domingo, noviembre 06, 2016

Los heraldos negros: ¿Y si gana Trump?



| Por Alberto Pinzón Sánchez|

Digo, es un decir, pues según las diversas mediciones semanales de la intención de voto de los estadounidenses para las próximas elecciones presidenciales en los EEUU, realizadas por diversas firmas (esas sí creíbles), se aprecia una clara tendencia a la baja persistente de la favorabilidad de la señora Clinton y al contrario, una tendencia ascendente en la posible votación a favor del señor Trump,  al extremo que este ya sobrepasa a su rival en un punto estadístico. Lo cual es una noticia alarmante para el mundo, en especial el financiero, cuyos índices ayer 02.11.2016 mostraron una fuerte caída en sus valores bursátiles globales.

De la “incertidumbre post moderna” se está pasando a la alarma y a la desazón colectivas, y haciendo el tránsito hacia la ansiedad nadaista y el franco malestar social universal: Estas elecciones en la cuna de la democracia global que acompañada por el “credo neoliberal” se impuso hegemónicamente como modelo de vida sobre el globo terráqueo (el American Way of Life o, Mc Donalización global) por primera vez en sus dos y pico de siglos que lleva en expansión y dominación mundial, según el magnate Trump, sus resultados electorales no serán reconocidos porque se aduce fraude electoral. ¿Qué podremos decir nosotros en nuestra democracia genocida colombiana?

Paralelo con este ascenso electoral del magnate Trump, se han escrito los más variados análisis que cubren todo el espectro ideológico posible: desde las explicaciones  fascistas y racistas de la guerra entre blancos y negros que ha llegado a su tope precisamente durante el gobierno del primer presidente negro de los EEUU; pasando por la teoría “moderada” de la crisis del Imperialismo Norteamericano y el ascenso de potencias emergentes rivales de los EEUU como Rusia y China; hasta las teorías teleológicas de la extrema izquierda sobre el colapso “inminente  e inmediato” de la troika Imperial actual (USA, Europa, Japón).

En Colombia, donde el Estado oligárquico que desde su inicio ha dependido en todos los terrenos del Imperialismo Yanqui, y en donde se acaba (26.09.20126) de firmar en Cartagena de manera solemne y en presencia de la Comunidad Mundial, un acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC-EP para concluir una guerra civil de más de 60 años de duración, cuyo texto no fue refrendado según el resultado electoral de un Plebiscito a todas luces Ilegítimo e Ilegal, pues como sus mismos gerentes lo reconocieron públicamente fue logrado mediante todos los delitos electorales posibles en Colombia (en donde desde siempre han existido todos los posibles y los no posibles) y el proceso de paz está en “veremos”; un triunfo como el del magnate Trump, quien nunca en sus intervenciones ha dicho una palabra sobre este, a diferencia de la señora Clinton quien por lo menos ha dicho piadosamente que apoya “la paz” en Colombia, el malestar es mayor y más nefasto. Quizás deletéreo.

EL Presidente Santos para evitar la turbulencia electoral en los EEUU y empujado por los grandes intereses que la British Petroleum Company tiene en Colombia, ha viajado a Gran Bretaña, ahora después del Brexit fuera de Europa, pero integrada completamente con los EEUU en un intento por recomponer el antiguo “Imperialismo Anglosajón”, con el fin de obtener de su Majestad la Reina de Inglaterra un relativo apoyo al proceso de paz en curso en Colombia.

También ha obtenido en la reciente cumbre Iberoamericana, un apoyo condicionado a la paz en Colombia de su Majestad el Rey de España.
  
Y al parecer, la posibilidad inmediata de una intervención directa del Comando Sur del US Army en Venezuela, se ha diferido momentáneamente debido al dialogo entre el gobierno del presidente Maduro y la llamada “oposición escuálida”.

Sin embargo, todas estas iniciativas en desarrollo están “sobredeterminadas” (uso el concepto del maestro Althusser) dentro del nudo de contradicciones locales, nacionales y geopolíticas internacionales de la coyuntura mundial actual, que tiene su pico definitorio en la elección presidencial de los EEUU; la estrella polar de Colombia, según el latinajo del “réspice polum” del sacristán Marco Fidel Suarez, lanzado en 1914. Repito 1914

En Colombia, los eventos sociales producidos por la firma del acuerdo en Cartagena, el plebiscito refrendatorio, la movilización social, el intento de la Oligarquía dominante por soldar su fractura de fracciones enfrentadas mediante un “pacto nacional” para la re- elaboración del acuerdo firmado y además, su refrendación y su implementación (dos procesos distintos); debido a la carencia de partidos políticos modernos, o mejor, debido al remplazo que en estos 70 años de guerra civil ha hecho de ellos el oligopolio mediatico contrainsurgente. La Politica se ha convertido en un confuso poner a opinar, muy de mañanita, a cuatro o cinco reconocidos “spinn doctors” sobre lo que acontece en la realidad de gobierno, con el claro propósito, no solo de ganar dinero con las cuñas radiales sino de “moldear” la conciencia social ( ya ni siquiera se habla de opinión pública)  y enmarañar la situación social (un reconocido columnista habla de marear la paloma) al extremo que la movilización social no se ha percatado de la nueva situación política que ha emergido en Colombia.

El acuerdo firmado en Cartagena entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC-EP, por su misma característica de ser un acuerdo jurídico ya firmado legitimado y legalizado en todas las instancias posibles, será imposible hacerlo extensible como si fuera de goma, hasta incluirle las más de 500 solicitudes de quienes se opusieron o se abstuvieron en el plebiscito, más las innumerables sugerencias para “mejorarlo” que se han presentado directamente ante los plenipotenciarios de las FARC-Ep las innumerables organizaciones sociales, cívicas, de género, étnicas y populares que se han hecho presentes en la Habana para respaldar lo ya firmado, etc.

De tal suerte que estamos ante tres alternativas: Una se le hacen “ajustes o mejoras” al acuerdo existente, Otra, se abre paso la elaboración “exprés” (sobre la base esencial de lo ya acordado) de otro nuevo acuerdo entrar el Estado y la Insurgencia de las Farc-EP. Y una tercera, se reconoce la nueva calidad política que ha surgido en Colombia: El Acuerdo de Cartagena se ha quedado pequeño o estrecho, y es necesario ampliarlo y mejorarlo en Una Asamblea Nacional Constituyente para la Paz que se puede y se debe pactar a la mayor brevedad posible.

Solo así podrá el pueblo colombiano superar las “externalidades” para construir de manera autónoma la Paz, que le impone el resultado de las elecciones en los EEUU, bien gane Trump o la señora Clinton.