domingo, agosto 13, 2017

El planet management de la pobreza global



|Por Luis Arizmendi|

Seminario “Bolívar Echeverría”. Conferencia de Luis Arizmendi: “Capitalismo necropolítico y estados contrahegemónicos en América Latina del siglo XXI”. 


Nunca una época en la historia de la humanidad había tenido tantas oportunidades efectivas de progreso que se encontraran tan radicalmente bloqueadas y cercenadas para poner en su lugar la devastación. El siglo XXI, sin duda, ha llevado a su cumbre el carácter esquizoide de la modernidad capitalista: con la informática, la biotecnología, la nanotecnología y la tecnología espacial, contiene en sí mismo el progreso tecnológico más poderoso en la historia de las civilizaciones y, sin embargo, a la par, despliega la devastación más amenazadora contra el proceso de reproducción de la vida de la sociedad planetaria y de la naturaleza.

Si se mira panorámicamente la historia del último siglo, puede verse que en el tiempo de lo que Hobsbawn denominó la “época de la guerra total” [1] emergió, ante todo con el nazismo alemán, el proyecto del planet management –es decir, el proyecto de la dominación tecnocrático autoritaria del planeta–, una fase en la cual la mundialización capitalista no se detuvo en hacer uso de su poder tecnológico para desatar la devastación con el fin de apuntalar su poder planetario. Posteriormente, en lo que los franceses calificaron como los trente glorieuses, la mundialización capitalista recurrió a la configuración liberal del Estado para hacer uso de él como contrapeso ante los efectos destructivos desplegados por la acumulación global. En el auge de la postguerra, el ascenso del estándar de vida, la promoción de procesos electorales formales y la defensa de la soberanía nacional fueron políticas estratégicas que desde el Estado el capitalismo propiamente liberal desplegó tanto en el Norte como en el Sur, no por filantropía sino para control estratégico de la rapport de forcesante las que Wallerstein denomina las “clases peligrosas”. [2]Pero hacia el fin del siglo XX y la entrada al siglo XXI, la mundialización capitalista ha renunciado a su dispositivo estratégico clave para administración de la lucha global de clases: el Estado liberal. Bajo una metamorfosis muy singular, el proyecto del planet management ha retornado.

Con la vuelta de siglo, el capitalismo global no sólo ha asumido que la promesa del progreso y el confort para todos ha caducado, sino que para que el bienestar pueda efectivamente generarse y mantenerse para unos cuantos deberá, más que admitirse, propulsarse la tragedia y el dolor para muchos más. Dos son las dimensiones de la crisis global contemporánea que especialmente hacen inocultable la re-edición bajo nuevas formas del proyecto del planet management: la crisis ambiental mundializada y la mundialización de la pobreza.

Lejos de responder ante estas dos dimensiones esenciales de la crisis global apuntando a trascenderlas, el capitalismo del siglo XXI ha asumido que no se va a detener en la devastación antiecológica de la naturaleza ni tampoco ante la devastación del proceso de reproducción vital de la sociedad global. Dejando atrás las veleidades keynesianas, ha asumido que las nuevas formas tan eficaces de acumulación acelerada de capital mundial seguirán adelante, incluso si se puede se radicalizarán, administrando, en todo caso, el cercenamiento y la muerte de millones de personas. El planet management del cambio climático y el planet management de la pobreza global constituyen, en el siglo XXI, las principales expresiones de una configuración para nada “neo-liberal” sino, más bien, cínica del capitalismo, es decir, de una configuración que no se detiene en hacer uso de su violencia económico-anónima para llevar a cabo el apuntalamiento de su poder económico y político planetario.

Es de la re-edición del proyecto del planet management que nació como peculiaridad de nuestra era la mundialización de la pobreza. Hacia el fin del siglo XX, la pobreza que no era global, se mundializó. Por primera vez en la historia de la mundialización capitalista, la pobreza desbordó sus alcances regionales y se volvió planetaria. Si la crisis de 2007-2008 puso al descubierto tanto la crisis financiera global como la crisis mundial alimentaria, si el Informe del Club de Roma de principios de los 70`s permite fechar el inicio de la crisis ambiental mundializada, el Informe sobre desarrollo mundial 1990 del Banco Mundial da fecha al nacimiento de la mundialización de la pobreza como peculiaridad de nuestra era. Integrando lo que cabe llamar la crisis epocal del capitalismo, la crisis ambiental mundializada, la crisis mundial alimentaria, la crisis financiera global y la mundialización de la pobreza en su unidad vuelven inocultable que esta crisis comenzó hace varias décadas y tiene muchas más que andar.[3]

Nunca un organismo internacional había asumido como problema estratégico del sistema mundial la medición de la pobreza global. Si el Banco Mundial lo hizo no fue para contrarrestarla, sino para inaugurar su administración autoritaria mediante el planet management de la pobreza global.

Aunque sugerente porque muestra la incoherencia interna contenida en la concepción de la línea de pobreza extrema trazada por el Banco Mundial –que, por un lado, reconoce que no basta “un nivel mínimo de nutrición” para evaluar la pobreza, por tanto, que debería considerarse “el costo que implica participar en la vida cotidiana de la sociedad”, pero, por otro, sin ningún reparo, desecha absolutamente este costo descalificándolo como “subjetivo”–, una crítica como la de un especialista tan importante como David Gordon –Director del Centro Townsend de Investigación de la Pobreza Internacional– requiere ser llevada más lejos. [4] La línea de pobreza extrema originalmente trazada por el Banco Mundial de ningún modo se equivoca al investigar la medida del ingreso requerido para lograr el acceso a alimentos básicos según el patrón histórico-cultural de cada sociedad nacional. La línea 1 dlr de ingreso diario cumple una función político estratégica que la convierte en guía el planet management de la pobreza global: explora y ubica aquellos puntos en la economía mundial donde la devastación capitalista de la vida humana ha arribado ya a una auténtica situación límite, donde sobrevivir mínimamente se vuelve insostenible y, por tanto, ante los focos rojos de potencial desestabilización política se vuelve imprescindible para el poder planetario canalizar programas que, lejos de ser de combate contra la pobreza, más bien conforman programas de combate contra los pobres. Para el Banco Mundial, si un conjunto de sujetos no tienen vivienda, vestido, calzado, agua, mesas, gas o instrumentos de consumo no es pobre extremo. Revelando una concepción cínica de la pobreza mundial, sólo identifica como pobres extremos a aquellos sujetos y grupos sociales que no pueden adquirir alimentos crudos. Además de escamotear reconocer la auténtica medida de la pobreza mundial, una línea de este orden es estratégica porque orienta la dirección hacia la cual deben canalizarse las políticas de control y contención de la lucha de clases, aplicando programas para acceso a alimentos básicos a la población en esa situación para garantizar su subordinación política. El planet management de la pobreza global propulsa formas violentas de una acumulación mundial del capital acelerada que administra el surgimiento inevitable de millones de heridos y muertos. [5]

Desde 2007, en un ensayo sumamente relevante titulado “Globalización y Desarrollo Desigual”, Giovanni Arrighi demostró que, para 1980, no cabía la menor duda de que la industrialización de los países integrantes del denominado en aquel tiempo Tercer Mundo definitivamente se había alcanzado, pero, sin embargo, para el año 2000, la brecha de ingresos entre el ex Tercer y el ex Primer Mundo seguía siendo prácticamente la misma que medio siglo atrás. Contraponiéndose a los cálculos de Ravallion –quien fuera economista en jefe del Banco Mundial–, [6] Arrighi reconceptualizó la misma información del Banco Mundial con el objetivo de demostrar el modo en que la historia económica hacía pedazos todas las promesas del mito del progreso que acompañaron la mundialización de la gran industria capitalista. En ese sentido planteó que, si se mide el PIB de la manufactura por regiones del ex Tercer Mundo en relación al del ex Primer Mundo, “mientras, en 1960, el grado de industrialización del Tercer Mundo equivalía al 74.6% del Primer Mundo, en 1980 era virtualmente el mismo (99.4%)”. Pero, no obstante, a la par, si se calcula la brecha de ingresos en función del PIB per cápita de los países del ex Tercer Mundo como proporción del PIB de los países del Primer Mundo, emerge que, en 1960 era de 4.5%, en 1980 de 4.3% y en el año 2000 de 4.6%. [7] Derrumbando las ilusiones del mito del progreso, la mundialización de la modernidad capitalista y su gran industria se ha alcanzado, pero dejando indemne la brecha de ingresos entre el ex Tercer y el ex Primer Mundo. Para inicios del siglo XXI es claro, la mundialización del progreso tecnológico con la modernidad capitalista no trajo consigo la mundialización del bienestar (ver cuadro).

PIB per cápita por regiones como porcentaje del PIB per cápita del Primer Mundo *


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