lunes, abril 24, 2017

Se cumplen 500 años de la reforma que le cambió la cara al mundo



Las tesis de Martín Lutero fueron abono para el protestantismo y la separación de la fe del Estado.

|Por: Juan Esteban Constaín|

Una plaza en Roma, dos musicales, una figura coleccionable y una marca de cerveza son apenas algunos de los homenajes realizados a Martin Lutero hasta el día de hoy. ¿Quién fue y qué hizo el monje sajón para inspirar tales distinciones?

Durante los siglos XV y XVI Europa vivió una serie de transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales dentro de un gran proceso histórico conocido como el Renacimiento. Dicho proceso se caracterizó esencialmente por considerar al hombre como centro del universo, la admiración por la Antigüedad griega y romana, intentar explicar el mundo a través de la ciencia y la curiosidad por el ser humano.

El pensamiento humanista se contraponía a los ideales teocentristas de la Edad Media popularizados por la Iglesia, y se expandió rápidamente gracias a revoluciones técnicas como la imprenta y al apoyo de mecenas, individuos o grupos familiares de grandes fortunas que financiaron proyectos artísticos que hacían referencia a estas ideas humanistas. Entre los grandes mecenas del Renacimiento se encontraba la familia Medici, reconocida protectora de artistas y científicos renacentistas (Miguel Ángel, Galileo) y dinastía política que dejó al descubierto la decadencia moral de la Iglesia Católica contra la que se manifestaría un monje hasta entonces inadvertido: Martín Lutero.

Los vientos del cambio Giovanni de Medici, más conocido como el Papa León X, jerarca de la Iglesia Católica entre 1513 y 1521. Su figura encarnaba la imagen de la Iglesia que indignaba a muchos cristianos de la época, pues los representantes eclesiásticos se comportaban cada vez más como príncipes renacentistas y menos como guías espirituales. En 1514 León X dejó en evidencia esta cuestión al ordenar a todos los miembros de la Iglesia que promovieran la venta de las indulgencias, es decir, el perdón de los pecados a cambio una cantidad de dinero que sería invertido en la construcción de la Basílica de San Pedro, proyecto iniciado por Julio II en 1506 pero detenido debido los altos costos y la precaria situación económica de los Estados Pontificios.

Martin Lutero, monje de la congregación agustina y profesor de Teología de la Universidad de Wittenberg, se enteró por medio de sus parroquianos que a lo largo y ancho del estado (Sajonia) varios monjes y sacerdotes estaban fijando un precio al perdón. Como profundo conocedor de los textos bíblicos -había estudiado griego y hebreo para comprender su significado original-, encontraba inaceptable el perdón a cambio de dinero puesto que el texto sagrado afirmaba que este era un regalo dado exclusivamente por Dios a todo aquel que simplemente creyera en él.

Lutero criticó duramente la venta durante los sermones predicados en 1516. No obstante, el poco o nulo efecto de estos le llevó a hacer eco de su mensaje a un nivel superior: enviando su mensaje al Cardenal y Arzobispo de Maguncia Alberto de Brandenburgo al mismo tiempo que, según el relato popular, colgaba en las puertas de la Iglesia de Todos los Santos el 31 de octubre de 1517 en Wittenberg, el “Cuestionamiento al poder y eficacia de las indulgencias”, texto más conocido como las 95 tesis, en donde denunciaba los vicios y la corrupción de la Iglesia, la salvación por la fe, el sacerdocio universal y la libre interpretación de la Biblia, apartados que removían los cimientos de la Iglesia Católica.

El impacto de sus tesis fue colosal. Sus ideas se extendieron rápidamente no solamente entre los fieles sino entre los príncipes del Sacro Imperio Germánico, que vieron la crisis religiosa como el momento ideal para independizarse de la autoridad papal, apropiarse de los enormes territorios que poseían y desafiar el poder imperial del recién proclamado Carlos V (I de España) en 1519. La Iglesia, que tardó en responder considerando en un principio el acontecimiento como un pequeño hecho aislado, respondió en 1520 al percatarse de la expansión del fenómeno y el papa, por medio de la bula Exsurge Domine (1520), exigió a Lutero una retractación pública de su doctrina amenazando con excomulgare si se negaba a hacerlo.

Carlos V, consciente del apoyo general hacia Lutero intenta establecer un diálogo entre el papado, Lutero y los príncipes reformistas con la Dieta de Worm (1521) asamblea que lo único que dejó de manifiesto fue la escisión definitiva de la Iglesia luego de que Lutero se negara a retractarse y se le declarase hereje.

La prohibición de las ideas luteranas solo animó procesos político-religiosos similares más allá de las fronteras germanas. En Inglaterra Enrique VIII, aprovechando la crisis religiosa, se declaró como cabeza de la nueva Iglesia Anglicana (1534), de dogma católico pero sin nexos con la autoridad papal, desafiada además por los Puritanos, reformistas de inspiración calvinista que consideraban inadecuada la doctrina anglicana. En Suiza, Juan Calvino (1509-1564) se adhirió a las ideas de Lutero pero consideró además hacerlas más estrictas, conformando la nueva doctrina reformista del calvinismo, que inspiraría otras doctrina como la presbiteriana -liderada en Escocia por John Knox-.

Bajo el nuevo panorama, la Iglesia Católica se vio obligada a realizar cambios. A pesar de que ya se habían manifestado voces exigiendo transformaciones (Erasmo de Rotterdam había pedido una transformación interna de la institución y una vuelta a los principios del cristianismo primitivo), solo se llevó a cabo un proceso reformatorio luego de que alcanzar un acuerdo con los protestantes se hizo imposible.

El resultado fue la Reforma Religiosa Católica más conocida como Contrarreforma, que se consolidó con el Concilio de Trento(1545-1563), asamblea que estipuló que todos los sacerdotes debían educarse en los seminarios, se reafirmó (pese a las protestas luteranas) la salvación por la fe y las obras, se ratificó la posición del papa, se intensificó la labor misionera con la creación de nuevas órdenes religiosas como la Compañía de Jesús (Jesuitas) de Ignacio de Loyola (1534) o las Carmelitas Descalzas de Teresa de Ávila (1562), y se establecieron medidas represivas contra todo aquel que no siguiera o cuestionara los dogma católicos, que sirvieron para justificar posteriormente la Inquisición.

500 años después, es posible hablar de La Reforma como un movimiento religioso y político trascendental para el mundo occidental que además de cuestionar una idea que parecía irrefutable introdujo el pensamiento transformador que nos ha permitido revaluar, cuestionar y construir los cimientos democráticos del mundo actual.

¿Sabe usted el significado de: Evangélico, Protestante, Cristiano, Baptista, Menonita, Metodista, Pentecostal, Presbiteriano?