday Book. Al respecto, un cronista escribió: “…no quedó escondite, ni yarda de terreno, ni siguiera ningún buey ni vaca o cerdo quedaron sin inscribirse en su Registro…” (Alcázar, 2000). Dada la minuciosidad del inventario se especula que emplearon agrimensores y funcionarios especializados.

Califato de Córdoba 

El Imperio Musulmán se extendió en el medioevo mediante distintas formas de control territorial: Califato de Damasco, Emirato y Califato de Córdoba e Imperio Fatimí, abarcando el periodo XVII-XII d.C. Curiosamente, de los árabes no se conocen las particularidades de sus prácticas catastrales. En el caso de Al-Andalus (Emirato y Califato de Córdoba), se estableció un “Registro General del Territorio”, el cual representaba un instrumento de la “Hacienda” con información sobre los muebles e inmuebles que poseía la población árabe, la cual servía de base para la liquidación de sus impuestos o “diezmos” (Ídem.). Algunos investigadores no reconocen ninguna institución catastral en los Califatos, pero es probable que se deba a prejuicios, o a visiones ortodoxas acerca de la necesidad de seguir el canon del catastro romano. Los árabes podían obtener información predial haciendo uso de otras herramientas censales igualmente eficientes. Ciertamente, no se puede olvidar que la astronomía, topografía y cartografía que se realizaba en Bagdad para el siglo IX d.C., aventajaba en todo sentido a Europa.  

Reino de Aragón, Valencia y Mallorca 

Se confecciona el Llibre del Repartiment (1229 d.C.) después de la conquista de Mallorca a manos de catalanes, bajo la regencia de Jaime I de Aragón. Se trata de un catastro orientado a la repartición de bienes tras la victoria, el cual registró distintos atributos de las propiedades inmuebles del territorio insular (Ídem.).

3.    Catastros rústicos premodernos

La intensificación de las rutas comerciales euroasiáticas mediante la “Ruta de la Seda” y la consecuente prosperidad de las ciudades italianas, lo mismo que la propagación en Europa de antiguos saberes técnicos y científicos de origen griego y latino, gracias a su preservación por cuenta de los Califatos; prefiguran el escenario histórico de la aparición de los catastros premodernos y modernos.

Norte de Italia

Entre los siglos XIII y XV se elaboraron catastros rústicos en Florencia, Siena y Pavia. Estos censos de origen medieval se conocían como Estimi, y las estimaciones de las rentas dependían, al parecer, de comisiones de notables. Pero es el catastro de Florencia (1427-1430) el que mejores atributos premodernos exhibe: inventariaba y valoraba la propiedad, censaba la población, clasificaba la familia, registraba las rentas de todo tipo, entre las cuales se encontraban los títulos de deuda pública. Su utilidad se hacía relevante ante la distribución del impuesto en función de la riqueza de los propietarios para defender la ciudad (Lagarda, 2007).
   
4.    Catastros rústicos precolombinos



Probablemente, mayas, aztecas, incas y otras sociedades precolombinas como la muisca, lograron consolidar con éxito sistemas fiscales de la tierra basados en inventarios o contabilidades derivados de sus propios equipamientos culturales. Se sabe que los aztecas elaboraron planos con distribuciones prediales, o que el sistema de contabilidad incaico (quipus) pudo dar soporte a una mnemotecnia compleja para archivar información de la riqueza y los tributos de las parcelas de interés. Las investigaciones siguen abiertas a toda suerte de hipótesis, pero progresivamente se acepta la posibilidad cierta de que “otros” sistemas catastrales (originados en culturas ágrafas, o carentes de escritura, o precarias en la agrimensura), pudieron haber existido. En este aparte, solo se abordará el sistema fiscal Azteca y se lanzará la hipótesis de un catastro rústico Muisca,     

Imperio Azteca

Efectivamente, se cuenta con un plano catastral donde se evidencian variados pictogramas sobre los atributos de unas parcelas (1325 d.C.). Allí se destaca la figura del Hueycalpixque, la cual correspondía al “Tesorero General del Imperio Azteca”. Se conjetura que este importante funcionario tenía a su cargo los recaudadores necesarios para atender las obligaciones censales y tributarias de Imperio (Lagarda, 2007).

Confederación Muisca

A manera de hipótesis, la institución catastral de los muiscas (Siglo XV) se desarrolló con recursos mnemotécnicos ligados a la cultural oral y formas de contabilidad apoyadas en sus propios sistemas numéricos. Por ejemplo, se registraron glifos muiscas de los números de “1 a 10” y el “20” (Humboldt, 1878). Probablemente, el arte rupestre, la cerámica y los tejidos contribuyeron a darle materialidad a un catastro rústico. Estas conjeturas se apoyan en los siguientes hechos: 

·         La organización política y económica estaba centralizada bajo dos administraciones complementarias (Zipa y Zaque). Existía una legislación asentada (“Código de Nemequene”) y un sistema de pesos y medidas que regulaba el comercio.

·         Practicaban la agricultura y la pesca en las sabanas frías, empleando complejas redes de camellones y canales en los orillares de los ríos, valles inundables y humedales (Muñoz, 2004). Asimismo, desarrollaron agricultura en pisos templados que favorecían el abastecimiento e intercambio de alimentos. Atributos que convertían a los muiscas en una sociedad hidroagrícola con algunas características de sociedad hidráulica.

·         Gozaban de complejos observatorios astronómicos, los cuales eran aprovechados para anticipar solsticios, planificar la agricultura, establecer un calendario, y dar soporte a las ritualidades solares (el actual “Observatorio Muisca” de Villa de Leyva es una evidencia incontestable).

·         La Confederación pudo haber ascendido a 1.2 millones de habitantes distribuidos en 20 mil kilómetros cuadrados. Esta población, en opinión de los expertos, probablemente requirió un área sembrada y en descanso de casi 200.000 hectáreas (PalaciosSafford, 2002). 

·         El sistema tributario era sumamente eficiente según las cosechas y animales de caza que Cronistas vieron acumularse diariamente en distintos asentamientos. La propiedad individual de la tierra operaba precariamente, beneficiando solo a los notables, y ninguna jerarquía muisca extraía la renta agrícola por ejercer un pleno dominio sobre la tierra colectiva o privada, sino debido a una relación de subordinación al gobernante (Tovar, 2010). 
          
Por tanto, si se considera que la población de Sumeria en 3000 a.C. (una región que albergaba ciudades entre 20 mil y 45 mil habitantes, y ostentaba un catastro rústico), no pudo alcanzar el crecimiento demográfico de la Confederación Muisca, y dado que existen vestigios de catastros en sociedades con un mosaico de usos colectivos y privados de la tierra; no es fácil entonces descartar la idea de un catastro rústico en los Muiscas que, por lo menos, haya inventariado a su manera los bienes agrícolas producidos, y controlado en registros desconocidos la obligación de los contribuyentes.

(*) Profesor Asistente de la Universidad del Tolima, adscrito al Departamento de Desarrollo Agrario de la Facultad de Agronomía. Es Ingeniero Geodesta, Filósofo, Magíster en Gestión Pública y PhD en Geografía.

Referencias

Childe, V. Gordon, 1983 (1936). Los Orígenes de la Civilización, F.C.E., Breviarios, México.

Corominas, Joan, 1997. Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Obra completa. Madrid: Editorial Gredos [Con la colaboración de José A. Pascual].

Diamond, Jared, 2014. Armas, Gérmenes y Acero. Breve Historia de la Humanidad en los últimos 13.000 años, Debolsillo, Bogotá, Colombia.

Dussel, Enrique, 1996. Filosofía de la liberación, Nueva América Editorial, Bogotá, Colombia.

Ebrey, Patricia B.; Walthall, Anne; Palais, James B., 2006. East Asia: A Cultural, Social, and Political History, Houghton Mifflin, Boston, US.

Hallet, Nicole, 2007. China and Antislavery. Encyclopedia of Antislavery and Abolition, Vol. 1, Greenwood Publishing Group.

Homo, León, 1956. La Roma Imperial y el Urbanismo en la Antigüedad, México.

Humboldt, Alexander von, 1878. Sitios de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América. Traducción de Gerardo Giner, Imprenta y Librería de Gaspar Editores, Madrid, España.

Kovaliov, S. I., 2007. Historia de Roma. Akal, Madrid.

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