domingo, septiembre 10, 2017

Ciro Guerra: “el cine es un regalo que se le deja al futuro”



|Por: Alex Anfruns / Investigación|

“El Abrazo de la Serpiente” es una de las mejores películas latinoamericanas de todos los tiempos, seleccionada al Oscar de la mejor película en lengua extranjera en 2016. Su  cautivadora historia se desarrolla en un tiempo circular, en el que que se entrelazan varias historias, mostrando una gran sensibilidad hacia la cosmovisión indígena y su estrecha relación con la naturaleza. La aventura entre el chamán amazónico y el científico occidental oscila entre la maldición y la esperanza. A través de la búsqueda de una planta sagrada se atisba el sendero perdido de la humanidad. Entrevistamos en exclusiva a su director, el cineasta colombiano Ciro Guerra.

Alex Anfruns : ¿Cuál ha sido la difusión de su película “El Abrazo de la Serpiente” en Latinoamérica y cómo ha sido recibida?

Ciro Guerra: Fue muy bien recibida. Tenemos el problema de que el mercado en Latinoamérica es muy cerrado para nuestras propias películas. El 90% del mercado es cine norteamericano. Se ve más cine europeo en América Latina que cine de los otros países latinoamericanos.

A pesar de eso, El Abrazo de la Serpiente pudo exhibirse comercialmente en la mayoría de los países de Suramérica, y en varios de ellos tuvo un éxito importante: en México, Argentina, Brasil, funcionó muy bien a nivel comercial, lo cual no es usual lamentablemente para nuestras películas. En Argentina tuvo muy buena distribución y duró casi seis meses en cartelera, que es muchísimo tiempo.

Si bien predomina el cine de entretenimiento, su obra es la prueba de que otro cine de calidad es posible. ¿En qué situación se encuentra ese otro cine latinoamericano?

Si, en la actualidad se produce muchísimo cine en América Latina, mucho más cine del que se ha producido en el siglo anterior. Y gran parte de él es un cine alejado del canon de lo que debe ser el cine de entretenimiento. Así que en términos de producción es un cine que goza de buena salud en este momento. El principal problema al que se enfrenta es el de la exhibición y distribución, porque esos canales son muy cerrados a estas propuestas diferentes. Entonces a pesar de que se produce mucho, se ve poco.

En su película está muy presente la cosmovisión de los pueblos amazónicos. ¿Cómo surge su interés hacia el mundo indígena?

Es una cultura que ha sido muy alejada de manera deliberada y a la que no es fácil acceder. La intención de hacer la película surge precisamente de esa curiosidad por ese otro país. En el caso de Colombia, la Amazonía ocupa la mitad del territorio, y sin embargo es otro planeta para los colombianos… Entonces la película surge de esa curiosidad y la necesidad de acercarse a esto que ha sido oculto y negado durante tanto tiempo.

Precisamente en la película se muestra la violencia de la explotación cauchera. Ese episodio del Boom del caucho a finales del siglo XIX y principios del XX, ¿es suficientemente conocido en los países que comparten territorio amazónico?

No es algo suficientemente conocido. El genocidio cauchero es el peor episodio de la historia de Colombia, y muchos colombianos no lo conocen. Es una parte de nuestra historia que ha sido borrada, y no solo en Colombia sino también en otros países donde existen referentes históricos y se puede consultar en los libros de historia, pero no es algo que haga parte de la memoria colectiva del país o de la sociedad.



¿El cine podría ayudar a restablecer esa memoria histórica?

Sí, creo que el cine es una herramienta que permite hacer memoria. Creo que es un regalo que se le deja al futuro, a las nuevas generaciones. Por otro lado es un lenguaje que permite que cualquier persona se pueda acercar, sin importar su origen, su educación o sus antecedentes. Eso es lo maravilloso que tiene.

¿Puede compararse la situación de los pueblos amazónicos de hoy con la de inicios del siglo XX?

No, la situación ha mejorado sustancialmente. En los años 1980 Colombia aprobó la ley del Resguardo. Esta ley convirtió a Colombia en un país pionero, porque reconoció la propiedad de las comunidades indígenas sobre su territorio. Eso implicó un cambio radical para las comunidades indígenas, porque pasaron a ser dueñas de su territorio, que era algo que nunca había pasado.

A partir de aquel entonces las condiciones de las comunidades cambiaron de una manera muy importante. Algunas comunidades indígenas que habían sufrido mucho y que en algunos casos estaban a punto de desaparecer, tuvieron una mejoría sustancial en su calidad de vida.

Sin embargo, los peligros continúan de otras formas. El problema que vino después no fue por el gobierno, sino por la explotación ilegal de recursos y la minería ilegal. Ese es el problema pendiente en la actualidad. Ahora no son los barones caucheros los que representan una amenaza, sino los que explotan recursos de una manera ilegal como la madera, o la coca para el narcotráfico.

También existe mucha presión por parte de las empresas mineras, ya que a pesar de que los indígenas sean dueños del territorio, hay grandes partes de esos territorios que son codiciados por las empresas mineras transnacionales. Hacen todo tipo de acciones para presionar y en algunos casos engañar a las comunidades para que autoricen la explotación. Así que todavía sigue siendo una situación compleja, pero no de la misma manera en que lo era en la época retratada en la película.

Usted ha declarado que rodar esta película de manera colectiva con actores indígenas fue tan especial que ni siquiera debía haber tenido créditos. ¿Cómo fue esa experiencia durante el rodaje?

Si, fue una película que durante su proceso de producción se contagió de un espíritu muy especial, muy cercano a las enseñanzas de los pueblos amazónicos. Hacia treinta años que no se filmaba una película de ficción en la Amazonía colombiana. Fue una película que al principio parecía muy difícil de hacer, pero solo fue posible gracias a un esfuerzo muy consciente y entregado del equipo de trabajo. La película existe gracias a esa disposición especial y única que el equipo le puso.

Creíamos que la manera adecuada de que la película se presentase al mundo era como un bien colectivo, más que como la obra de un solo autor. Este concepto del bien colectivo es muy amazónico, y me parece que es bueno para traer al cine.

Queríamos que fuera la cercanía y la convivencia con los pueblos amazónicos, que no solo están representados delante de la cámara sino también detrás de la cámara, rodeando al equipo en todo momento. Hubo un proceso de investigación previo, pero se complementó con un proceso de vida muy profunda, que creemos que la película la refleja.

Quisiera también conocer su punto de vista personal sobre un tema de gran actualidad en Colombia. Desde que se firmaron hace casi un año, los acuerdos de paz han abierto una perspectiva de libertades democráticas, ¿cómo percibe esta evolución?

Para mi es muy positiva, yo he apoyado los acuerdos de paz. Me parece que es un paso muy importante, que no necesariamente implica que uno esté de acuerdo con la ideología de quienes firman, pero sí creo que es un paso importante y me alegra mucho que se haya dado.

Es preocupante que esos acuerdos hayan generado polarización, y que no cuenten con el apoyo de una gran parte de los colombianos. Pero creo que eso son las consecuencias de tanto tiempo de conflicto, y son heridas que hay que trabajar para sanarlas.

Para terminar, ¿qué podría contarnos sobre su actual trabajo y sus próximos proyectos?

Acabamos de terminar el rodaje de una nueva pelicula que hemos filmado en la región de la Guajira, al norte de Colombia, y que esperamos poder ofrecer al público el próximo año. El nombre de la pelicula es “Pájaros de verano”.  Habla de la transformación social que vivió una región del norte de Colombia en los años 1970. Trabajamos nuevamente con una comunidad indígena, esta vez es la comunidad wayúu.