martes, marzo 07, 2017

Propuesta de desobediencia política en las próximas elecciones



Al pueblo colombiano que comparta la siguiente propuesta, le recomendamos incondicionalmente difundirla, con el fin de alcanzar el objetivo de esta afrenta.

|Por: Pueblo Rebelde|

Llegar a afirmar, ataviados por la embestidura de científicos, que la corrupción es connatural con el ser humano, no es otra cosa que justificar descaradamente ese actuar miserable, típico del Sistema capitalista.

Por qué no dicen que a la corrupción la crea, la alimenta y la defiende la misma ley acomodada y podrida que sostiene esa estructura capitalista?.

No en vano cuando se ven obligados a capturar uno o varios delincuentes comprometidos en los grandes robos al erario público, estos personajes son tratados con innumerables privilegios y con benevolencia, recibiendo condenas mínimas y emblemáticas, y llevados a hoteles a ‘pagar’ su beneficio judicial, cuando mucho, porque la mayoría de las veces, les dan su mansión dizque por cárcel; o muchas veces sus procesos prescriben, y luego esos degenerados enviciados, demandan al Estado ganándose de contera otros miles de millones.

El individuo es corrupto porque en el Sistema capitalista esa es su escuela. Infortunadamente nacemos en una sociedad enferma donde prima la mentira, y ésta es la madre de la corrupción. Por eso en el Sistema capitalista prevalece el todo vale, porque todo el andamiaje de la educación, de la cultura, está lleno de mezquindad, de egoísmo, de individualismo, de discriminación, de avaricia, etcétera, todo ello, porque nos han inculcado una ideología perversa, y ésta no tiene valores, todo lo contrario, los degrada.

Es decir, todo el Sistema capitalista es corrupto porque lo sostiene la ideología que se basa en la discriminación y en el engaño. Los ideólogos del Sistema capitalista piensan de manera injusta, basados en el Poder que les genera la opulencia y la ruindad y que sostiene todo el entramado de la delincuencia.

La corrupción no es una epidemia exclusiva de la clase dirigente que por siglos ha gobernado el país, disponiendo a su antojo al mejor postor, no solo de todas las riquezas de nuestro suelo colombiano y enriqueciéndose de la manera más insaciable, sino que a la vez, ha hundido en el lodo de la ignorancia a sus sometidos y les ha ocultado por conveniencia la realidad y la verdad de infinidad de cosas.

En ningún momento podemos tomar a la ligera el análisis de semejante peste, si realmente nos abriga la resoluta decisión de erradicar este cáncer del seno de la sociedad colombiana, y por qué no, de la faz de la tierra. No podemos ser tan románticos e ingenuos de culpar el comportamiento del individuo, solo porque éste hace parte de equis o ye clase social, sino que tenemos que partir, fundamentalmente, desde el aspecto ideológico que embriaga al individuo y al conjunto de la sociedad, y que lo corroboran en la práctica concreta y real. Porque si así lo tomáramos deportivamente los putrefactos comportamientos que pululan en el seno del pueblo, y que a la postre, hacen más daño al desarrollo de la lucha de las grandes mayorías empobrecidas, que la labor que ejercen los aparatos legales que defienden el narcoestado que impera en el país.

Quiere decir lo anterior, que políticamente no podemos encostalar como un bulto de anzuelos, los diferentes fenómenos sociales que se presentan en cada país, ni en el conjunto mundial, y mucho menos podemos desconocer ni confundir la esencia ideológica y el método de actuar de las personas. Podemos decir sí, que la corrupción es inherente e intrínseca al Sistema capitalista, pero no por ello podemos decir que todos los habitantes que hacen parte de este Sistema son corruptos, y mucho menos, culpar solo a determinado sector de la sociedad, o solo a determinada clase, como responsable de los males que aquejan al conjunto de la sociedad y a la madre naturaleza.

Si así lo hiciéramos, nuestro análisis sería trunco, es decir, el aspecto esencial que alimenta no solo la corrupción sino toda forma de actuar depravada y deshonesta, sencillamente quedaría indemne, ilesa; y en esa medida, cualquier solución que busquemos para erradicar esos males, no pasará de ser una estúpida inocuidad.

De tal manera que, -repetimos- el  comportamiento de las personas lo debemos calificar desde el punto ideológico. De modo que si no transformamos nuestra podrida concepción del mundo, indudablemente, nuestro proceder seguirá recorriendo los caminos que siempre han defendido los malhechores, e infortunadamente, los puntos nodales de la corrupción seguirán rampantes, corroyendo y de qué manera, los principios humanizados, los mismos de los cuales nos jactamos a los cuatro vientos, diciendo que los defendemos.

Cabe entonces una pregunta. Será que si el actual degenerado Sistema capitalista, a través de los cancerígenos e incurables Estados de cada país, como en el caso de nuestra lacerada nación, financia las demagógicas, farsantes y acomodadas campañas electorales, por ello se va a acabar la repugnante corrupción, que en estos momentos, tiene carcomido hasta los tuétanos a todos los que aspiran a participar del actual podrido Poder cultural, político, económico, militar, etcétera.?.

Sin mucho esfuerzo, podemos decir que dicha estratagema del Estado colombiano, la de financiar los carnavales electorales, es parte de la misma cadena putrefacta del engaño, para seguir mangoneando a su antojo al pueblo colombiano, al que tienen en la inopia comiendo frez y a nuestro maravilloso país en manos de las multinacionales.

Por tal razón, proponemos a todos los colombianos que quieren y valoran honestamente a nuestro país, como también a los innegables principios y capacidades que conservamos potencialmente, a hacer uso contundente y de manera resoluta, del derecho a la REBELDÍA y a la PROTESTA, consagrados por la legislación a través de la Declaración Universal de Derechos Humanos, como arma para coadyuvar en la lucha frontal, que el pueblo tiene que enfrentar a través de diferentes formas, ante un gobierno mentiroso, demagógico, despótico y esencialmente corrupto en todas su esferas.
  
Por ello convocamos al pueblo colombiano, a echar mano de la aparente innocua disconformidad, pero que en el fondo si la utilizamos con suma responsabilidad y decisión, puede llegar a ser más efectiva para alcanzar logros que beneficien realmente al conjunto del pueblo, inclusive, más que el desarrollo de diálogos arrodillados e inicuos.

Es así como proponemos a las grandes mayorías pauperizadas en todos los rincones de nuestro país, castigar a los empedernidos y miserables corruptos politiqueros del pelaje que estos sean, a través de  UNA GRAN  DESOBEDIENCIA POLÍTICA NACIONAL, a desarrollar en las próximas elecciones de 2018.

Actualmente, el pueblo colombiano no cuenta con una organización vanguardia sólida, incorporada con líderes íntegros de talla nacional, honestos y capaces de orientar reivindicaciones que beneficien verdaderamente la dignidad del ser humano y la real defensa de la naturaleza.

De modo que, aprovechando la capacidad de la juventud en el campo de la tecnología, es tarea fácil y a nuestro alcance en el día de hoy, alcanzar los colombianos a través de las redes sociales, esa GRAN DESOBEDIENCIA POLÍTICA NACIONAL, para que ningún colombiano honesto acuda a votar en las próximas elecciones, y más bien, por medio de esa masificación obliguemos a los politiqueros y a la clase dirigente, a no vulnerar ningún derecho de ninguna persona, y por el contrario, que respeten el decoro y la dignidad del ser humano y de la naturaleza.

Los mecanismos para ello, serían por consenso del pueblo a través de unas elecciones limpias, donde sea de verdad el pueblo quien decida el rumbo de su futuro y los licurgos y regentes a asumir las riendas gubernativas.

Si se asume con decisión, recato y sinceridad dicha tarea, obtendremos resultados ejemplarizantes, y de paso castigaremos a tanto filipichín tanto de derecha como de la mal llamada izquierda, embriagados en el fango de la corrupción, pues los unos y los otros, vilmente engañan y se aprovechan de la candidez y de las necesidades del pueblo, que desesperadamente se debate ante tanta ley injusta que expelen los depravados, con el ánimo de que el pueblo pague toda la avaricia que generan las mentes enfermas, de quienes ven el Poder como refugio de sus groserías, de sus vituperios, de sus sandeces y de toda su putrefacción ideológica.

Y decimos, que propinaremos dos castigos con un solo acto público, solemne e imponente, toda vez que este cáncer de la corrupción y demás engendros, están enraizados tanto en la clase burguesa como en el seno de algunos sectores populares, como sindicatos, juntas de acción comunal, y en organizaciones aparentemente revolucionarias y de izquierda, que lideran pícaros y degenerados resentidos políticos, que no hallan la forma de compartir la torta que se devoran en palacio de manera insaciable.

Es decir, disimuladamente, también reprenderemos dándoles su merecido, a todos aquellos posantes izquierdosos y farsantes de la misma calaña ideológica que los burgueses, toda vez que critican la rosca, la mermelada, la politiquería y todo tipo de jaleas y de ensaladas, mientras no hacen parte de ello, pero cuando cumplen su deseo de saborear el ponqué y los manjares del poder, se olvidan del pueblo y conculcan su dignidad, y por supuesto, que se convierten en más papistas que el papa.

Indudablemente, con este acto de Desobediencia Política Nacional, ipso facto no vamos a impedir que los lameculos del imperialismo y demás lacayos, prosigan su sumisión y la entrega miserable de cuantos recursos naturales yacen en nuestro suelo colombiano, a los monopolios y a cuanta multinacional aparezca como mejor postor, pero habremos dado un paso importante en la tarea de vencer el miedo que nos han inculcado durante lustros.

Tampoco acabaremos con el virus de la corrupción, pero habremos experimentado una vacuna contra la desesperanza de alcanzar por nuestros propios medios, uno de los objetivos que nos han pintado como inalcanzable: LA UNIDAD DE ACCIÓN POPULAR, para lograr derechos que unan el eslabón que nos lleve a conquistar objetivos más gigantes a largo plazo, como la verdadera democracia y la libertad, la no discriminación y la auténtica paz.

Es hora de que quienes nos jactamos de asimilar la proyección de un mundo mejor, incondicional e ineludiblemente asumamos una posición de UNIDAD DE ACCIÓN y aunemos decisión, conciencia, capacidad, y despego temporal de apetitos de grupo, para llevar al pueblo a que experimente una alternativa táctica, para que pruebe fuerzas y calcule la criminalidad de quienes por siglos, perversamente han decidido por los deseos y por la voluntad de sus dirigidos.

Es entonces, hora de hacer un pequeño paréntesis en los ánimos de encaramar a fulanito o a perencejo, a compartir torta por uno o varios períodos en la cima del Poder sin importar su nivel. Ya vendrán otros carnavales con corrupción y todo el andamiaje demagógico, pero esos serán otros momentos, y seguramente, de acuerdo a lo aprehendido en la propuesta actual de Desobediencia Política Nacional, nos unirán otros objetivos que sabremos sortear a raíz de la experiencia.

Con esta unidad de acción tampoco terminaremos con la impunidad reinante en el país, ni con la pobreza, ni impediremos que el Podrido Estado y sus gobiernos vulneren nuestros derechos más sagrados, tanto individuales como colectivos, y mucho menos se acabará la injusticia, la impunidad, la discriminación y el asesinato de indefensos luchadores por los derechos humanos, pero podemos estar seguros, que ganaremos confianza en nosotros mismos, para que el día de mañana asumamos tareas de mayor envergadura. Será una lección inocultable e inobjetable, tanto para el pueblo como para los corruptos.

Guardemos la esperanza de que la juventud no asuma obediencia frente al Estado injusto y frente a  los corruptos, y más bien, sus hormonas y toda su capacidad las encaminen a pensar, a analizar, a disertar y a combatir consciente y resolutamente cualquier tipo de maldad, todo con el fin de que concreten en la práctica real su pensamiento humanizado en desarrollo.

La historia será la encargada de valorar y de recompensar a la juventud pensante, por toda la labor desarrollada en contra de la corrupción y de la mentira, y por el trabajo en  bien de la humanidad y de la madre naturaleza.

Necesitamos una única manera de gobernar donde la dignidad sea el prototipo a seguir, a defender y a enriquecer. De modo que si la juventud no pone su granito para combatir la mentira y la corrupción, el pueblo seguirá a través de las edades (per secula seculorum) hundido en el fango putrefacto de la corrupción; y que mejor sería para los degenerados politiqueros, que el mundo viviera sin que nadie chistara ni oxte ni moxte, en contra de sus prácticas cancerígenas y delincuenciales.

Para acabar con la corrupción, necesariamente la juventud pensante a través de las nuevas generaciones tiene que construir una sociedad nueva, y para cimentar y alcanzar esa sociedad justa, indefectiblemente hay que transformar la mentalidad de las personas de manera radical, donde prime un pensamiento colectivo en defensa de la verdad, de la naturaleza y de la vida humana en particular, por encima de cualquier deseo avaro e individualista.

Tengamos en cuenta la siguiente frase: “El cómplice del delito de corrupción es frecuentemente nuestra propia indiferencia.”