martes, junio 20, 2017

De periodistas a “idiotas útiles”



|Por: Octavio Quintero / - RED-GES|

Un periodista no saca fácilmente de su magín una versión tan temeraria como que los terroristas que perpetraron el atentado en Bogotá al Centro Comercial Andino,  mantienen “conexiones con (…) extremistas de la Universidad Nacional”. 


Fue lo que informó El Tiempo (18/06/17), como “chiva” de las primeras hipótesis sobre la autoría del atentado, versión que motivó inmediatamente la reacción del rector de la UN, exigiendo la consiguiente rectificación del periódico del poderoso banquero Sarmiento Angulo.

No solo El Tiempo ha relacionado a la UN con los terroristas. También Semana.com, dirigida por el sobrino predilecto del presidente Santos, en su nota “¿Quiénes estarían detrás del ataque terrorista al Andino?” (18/06/17), al sindicar al ELN, dice:

(…)

Otra de las causas que los señala tiene que ver con la relación que esa guerrilla tiene con un grupo denominado Movimiento Revolucionario del Pueblo -MRP-. Se trata de una célula conformada por integrantes de redes urbanas elenas con extremistas ligados a universidades públicas.”.

Alguien tiene que estar detrás, como “garganta profunda” de estas filtraciones a los periodistas de El Tiempo y Semana.com, los dos medios más influyentes en la opinión pública colombiana. Y ese alguien es pieza importante en el entramado del atentado al Andino, porque encierra mucha “mala leche”, si no es cierto, como afirma el rector de la UN.

Cuando un periodista recoge una especie como la que nos ocupa, y la publica en periódicos de tanto impacto nacional e internacional, realmente lo que debería abrirse es una investigación paralela al suceso original porque, independientemente de que el atentado al Andino haya sido perpetrado por tal o cual grupo terrorista, lo que toma importancia ahora es que se afirme que los terroristas “están ligados a las universidades públicas”. Miren ustedes que de tan corta afirmación –que ni siquiera suposición-- se desprende otra acusación:… que hay “extremistas” en las universidades, y las públicas, para más señas. Y no cualquier tipo de extremismo, porque uno puede ser extremista político, religioso o artístico, sin ir más allá. Aquí se colige que en las universidades públicas hay “extremistas” que además son terroristas.

Y, si a renglón seguido, se relacionan otros atentados de los últimos meses del mismo corte del Andino, pues, lo que se le está afirmando subliminalmente a la gente es que la universidad pública está infestada de terroristas. El daño a la universidad pública de Colombia es evidente. Nadie que quiera a sus hijos y tenga mediana disponibilidad económica quisiera que se educara en un centro que alberga o contiene nexos terroristas.

Y la noticia de El Tiempo y Semana.com, anda dándole la vuelta al mundo, porque los periodistas también nos podemos apoyar en otros medios para replicar la misma información con el ítem: “según dijo…”. Si el rector de la UN muy expeditamente rectifica a El Tiempo (no a Semana.com), puede que El Tiempo rectifique o aclare la nota… No podría decirse lo mismo de los que se “colgaron” de su información. Esas informaciones perdurarán y seguirán siendo “supuestamente” válidas a la gente.

El periodismo colombiano, y el periodismo en general, tanto el escrito como el digital; el radial y el televisivo, está plagado de fuentes “confidenciales” bajo el amparo del secreto profesional que exonera al periodista y al medio de responsabilidades directas en casos de calumnia e injuria. Estos “confidenciales” caben, vaya y venga, en farándula… Pero hacen mucho daño cuando se trata de hipótesis tan cruciales como la que nos ocupa en este caso.

Una exhaustiva investigación de las autoridades que arrojara como resultado la falsedad de la especie, debiera buscar la colaboración del periodista en la identificación de la fuente, y el periodista, por el bien de su propia credibilidad, y en bien de la profesión que, en últimas, sería el bien social que encierra la información masiva en medios de comunicación, debiera colaborar.

Esa sería una forma de restringir informaciones basadas en  “gargantas profundas” que gozan haciendo de los periodistas “idiotas útiles”. Otra sería una especie de “pacto de caballeros” entre los periodistas de un mismo medio, comprometiéndose el redactor a confiar en el editor el nombre de su fuente “de entera confianza”.
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Fin de folio.- “De buena fuente”, es la muletilla predilecta de reporteros que no se esfuerzan suficientemente por conseguir la información de forma oficial.