jueves, agosto 17, 2017

Las ex FARC, verdad aparente y verdades ocultas de una traición



|Libardo Sánchez Gómez*|

Recientemente nueve frentes de guerra de las FARC-EP dieron a conocer un comunicado donde reafirman su voluntad de continuar la lucha armada,” hasta vencer o morir” o sea hasta que se remuevan las causas objetivas que les obligaron a empuñar las armas; y, al mismo tiempo, acusaron a la cúpula negociadora de La Habana de traidores, por haber  izado la bandera de la rendición sin contraprestación  real alguna.

Los guerreros  de las FARC en pie de lucha creen que la negociación guerrilla – Gobierno fue conducida de manera totalmente equivocada, y que no se tuvieron en cuenta principios fundamentales de la esencia fariana, por ejemplo, en el afán de la comandancia de firmar los acuerdos, olvidaron una  recomendación  básica de su fundador Manuel Marulanda quien advertía:“Nosotros haremos un acuerdo en cualquier momento, pero nuestras armas tienen que ser la garantía de que aquí se va a cumplir lo acordado. En el momento en que desaparezcan las armas el acuerdo se puede derrumbar. Ese es un tema estratégico que no vamos a discutir”. Y es un hecho que nada de lo acordado se cumple, ni siquiera la mínima adecuación de los Centros de concentración. Los diversos poderes tanto el ejecutivo, el  legislativo como el judicial le dan una patada cuando les da la gana a dichos acuerdos, recientemente la Corte Constitucional dijo que lo acordado puede ser revisado, es decir modificado, por el Parlamento. ¿Las Ex FARC,  aún,  están a tiempo de acatar la recomendación de su fundador?  Parece que  ya es muy tarde para dar vuelta atrás, en la práctica el hecho de haberse concentrado en las llamadas “Zonas Veredales de Transición” es igual a estar desarmados,  pues están rodeados por  lobos listos a devorarles apenas asomen la cabeza. ¿Qué llevó a la cúpula a pactar la entrega de la Organización a cambio de nada y, peor aún,  sin que ninguna de las causas que les llevaron a alzarse en armas hubiesen sido removidas? ¿Cómo finalizar las conversaciones sin discutir los aspectos fundamentales que, por lo menos, tocan la seguridad de sus tropas, como la orientación ideológica de las fuerzas militares y, en general, del régimen, fincadas en la concepción de la “teoría de la seguridad nacional” en la que cualquier opositor que amenace los privilegios de las castas oligárquicas es considerado “el enemigo interno”.

¿Tal vez fatiga del metal del que fueron hechos sus fundadores, o será que los nuevos jefes, en especial el máximo líder Timochenco, están forjados en hojalata? ¿Demasiada ingenuidad de la cúpula creer que la oligarquía va a dar cumplimiento  a lo acordado? ¿Si no lograron mínimas transformaciones sociales bajo la presión de las armas esperan hacerlo gritando en las calles vacías? El eco de voces suspicaces repica que los sedujo “el dorado” prometido por la oligarquía, no le es difícil al puñado de la cúpula imaginar los millones  de pesos y la vida de confort que les espera, pero tampoco es difícil conjeturar lo que le espera al grueso de la base. Tradicionalmente a los jefes de quienes traicionan la causa la oligarquía les ha premiado con millonarios contratos, incluso con  alta burocracia. Y tradicionalmente a las bases les ha tocado hundirse en el rebusque y la mala vida, propios de un modelo excluyente y corrupto en el que los menos favorecidos no tienen posibilidad alguna de  medrar. Entonces, deben existir razones poderosas para abandonar, sin haber sido derrotados militarmente, una lucha victoriosa de más de cinco décadas. Una verdad aparente dice que fue por la imposibilidad de derrotar militarmente a la oligarquía, pero esta es una razón por decir lo menos nihilista, pues mientras no haya  derrota militar siempre existe la ilusión de derrotar al enemigo, si no fuese así nunca nadie hubiese empuñado las armas; desde el principio se sabía que el enemigo es poderoso.

Lo cierto es que existen verdades profundas, que esconden la verdad verdadera, una  de ellas podría ser la debilidad ideológica y conceptual, de la cúpula actual. Claro que las FARC no nacieron con una concepción socialista, todo lo contrario, se crearon para defender la propiedad rural de quienes se alzaron en armas. El ideal socialista aparece posteriormente  en un interesante y obligado proceso dialéctico; la defensa de la propiedad, leiv motiv de la lucha armada, pronto hizo que la misma propiedad rural fuese un estorbo e incluso un punto letal  para su supervivencia, allí era el primer lugar donde el enemigo les buscaba. Así que, contradictoriamente, la tierra de nadie,  por tanto de todos, se convirtió en fuente de protección y de  abastecimiento de alimentos y otros recursos. Pareciera que el concepto de cooperación y noción de lo comunal surgió por generación espontánea. Esta necesidad de camaradería y acción comunitaria fue lo más cercano que las FARC estuvieron del concepto del modo de producción comunista. Así que es oportuno, aunque simplista, pensar que la desideologización de la comandancia del grupo insurgente es una razón profunda, aunque, no necesariamente, la verdad verdadera, que lleva al grueso de las FARC a abandonar la lucha armada. ¿Tal vez una mezcla de lo anterior, cansancio  y frustración, nos acercan a la verdad verdadera? Pero otra verdad profunda indica que detrás de la “traición a la causa” pesaron y, aún, pesan además  de los intereses personales los foráneos. Por un lado los vecinos, en especial Venezuela, siempre han estado incómodos con la presencia de la insurgencia armada en las zonas de frontera, ya que  es una excusa para que el imperio afine sus planes de intervención, pero su colaboración en la entrega de la guerrilla fue un asunto que no dio resultado alguno ya que día a día el imperio incrementa su agresión. En esto el propio comandante Chávez se hizo el harakiri, pues muy a pesar la desaparición de las FARC es requisito sine qua non para la invasión a Venezuela. Recientemente el jefe del Comando Sur dijo que “habían permitido las negociaciones con las FARC porque para poder invadir a Venezuela era necesario atarle las manos a las FARC”. Aunque parezca increíble los gringos le temen a las guerrillas colombianas, y tendrán que seguirles temiendo porque, aún, queda activo un reducto guerrillero  importante incluido el ELN, el cual, por cierto, parece que camina por el mismo camino equivocado. En el mismo sentido, la  misma Cuba fincaba sus esperanzas en que si ayudaba a convencer a la cúpula fariana de abandonar las armas el imperio le aliviaría el fatídico embargo comercial, pero ni así éste se ha ablandado. Y los  noruegos, facilitadores,  vieron una oportunidad de  oro para lograr en la colonia gringa una tajada del pastel petrolero. Parece que a los noruegos sí les funcionó el plan, pues ya se les concesionaron extensos territorios colombianos para adelantar exploración de hidrocarburos.

¿Habrá, aún, más razones recónditas en la decisión de  entrega de la cúpula guerrillera? Parece imposible e incluso suicida que se siga adelante con el proceso de abandono de la causa, sabiendo y viendo que a sus soldados les espera una muerte segura. Guerrillero que asoma la cabeza fuera de los “campos de concentración” es y será automáticamente eliminado, dos ex guerrilleros asomaron la cabeza y los dos fueron asesinados, a uno de ellos  junto con sus familiares. Todo mundo sabe que es una consigna sistemática eliminar a todos y cada uno de los excombatientes y sus familiares. ¿Entonces qué fuerza poderosa obliga a continuar con un proceso de negociación cuando   el “baile rojo” de la muerte, ya ensayado con los integrantes de la Unión Patriótica, es una certeza? ¿Y en qué clase de zombis se han convertido los integrantes de la base insurgente, que acatan ciegamente las ordenes de una cúpula  sin ideología, sin conciencia  de clase y sin escrúpulos? ¿Cómo entender que no se haya hecho un alto en el camino en las negociaciones ante la muerte casi diaria de líderes sociales? ¿Tampoco les importan los millones de desplazados sobre todo del campo? Al  respecto una Entidad noruega afirma que van 7,2 millones de personas desplazadas. En cualquier parte del mundo esto no hubiese ocurrido. Se es tan ingenuo para creerle al ministro de Defensa que no existe sistematicidad en el asesinato de opositores de izquierda, que simplemente   se trata de casos aislados;  y que, en todo caso, no son cometidos por paramilitares, ya que estos se entregaron, sino por bandas criminales llamadas Bacrin. ¿Acaso si se come como pato, se grazna como pato y las patas son como las del pato no es un pato? 

Por ahora la verdad verdadera acerca de la impensable rendición o  “traición a la causa” seguirá oculta tras la  máscara de la lucha política. De todas maneras queda una lección, que ojalá sea tenida en cuenta tanto por la cúpula como por la base guerrillera, los vecinos y demás entrometidos: con la claudicación  de las guerrillas  se priva al pueblo de una forma de lucha social transformadora, tal vez, la  más certera,  para, por  lo menos, incomodar a la oligarquía criolla y al capital corporativo transnacional en sus planes de saqueo de bienes y recursos naturales, así como para ralentizar los planes de intromisión del Pentágono en la  tierra propia y en la de los  vecinos.   

*Ex catedrático universitario. DMV.  MSc. Economía.