viernes, junio 16, 2017

Veinte años de asombrosa impunidad



In memoriam: Mario Calderón Villegas, Elsa Constanza Alvarado Chacón, Carlos Alvarado Pantoja.

|Por: Javier Giraldo Moreno, S. J.*|

Hace 20 años nos dijeron que ya todo estaba claro: que habían descubierto un celular en el que habrían quedado registradas llamadas emitidas desde los alrededores del edificio en el que se consumó el crimen. El jefe de la Policía Nacional, general Rosso José Serrano, apareció días después en un noticiero de televisión y afirmó que un narco de apellido ‘Gaitán Mahecha’, poblador de los alrededores de Suba, estaba implicado en el crimen. El fiscal general, Alfonso Gómez Méndez, le suplicó al director del Cinep, Padre Gabriel Izquierdo (QEPD), que no le diera poder a ningún abogado, pues él se comprometía a mantenerlo al tanto de las pesquisas. Meses después, el crimen le fue atribuido a la ‘Banda de la Terraza’, la cual habría trasladado a algunos de sus efectivos de Medellín a Bogotá, para asesinar a Mario, a Elsa y a don Carlos. Pero las certezas se iban desvaneciendo rápidamente, una vez cumplido su cometido: dejar una volátil e inconsistente sensación mediática de “eficacia de la justicia”

El jefe de la Policía Nacional, general Rosso José Serrano, apareció días después en un noticiero de televisión y afirmó que un narco de apellido ‘Gaitán Mahecha’, poblador de los alrededores de Suba, estaba implicado en el crimen. El fiscal general, Alfonso Gómez Méndez, le suplicó al director del Cinep, Padre Gabriel Izquierdo (QEPD), que no le diera poder a ningún abogado, pues él se comprometía a mantenerlo al tanto de las pesquisas. Meses después, el crimen le fue atribuido a la ‘Banda de la Terraza’, la cual habría trasladado a algunos de sus efectivos de Medellín a Bogotá, para asesinar a Mario, a Elsa y a don Carlos. Pero las certezas se iban desvaneciendo rápidamente, una vez cumplido su cometido: dejar una volátil e inconsistente sensación mediática de “eficacia de la justicia”.

Nadie resolvió interrogantes de fondo: ¿por qué el celador del edificio fue amenazado por la Policía por haberle entregado a la Fiscalía un celular que los policías dejaron en la portería del edificio? ¿Por qué dicho celador era citado a “entrevistas” de fiscales en cafeterías de barrios del sur de la ciudad a las 12 de la noche? ¿Por qué tenían que traer sicarios de Medellín a consumar el crimen, estando Bogotá plagada de bandas sicariales? ¿Qué tipo de intereses amarraban al Fiscal para evitar la presencia de abogados en el proceso penal? Desde aquel día trágico, el 19 de mayo de 1997, yo resolví atenerme solamente a las pistas que el mismo Mario me había dejado y que el paso del tiempo no ha hecho sino confirmármelas, por fuera de los cartapacios que en Colombia almacenan verdades ficticias y falsas con etiquetas de “verdad procesal”.

Fui compañero de ruta de Mario durante muchos años, no solo en Colombia sino también en Francia. Por ello sé que la Policía francesa lo reseñó cuando participó en una protesta en la Embajada colombiana para denunciar el Estatuto de Seguridad de Turbay. También lo reseñaron y fotografiaron cuando participó en una huelga de hambre en un templo histórico del centro de París para denunciar lo mismo. En Tierralta, Córdoba, la “inteligencia militar” lo tenía en la mira por recoger heridos en los caminos, en el campero de la Parroquia. Cuando allí asesinaron a nuestro compañero jesuita Sergio Restrepo, en 1989, estuve analizando largamente con Mario los móviles del crimen y no faltaron elementos que hacían pensar que a quien buscaban era a Mario para matarlo, pues había tenido fuertes discusiones con los militares sobre el mural que se dibujó en la pared de fondo del templo, en el cual había quedado denunciada la muerte y tortura del exjesuita Bernardo Betancur, torturado y asesinado por los militares. Cuando Mario se retiró de la Compañía de Jesús y solicitó la exoneración de sus obligaciones sacerdotales, y se dedicó en parte a la defensa del medio ambiente, particularmente de las fuentes de agua en la zona del Sumapaz, supe, por él mismo, que militares y paramilitares incursiona Mario se retiró de la Compañía de Jesús y solicitó la exoneración de sus obligaciones sacerdotales, y se dedicó en parte a la defensa del medio ambiente, particularmente de las fuentes de agua en la zona del Sumapaz, supe, por él mismo, que militares y paramilitares incursionaban con frecuencia en la finca que allí había adquirido con un grupo de amigos y preguntaban por los nombres, direcciones, teléfonos y profesiones de los que llegaban allí desde Bogotá. En los meses previos a su muerte, los relatos que me confiaba estaban marcados por el temor: se sentía en el radar de enemigos acérrimos de la vida.

El lunes 12 de mayo de 1997 era el día feriado correspondiente a la fiesta de la Ascensión del Señor y, en ese puente, se celebró además el Día de la Madre. Mario y Elsa habían decidido pasar el puente en la finca del Sumapaz con Iván, su hijo pequeño. Elsa se fue adelante mientras Mario atendía otros compromisos, pero Mario se enteró por noticieros de radio que había una toma guerrillera en el poblado de Venecia, cercano a la finca. Pensando que Elsa podría estar atrapada en la militarización consecutiva, salió rápidamente hacia el Sumapaz y comprobó que Elsa y el niño habían llegado sin problemas.

Al concluir el puente, el martes 13 de mayo, fueron sorprendidos por un retén militar en la salida de la finca, donde las requisas y el interrogatorio fueron exhaustivos; los militares no solo chequearon documentos personales y del vehículo, sino que registraron el número del motor del carro y preguntaron por sus direcciones, teléfonos, profesiones y lugares de trabajo. Mario entregó toda la información, bajo esa espontaneidad que lo desbordaba por momentos, pero, en el camino de regreso, lo invadieron las preocupaciones: ¿qué objetivo podría tener el registro de datos tan personales? La angustia fue creciendo y al llegar a Bogotá compartió con varios amigos sus inquietudes. Todos le aconsejaron cuidarse al máximo, pues el episodio era en extremo sospechoso y podría estar anunciando algo trágico.

Así fue. Con la angustia creciente que los invadió desde aquel momento, Mario y Elsa comenzaron a buscar otro apartamento para trasladarse con rapidez, pero la premura de los victimarios no les dio tiempo de tomar medidas siquiera precarias de protección. Seis días después del retén, al amanecer del 19 de mayo, se realizó el operativo de muerte con derroche de crueldad en aquel apartamento cuya dirección había quedado registrada por los militares en el retén. Los vecinos y habitantes del edificio declararon después que vieron carros y motos extrañas con agentes que se detenían a mirar, seguramente haciendo el mapa del holocausto. Después de analizar tantos crímenes, pocas dudas me quedan de que los informes registrados en el retén del 13 de mayo fueron confrontados con la base de datos de la inteligencia militar y concluirían que la eliminación de estas víctimas tendría efectos contundentes de terror sobre grupos y entidades de trabajo social y medioambiental, por lo que decidieron llevarla a cabo.

Una experiencia vivida pocos meses antes me confirmaba esta lectura: otro jesuita había sido amenazado de muerte y el Padre Provincial decidió acompañarlo a denunciar y a pedir explicaciones en el Ministerio de Defensa, en la oficina del Procurador de las Fuerzas Armadas, quien tenía el rango de General. Este solicitó al primer soldado que cruzó frente a su despacho que le buscara en los archivos el dossier de dicho jesuita y en pocos minutos el soldado se lo puso encima del escritorio. Las actividades de beneficencia que dicho jesuita ejercía en su parroquia, aparecían allí como “subversivas” y lo que más escandalizó al General-Procurador era que dicho jesuita colaborara con un grupo de Amnistía Internacional, algo que él juzgó de extrema gravedad insurreccional. Según tales parámetros, la actividad socialmente comprometida de Mario durante muchos años, sus denuncias, su apoyo a movimientos sociales y a víctimas del poder, no podía sino aparecer, para los militares, como la de un enemigo del régimen que era necesario eliminar. La lógica, la sintáctica, la hermenéutica y la semántica de nuestros conflictos rutinarios no dejan, al parecer, ninguna otra vía de explicación.

Habiendo compartido con Mario muchos trabajos, investigaciones, búsquedas, ideales y procesos grupales, puedo testificar que desde muy joven su pasión por la justicia, la solidaridad y la libertad no tuvo nunca reversa. Fue, además, un compañero descomplicado, alegre, con mucho sentido del humor, sereno, cuya seguridad nos ayudó a sortear dificultades enormes en los procesos conflictivos vividos en el interior de la Iglesia y de la sociedad. Su tesis, redactada en París y publicada en 2002 por algunos amigos, titulada Conflictos en el Catolicismo colombiano, recoge experiencias preciosas de esa confluencia entre procesos sociales y políticos, y expresiones de fe. Las experiencias allí analizadas las vivió personalmente o las conoció a través de testigos cercanos y todas se enmarcan en el horizonte de sus convicciones y en la nube de los testigos que lo guiaron. El testimonio de Camilo Torres ocupa varios capítulos y en un resumen de síntesis expresó alguna vez así su legado:

Uno de los puntos centrales del pensamiento de Camilo Torres hablaba de que no era posible ser cristiano en medio de la miseria. Que había que entender el hambre, la falta de educación y de casa para poder ira misa. Ese era un poco su proyecto. Para nosotros era completamente coherente, sin sombra de duda. Y lo sigue siendo. La manera de ser cristiano en esa época y ahoraes trabajando por la justicia, la fraternidad, la insubordinación permanente frente a la autoridad injusta o ilegítima. Eso era de una claridad meridiana. Parte de nuestro quehacer y de nuestra formación como cristianos se daba en ese escenario, en la lucha cívica al lado de los pobres.

Cuando vivíamos en Francia pude seguir de cerca el interés progresivo de Mario por la ecología. Conoció a un grupo de ecólogos anarquistas que tenían una cooperativa rural en la frontera entre Francia y Suiza y lo invitaban con frecuencia a pasar allí largas temporadas. Mario se fue identificando con ellos profundamente y estoy seguro de queallí germinó su proyecto del Sumapaz. Hoy, a la luz de las reflexiones del Papa Francisco, quien insiste en que la tragedia social y la tragedia ambiental no son dos sino una y la misma, entendemos más la pasión de Mario por la defensa del ambiente. En su artículo“ La voz de allá: el agua” (publicado en la revista Cien Días n.º 60) afirmaba:

Muy pocos bogotanos saben de dónde viene el agua que usamos para evacuar  desechos del cuerpo humano, para lavar (ropa, carros, platos sucios…) para beber y cocinar. Yo tampoco lo sabía hasta hace muy poco […] Para el futuro lejano, están las fuentes del alto Sumapaz, El Pilar y el de San Juan. Estas fuentes pueden distar de Bogotá unos 80 kilómetros en línea recta. Si no aprendemos del futuro, el escenario del porvenir acuático de Bogotá podría ser catastrófico…

Mario, el antropólogo, el sociólogo, el teólogo, el amigo humorista y solidario, se ganó de amigos cercanos el título de ‘Obispo de Oriente’ y él lo asumió con
humor. Entre los textos de su “magisterio episcopal” sobresale uno muy profundo, en el que echa mano de su bagaje teológicoy confronta al hereje y al profeta:

Los herejes son primos hermanos de los profetas. Profetas, no en el sentido más ordinario de la palabra, o sea, adivinos. No, profetas en el sentido etimológico de la palabra: Pro-fari, el que habla delante de los importantes, de los serios, los aceptados, los rentables, los legitimados, los ordinarios, los docentes. Habla para develar y desenmascarar. Los profetas y los herejes son emblemas de los procesos de insubordinación en las sociedades. Los herejes dejan siempre mala fama, colillas, chismes por donde han acampado; dejan tras de ellos hogueras sin llama pero con lumbre. Más tarde, pueden aparecer otros trashumantes a soplar con viento nuevo para que resurja la llama con la cual forjan sus armas de combate por los derechos de la herejía.

Elsa y Mario se conocieron ya en el Cinep, luego del retiro de Mario de la Compañía de Jesús, cuando asumió algunas investigaciones antropológicas del Centro y Elsa trabajaba allí como comunicadora. Retomando la descripción que hace una de sus amigas, ‘Lucha’, en una Carta a Iván (el hijo de Mario y Elsa), publicada en la revista Cien Días (abril de 2007), Elsa Constanza

… tenía una forma muy dulce de expresarse y una convicción profunda en un mejor futuro para este país. Por eso amaba el campo, la naturaleza, los bosques, los ríos y tenía una gran fascinación por las vacas que nunca pude entender… me sorprendía su fe en lasnuevas generaciones y el papel que éstas desempeñarían en la construcción de un nuevo país. Porque en esencia, Elsita era ante todo una maestra, una educadora… De su vocación de maestra y sus anécdotas se podrían contar muchas promociones de comunicadores a quienes inculcó el derecho a la diferencia, el respeto por el otro y la necesidad de construir una nueva comunicación que respondiera a las necesidades de este país.

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