martes, julio 25, 2017

La baladronada de los reformistas



            “Pedir que este gobierno
                                 concluya una paz democrática
                                   equivale a predicar virtud
                                                   al explotador de un burdel.”.


|Por: Juan Catari|

La rémora o el impedimento del verdadero desarrollo de los procesos revolucionarios en nuestros pueblos, es nada menos que el círculo vicioso y virulento, en que han caído los distintos niveles de aparente existencia de genuina lucha de clases, en la gran mayoría -por no decir en todos- de esos procesos truncos mal orientados, que en palabras del Gran Camarada Lenin, se define como lo siguiente: “Realmente, perder de vista la lucha de clases evidencia la más burda incomprensión del Marxismo.”.

Obstáculo y atasco en esa tarea vigente por acrecentar la auténtica lucha de clases en todos los rincones de cada país, que tiene nombre propio: la manipulación de los diferentes sectores del pueblo por parte de séquitos -encabezados por aviesos y diestros esquiroles o rompehuelgas- aparentemente revolucionarios o comunistas, pero que en el fondo son entusiastas reformistas, amantes del lesbianismo político que abdica de los principios genuinos del socialismo científico. Estos hugonotes calienta huevos, o son fichas clave de la burguesía enquistadas en el seno de la lucha revolucionaria, sindical, barrial, campesina, popular, armada, etcétera, o son jotos narcisistas o bagasas que deliran con todo su lastre burgués, por aparecer en la cúpula de cada una de las organizaciones del pueblo, a sabiendas que andan más embolatados que mosca en telaraña, o como sucede en la mayoría de las veces: son solo rastreros y zalameros resentidos sociales con su cuna burguesa, que actúan a diestro y siniestro.

Como anillo al dedo les rima el veredicto de Benito Juárez, que al respecto dijo: “Malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo, y con sus hechos lo traicionan.”.

Y el asesinado por la dupla colombo americana Doctor Jorge Eliécer Gaitán, quien dio la vida por su pueblo menesteroso, nos profetizó: “Bastará que las masas lleguen a un plano de  relativa conciencia para que el rompimiento se presente y comprendan la trivial verdad de que sus intereses no pueden ser resueltos por quienes tienen intereses contrapuestos”.

No de otra manera vemos la vergonzosa rivalidad de estos reformistas delirantes pérfidos, quebrantadores de los verdaderos principios revolucionarios y comunistas, en su disputa maquiavélica por aparecer ante el pueblo esperanzado, como los salvadores del mismo, ya que según ellos, poseen las cualidades políticas e ideológicas, para encaminar o dirigir y llevar a feliz término, la conquista de las necesarias y diferentes transformaciones económicas y políticas, para que el pueblo goce de una convivencia digna y feliz.

El pueblo traicionado una y mil veces por estos  reformistas onerosos y lamejundillos de la burguesía tumorosa y purulenta de antihumanismo, más temprano que tarde tendrá que comprender que, “No hay nada más espantoso que la elocuencia de un hombre que no dice la verdad.”.

En consecuencia, las grandes mayorías del pueblo tendrán que asimilar conocimiento exacto, sobre su potencial capacidad para cuajar su derecho insurreccional y tomar conciencia plena acerca de las reales causas circunstanciales, por las cuales padecen unas condiciones injustas que las agobian miserablemente; y en esa medida, acometer la fortaleza de sus opresores y de sus cómplices, para aniquilar tanto la ignominia por parte de la burguesía, como para determinar que todo cuanto manifiesten los embaucadores puritanos, que le hacen el juego a la burguesía a través de sus triquiñuelas políticas de cada período electoral, no es más que basura y frez pequeño burguesa de lo más tosigoso y hediondo.

Y es así, a pesar de que en la mayoría, los programas “revolucionarios” presentados al pueblo por estos intrigantes progresistas, contienen en su forma vistosos anhelos transformadores del Estado y una fingida construcción de una sociedad libre, justa y en paz. Actúan de este modo tan degradado y canalla, ocultándole al pueblo que la esencia de sus propuestas son burguesas, y que muchas veces, reciben directamente orientaciones desde su cúpula ideológica, para mantener la lucha del pueblo de manera vergonzosa, en un remolino que solo produce desmoralización, frustración y caos en el seno de las grandes mayorías, que se debaten en la desesperación por entender quién tiene la verdad, en las múltiples propuestas que a diario le bombardean, los sagaces medios de desinformación afines a la clase dominante.

A estos descarados reformistas lameculos de la burguesía, se les olvida que, como alguien dijo “Los grandes problemas de la vida de los pueblos se resuelven solamente por la fuerza”, y que infortunadamente, “Algunas veces el único camino para reivindicar la dignidad humana es la Violencia”, dado que: “Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes”, como lo dijo el militar y político Marquéz de La Fayette.

Estos moralistas y perniciosos reformistas, se hacen los de la vista gorda frente a su esencia ideológica, por ende, con buen grado de cinismo se les ‘olvida’ su carácter de clase, y en esa medida, engañan al pueblo posando de redentores o de liberadores, ya que su naturaleza ideológica no les permite pensar ni actuar diferente a quienes dicen combatir. No en vano, refiriéndose a este sector social acomodado, el Gran Camarada Lenin sentenció: “Como auténticos ideólogos de la pequeña burguesía, no quieren que se destruya la explotación sino que se atenúe; no quieren la lucha, sino la conciliación.”.

Como verdad de perogrullo, tenemos que recalcar que en el Sistema capitalista, por su carácter mezquino, egoísta, avaro, individualista, inhumano, criminal, etcétera, en donde reina la propiedad privada, y en donde los individuos alimentan su mentalidad indiferente, insolidaria e insaciable frente a las penurias y desgracias de sus semejantes, en ningún momento ni el Estado ni las personas en particular, estarán dispuestos a compartir su carácter ni sus riquezas, respectivamente.

Por consiguiente, como axiomática (incontrovertible) que es la anterior práctica social injusta y mayoritaria, inhumana y criminal, dentro del Sistema capitalista, llámese como se llame el tipo de gobierno o su régimen político: imperio, reinado, república, monarquía, etcétera, -e indiscutiblemente refrendada a través de la historia-, los dueños del Poder, en lo más mínimo, nunca estarán dispuestos a negociar su ordenamiento jurídico, económico y político, que menoscabe su sistema de privilegios como clase burguesa dominante. He ahí del porqué tenemos que reafirmar lo que sentenció José Martí: “los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan.”.

Quiere decir lo anterior, que cualquier negociación que desarrolle la burguesía como clase privilegiada en el poder, lo hará con el fin de confundir, de atenuar o destruir el auge de la confrontación revolucionaria desarrollada por el pueblo a través de sus diferentes formas de lucha, o como estratagema para aniquilar a los diversos dirigentes cualificados en sus distintos campos y fases. Por lo tanto, la burguesía jamás llegará con buena fe a tales convenios o pactos; todo lo contrario, la historia universal siempre ha corroborado la bajeza, la trampa y la traición, con que de manera consuetudinaria actúa la burguesía, en todas las negociaciones con los movimientos u organizaciones revolucionarias.

Y como tal, los ‘compromisos’ que haga a través de las firmas o tratados, se quedarán en el papel como letra muerta, pues de antemano, por medio de sus cajas de resonancia distorsionadoras de la realidad: los medios de malinformación afines al gobierno, han jugado un papel de confusión y de denigración en contra del adversario, para luego justificar el comportamiento tahúr y chantajista de la clase dirigente, a través de sus ideólogos más bajos y tiralevitas.

Como prueba de lo anterior, solo miremos el comportamiento pelotillero y vil del gobierno santista  actual, en donde hace bravuconadas alharacas acerca de la necesidad de que reine la paz en Colombia, pero todo su comportamiento es de guerra contra el pueblo, tanto en materia económica y jurídica, como represiva, violenta y sanguinaria; y no permite en lo más mínimo, la protesta por parte de los diferentes sectores populares, cansados de las innumerables mentiras que a diario vociferan los áulicos farsantes del gobierno.

 El gobierno de Santos por más que hable de paz, no acepta que sectores populares salgan a manifestar su descontento, hastiados de la brutal masacre por parte de variadas fuerzas estatales, contra diferentes activistas suyos que reclaman sus justos derechos, seriedad y cumplimiento por parte del gobierno, y en contra de toda la imposición de leyes injustas a través de su régimen dictatorial camuflado de democracia.  

Es decir, contrario al comportamiento cabal y respetuoso que debería imperar en un acuerdo, -como ya lo manifestamos anteriormente, evidentemente refrendado por la historia-, tal práctica tradicional de los gobiernos, ideólogos y potentados capitalistas, se caracteriza por la infinidad de variadas y sutiles artimañas con que actúan siempre, al punto de que, aunque suene escandaloso, es casi menester llegar a los acuerdos con la convicción de que, ‘a ruin, ruin y medio, es decir, “que para negociar con una persona de baja condición es menester otra de su calidad o peor”. Recordemos la frase de ese irreverente premio nobel de 1964 Jean-Paul Sartre, quien nos legó “Al fascismo se le destruye. El diálogo no es para las bestias.”.

Se hacen estas acotaciones de manera desprevenida, con la intención de que asimilemos la esencia de lo que significa hacerle el juego a la burguesía a través del reformismo, el mismo que pregonan los señores vende obreros o esquiroles, que abundan en la mal llamada izquierda colombiana, que todos conocemos y que se caracterizan por su oportunismo abyecto y vergonzoso, el cual  le hace tremendo daño -estamos seguros de ello- al verdadero desarrollo de una auténtica lucha de clases en nuestro país.

Decimos de modo tajante que esa práctica reformista lo único que produce, indudablemente, en los activistas populares y en la mayoría del pueblo es nítida confusión. De ahí, que inclusive ‘cuadros’ revolucionarios curtidos en las diferentes contiendas, que han desarrollado los diferentes sectores populares del pueblo colombiano, consideren que en nuestro país realmente existe lucha de clases.

Además, no desconozcamos, que como producto de la formación errada, burguesa y distorsionada con respecto a la enorme conjugación de hechos tanto evolutivos como de los realizados por el hombre, que hemos recibido en esta sociedad vulgarizada y descompuesta que genera el Sistema capitalista, generación tras generación, históricamente nuestro cerebro se ha condicionado a una cultura de la incredulidad de la realidad concreta y verídica. Es decir, producto de esa educación acomodada y falsa, casi nunca reconocemos la existencia de fenómenos naturales que rigen y que dieron origen a la vida en particular, y por supuesto, tampoco percibimos las condiciones objetivas en el entorno en el cual nos desenvolvemos para aprovecharlas y desarrollar unas condiciones óptimas de avanzada en la lucha contra la injusticia; y en esta medida, por lo general, somos obtusos en aceptar la verdad, y por supuesto casi nunca comprobamos que vivimos sumamente equivocados y mucho menos que cometemos garrafales errores con respecto al correcto y razonable quehacer que debemos materializar en la práctica social revolucionaria.

No olvidemos que esta condición de ignorancia, de dubitación y de torpeza en los individuos, es lo que le permite a la clase privilegiada seguir imponiendo un Sistema injusto y corrupto, en donde la dignidad del ser humano se degrada cada vez que respiramos. Precisamente, es por todo lo anterior que nos imponen a diestra y siniestra, todo un cúmulo de leyes acomodadas, de trampas y de sofismas para entretenernos como idiotas útiles y poder seguir haciendo todo lo que se les viene en gana, tanto con los recursos que provee la madre naturaleza, como con los sentimientos y deseos del pueblo ignaro y desesperado.

Y efectivamente, como consecuencia de los anteriores despistes por parte del pueblo, y de las mil triquiñuelas por parte de la burguesía y de los reformistas rastreros a ésta, es que, lo que hemos llamado proceso revolucionario en nuestro país, ha permanecido estancado, tanto en la lucha reivindicativa legal por parte del sector obrero y de las masas en general, como en el desarrollo de la lucha armada por parte de las múltiples y variadas organizaciones que la han puesto en práctica.
Por un lado, porque la mayoría de los dirigentes reformistas que utilizan y manosean el sector sindical, barrial o campesino, escasamente han orientado enfrentamientos gremiales, grupistas, sectoriales,  fundamentalmente en el aspecto económico contra sus patrones o con los gobernantes de turno; pero jamás dentro de sus prioridades, los caudillos reformistas NO han aconsejado ni encarrilado la educación política e ideológica de sus dirigidos, como quiera que esta educación es la esencia para el genuino desarrollo de la verdadera lucha de clases; e inclusive, en sus ‘instrucciones’, muchos de estos jefes han impuesto una praxis apolítica en sus sindicatos y demás agremiaciones, en desmedro de la asimilación de los principios revolucionarios por parte de los activistas obreros y populares, que contiene la teoría transformadora y científica, que han aportado los maestros del internacionalismo proletario: el marxismo.

Mucho menos, en el encauzamiento de sus sectores -con escasas excepciones- los adalides reformistas,  han guiado a sus capitaneados a la necesidad de la construcción del auténtico Partido del proletariado.

Por otro lado, porque la burguesía en su afán de mantener su statu quo, o sea, la continuación de una situación de exagerados privilegios para la clase dirigente, que le permite mantenerse totalmente unida en todos los campos, en donde aplican el todo vale para delinquir de manera impune, como su escandalosa corrupción y para ofertar al mejor postor los diferentes recursos que contiene nuestro suelo colombiano, de modo permanente ha echado mano a todas las formas de desprestigio, de aniquilación y de exterminio tanto de los cuadros capaces y honestos que han surgido en el fragor de la lucha, como de la teoría revolucionaria del proletariado: el marxismo, como arma alternativa de educación ideológica y política para el pueblo.

En tal sentido ha utilizado el Poder que le faculta cautela unas veces, para acometer alevosía contra el pueblo indefenso y confuso, y para ensañarse con todo el vendaval de mentiras astutas, injusticia sañosa y de miseria destructora hacia el pueblo, utilizando todos los medios maquiavélicos a su alcance, desde los legales hasta los métodos soterrados más atroces, los mismos que le proporcionan encarnizarse más y más frente a las grandes mayorías pauperizadas, y sobretodo, aniquilar miserablemente a los activistas más sobresalientes de los diferentes sectores, sin que  se vea comprometida su responsabilidad abiertamente.  Esta otra situación, hace que el pueblo inerme, enmarañado y que carece de conocimientos veraces con respecto a su condición de oprobio y de penuria, y sobretodo que desconoce la efectiva herramienta a aplicar para salir de una vez por todas de su estado de indefensión y de pobreza, infortunadamente, hace que en nuestro país reine el caos con respecto a lo que se debe entender y desarrollar como verdadero proceso revolucionario, con miras a asaltar el Poder por parte del pueblo y edificar una armonía en la sociedad en camino a una etapa más avanzada.

Como resultado de las anteriores anomalías, podemos decir que en nuestro país Colombia no hay realmente lucha de clases, pues escasamente existe un en cierne desarrollo de la misma, ya que no solo los dirigentes andan olfateando el fundillo burgués y mendigando las boronas de los privilegios de los capitalistas, sino que de encime el pueblo más necesitado carece de conocimiento político marxista y de la asimilación de la ideología proletaria a través de la lucha diaria. Pero además, no existe en la práctica social colombiana el imprescindible Partido Proletario, como la única alternativa que puede orientar tanto a los trabajadores como al conjunto de las masas populares, a la conquista del Poder Popular, en donde se genere el real camino hacia la cimentación de una sociedad justa, libre y en verdadera paz. Al respecto recordemos lo que dice Kostas Maurakis. “Un Partido centralizado es necesario para unificar y coordinar todas las luchas populares, para centralizar y sistematizar, previo estudio, las ideas justas de las masas, para movilizarlas alrededor de consignas que respondan a las tareas del momento, para hacer continuamente el balance de la experiencia adquirida en el conjunto de las luchas, para educar a las masas en el espíritu del socialismo científico a fin de que prosigan la revolución hasta el fin. Ninguno de estos objetivos puede alcanzarse si esta dirección no opera de manera democrática.”.

Indudablemente, esa tarea de construcción del genuino Partido Proletario es la que debemos asumir con suma responsabilidad, antes que emprender jueguitos chimbos acomodados por la clase gobernante, que lo único que generan es postración ante las tropelías de la burguesía vende patria y genocida. Cumpliendo con la tarea descrita, innegablemente llevaremos la lucha del pueblo colombiano, así a muchos les irrite sus oídos, al nivel de las orientaciones irrefutables de ese gran prócer del internacionalismo proletario, el Gran Camarada Lenin, que nos legó lo siguiente: “La lucha de los obreros se convierte en lucha de clases, sólo cuando los representantes de vanguardia de toda la clase obrera de un país tienen conciencia de su unidad como clase y emprenden la lucha, no contra un patrono aislado, sino contra toda la clase capitalista (sub. n.) y contra el gobierno que apoya a esa clase. Sólo cuando cada obrero tiene conciencia de que es parte de toda la clase obrera, cuando en su pequeña lucha cotidiana contra un patrono o un funcionario ve la lucha contra toda la burguesía y contra el gobierno en pleno, sólo entonces su lucha se transforma en lucha de clases.(…)”. La Construcción Del Partido Proletario.

Por todo lo anterior, invitamos al pueblo a ejercer con decoro, resolución y contundencia de manera masiva: su justo y razonable derecho a la CONSPIRACIÓN y a la PROTESTA, consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos, contra todo tipo de mentira y contra la corrupción que carcome los valores del pueblo colombiano, haciendo UNA GRAN  DESOBEDIENCIA POLÍTICA NACIONAL en las próximas elecciones de 2018, para que por medio de ese pronunciamiento colectivo, obliguemos a los politiqueros reformistas y a la clase dirigente burguesa genocida y mentirosa, a no vulnerar los derechos de ninguna persona; y por el contrario, que respeten el decoro y la dignidad del ser humano y de la naturaleza. Este puede ser un primer paso de confianza, para que el pueblo fusionado logre más adelante a través de LA UNIDAD DE ACCIÓN POPULAR, derechos que acoplen el eslabón que lo lleven a conquistar objetivos más gigantes a largo plazo, como la verdadera democracia y la libertad, la no discriminación y la auténtica paz de todas las personas; y para que los miserables corruptos y criminales se olviden de su farsa pendeja, de que el pueblo debe perdonar el delito de los politiqueros y el desangre macabro del país a través de la corrupción.

Quiere decir lo anterior, que ningún colombiano del seno del pueblo acuda a votar en las próximas elecciones, ni siquiera con su voto en blanco o nulo, ya que estos sofismas no sirven absolutamente para nada, y sí se presta para confundir más al pueblo que confía en un futuro mejor.

Castiguemos a la corrupción y a todo tipo de maquiavelismo: NO ASISTIENDO A VOTAR NUNCA MÁS, mientras gobiernen los depravados inábiles ideólogos del crimen, del engaño y la ruindad.

MASIFIQUEMOS LA PROTESTA SOCIAL CONTRA LA MANIPULACIÓN DEMONIACA DEL ESTADO Y DE LOS MEDIOS DE INFORMACIÓN AFINES A ÉSTE, QUE CALIFICA DE TERRORISTA LA LUCHA DEL PUEBLO POR SUS JUSTOS DERECHOS Y CONTRA TODO TIPO DE MENTIRA Y DE CORRUPCIÓN, QUE DEGRADAN LA DIGNIDAD HUMANA Y ENLODA EL PORTENTO DE LA NATURALEZA.

En coro unísono diremos que, preferimos la pomposa MAGIA de los artistas que nos ignotizan con sus salerosos trucos; a la MAFIA de los reformistas y de los gobernantes politicastros nauseabundos y corruptos, que nos IDIOTIZAN con sus diversas y viles triquiñuelas.

JUAN  CATARI.  / avejo57@yahoo.es / Julio de 2017. 

Practica la democracia y la solidaridad inherentes contigo mismo. Vence la inercia propagando el presente en pro de la autonomía, de la dignidad y de un futuro ameno, próspero y justo; al menos para las nuevas generaciones, pues éstas son real garantía ineludible de un cambio social e ideológico científico, para cimentar perennemente convivencia pacífica entre sí y armonía eficaz y magnífica con la exquisita naturaleza. (Sopó).