martes, julio 04, 2017

La odisea y la justa lucha de los pensionados



|Por: Jaime Araujo Rentería|

La mujer se desesperó. "Y mientras tanto qué comemos", preguntó, y agarró al coronel por el cuello de franela. Lo sacudió con energía. -Dime, qué comemos. El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder: -Mierda.
(EL CORNONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA)

Adquirir una pensión en Colombia, constituye, una odisea similar a la que le tocó enfrentar a Ulises, primero combatiendo 10 años de la guerra de Troya, y 10 más para regresar a su reino de Ítaca; en total 20 años de fatigas y trabajos desde que inició su partida, sin saber que alcanzaría sus objetivos: vencer en la guerra de Troya y luego regresar al solaz de su hogar, para vivir sus últimos años, en compañía de su familia. La guerra de por sí, depara miles de peligros, especialmente para los derechos humanos, comenzando por el derecho a la vida. El regreso a casa de Ulises también estuvo lleno de permanentes obstáculos, que hacían casi imposible, el disfrute de su reino y de su familia, después de 20 años de múltiples peripecias. Como necesitan, también los pensionados, mínimo 20 años salvando peligros y obstáculos, para reunir uno de los 2 requisitos, que les permita acceder a una pensión.

El camino de los trabajadores colombianos hacia una pensión se encuentra lleno de peligros y de obstáculos: el primero de ellos es que muchos colombianos no tienen garantizado el derecho al trabajo; quieren y necesitan un trabajo, pero no lo encuentran y esto, es mucho más difícil para los jóvenes que quieren iniciar su vida laboral, pero que no encuentran oportunidades de trabajo, y para los mayores de 40 años.

El segundo, es que a pesar de que la Constitución de 1991 ordena expedir el estatuto del trabajo en su artículo 53, que dice:

“El Congreso expedirá el estatuto del trabajo. La ley correspondiente tendrá en cuenta por lo menos los siguientes principios mínimos fundamentales: Igualdad de oportunidades para los trabajadores; remuneración mínima vital y móvil, proporcional a la cantidad y calidad de trabajo; estabilidad en el empleo; irrenunciabilidad a los beneficios mínimos establecidos en normas laborales; facultades para transigir y conciliar sobre derechos inciertos y discutibles; situación más favorable al trabajador en caso de duda en la aplicación e interpretación de las fuentes formales de derecho; primacía de la realidad sobre formalidades establecidas por los sujetos de las relaciones laborales; garantía a la seguridad social, la capacitación, el adiestramiento y el descanso necesario; protección especial a la mujer, a la maternidad y al trabajador menor de edad. El Estado garantiza el derecho al pago oportuno y al reajuste periódico de las pensiones legales. Los convenios internacionales del trabajo debidamente ratificados, hacen parte de la legislación interna. La ley, los contratos, los acuerdos y convenios de trabajo, no pueden menoscabar la libertad, la dignidad humana ni los derechos de los trabajadores.”

No obstante, esa norma constitucional que ordenó al Congreso expedir el estatuto del trabajo, éste no lo ha hecho y solo en normas saltuarias ha regulado algunos aspectos de dicho estatuto, y en otros no lo ha hecho, pues de hacerlo, tendría que cumplir la Constitución. Al no hacerlo, permite que se viole, en temas como la estabilidad en el empleo, que se ha tercerizado. Tampoco lo ha cumplido en la parte en que ordena garantizar la seguridad social.

El concepto de seguridad social es mucho más amplio que el del simple contrato de trabajo o relación laboral; ya que si bien este último, es el fundamento del primero, la seguridad social mira mucho más lejos, pues prevé situaciones que van más allá que el trabajo y la remuneración del mismo: si el trabajador enferma, no es justo que el patrono lo despida; lo justo es que si el trabajador le ayuda a crear riqueza, el patrono lo proteja en la enfermedad profesional o común (licencia por enfermedad); también cuando queda inválido para seguir trabajando (pensión por invalidez). La seguridad social es la que exige que, cuando un trabajador es despedido, tenga unas cesantías y un seguro de desempleo, mientras consigue otro trabajo. También la seguridad social, es una medida del concepto de justicia, ya que no es justo que un trabajador que le entregado a los patronos, parte de su vida (20 o más años de trabajo), al final de ella, cuando no tiene fuerzas y le acechan las enfermedades, se vaya a su casa, sin una pensión de jubilación; lo justo es que pueda disfrutar de los últimos años de su vida, en compañía de su familia, con un mínimo de seguridad económica que le permita tener una vejez digna. Y decimos en compañía de su familia, porque todos sabemos que la pensión del abuelo no es sólo para él y la abuela, sino también para ayudar al hijo que no encuentra trabajo o para educar el nieto cuyo padre no puede pagarle la escuela. Lo injusto, no es que algunos colombianos tengan pensión; lo injusto es que no todos la tengan, cuando todos deberíamos tenerla.

El tercer obstáculo, es que como el trabajador no tiene garantizado el derecho al trabajo, y dura muchos períodos de su vida sin disfrutar de este derecho, no puede cumplir con el requisito de los 20 años de trabajo de manera continua, sino que a veces se demora 30 o 40 años de su vida, para poder completar los 20 años de trabajo continuo o discontinuo, para tener derecho a una pensión de jubilación.