domingo, junio 18, 2017

FRANÇOIS HOUTART. Amigo de los pueblos y tejedor de sueños



|Por Nicolás A. Herrera F *|

Houtart fue un militante internacionalista y altermundialista comprometido en las luchas revolucionarias por la liberación de los pueblos oprimidos de todos los continentes. Conocida es la afirmación del comediógrafo romano Publio Terencio: “Ser humano soy. Nada humano me es ajeno”. Remendando a Terencio, Houtart bien podría decir: “Revolucionario soy. Ninguna revolución me es ajena”.
Juan José Tamayo

François Houtart nació el 7 de marzo de 1925 en Bruselas (Bélgica) en el seno de una familia aristocrática cuyos antepasados tuvieron gran notoriedad desde el siglo XIV en la vida política, cultural y económica de Bélgica. Fue educado en una estricta disciplina familiar de profundos valores católicos, fue el mayor de más de una decena de hijos, y desarrolló su infancia y adolescencia entre el movimientoscout y la instrucción jesuita. Cumplidos los 10 años comienza a sentirse inclinado por la vida misionera de la Compañía de Jesús y la Congregación de San Vicente de Paul, a la que pertenecía su madre.

Terminados sus estudios secundarios en 1943 decidió formarse en la vida religiosa y, aunque su interés era vincularse a la Societé Auxiliaire des Missions (SAM), donde los misioneros se ponían al servicio de obispos indígenas, en tiempos en que se consagraron los primeros obispos chinos, terminó ingresando al Seminario de Malinas (Bélgica) para evitar conflictos familiares, por sugerencia de un primo de su madre, Monseñor Étienne Carton de Wiart.


A causa de la II Guerra en Europa, la vida cotidiana del Seminario fue suspendida tan sólo cinco días después de su ingreso. Tras el anuncio de los nazis de reclutar a todos los seminaristas para trabajar en las fábricas, en reemplazo de los soldados que iban al frente de guerra, las autoridades decidieron que los seminaristas debían dispersarse y tomar clases dos o tres veces por semana en diferentes lugares: hospitales católicos y escuelas secundarias. Houtart pasó los primeros meses en casa de sus abuelos paternos y luego volvió a la casa de sus padres. En este tiempo, François se vinculó al movimiento de resistencia belga, que hacía frente a la ocupación nazi desde 1940, adelantando tareas militares ofensivas en contra del ejército hitleriano.

En septiembre de 1944, liberada Bélgica, retornó al Seminario, aún en medio de bombardeos y ataques aéreos alemanes. Desde su tiempo de seminarista se vinculó a la Juventud Obrera Católica (JOC) y se sintió particularmente atraído por el método desarrollado por ella que sigue tres pasos: Ver, juzgar y actuar, que consistía en ver y analizar las situaciones, hacer un juicio social ético y después actuar en consecuenciaii. Su experiencia en la JOC le permitió descubrir la situación de los obreros y mineros de primera mano y le ayudó a superar “la imagen del socialista como un demonio” (Tablada, 2010, p. 25). A través de la JOC Houtart fue descubriendo la utilidad social de su sacerdocio.

Sin embargo, su interés por las misiones se mantuvo, lo que lo llevó a establecer contactos y correspondencias con misioneros en Europa, África, Asia y América Latina. También se relacionó con seminaristas y sacerdotes de otros países europeos, principalmente con dos sacerdotes polacos que estudiaban Teología en Roma pero pasaban sus vacaciones en Bélgica, siendo uno de ellos Karol Wojtyla, luego nombrado Papa Juan Pablo II. Mantuvieron una estrecha amistad durante varios años.

En 1949 fue ordenado sacerdote, profesando los votos de obediencia y castidad, e ingresó en Los Amigos de Jesús, una asociación sacerdotal fundada por el arzobispo de Malinas, el cardenal Mercier, en la que, profesó voluntariamente el voto de pobreza y la promesa de hacer una hora diaria de meditación. Al mismo tiempo, el Seminario de Malinas le concedía el Diplomado en Teología y Filosofía.

Tres meses después de su ordenación recibió la autorización para ingresar en la Universidad Católica de Lovaina. Durante tres años estudió Ciencias Sociales y Políticas alcanzando en 1952 el título de Licenciado (equivalente al de Sociología en la actualidad). Lo que más le interesaba era el vínculo entre la teoría y la práctica, y alcanzó destacadas calificaciones. Los dos profesores que más influyeron en él fueron Jacques Leclerq y Franz Grégoire (que también influyeron en Camilo Torres).

Desde estos tiempos, François Houtart se interesó por la sociología urbana, principalmente los procesos de urbanización e industrialización. Tomó cursos particulares y clases en Bruselas en el Instituto Superior Internacional del Urbanismo Aplicado, fundado por Gastón Bardet, el gran adversario de Le Corbusier. Particularmente le inquietaba que los obreros vieran al cristianismo como su enemigo, cuando para él era un mensaje de emancipación humana. Su hipótesis era clara: “la pastoral de la Iglesia no se había organizado para la clase obrera” (Tablada, 2010, p. 31).

Al finalizar sus estudios fue ganador de una beca Fulbright para adelantar estudios de posgrado en sociología urbana y sociología de la religión en Chicago e Indiana que realizó entre 1952 y 1953. En la Semana Santa de este último año, viajó a Cuba para participar en el Congreso de la JOC para Centroamérica y el Caribe. Y luego, fue invitado a Haití. Fue su primer contacto con América Latina. Al finalizar su estancia en Chicago viajó a Canadá, donde fue profesor de sociología urbana y sociología de la religión en la Universidad de Montreal. Durante este tiempo recibió una querella para comparecer ante el Comité de Actividades Antiamericanas del senador Joseph McCarthy, porque la Universidad de Chicago había sido uno de los lugares ordenados a investigar.

Finalizados sus estudios realizó un viaje alrededor de los Estados Unidos y Latinoamérica que duraría dos años, en los cuales dictó conferencias e impartió clases en diferentes universidades. Fue en aquel viaje que conoció a Camilo Torres Restrepo y a Gustavo Pérez Ramírez, dos colombianos con los que trabaría relación de amistad, con el primero hasta su caída en combate (1966) y con el segundo hasta su propio deceso (2017). Regresó en septiembre de 1954 a Bélgica. Entonces se graduó del Diplomado del Instituto Superior Internacional de Urbanismo Aplicado de Bruselas.

A su regreso a Bruselas fue nombrado secretario en la Curia Arzobispal de Malinas, responsable de presupuestos y cuentas de las parroquias de la diócesis. Durante su estancia se crearon el Centro Interdiocesano para los servicios comunes (p.e. Cáritas, la Federación de hospitales católicos y la Federación de la enseñanza católica). A partir de este trabajo, los obispos belgas le encargaron la fundación de un Centro de Investigaciones Socio-religiosas dentro del Centro Interdiocesano. El Centro de investigaciones fue fundado en 1955 y trabajó intensamente sobre la diócesis de Malinas (la más grande del mundo, con cerca de 800 parroquias) y la isla de Malta los siguientes cuatro años. A mediados de la década de 1960, el Centro de Investigaciones se integró a la Universidad Católica de Lovaina.

En 1956 fue nombrado secretario de la Conferencia Internacional de Sociología Religiosa, cargo que ocupó durante diez años, en el tiempo en que se creó la Federación Internacional de Institutos de Investigaciones Socio-religiosas (FERES). Como parte de sus actividades estableció la revista Social Compass en Bruselas, convirtiéndola en una revista internacional con más de cien mil suscriptores, y la dirigió hasta 1999. Al mismo tiempo, inició su carrera docente en la Universidad Católica de Lovaina con sus cursos de sociología de la pastoral y sociología de la religión que duró más de tres década (1958-1990).

Como Secretario del arzobispado fue nombrado secretario en el comité preparatorio del Pabellón de la Santa Sede en la Exposición Universal de Bruselas en 1958. El comité era dirigido por un millonario conde belga. Camilo Torres, quien era estudiante de la Universidad Católica de Lovaina y había sido Vice-rector del Colegio para América Latina (un seminario para formar sacerdotes que harían misión en nuestro continente) perteneciente a la Arquidiócesis de Malinas, fue nombrado secretario adjunto en representación del CELAM. Su vinculación duró poco tiempo porque el proyecto “quería mostrar una Iglesia triunfante, con una estatua del Papa Pío XII frente al Pabellón y resaltando los museos del Vaticano. Evidentemente esta concepción era totalmente diferente, digamos opuesta, a la que nosotros teníamos y al cabo de seis meses ambos renunciamos a nuestras responsabilidades” (CFU, s.f., inédito).

Por este mismo tiempo fue convocado por el cardenal Luigi Ligutti para realizar un estado del arte de la situación socio-religiosa en América Latina. A su llegada a Rio de Janeiro para iniciar la investigación, monseñor Hélder Câmara le contó que la Santa Sede advertía a las Conferencias Espicopales Latinoamericanas de “los estudios de Houtart” (Tablada, 2010, p. 79). La investigación se desarrolló entre 1958 y 1962. La sistematización de esta experiencia se adelantó en Bogotá en el año 1960, en las oficinas del recién creado CELAM, y arrojó un resultado de 43 volúmenes, donde Camilo Torres aportó su estudio sobre Radio Sutatenza. Durante este tiempo François Houtart trabajó estrechamente con Camilo Torres, Orlando Fals Borda y Gustavo Pérez Ramírez en los inicios del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional y de la Asociación Colombiana de Sociología; de hecho, sirvió de mediador ante el cardenal Luis Concha Córdoba para que Fals Borda fuera nombrado director del Departamento debido a su profesión presbiteriana.

Cuando el Papa Juan XXIII anunció el Concilio Vaticano II, François Houtart fue convocado por Monseñor Larrain (chileno) y Monseñor Câmara (brasilero), presidente y vicepresidente, para que asesorara a los obispos latinoamericanos, alcanzando el estatus de Experto. Allí sirvió de enlace entre distintos obispos y cardenales progresistas, principalmente del Tercer Mundo, y entre ellos y sus respectivas diócesis. Dom Câmara lo llamó “Opus Angelorum” (el mensajero), parafraseando al Opus Dei.

Durante la década de 1960, François Houtart desarrolló una intensa labor de catedrático en la Universidad Católica de Lovaina. En este tiempo Monseñor Ligutti, vinculado a la FAO, consiguió financiación para adelantar una investigación tricontinental (Asia, África y América Latina) sobre el aporte de la Iglesia cristiana al desarrollo de los países del sur. Este proyecto fue coordinado conjuntamente con el protestante holandés Egbert de Vries. A pesar de haber estado en el Congo belga en 1959, fue a partir de este proyecto que Houtart se relacionó mayormente con el África (trabando amistad personal con Julius Nyerere de Tanzania) y Asia (principalmente India, Sri Lanka, Vietnam y Filipinas).

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