viernes, noviembre 18, 2016

|Opinión| Reflexiones sobre la situación actual del proceso de paz en Colombia



|Por Corporación Construyendo Poder, Democracia y Paz-PODERPAZ-*|

Los diálogos de paz que el Gobierno Nacional de Juan Manuel Santos ha sostenido con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia desde el año 2012 representa un magno esfuerzo por encontrar una salida política y negociada al conflicto social y armado que vive nuestro país, el ACUERDO FINAL PARA LA TERMINACIÓN DEL CONFLICTO Y LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PAZ ESTABLE Y DURADERA pone de presente grandes avances en la posibilidad de dar solución a las causas originarias del conflicto, principalmente, la inequidad en la distribución de la tierra, la violencia política, el problema de los cultivos de las plantas de uso ilícito,  ha puesto los derechos de las víctimas en la centralidad del debate de los acuerdos, propone posibilidades de desarrollo rural, ha construido una propuesta de justicia transicional acorde con los estándares internacionales, que en general  beneficia al conjunto de la sociedad colombiana y  mantiene validez jurídica.

En el momento actual, el Acuerdo, luego de una rediscusión y arreglo, a raíz de los resultado plebiscitarios del 2 de octubre, mecanismo de refrendación acordado, y que puso de presente como una realidad política, la necesidad de incluir sectores sociales que se consideraron excluidos del mismo o que se negaron su participación,  los partidarios del NO manifestaron “desear la paz” al igual que la mayoría de la sociedad colombiana, pero no estar de acuerdo con parte del contenido, y el máximo comandante de las FARC-EP reafirmó que “mantienen su voluntad de paz y reiteran su disposición de usar solamente la palabra como arma de construcción hacia el futuro”. 

Debido en gran medida a los vicios de violencia, corrupción y clientelismo de nuestra cultura y clases políticas se vieron seriamente afectadas la campañas que rodearon el plebiscito por la paz, el mayor defecto de nuestra democracia sale a la luz, el abstencionismo electoral, 62% por ciento de la población apta para votar no salió a las urnas, y el restante de la población que participó de los comisión, manifiesta no conocer la totalidad del contenido de lo acordado, la desinformación y el caudillismo marcaron la jornada, La diferencia en los resúltanos fue inferior al 1 % y nuestra sociedad se polarizo en sus opiniones.

Una vez conocidos los resultados del plebiscito el presidente de la república valiéndose de la facultad constitucional de negociar procesos de paz con las insurgencias llamó a los opositores para generar propuestas que condujeran a mejorar el contenido de los acuerdos, luego de reunirse sus representantes con los principales sectores políticos, partidos e incluso sectores religiosos, un total de 400 propuestas fueron presentadas en la mesa de La Habana para construir a partir de lo logrado un “mejor acuerdo” que permita una aprobación mayoritaria de la sociedad colombiana y legitime la puesta en práctica de una salida al conflicto armado. 

La sociedad civil que ha sufrido los efectos del conflicto, las víctimas, las zonas rurales más afectadas, apoyaron con ahínco los nuevos esfuerzos de diálogo, los estudiantes fueron los primeros en manifestarse, movilizaciones multitudinarias se originan alrededor de todo el territorio nacional, campamentos, caminatas, vigilias, foros y debates alrededor de mantener el cese bilateral al fuego y consolidar el proceso de paz.  

Miembros de sectores sociales y políticos, comunidades indígenas, comités promotores del SI, ONG´S, victimas, comunidad LGBT, acompañantes internacionales, autorizados por el gobierno nacional se reunieron en la habana con Las FARC-EP, ante la posibilidad de transformar y complementar puntos de los acuerdos ya alcanzados por las partes, llamando la atención de diversos sectores, que no se quieren ver excluidos y algunos que demandan su inclusión. 

Dentro de las propuestas presentadas por partidarios del no, muchas de ellas fueron incluidas en los acuerdos, el jefe los equipos negociadores tanto del Gobierno Nacional como de las FACR-EP mantuvieron arduas rondas de negociaciones para dar discusión a todo el acumulado de propuestas para mejorar el acuerdo y complementar elementos necesarios, dando como resultado el ACUERDO DE LA ESPERANZA, presentado ante la opinión pública a principios de la semana en curso. 

Es un compromiso del conjunto de la sociedad colombiana, y en ello las organizaciones sociales y populares jugamos un rol fundamental en mantener nuestro optimismo y laboriosidad por la consolidación de este proceso de paz, que hoy como en muchos años no se había logrado vemos próxima un proceso de reconciliación nacional y reinserción a la vida civil de la insurgencia más significativa y antigua de la historia de Colombia, es por ello que estudiantes, mujeres, victimas, comunidades indígenas y afrodescendientes, LGBTI, organizaciones comunitarias y demás miembros de la sociedad civil organizados y no organizados, debemos trabajar por crear un escenario de concordia, reconciliación,  pluralidad, respeto por la diferencia, participación política, solidaridad y demás valores de la cultura que abran caminos para la paz en nuestras comunidades y nuestros territorios. 

La paz que merece nuestro país no corresponde al mero silenciamiento de los fusiles, la nuestra debe ser una paz con justicia social, una paz con soluciones a los problemas que originaron el conflicto, una paz grande y necesaria, para ello recordemos las sabias palabras de una mujer luchadora por la paz en nuestra américa: 

“La paz no es solamente la ausencia de la guerra; mientras haya pobreza, racismo, discriminación y exclusión difícilmente podremos alcanzar un mundo de paz”. RIGOBERTA MENCHÚ
  
(*)Área jurídica e investigación