martes, marzo 21, 2017

Colapso del Estado en Colombia



|Por: Comuna y Comunidad|

La guerra en Colombia expresa la revolución frustrada contenida a ‘sangre y fuego’ desde la Masacre de las Bananeras en 1928 cuando la oligarquía pensó se iba a producir un levantamiento comunista no más pasada una década de la Revolución de Octubre.

El problema de la tierra ha sido el eje de la confrontación social. Como un rasgo propio de la formación social, la burguesía industrial y financiera no logró derrotar a la fracción terrateniente de raigambre católica que apeló al paramilitarismo para contener al movimiento campesino desde los años treinta del siglo pasado. Luego se integró con la mafia lo que la vigorizó en su plan contrainsurgente para llegar a controlar a principios del Siglo XX el poder presidencial. Colombia es uno de los países más regresivos del mundo. La violencia sistemática desde arriba dio forma a un movimiento insurgente que no alcanzó a doblegar estratégicamente la fuerza militar del régimen sostenida por el aparato de control territorial del imperialismo norteamericano. El poderío de la insurgencia se desvió hacia la acumulación de capital lo que la convirtió en una fracción de la burguesía emergente. En esas condiciones procede a hacer una negociación inter élites cuyo balance se hace en este estudio lejos de los mitos y la propaganda.

Método: Se advierte al lector que éste trabajo sigue el método del análisis de la lucha entre clases como factor desencadenante del proceso histórico, se esfuerza en contar con la debida sustentación argumentativa y tener soporte en fuentes de rigor. Es una minuta que reseña un debate abierto y permanente. El trabajo escrito se produce en forma colectiva –sin línea política partidaria ni punto final–, y se asume cómo una acción ideológica contra-hegemónica. Material de reflexión de ‘Comuna y Comunidad: un diálogo entre comunes para la unidad en la diversidad”.

Presentación

|Por: Alejandro Teitelbaum (1)|

Me permito presentar un documento realmente esclarecedor, profundo, riguroso y sin concesiones oportunistas, sobre la crisis del Estado (burgués) en Colombia, producto del intercambio que he mantenido con regularidad en los últimos años con un equipo de trabajo integrado por activistas e intelectuales en ese país latinoamericano, quienes aplican «el método del análisis de la lucha entre clases como factor desencadenante del proceso histórico», como ellos mismos lo advierten en la nota metodológica de su documento.

A manera de presentación al mismo, queremos insistir sobre algo a lo que hemos dedicado un libro titulado El papel desempeñado por las ideas y culturas dominantes en la preservación del orden vigente, publicado por la Editorial Dunken de Buenos Aires en diciembre de 2015, cuya edición actualizada aparecerá próximamente en Colombia.

Las ideas y culturas que prevalecen en cada período de la historia corresponden a los intereses de las clases dominantes de ese período, cuya prioridad número uno es preservar el orden –económico, social y político– establecido que las beneficia, en lo posible con el consenso, más o menos pasivo de las mayorías y, cuando el consenso falta, con diversas formas y grados de represión, selectiva o de masas.

Algunas variantes de las culturas e ideas de las clases dominantes contaminan a la autodenominada izquierda o “progresismo”, llevándola a incurrir en divagaciones metafísicas y extravíos políticos.

Precisamos que llamamos metafísicas a las corrientes sociológicas y filosóficas que formulan teorías y proponen interpretaciones de los hechos puramente especulativas, indemostrables e inverificables, vecinas del misticismo.

Así se crea un clima intelectual poco propicio al análisis riguroso de los hechos el que consiste en estudiar cuidadosamente la estructura económica y las condiciones políticas, sociales y culturales de una sociedad dada y sus dinámicas y tendencias, incluso la relación de fuerzas de las clases sociales en pugna.
                                                         
Todo ello situado en el marco del sistema económico-social internacional mundializado –denominado con más precisión el capitalismo contemporáneo realmente existente– el cual se caracteriza a escala planetaria por la concentración del poder económico, político, militar y mediático en un puñado de grandes potencias, por la extrema riqueza de una ínfima minoría por un lado y por la frustración y la pobreza de la mayor parte de humanidad  por el otro.

Los recientes acuerdos de paz celebrados en Colombia y el plebiscito que lo desaprobó ampliamente a través del NO y de la abstención, han dado lugar a un torrente de comentarios, algunos pertinentes y otros provenientes de líderes de opinión «progresistas» o de izquierda quienes, al margen de la realidad colombiana y del contexto internacional, han analizado el acuerdo y el resultado del plebiscito con los parámetros y la óptica del sistema dominante, alineándose así con la estrategia ambivalente (guerras devastadoras–paz de los cementerios) de las clases dominantes.

Ilustres representantes del leadership mundial estuvieron presentes en el show de Cartagena de Indias acompañados por connotados representantes del neoliberalismo periférico neocolonial y del «socialismo del siglo XXI». Todos disfrazados de blancas palomitas.

El show estuvo matizado con un toque de realismo mágico macondiano, protagonizado por el pasaje, a modo de advertencia, de los cazabombarderos Kfir que interrumpieron el discurso del jefe de las FARC.

Como resultado del triunfo del NO en el plebiscito del 2 de octubre el Acuerdo se sometió a una serie de ajustes cosméticos que conllevaron a su segunda y pomposa firma el 24 de noviembre de 2016 en el clásico Teatro Colón de Bogotá.

A continuación se encuentra para un juicioso estudio el documento que hasta esta línea me he permitido presentar.

(1) Alejandro Teitelbaum es abogado, licenciado por la Facultad de Derecho en la Universidad de Buenos Aires y diplomado en Relaciones Económicas Internacionales por el Instituto de Estudios del Desarrollo Económico y Social de la Universidad de Paris I. Desde 1985 hasta 2006 fue representante, sucesivamente, de la Federación Internacional de Derechos Humanos y de la Asociación Americana de Juristas ante los organismos de Naciones Unidas con sede en Ginebra (Suiza). Es experto y promotor del ‘derecho al desarrollo’. Teitelbaum es autor de reconocida trayectoria intelectual y política con una óptica marxista. Entre sus obras se destaca por su importancia el libro La armadura del capitalismo. El poder de las sociedades transnacionales en el mundo contemporáneo, Editorial Icaria, Barcelona, 2010.

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