jueves, mayo 04, 2017

Hacer política en Colombia. Abismos discursivos y lecciones no aprendidas



|Por: Miguel Eduardo Cárdenas Rivera|

Confesémoslo: eliminamos en nuestros caracteres los defectos, pero también van desapareciendo hermosas cualidades. Nos convertimos al fin en algo rectilíneo, sin profundidad y sin alturas, tan estúpido como una llanura.
Luis Tejada Cano (1898-1924).

Pensar la política como una actividad que dignifica un compromiso con la vida y reivindica la paz como principio de humanidad, es el propósito de este trabajo. Para tal efecto tiene dos partes. La primera explica el objetivo y la metodología para construir una fuerza social activa en condiciones de remover el oprobioso régimen político colombiano y refundar la institucionalidad con base en la democracia radical(1) como expresión del socialismo raizal y en forma de República Regional Unitaria. Para ello, hace un repaso de la experiencia de uno de los más importantes movimientos políticos regionales –tal como emergió en los albores del nuevo siglo– y la vejación a que fue sometido por sus propios dirigentes; esta revisión ayuda a entender la postración actual asimilando críticamente lo que no se debería hacer. La segunda parte recaba en un enfoque de antropología política para escudriñar y dar soporte científico a una alternativa de acción orgánica. Se trata de desamarrar el nudo gordiano de las patologías políticas. Ya no es posible analizar la política y la sociedad colombiana desde parámetros ‘normales’ pues se ha sufrido un trauma colectivo, entendido como trauma psicosocial (Martín-Baró, 2003) (2)  tan profundo como degradado que, en nuestro hábitat es palpable en las más disimiles expresiones políticas.

Este documento trata el tema clave de la época: cómo construir una alternativa real y eficaz al sistema dominante. Si bien trata sobre una experiencia política en el Tolima –una región ubicada en el centro de Colombia– el estudio refleja una problemática general en los movimientos de izquierda, con sus propias particularidades. En todo el mundo pasa más o menos lo mismo: se intenta construir una alternativa de izquierda que fracasa porque se diluye o se divide en distintas corrientes. El problema está en que no hay bases ideológicas y programáticas claras y concretas, como se señala más adelante, la intelectualidad ha perdido su capacidad crítica, y se puede agregar: carece de solidez ideológica, a lo que se suma las infaltables ambiciones de liderazgo; se trata de procesos a los que faltan los cimientos y se comienza por el final, por la constitución de una organización, movimiento o partido. Es decir se comienza a construir la casa al revés: por el techo.

Adentrémonos entonces en esta reflexión, atreviéndonos a mirar el adentro, disponiéndonos a construir el futuro. 

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Referencias:

(1) El concepto de democracia radical abarca y supera a la democracia representativa. Para Fals Borda “la democracia radical (…) es otra forma más descriptiva de ver y entender la democracia participativa” y la liga con el ejercicio de la política en procura del “socialismo raizal” (Cadavid Restrepo, 2009: 5). En Bolivia se cree resolver el problema al plantear de manera comprehensiva una “democracia directa, participativa, representativa y comunitaria”.

(2) Para una mejor compresión de tal asunto vale traer a colación el enfoque de Martín-Baró: “El trauma psicosocial constituye así la cristalización concreta de unas relaciones sociales aberrantes y deshumanizadoras como las que prevalecen en situaciones de guerra civil” (p. 293); pero además: “El trauma psicosocial [enfatiza] el carácter esencialmente dialéctico de la herida causada por la violencia prolongada de una guerra. (…) La herida o afectación dependerá de la peculiar vivencia de cada individuo, vivencia condicionada por su extracción social, por su grado de participación en el conflicto así como por otras características de su personalidad y experiencia”. (p. 366); por lo anterior “Al hablar de trauma psicosocial se quiere subrayar también otros dos aspectos que con frecuencia tienden a olvidarse: a) que la herida que afecta a las personas ha sido producida socialmente, es decir, que sus raíces no se encuentran en el individuo, sino en su sociedad, y b) que su mínima naturaleza se alimenta y mantiene en la relación entre el individuo y la sociedad a través de diversas mediaciones institucionales, grupales e incluso individuales”. (p. 367)