miércoles, diciembre 07, 2016

¿Podemos hablar del nacimiento de un movimiento cultural en Ibagué?



|Por Diana Varón Cárdenas|

Hace poco leía una nota del portal web “El Cronista.co” cuyo título “Despierta movi-miento cultural en Ibagué” deja ver el desconocimiento que hay en el municipio frente al tema de industrias culturales y sus formas de funcionamiento (ver Nota AQUÍ). Basta decir que para que nazca y se dé un movimiento cultural fuerte es necesario que se reúnan y cumplan un entramado de condiciones que caracterizan el funcionamiento de la cultura en una economía. 


Algunas de las condiciones son: contar con una infraestructura adecuada que soporte la circulación gratuita de bienes culturales, el reconocimiento monetario y el valor (importancia) del trabajo de creadores e intermediarios/as del sector creativo (servicios de producción de eventos, musical, audiovisual, servicios de logística, de management, de edición, de promoción, de diseño, etc.), activar y diversificar las fuen-tes de financiación así como tener mecanismos amplios y transparentes de asignación de recursos, tener agentes culturales (creadores e intermediarios) altamente cualifica-dos que conozcan las maneras como opera económicamente la cultura, reconocer la importancia de lo cultural en la configuración de agendas democráticas, entre otras más.  

Así las cosas el diagnóstico que podría hacerse del “movimiento cultural” no es tan alentador ni tan veraz como pareciera mostrar el titular del portal. Veamos por qué. En primer lugar es necesario decir que el movimiento cultural en Ibagué data ya de déca-das anteriores. Si bien no podría decirse con plena certeza que siempre ha existido dicho movimiento, para quienes crecimos en la década del noventa es claro que habían ciertos actores y prácticas que dibujaban una escena artística-cultural y cuyo epicentro del mismo fue la Universidad del Tolima y el centro de la ciudad, sobre todo en lo musical. Ese movimiento cultural de los noventa estaba principalmente conformado por creadores (teatreros, cineastas, guionistas, fotógrafos, músicos…) que han permanecido activos desde ya varios años atrás. Sin embargo, la falta de condiciones y garantías para el ejercicio de su labor, así como el desconocimiento por parte de algunos de ellos/as de los cambios y las nuevas dinámicas en y de lo cultural ha impedido que se consolide un movimiento cultural fuerte en la ciudad. Tanto que lo que el artículo denomina “nacimiento” lleva años y décadas dándose sin mayor éxito.

Ahora bien, y en segundo lugar, el panorama actual del sector creativo-cultural ibaguereño deja ver que hay una multiplicidad de agentes culturales (creadores e intermediarios) desempleados y precarizados que, ante la ausencia de condiciones y apoyos, han optado por trabajar de manera independiente desde proyectos autogestionados (es decir sin ningún apoyo institucional). La cotidianidad de estos agentes se da entre buscar los caminos para sostener los espacios físicos que se arriesgan a abrir (arriendos, pago de servicios, pago de personal, etc.), financiar un sinnúmero de actividades de formación, investigación, creación, circulación, distribución que se desprenden de cualquier movida cultural, entre otras acrobacias que quienes trabajamos en este sector conocemos y vivimos diariamente. Ya quisiéramos que los cursos, talleres, presentaciones, exhibiciones, muestras, festivales, ferias, exposiciones y demás fueran todas de entrada libre, pero es indispensable saber y partir por reconocer que los artistas/creadores/intermediarios también son trabajadores/as lo que se traduce en algo simple: deben vivir de lo que hacen y de aquello en lo que se formaron. Una de las opciones para que el trabajo de ellos/as sea remunerado es que sus actividades cuenten con el respaldo financiero de entidades públicas -aunque todos aquí sabemos qué implica trabajar con y para el Estado-, así como del sector privado -el cual es el gran ausente para la movida cultural independiente de Ibagué.  

Esta muy bien y no es para nada reprochable que el Estado, en este caso la adminis-tración municipal-departamental, financie de manera completa o parcial eventos y acti-vidades artísticas y culturales. No obstante, la diversificación de agentes patrocinado-res y financiadores trae consigo varias bondades, entre ellas la multiplicación de la oferta de bienes y servicios culturales, por tanto mayor cobertura de audiencias y/o pú-blicos; también la posibilidad de que sean más los creadores e intermediarios apoya-dos, lo que se traduce de manera inmediata en la generación de fuentes de empleo para un sector de la ciudad que no goza de una oferta laboral clara. De poco o nada le sirve al sector creativo de la ciudad contar con eventos y actividades culturales repletos de practicantes y voluntarios, mientras los que trabajan bajo condiciones laborales fa-vorables (contrato, asignación salarial justa, seguridad social y demás condiciones la-borales necesarias) son contados con los dedos de una mano. Aquí también está de por medio la aguda precarización del trabajo, tan característica en los empleos del sec-tor cultural y sobre la cual, por razones de espacio, no ahondaré en esta columna.  

Dicho esto, solo queda acotar que la realidad es clara: es indispensable que se den diferentes condiciones cuya responsabilidad recae tanto en instituciones como en agentes del sector cultural. Por ahora concluiré señalando una primera responsabilidad (susceptible de volverse un reto o desafío): si es que en realidad queremos consolidar un movimiento cultural que cumpla con los fines de formar públicos, brindar oferta variada y amplia de servicios culturales a la ciudadanía y generar empleo digno para todos los agentes involucrados en el sector creativo, es necesario que el sector privado se “meta la mano al bolsillo” y le apueste al apoyo/financiación/patrocinio de los proyectos culturales independientes y emergentes. No obstante, también es necesario que los agentes culturales se formen más y trabajen en la calidad de sus proyectos, desde la planificación hasta en la ejecución y evaluación de los mismos. Tema susceptible también de ser abordado en otra columna.