martes, mayo 02, 2017

Cajamarca: tensión entre la voluntad popular y los intereses económicos



En Cajamarca, la elección fue simple: se eligió la vida, el agua, la tierra; los ciudadanos eligieron lo que han sido (campesinos), lo que son (personas que hacen valer sus derechos) y lo que quieren ser, que no es otra cosa que tener un lugar donde vivir como lo hicieron sus antepasados cuando llegaron a las montañas de la Cordillera Central colombiana, encontrando en Cajamarca no sólo un lugar donde trabajar, sino un lugar donde construir una vida, tejer lazos sociales y proyectar un futuro para ellos, sus familiares, sus amigos y sus paisanos.

|Por: Diego Mauricio Barragán*|

Los discursos sobre la minería son reiterativos. En países en donde los ciudadanos tienen un nivel de vida digno, las actividades, sus consecuencias y las empresas mineras han sido duramente criticadas por la ciudadanía, gobiernos y organizaciones sociales. Por contraste, en países en donde los ciudadanos apenas subsisten y viven en condiciones adversas, la explotación de los recursos naturales se propone como un camino para salir de la pobreza. Las alternativas para enfrentar la explotación de los recursos naturales han sido determinadas, en pocos casos como Cajamarca, por los ciudadanos, y, en la mayoría, por gobiernos, personas o empresas que tienen intereses económicos concretos. La primera pregunta que aparece es: ¿qué pasa con la tierra y con los nativos donde se hacen estas intervenciones?

Las transformaciones negativas asociadas a las actividades mineras y a la explotación de hidrocarburos se pueden ilustrar con varios casos en lugares que sufrieron importantes cambios. El resultado final son paisajes desoladores, deprimentes, donde la belleza fue reemplazada por la devastación. La transformación ha sido la obra de la minería a gran escala. Esta historia se ha repetido, una y otra vez, en diferentes lugares del mundo, para lo cual se pueden mencionar algunos ejemplos, como el de la Kennecott en Estados Unidos, la Udachnaya en Rusia, la Chuquicamata en Chile, la Diavik en Canadá, o la Grasberg en Indonesia (El Comercio, agosto 19 de 2014).

En Colombia, en un corto recuento, lo ocurrido en Montelíbano en Córdoba y el Cerrejón en La Guajira ilustran bien otros desafortunados ejemplos. Las explotaciones pueden durar años o décadas, la transformación en el paisaje es tal que las minas a cielo abierto se pueden observar desde el espacio como enormes orificios en la corteza terrestre y, un poco más cerca, en la zona de influencia, se observa cómo se extinguen o contaminan las fuentes de agua, cómo las condiciones de vida de los nativos se deterioran y cómo luego de extraer los recursos las empresas mineras se van, dejando atrás todas las problemáticas asociadas a su intervención. Los residuos químicos, el agua contaminada, la deforestación, la extinción de flora y fauna, son problemas que deben ser asumidos por los nativos en las regiones donde se dio la explotación.

En Colombia, cuando los precios del oro, el níquel y el carbón subieron significativamente, el Gobierno adoptó como política de Estado otorgar licencias a empresas mineras internacionales. Solo en el periodo de 2002 a 2010 el Gobierno otorgó cerca de 9000 licencias mineras (Ronderos, septiembre 6 de 2011), sin respetar parques naturales, páramos, reservas de biodiversidad, espacios de pueblos originarios, comunidades campesinas o afrodescendientes. Lo importante era dar licencias, intervenir en el territorio, marginar a los pobladores y extraer la mayor proporción de recursos. Fuera de las licencias otorgadas por el Gobierno, grupos ilegales (paramilitares, guerrilla, narcotraficantes o crimen organizado), vieron en la minería un buen negocio y una forma de lavar dinero de sus otras actividades.

Un caso emblemático de las problemáticas de la minería en Colombia es la empresa de origen sudafricano Anglo Gold Ashanti (AGA). Para 2011, tenía registrados 389 títulos de explotación minera a lo largo del país y en total sumaban cerca de 700 mil hectáreas (Ronderos, septiembre 6 de 2011). La empresa fue una de las beneficiarias de la adjudicación de licencias. ¿Cómo lo lograron? Una de las explicaciones es que algunas personas pasaron de ser altos funcionarios de Ingeominas (entidad gubernamental que controlaba la minería en Colombia) a ser ejecutivos de la empresa: se destacan los casos de Julián Villarruel y Liliana Alvarado (Ronderos, septiembre 6 de 2011). En el libro de Elites Administrativas en Colombia, Barrera (1988) destaca cómo las personas pasan de coordinadores y orientadores en el alto gobierno a funcionarios de la empresa privada o, al contrario, salen de ser ejecutivos de la empresa para ser ministros o altos funcionarios del gobierno. Es decir, en un momento pasan de un lado al otro. Estas personas conocen cómo se pueden mover en los laberintos jurídicos y administrativos en el Gobierno colombiano o las empresas mineras, para beneficiar a sus nuevos patrones o a sus intereses. Son redes que han funcionado por años en Colombia.

Fuera de lo anterior, se establecen jaurías de abogados, relacionistas públicos y políticos “para mover los hilos”. Se supone que deben convencer o comprar a quien se oponga al proyecto. A estos equipos les dan un par de monedas y listo. El componente jurídico se destaca, las argucias, los timos o las manipulaciones establecen una forma eficiente de hacer las cosas. Desde la adjudicación de la licencia se generan una suerte de discusiones, volviendo al rasgo típico que caracteriza las discusiones en Colombia, todo se resume en la interpretación y el lenguaje jurídico de derechos, leyes, licencias, procedimientos (Anzola, abril 4, 2017). Recordando que quienes hacen las leyes o quienes las operan al día siguiente pueden ser empleados de las empresas mineras. Desde luego, en Colombia por los limitados argumentos o fuentes para entender la realidad, desde la Independencia, se utiliza el lenguaje jurídico. Entrar a este leguaje es ser parte de una maraña que conocen pocos y en la cual nos perdemos muchos.

El problema es para los nativos y para quienes se quedan en el territorio. ¿Cómo van a vivir?, ¿de dónde sale su sustento? La ilustración es el Cerrejón, una de las minas de carbón a cielo abierto más grandes del mundo, y cómo en los alrededores de la mina las personas no tienen agua o comida y los niños mueren de desnutrición, incluso a pesar de que la mina produce millones de dólares diarios. Cuando se acaban los recursos, las empresas se van para otro lugar, el suelo queda inservible, la contaminación se intensifica, los recursos para la subsistencia desaparecen y las condiciones de vida de los nativos empeoran.

Otro ejemplo pueden ser los discursos y las realidades que rodearon el descubrimiento de los yacimientos petroleros finalizando el siglo XX en los llanos orientales de Colombia. Se puede destacar Caño Limón en Arauca: hipotéticamente, con los descubrimientos a estas regiones llegaría “el progreso y el desarrollo”. Sin embargo, la pobreza, la indolencia, el abandono, la corrupción y los problemas sociales han caracterizado está región desde que comenzó la explotación de sus recursos naturales.

Ante este panorama los ciudadanos de Cajamarca decidieron NO a la mina en su territorio. El argumento fue que la explotación de La Colosa estaba prevista para que dure 10 años (Ebus, marzo 27 de 2017) y luego ¿qué pasará? Los referentes fueron las minas que tiene Anglo Gold Ashanti en el mundo: la Iduapriem en Ghana, la Getia en Tanzania, la Mponeng en Sudáfrica, que se caracterizan por la contaminación con cianuro y mercurio de los recursos ambientales y los graves problemas sociales de las personas que viven cerca de las minas. Dentro de los múltiples informes que ilustran el funcionamiento de las empresas mineras, se destaca el elaborado por Human Rights Watch en 2005, que se llama “The Curse of Gold”; es tan importante la participación de Anglo Gold Ashanti, que el capítulo VI ilustra actividades de la empresa en la República Democrática del Congo, describiendo un panorama aterrador.

La decisión de los ciudadanos de Cajamarca no fue un fenómeno aislado. El desacuerdo en diferentes lugares de Colombia sobre la minería y la explotación de hidrocarburos se evidencia en las manifestaciones de los ciudadanos en Piedras (Tolima) en 2013, Tauramena (Casanare) en 2013, Cabrera (Cundinamarca) en 2017 y faltan las consultas en Pijao (Quindío), Marmato (Caldas) y El Paujil (Caquetá) (Anzola, abril 3, 2017). La respuesta de los ciudadanos en diferentes lugares se presenta como acciones aisladas, algunas veces resultado de manipulaciones, incluso funcionarios públicos y periodistas niegan o atacan la voluntad popular (Arteaga, marzo 29 de 2017; Vélez, marzo 29 de 2017a). El hecho de oponerse a la extracción de los recursos naturales en su territorio es una decisión de ciudadanos consientes y con criterio. Los ciudadanos están atentos a los discursos de los emisarios de las empresas mineras, de los funcionarios del gobierno, de personas de los medios de comunicación o de los politiqueros de oficio, todos sirviendo al mejor postor.

Los ciudadanos saben que viven en un país conflictivo y en una sociedad desigual (Palacio y Safford, 2002), donde personas de los municipios o zonas rurales siempre han tenido criterio para tomar decisiones sobre su vida y su entorno. Los ciudadanos, los nativos, proyectan su futuro, conocen lo que son y determinan qué quieren hacer con su tierra. A pesar de vivir en un país sin condiciones de vida digna, los ciudadanos de Cajamarca y de otros municipios de Colombia saben que las empresas mineras o de hidrocarburos extraen los recursos, se van, les dejan unas migajas y unos problemas sociales y ambientales graves. Saben que su vida, su futuro, está en la capacidad de definir lo que quieren hacer con su territorio y sus recursos. En Cajamarca, la elección fue simple: se eligió la vida, el agua, la tierra; los ciudadanos eligieron lo que han sido (campesinos), lo que son (personas que hacen valer sus derechos) y lo que quieren ser, que no es otra cosa que tener un lugar donde vivir como lo hicieron sus antepasados cuando llegaron a las montañas de la Cordillera Central colombiana, encontrando en Cajamarca no sólo un lugar donde trabajar, sino un lugar donde construir una vida, tejer lazos sociales y proyectar un futuro para ellos, sus familiares, sus amigos y sus paisanos.

Bibliografía

-Anzola, M. (Abril 3 de 2017). ¿Pueden usarse las consultas populares para impedir la minería?. Razón Pública. Disponible en: http://www.razonpublica.com/index.php/economia-y-sociedad/10148-pueden-usarse-las-consultas-populares-para-impedir-la-miner%C3%ADa.html

-Arteaga, J. (Marzo 29 de 2017). Circo Romano en Cajamarca. Disponible en: http://lasillavacia.com/silla-llena/red-rural/historia/circo-romano-en-cajamarca-60367

-Barrera, E. (1988). Las elites administrativas en Colombia. Bogotá, ESAP. -Cárdenas, J (Abril 3 de 2017) ¿Cuál Minería? Respuesta a Marc Hofstetter. Disponible en: http://lasillavacia.com/blogs/cual-mineria-respuesta-marc-hofstetter-60440.

-Ebus, B. (marzo 27 de 2017). Los lunares de AngloGold Ashanti. Las 2 orillas. Disponible en: https://www.las2orillas.co/los-lunares-de-anglogold-ashanti/

-El Comercio (Agosto 19 de 2014). ¿Dónde se encuentran las minas más grandes del mundo?. Disponible en:http://elcomercio.pe/economia/mundo/donde-se-encuentran-minas-mas-grandes-mundo-noticia-1750862

-Human Rights Watch- HRW (2005) The Curse of Gold. Democratic Republic of Congo. Disponible en:https://www.hrw.org/sites/default/files/reports/drc0505_0.pdf

-Orduz, N. (Abril 3 de 2017). ¿Podrán los municipios decidir sobre la minería en sus territorios? Razón Pública. Disponible en: http://www.razonpublica.com/index.php/economia-y-sociedad/9424-¿podrán-los-municipios-decidir-sobre-la-miner%C3%ADa-en-sus-territorios.html  

-Palacios, M. & Safford, F. (2002). Colombia, país fragmentado, sociedad dividida. Su historia. Bogotá, Grupo Editorial Norma.

-Ronderos, M. (Septiembre 6 de 2011). La fiebre minera se apoderó de Colombia. Revista Semana. Disponible en:http://www.semana.com/nacion/articulo/la-fiebre-minera-apodero-colombia/246055-3

-Valencia, M. (Abril 3 de 2017). Cajamarca, la minería y la democracia. Razón Pública. Disponible en:http://www.razonpublica.com/index.php/videocolumnas/10138-cajamarca,-la-miner%C3%ADa-y-la-democracia.html

-Vélez, J. (Marzo 29 de 2017A). Los errores de Anglo Gold Ashanti. Disponible en: http://lasillavacia.com/historia/los-errores-de-anglogold-ashanti-60365

-Vélez, J. (Marzo 29 de 2017B). Los interrogantes que deja el No de Cajamarca Disponible en: http://lasillavacia.com/historia/los-interrogantes-que-deja-el-no-de-cajamarca-60323

*Nací en Cajamarca. El hecho que mi niñez y mi adolescencia las compartiera con personas que construyen fuertes lazos de solidaridad, personas capaces de manifestar su criterio frente a hechos que los involucra y que habitan en un lugar maravilloso con montañas, ríos, valles y vida, condiciona mi visión sobre lo sucedido en Cajamarca y la situación de la minería en Colombia.