domingo, septiembre 03, 2017

El discurso de Timochenko en la Plaza de Bolívar de Bogotà



“Seremos millones y millones en una Nueva Colombia: Timochenko.

Jorge Eliécer Gaitán sentenció el 20 de abril de 1944: “…en Colombia hay dos países: el país político que piensa en sus empleos, en su mecánica y en su poder, y el país nacional que piensa en su trabajo, en su salud, en su cultura, desatendidos por el país político. El país político tiene metas diferentes a las del país nacional. ¡Tremendo drama en la historia de un pueblo!”.

73 años después esa tragedia sigue viva. Tal y como lo sostenía el caudillo, el Estado sigue representando actualmente los intereses de un grupo minoritario, cuando debiera representar todas las clases y defender especialmente a la que lo necesita, o sea la gran mayoría de los desheredados. Proponemos a Colombia poner fin a tan amarga realidad.

Y lo hacemos presentando ante el país y el mundo nuestro partido político, FUERZA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA DEL COMÚN FARC, en una demostración más de nuestro compromiso con la paz, la democracia y la justicia social para Colombia. Fueron más de 50 los años de resistencia armada, llegados a su fin con la firma de los Acuerdos de La Habana. Dejamos las armas para hacer política por vías pacíficas y legales, queremos construir con todos y todas ustedes un país diferente.

Un país en el que en primer término la violencia desaparezca definitivamente del escenario de la política, en el que nadie sea perseguido, asesinado o desaparecido por pensar diferente. Un país en el que ninguno de sus habitantes se vea obligado a tomar las armas para defender su vida, en el que la respuesta a la protesta y la inconformidad social no sea el trato brutal del ESMAD.

Un país en el que la tolerancia y el respeto por la diferencia sean la norma, en el que el diálogo y la concertación sean la forma de solucionar los problemas. No queremos una sola gota más de sangre por razones políticas, que ninguna madre vuelva a derramar lágrimas por su hijo o hija violentados. Por ello no vacilamos para extender nuestras manos en señal de perdón y reconciliación, queremos una Colombia sin odios, venimos a profesar la paz y el amor fraternal de compatriotas.

Son numerosas las demostraciones cumplidas por nosotros en ese sentido. Cesamos todos los fuegos, nos ubicamos en las zonas y puntos transitorios,  hicimos completa dejación de las armas, entregamos el inventario de nuestra economía de guerra e iniciamos el proceso de entrega de todos nuestros bienes. Damos ahora el paso de nuestra conversión en partido político legal. Ojalá el Estado colombiano hubiera mostrado igual diligencia en el cumplimiento de sus compromisos.

No vamos a hacer aquí la defensa de nuestro alzamiento. La búsqueda de la verdad del conflicto y sus víctimas estuvo en el centro de los Acuerdos de La Habana, y los diversos instrumentos pactados se encargarán de revelar lo realmente sucedido. No tememos a la justicia. Por el contrario, clamamos por ella. Por un país en el que la impunidad desaparezca para siempre, con indiferencia del estrato social del responsable o de su condición política.

Por eso proponemos también una reflexión profunda a los grandes medios de comunicación, su aporte esencial en la creación de un ambiente nacional distinto. La violencia y la guerra en nuestra nación han obedecido en gran medida a la exacerbación de los apasionamientos, a la polarización inducida desde los micrófonos, la pluma o la pantalla. Colombia será distinta con su ayuda.

Somos conscientes de que una sociedad dividida por enormes desigualdades económicas y sociales es semillero permanente de conflictos e injusticias. Sabemos que unos segmentos de la población colombiana detentan fortunas impensables y ostentan privilegios de fábula, en tanto grandes franjas soportan implacables condiciones de vida. Quizás alcanzaríamos un país más humano y justo si los primeros cedieran un tanto sus beneficios en provecho de los segundos.

Nuestra reciente experiencia en Noruega nos mostró un país en donde todos los ciudadanos, de acuerdo con su condición económica, pagan sus impuestos y gustan de hacerlo, porque saben que les serán revertidos en obras de beneficio colectivo. Por eso gozan de un elevado nivel general de vida. Aquí los grandes capitales pujan por la baja en su tributación, mientras se grava al conjunto de la población con impuestos indirectos que terminan siendo el mayor aporte del recaudo.

Y lo que es peor aún, cada mañana nos despertamos con un nuevo escándalo de corrupción, en el que un personaje distinto de la élite gobernante aparece involucrado en gigantescos desfalcos, poniendo al desnudo el altísimo grado de descomposición que se esconde en los distintos poderes públicos. La regla del cómo voy yo se ha apoderado de toda la administración pública, a costa del abandono, la burla y el engaño a los votantes que creyeron un día en esos líderes.

Soñamos por eso con un país en el que la transparencia y el castigo ejemplar para sus violadores sean sagrados. En el que los políticos sirvan realmente a la ciudadanía en vez de pensar todo el tiempo en su enriquecimiento fácil. En el que no se llegue al Congreso pensando en el lucro personal derivado de su posición e influencia, ni a las alcaldías y gobernaciones, ni a las demás corporaciones públicas o a las cortes y tribunales, como se convirtió en costumbre hoy.

Sonamos con un país en el que en sus más de cincuenta millones de hectáreas cultivables convivan en la prosperidad, la solidaridad y la equidad los empresarios del campo, la economía campesina y las comunidades afros e indígenas. En el que el inversor o el ganadero no piensen en cómo incrementar sus propiedades a costa de sus vecinos incómodos. En el que la explotación minera no tenga que hacerse a costa de la destrucción ambiental y la miseria de los pobladores.

Queremos un país en el que todos sus ciudadanos y ciudadanas tengan acceso efectivo a la educación y salud. En el que los criterios de humanidad y servicio se impongan sobre los de crecimiento y ganancia. En el que los sectores estratégicos de su economía estén más allá del negocio capitalista de unos cuantos consorcios, un país en el que se apoye al productor nacional.

Un país en el que la juventud y los trabajadores gocen realmente de desarrollo espiritual, en el que el deporte, la cultura, el arte y la recreación eleven las mentes y oportunidades de todos. Un país en donde todos tengan una vivienda digna, un lecho limpio, al menos tres comidas diarias, en el que nadie esté sin trabajo y menos sin una remuneración justa.

Un país en donde las mujeres sean reconocidas y gocen de iguales derechos y oportunidades que los hombres. En el que la diversidad de género y sexual no sea un estigma. En el que la niñez sea el más valioso patrimonio social y por tanto se la proteja y dote de las mejores oportunidades de desarrollo integral. En el que la discapacidad goce del apoyo y el estímulo para la superación. En el que nadie duerma en las calles y el Estado asista a las personas dominadas por el vicio.

Ese país dejará de ser un sueño cuando millones de colombianos nos empeñemos en hacerlo posible. Cuando esa inmensa mayoría abstencionista se decida a actuar políticamente, cuando los desengañados con el sistema político definan creer en una alternativa nueva. No tenemos otra carta de presentación que nuestra historia de más de medio siglo dándolo todo, hasta la vida, porque nos permitieran abrir este espacio por el que puedan pasar todos.

Nos precipitaron a una larga guerra al cerrarnos todos los espacios políticos. Y no dejamos de luchar hasta conseguir abrirlos de nuevo. Decía Gaitán que su mayor virtud era no flaquear en la lucha, convertir en estímulo el obstáculo, insistir en los grandes temas cada vez que fuera necesario. Creemos honestamente que después de más medio siglo de empeño, nadie puede dudar en nuestra persistencia de ideas, esa es la carta con que llegamos a presentarnos.

Que la obra no será fácil e inmediata, lo tenemos perfectamente claro. Que seremos blanco de los más sucios ataques, no lo dudamos. Quién mejor que nosotros para saber que la perseverancia puede vencerlo todo. Habrá que ir por etapas, no se puede comenzar a construir una pirámide por su vértice. Nuestro primer paso ahora es presentar a Colombia nuestro partido político, su programa estratégico, nuestra propuesta de acción política.

Queremos y conseguiremos el reconocimiento nacional como partido político legítimamente situado en el escenario nacional. Impulsaremos una gran convergencia nacional, la conformación futura de un movimiento de movimientos que agrupe las más diversas propuestas de superación de la gran crisis nacional por medios pacíficos y democráticos. Lanzamos desde ya nuestra propuesta de un gobierno nacional de transición para el período 2018-2022.

Creemos firmemente que el pueblo colombiano quiere la paz y estará dispuesto a defenderla como el más preciado de sus derechos. Consideramos que los Acuerdos de La Habana han logrado elevar una poderosa muralla ante los azuzadores de la guerra y la violencia. Pero sabemos que estos no están conformes, que intentan por todos los medios abrir una tronera en ese muro. Apoyaremos decididamente a todo aquel que esté dispuesto a blindarlo, a impedir que lo afecten.

A trabajar responsable y seriamente en la cabal implementación del Acuerdo Final. Estamos convencidos de que ello representará un paso trascendental en la democratización de la vida nacional, de que no sólo elevará considerablemente la condición económica y social del sector rural y representará un logro significativo en la política contra las drogas ilícitas, sino que posibilitará un remezón profundo en las costumbres políticas, un salto adelante en la lucha social por la justicia.

Colombianas y colombianos: permítanme invitarlos a conocer nuestro partido, a compartir la calidad humana de sus integrantes, a dialogar desprevenidamente con nosotros acerca de cualquier asunto de interés nacional. Allí donde haya una injusticia, una afrenta, una víctima, una aspiración de orden social, un proyecto de superación de las actuales condiciones, una intención de paz y reconciliación, un lamento o una sonrisa, estará siempre un fariano amigo, solidario, servicial, dispuesto a acompañarlo en su propósito colectivo de dignificación.

Somos hijas e hijos de este pueblo, conocemos mejor que muchos su sufrimiento y trabajos.

Nuestra propuesta es unirnos por un país mejor, justo, democrático, soberano y en paz. No lo conseguiremos si no luchamos unidos por él, con una fe absoluta en conquistarlo.

Hoy somos un partido que nace, en un mañana no lejano seremos millones y millones en una Nueva Colombia.

En ella país nacional y país político se fundirán en uno solo, para la felicidad de todas y todos.

Muchas gracias.

Bogotá, 1 de septiembre de 2017.