lunes, agosto 14, 2017

Los nuevos dueños de la Universidad Nacional-Sede Medellín



|Por: Diego Morales / Con la Oreja Roja|

Los Hechos:

El 26 de Septiembre de 2016 la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín y la multinacional minera Anglo Gold Ashanti firmaron un “convenio de cooperación” y según la institución de educación superior: “… la empresa firmó un convenio con la U.N. Sede Medellín para que la Institución sirva de validadora en el proceso frente a las comunidades” (ver comunicado UN)

Casi todo normal, el asunto se nubla cuando el dudoso papel de la Universidad en este proceso es cuestionado por campesinos del corregimiento de Palocabildo en Jericó- Antioquia a través de la Mesa Ambiental de ese municipio. (Ver comunicado)

Básicamente, la comunidad sostiene que la Universidad Nacional hace las veces de agente publicitario de la Anglo Gold Ashanti. Los hechos a los que se refiere el comunicado son los siguientes: Anglo Gold Ashanti contrató a UNALMED para que ¿organizara o asistiera? a un foro realizado en Jericó Antioquia denominado Minería, Agricultura, Turismo y Desarrollo el día 26 de Octubre de 2016 (Ver invitación) y que tenía por objeto, como se evidencia en la invitación anterior: “brindar herramientas informativas que permitan pensar y comprender los diversos asuntos que constituyen la agenda minera”.

Como se observa en el documento, se trataba de presentar las ventajas que según la AGA tiene la gran minería para la sociedad: TODOS los ponentes del “foro” eran defensores de los intereses de la Gran Minería, no hubo ni una sola voz crítica al respecto, en otras palabras, se trató de un mitin propagandístico común y corriente. Al caso específico del docente mencionado en el comunicado me referiré en próximas columnas.

Al ser consultada sobre este conflicto, la Universidad Nacional sede Medellín emitió una respuesta contradictoria, por un lado sostiene que sólo participó como invitada (ver respuesta de la UN Sede Medellín), no obstante, la invitación anterior a dicho foro, indica que el evento fue diseñado por el claustro junto con la AGA: “En este contexto, Minera Quebradona Colombia (filial de la Anglo Gold Ashanti en Colombia) en alianza con la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín y su Facultad de Minas ha diseñado un foro educativo denominado: Minería, Agricultura, Turismo y Desarrollo para brindar herramientas informativas que permitan pensar y comprender los diversos asuntos que construyen la agenda minera.”

Este no es el único caso. La Universidad Nacional de Colombia ha tenido contratos con la Anglo Gold Ashanti o sus filiales en Colombia por un valor aproximado de 1.500 millones de pesos distribuidos en varios contratos.

Se puede afirmar sin error alguno que La Universidad trabaja para tal empresa. Es una ironía que se hicieran bromas en el Alma Mater sobre las “universidades McDonalds” y ahora la UN Sede Medellín es la Universidad Ashanti.

La advertencia más importante no es para los aburguesados y pomposos estudiantes de la UN, sino para las comunidades campesinas, afrocolombianas e indígenas que son engañadas con la idea de falso prestigio e imparcialidad de la Universidad Nacional; si alguien se presenta como enviado de la Sede Medellín, hay que alistar cruces y agua bendita para sacarlo corriendo.

La empresa Anglo Gold Ashanti es una de las empresas multinacionales de explotación minera más grandes del mundo y ha sido públicamente denunciada por violación derechos humanos en Colombia, así como por la destrucción del medio ambiente en desarrollo de su actividad económica, al punto de que sus intereses se han visto afectados por fallos judiciales a favor de las comunidades de territorios donde opera. Los oscuros antecedentes de la Anglo Gold Ashanti no se detienen ahí, como se publicó en Las Dos Orillas: fue sancionada por beneficiarse del despojo paramilitar de tierras, así lo expresa sentencia 007 del 23 de septiembre de 2014, en que restituye los derechos territoriales a las comunidades indígenas del Alto Andágueda Chocó, desplazadas en el marco del conflicto social y armado, (entre ellos minería) y su territorio entregado en títulos mineros a empresas multinacionales, entre ellas la AGA.

La solicitud de las comunidades ante el tribunal especializado en restitución fue, entre otras cosas, que se declararan nulos los títulos mineros concedidos y así ocurrió, la Anglo Gold Ashanti perdió allí por lo menos siete títulos mineros (ver sentencia 1 -pág. 5-6-  y 2)  Se trata del típico mecanismo: mediante un proceso de violencia se hace despojo de la tierra, que luego termina en manos de emporios económicos, multinacionales, ganaderos, especuladores u otros: acumulación originaria.

La Discusión:

Es llamativo que la calificada “mejor universidad del país” en distintos rankings académicos y que lleva por nombre “Universidad Nacional”, esto es, universidad de la nación colombiana, actúe como “validadora”, según ella misma, de los intereses y proyectos de una empresa multinacional ante comunidades campesinas y étnicas que tienen posturas críticas sobre la megaminería y sus impactos en los territorios que habitan.

Aún más objetable es que la Universidad Nacional, que ha tenido un papel activo en el proceso de paz, no tenga reparos en establecer relaciones comerciales con compañías privadas relacionadas con hechos ocurridos en el marco del conflicto armado, más cuando sus propios miembros han sido víctimas de estrategias de terror estatal, como ejemplo y en memoria de él, traigo aquí el recuerdo del egresado de Ciencia Política de la sede Medellín, líder comunitario asesinado por paramilitares en el año 2008 en la comuna XIII: Martín Hernández, Martín Batalla.

Por otro lado, el asunto de fondo es la pregunta por el papel de la academia en este tipo de conflictos sociales, en particular, por la responsabilidad de esta universidad frente a la sociedad y si en realidad actúa en representación de los intereses de la misma, o por el contrario, se ha transformado en agente de una empresa multinacional, faltando al apartado misional que predica: “contribuye a la elaboración y resignificación del proyecto de Nación, estudia y enriquece el patrimonio cultural, natural y ambiental del país”. O lo que es lo mismo ¿para quién trabajan las directivas, docentes y estudiantes de la UN sede Medellín?

Tristemente, la única respuesta posible es que La Universidad Nacional sede Medellín se volvió el centro “académico” de defensa del interés privado y meca de pensamiento neoliberal, tesis que quedará ratificada por otro ejemplo más adelante.

Señor empresario, si usted requiere justificar “académicamente” la aberración más grave imaginable contra el ambiente y el ser humano debe contratar un estudio con la UNALMED. No se extrañen el día que los estudios de esta universidad digan que el glifosato es bueno para la piel de los campesinos o que los indígenas de La Guajira envenenados por el polvillo de carbón que produce Drummond en realidad son fumadores empedernidos. Las prácticas de compra de conciencias y sobornos por parte de multinacionales en Colombia han llegado a lo más alto de la academia.

Un desprevenido podría argumentar que todo esto es la consecuencia lógica del modelo de educación neoliberal en Colombia, que pone a las universidades públicas a rebuscarse como puedan sus recursos, pero esto sería desconocer la penetración de agentes neoliberales, promotores del modelo económico de competencia, privatizador y mercantilizador de derechos en la universidad pública, que promueven la ideología del libre comercio en las aulas.

No se trata del único caso de este tipo. Recientemente se conocieron los resultados de un estudio contratado por la empresa Metroplús y el municipio de Envigado con la universidad en cuestión, relativo al conflicto por la tala de árboles planeada en el Túnel Verde de Envigado para obras de Metroplús. La no sorprendente conclusión de los “académicos” de la prestigiosa Universidad Nacional Sede Medellín, es que son los árboles en realidad los que contribuyen a la contaminación (no los carros) y por la tanto deben ser talados.

Es pura casualidad que los resultados de dicho estudio hayan sido favorables a quienes lo pagaron, es decir los interesados en la obra. El Colectivo Túnel Verde explica las irregularidades del estudio. Para los académicos asépticos de la Nacho es mejor talar un árbol que mover una línea eléctrica.

Mientras la Universidad Nacional Sede Bogotá se encuentra en una profunda crisis de infraestructura física, la Sede Medellín se encuentra en un estado de decadencia moral y espiritual, actuando como sirviente de los intereses de las multinacionales mineras.

Probablemente esto explique cómo ha logrado mantener unas suntuosas instalaciones físicas en buen estado (hasta gastarse la plata en canchas de vóley playa): renunciando a su carácter público.

Por último, he de referirme a cuál es la postura de los estudiantes, de quienes se esperaría una posición crítica en defensa del carácter público de la Universidad Nacional. En los estudiantes de dicha universidad solo queda un estado de letargo, de alienación y adoctrinamiento producto de la imposición de la ideología de libre mercado en las aulas, sólo atinan a repetir preceptos sin sentido como que su labor científica es “independiente”, que “las empresas generan desarrollo” o que pensar diferente es de “mamertos”. Allá ya no se piensa en otros mundos posibles, no existe el pensamiento crítico.

Adenda 1: La Universidad Nacional, que tiene negocios con empresas implicadas en apropiación de tierras en el conflicto ¿es la misma Universidad Nacional que va a participar del mecanismo de selección de los magistrados de la JEP?

Adenda 2: No desconozco y saludo la lucha reciente de los estudiantes de UNALMED contra la imposición de la reforma al estatuto y a favor de la población de Los Ranchitos desplazada por la Alcaldía de Medellín, no obstante, es verdadera la afirmación de la carencia de pensamiento crítico en la mayoría de ellos. Quienes se movilizaron contra la reforma encontraron entre sus obstáculos a los mismos estudiantes de ese centro de pensamiento neoliberal que se llama Facultad de Minas, sin contar la dirección fascista (Darío Acevedo) en el consejo de facultad de la FCHE.