viernes, agosto 11, 2017

¿Simón Trinidad a la Justicia Especial de Paz?



|Por: Sofía De La Hoz Terán / Prensa Rural|

Qué mejor que conocer la verdad de la boca de todos los protagonistas posibles, qué mejor que hombres como él puedan estar inmersos en el proceso de verdad.

De víctimas, victimarios, persecuciones y ausencias ha estado saturada la realidad colombiana que está buscando buenos caminos para andar a través de la implementación de los acuerdos de paz negociados en La Habana. Así se ha propuesto poner en el centro a las víctimas; pero en medio de esta realidad retoman fuerza, como ecos inagotables, nombres como el de Simón Trinidad por lo que significan no sólo como personas, como seres humanos, sino también por los procesos históricos que sus vidas cuentan. Este hombre ingresó a la guerrilla, según muchos cuentan, de manera inexplicable porque era en ese momento gerente del Banco del Comercio en Valledupar, porque él y su familiar pertenecieron siempre a los estratos más altos, porque es hijo del ex senador y ex Ministro de Agricultura Juvenal Ovidio Palmera Baquero, porque es egresado de la universidad Jorge Tadeo Lozano; en fin, ingresó a la insurgencia porque como muchos de los colombianos con entusiasmo y esperanza vieron en la década de los 80s -en el proyecto de la Unión Patriótica- una alternativa legal y válida para construir socialmente un país más justo. Fueron a su vez testigos y víctimas del horror que desencadenó el exterminio que contra este movimiento político comenzó a fraguarse, al tiempo que sus victorias electorales les dieron escaños en la cámara de representantes, alcaldías y concejos municipales como resultado de la identificación de las mayorías con sus planteamientos.

Trinidad, al enterarse de que su nombre hacía parte de una lista de líderes amenazados de muerte, descartó refugiarse en otro país. Algunos de sus mejores amigos fueron asesinados, marcaron su vida la muerte de personajes como Marcos Sánchez Castellón, líder social del Caribe colombiano asesinado en Santa Martha el 4 de agosto de 1987 y de Jaime Pardo Leal, destacado líder sindical, primer presidente de Asonal Judicial, a quien muchos daban como seguro presidente de Colombia por el apoyo popular que había alcanzado y con quien justo el día en que fue asesinado -11 de octubre de 1987- tenían una reunión. Debido a estos hechos sintió que irse era una forma de huir y se declaró incapaz de hacerlo, en consecuencia llegó a la Sierra Nevada de Santa Marta, separándose de su esposa y de sus hijos, para resguardarles la vida y desde 1987 hasta el año 2004 estuvo dedicado, acorde a su vocación de profesor, a brindar educación y formación a los insurgentes en diferentes áreas educativas como geografía e historia. Este hombre, amante e impulsor del arte, fundador de un grupo de teatro experimental en su ciudad de origen, organizador de ciclos de cine, conocido además por su gran generosidad de la que se cuentan historias al respecto incluso en vallenatos de Diomedes Díaz; se convirtió entonces en guerrillero. Toda esta historia hace parte de la verdad histórica que como país necesitamos conocer porque nos habla desde la vida de seres humanos de carne y hueso de los porqués del conflicto colombiano y de la necesidad de trabajar en la exigencia de no repetición.

Lo que vino después es más conocido por todos, fue extraditado a Estados Unidos en forma irregular, ilegal, a través de un pedido que se realizó con una solicitud elaborada después de su captura, una extradición política.

Simón Trinidad, quien hace pocos días cumplió 67 años, se encuentra desde hace 13 años encarcelado en Estados Unidos acusado por delitos que no cometió. Enfrentó dos juicios: el primero fue anulado porque los jurados al escucharle el origen del conflicto, la historia del genocidio contra la UP, las masacres a líderes sociales, sindicalistas y políticos, se declararon impedidos para pronunciare; como consecuencia en el segundo juicio le prohibieron hablar de las causas del conflicto colombiano y fue condenado por una serie de absurdos supuestos y montajes ramplones que se encuentran descritos en el libro “El Hombre de Hierro”.

En este momento que bien le haría a esta sociedad y a este proceso de implementación de los acuerdos que una voz como la de Trinidad contara la verdad ante la Justicia Especial para la Paz (JEP), aportando mucho más a la construcción de paz que hoy se busca y que requiere de la mayor generosidad. ¿Qué mejor que conocer la verdad de la boca de todos los protagonistas posibles, qué mejor que hombres como Simón Trinidad puedan estar inmersos en el proceso de verdad? Callarle, justificando su ausencia a través de la legitimación de una extradición política, lejos de aportar a la justicia resta inconsecuentemente a un proceso que como se ha dicho a todas voces busca el mayor beneficio posible para las víctimas. La presencia de Simón Trinidad se hace indispensable para la reparación de éstas, para el esclarecimiento de la verdad y las garantía de no repetición; temas indispensables para abordar y construir, sí lo que se quiere es minimizar la impunidad y los riesgos de una nueva etapa de guerra.