martes, agosto 22, 2017

Moneyball, el negocio del fútbol moderno



|Por: Javier Esteban|

La evolución histórica del deporte ha mostrado ser uno de los grandes aspectos culturales de las sociedades. En este sentido, la Guerra Fría ya mostraba la lucha hegemónica entre Estados Unidos y la URSS por incentivar una clase de deportistas nacionales de reconocimiento internacional. Si bien la disputa entre estos países se fraguaba en una pluralidad de deportes célebres, la realidad del siglo XXI es que muchos de ellos han ido perdiendo protagonismo en beneficio de la entrada mediática y el uso comercial de uno en especial: el fútbol.

El fútbol se ha posicionado como la principal actividad deportiva social de muchos países. Su “nacimiento popular” en el siglo XIX presentaba unos rasgos socioculturales distintos a lo que conocemos en la actualidad. En sus comienzos, el fútbol representaba un aspecto ocioso de la sociedad en que los obreros de una industria jugaban contra los trabajadores de otra. Así, la identificación futbolística no reunía una identidad partidista, como ahora, sino más bien una afinidad social, urbana, representada por el entorno de trabajo, hasta 1878, cuando el Darwen FC fichó dos jugadores escoceses, fenómeno que provocó la unión en 1884 de varios clubs de la British Football para defender la profesionalización del fútbol.

  
En la actualidad, la transcendencia del fútbol llega a cualquier rincón del planeta. Los clubs de fútbol se han convertido en marcas comerciales e incluso en distintivos especiales de los países. Se presume de tener los equipos más competitivos en las ligas nacionales, a los mejores jugadores y, de manera ¨más encubierta¨, se goza de los privilegios mediáticos, sociales y económicos que supone todo ello.

De acuerdo a la estrategia digital de transformación del fútbol, los ingresos de los clubs vienen determinados por los beneficios económicos obtenidos en los días del partido, los derechos televisivos nacionales e internacionales y, por supuesto, el proceso de mercantilización de los equipos. Y es justo en este último aspecto donde se ha dado entrada a los grandes inversores, provenientes de diferentes países y con el objetivo de alcanzar grandes ganancias económicas en una industria que ocupa el 0,7% del PIB mundial. Dicho de otro modo, el PIB que genera el fútbol a nivel mundial lo situaría como la economía número 24 del mundo.

Si bien el fútbol está sirviendo como herramienta de imagen pública y de lucha de poder internacional, la realidad es que ha sido un instrumento útil para la mejora de las relaciones exteriores entre países. Muestra de ello fue el partido amistoso del 2015 que jugaron el New York Cosmos y la selección nacional de Cuba con la intención de restablecer las relaciones diplomáticas entre sus dos países. También el partido amistoso en 2014 entre la India y Pakistán escenificó el fútbol como puente de regeneración de los vínculos territoriales de los países. No obstante, el fútbol también ha teatralizado conflictos sociales, políticos y económicos entre equipos y selecciones, con lo que ha desembocado en lo que Kapuściński ha denominado “guerra de fútbol”.

Lo que podemos comprender es que el fútbol ha sufrido un proceso de mercantilización que ha reprimido los valores culturales de los que se empapaba antaño. Los multimillonarios contratos a futbolistas, la disputa internacional por los derechos televisivos y las deudas amontonadas de varios clubs empiezan a configurar una burbuja futbolística en torno al deporte. El fenómeno mediático, unido a la entrada de importantes inversores extranjeros sin escrúpulos, está entonando un complejo debate sobre su proceso de desvalorización.

La diversificación del deporte estadounidense

El protagonismo de Estados Unidos en el ámbito deportivo ha estado siempre vigente en el panorama internacional. Además del país con mayor número de medallas olímpicas, destaca por ser una influencia deportiva puntera en juegos como el hockey sobre hielo, el béisbol, el fútbol americano y, por supuesto, el baloncesto. Sin embargo, el país se sitúa a considerable distancia de las grandes potencias del balompié o soccer. De hecho, las diferencias económicas entre los principales deportes estadounidenses y el fútbol europeo son realmente notables, aun teniendo en cuenta el reciente progreso de este último.


Las ligas norteamericanas de fútbol americano (NFL), baloncesto (NBA), béisbol (MLB) y hockey sobre hielo (NHL) superan en ganancias al soccer, aunque el crecimiento de su liga (MLS) es destacable en los últimos años. En conjunto, suman asimismo unos ingresos anuales bastante superiores a los de la FIFA en el año 2014. Fuente: Medium

Desde hace unos años, la Liga Mayor de Soccer (MLS por sus siglas en inglés) comienza a destacar mediáticamente como una competición profesional más atractiva. Podríamos afirmar que este nuevoboom estadounidense nació gracias al fichaje del inglés David Beckham por Los Angeles Galaxy, aunque jugadores como Pelé y Beckenbauer ya habían pisado suelo estadounidense en la década de los 70. A partir de la viralidad de este fichaje, la MLS empieza a incorporar una serie de jugadores profesionales de primer nivel, lo cual conlleva no solo una mayor profesionalización y competitividad, sino también una mayor apertura mediática y cultural en la sociedad estadounidense.

Sin embargo, aún existen ciertas irregularidades en la liga de fútbol. Si bien el salario medio de los jugadores ha subido un 2,9% en el año 2016 —en torno a 326.000 dólares—, solamente 28 jugadores de la liga cobraban como mínimo un millón de dólares, y eso que en el año 2014 siete jugadores poseían prácticamente un tercio de todo el dinero de la MLS. Cabe resaltar que la evolución de esta liga —en 2014 vivió un aumento de espectadores en los estadios del 10,4%— y del fútbol como aspecto cultural hace prever que poco a poco se vaya asentando en la práctica social y deportiva estadounidense, tal y como muestra el hecho de posicionarse como la sexta liga de fútbol del mundo en asistencia a los estadios.

A diferencia de otros países, la estrategia futbolística de Estados Unidos se ha basado en la atracción de grandes jugadores que, mayoritariamente por su edad, deciden competir en una liga menos exigente y con un contrato aún superlativo para sus carreras profesionales. No obstante, cabe matizar que todo esto se concentra sobre el grueso mediático del deporte en general: el fútbol masculino. En el caso de las mujeres, la selección nacional de fútbol destaca por ser una de las grandes potencias del sistema internacional y un claro referente para Estados Unidos. Y, al igual que en las grandes empresas, las diferencias económicas —y mediáticas— entre los dos sexos comporta una desigualdad preocupante.

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