domingo, octubre 22, 2017

Lucha por la tierra en el Cauca. Historia de dolor y coraje



| Por: Jose Hilario López / Sur |

El Gobierno siempre se pone de parte de los poderosos defendiendo sus intereses, pero los intereses de los pobres los tiene que defender la propia comunidad organizada.

Álvaro Ulcué Chocué[1]

En Colombia, los crímenes selectivos de autoridades indígenas se hacen cada vez más frecuentes y lo que es peor, en medio de la más absoluta impunidad. Ni siquiera las alertas que lanza la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos logran conmover al gobierno nacional.

En los últimos días, fue asesinada la comunicadora indígena del pueblo Kokonuco, EFIGENIA VÁSQUEZ ASTUDILLO, de cuya muerte se señala a integrantes del Escuadrón Móvil Antidisturbios –ESMAD-. El domingo 8 de octubre se presentaron enfrentamientos entre comuneros indígenas que ocupaban la finca Aguastibias, territorio del pueblo Kokonuco en el municipio caucano de Puracé, y el ESMAD que pretendía desalojarlos por la fuerza, resultando herida de muerte la joven comunicadora, madre de dos hijos. Otros dos comuneros resultaron heridos.

El sábado 7 de octubre fue asesinado OSCAR FERNEY TENORIO SUNSCUE, gobernador suplente del resguardo indígena de Chinas, en momentos en que se dirigía a su resguardo desde Belalcazar.

El viernes 13 de octubre, HERMES EVELIO PETE VIVAS, gobernador del resguardo indígena de Belalcazar, resultó herido de bala en un atentado cuando se disponía a viajar a la ciudad de Popayán a cumplir con actividades propias de su dignidad. Desde el año 2016 ha sido objeto de amenazas por parte de grupos paramilitares denominados “Águilas Negras” en represalia por su lucha en defensa y control de su territorio.

En el trasfondo de estos crímenes, repudiados por la Asociación de Cabildos Nasa Cxhacxha, el Consejo Regional Indígena del Cauca –CRIC- y las 17 autoridades tradicionales con jurisdicción en el municipio de Páez, está la ancestral lucha por la tierra que libran los indígenas en el sur del país, especialmente en el norte del departamento del Cauca.

Según el censo del año 2005, en Colombia existían 1.392.623 indígenas, 3,40% de la población total. De acuerdo con el mismo, en el departamento del Cauca la población indígena alcanzaba el 21,55%, siendo el departamento con mayor cantidad de comunidades indígenas.

El territorio indígena del Departamento del Cauca está conformado por cerca de 5.312 kilómetros cuadrados que corresponden al 18% del área total departamental; según las proyecciones de población indígena en resguardos, efectuada por el DANE para la vigencia 2012, esta se calculaba en 236.361 pobladores, pertenecientes a 8 grupos étnicos establecidos en 26 de los 42 municipios del Cauca; están organizados en 93 Resguardos Indígenas y 115 Cabildos Indígenas[2].

A pesar de que la Constitución de 1991 reconoció la autonomía de las entidades territoriales indígenas, en la práctica el Estado colombiano hace gala de su poder y somete permanentemente a las minorías étnicas por la vía de la fuerza. Ejemplo de ello son los constantes hostigamientos, desalojos y asesinatos de que son víctimas indígenas y afrodescendientes.

Históricamente, las poblaciones indígenas fueron diezmadas, saqueadas y despojadas de sus tierras; desde tiempos de la invasión española hasta nuestros días. Su concepto de propiedad colectiva riñe con el afán de lucro individualista del capitalismo; el uso casi sagrado que hacen de la tierra contrasta con la explotación inmisericorde que adelantan las grandes industrias y terratenientes.

Las luchas de los pueblos indígenas para salvaguardar sus territorios, particularmente las de los paeces, se remontan a la llegada de los invasores españoles. Juan Tama fue un líder del pueblo Nasa Paéz que los enfrentó y logró en el año 1635 que la monarquía española reconociera legalmente los territorios indígenas de los cuales surgirían los pueblos Nasa de Jambaló, Vitoncó, San Francisco de Caldono, Quichaya y Pitayó.

En épocas recientes, la defensa de los derechos de los pueblos indígenas y la resistencia contra el despojo por parte de grandes hacendados respaldados por los gobiernos de turno, fue encabezada por el líder Manuel Quintín Lame (1880-1967), por lo que fue perseguido y encarcelado varias veces.

Pero fue en 1971 que la lucha por la recuperación de la tierra se organizó a través de la conformación del Consejo Regional Indígena del Cauca –CRIC-, constituyéndose en el abanderado de las justas reivindicaciones de los indígenas.

El 16 de diciembre de 1991 el proceso de recuperación sufrió un golpe devastador: un grupo de 12 paramilitares junto con algunos miembros de la policía nacional llegaron a la Hacienda El Nilo en el corregimiento El Palo del municipio de Caloto, la cual había sido ocupada por indígenas de la comunidad Nasa desde hacía 4 años. Fueron asesinados 21 indígenas, la masacre fue planeada por Fidel Castaño y terratenientes de la región, entre ellos el propietario de la hacienda, Jorge Valencia. A pesar de la tragedia, la respuesta de la comunidad fue heroica y contundente, al día siguiente cinco mil indígenas ocuparon la hacienda y allí se quedaron.

Entre el 10 y el 13 de abril de 2001 paramilitares del “Bloque Calima”, con la complicidad del ejército nacional, asesinaron en las proximidades de Buenos Aires (Cauca) a cerca de cien pobladores indígenas y afrodescendientes, en la que se conoce como masacre de El Naya.

El 2 de septiembre de 2005, luego de 14 años de “letargo”, el pueblo Nasa inicia el Proceso de Liberación de la Madre Tierra y recuperan para su comunidad la emblemática hacienda “La Emperatriz”, desde la cual se planeó y salió la operación criminal que ejecutó la masacre de El Nilo.

El 14 de diciembre de 2014, un grupo de comuneros y comuneras ocupan cuatro haciendas, dos de ellas “de propiedad” de Incauca.

El propósito de la liberación busca cambiar el modelo económico de la tierra y garantizar el alimento a las comunidades indígenas de la región. Históricamente, el pueblo Nasa se relaciona a través del trabajo colectivo de la tierra por medio de las mingas, las que permiten el aporte del trabajo de cada individuo en beneficio de toda la comunidad; la minga es un proceso histórico, espiritual y cultural[3] que difícilmente comprende y acepta la lógica del gran capital.

El documento “Libertad y alegría con Uma Kiwe” recoge de manera sucinta la historia del Proceso de Liberación de la Madre Tierra: “Desde que entramos en las fincas hemos cortado muchas, muchas hectáreas del monocultivo de miles de hectáreas de caña que están sembradas en el norte del Cauca para producir azúcar y combustible. Azúcar que endulza refrescos hechos del agua que baja de nuestras montañas. Combustible que mueve carros que comercializan los refrescos y ganan mucho dinero. Dinero que financia la guerra, los batallones que siguen presentes en nuestro territorio y nos siguen amenazando y nos siguen matando. El círculo que esclaviza a Uma Kiwe”[4].

La mayor parte de la tierra plana del norte del Cauca, unas 250.000 hectáreas, se encuentran sembradas con caña de la cual derivan azúcar y agrocombustibles.

En el departamento del Cauca, 7,8% de los propietarios son dueños del 60,22% de la tierra; el 0,52% domina el 15,63% de la tierra. De las tierras que poseen los indígenas apenas 91.000 hectáreas son aptas para cultivar.

Entre el 3 y el 6 de agosto de 2017 se llevó a cabo en Corinto (Cauca) el Primer Encuentro Internacional de Liberadoras y Liberadores de la Madre Tierra, uno de cuyos objetivos fue trazar pautas para “liberar al pueblo de la lógica extractivista que esclaviza en un solo cultivo durante décadas, liberarla de tóxicos y químicos con los que es regada a diario y liberarla, en sí, de la función de productividad que le ha dado el sistema económico actual para así poder devolverle su función primaria desde el paradigma de muchos pueblos indígenas, la función de Madre”.
Los crímenes que continúan ensañándose contra la comunidad indígena en el norte del Cauca no son fortuitos. Corresponden a la larga cadena de crímenes con los que han pagado y regado la tierra de sus ancestros. Vale recordar las palabras de Álvaro Ulcué Chocue: “No olvidemos que los paeces siempre vencimos ante los conquistadores y esto nos enorgullece para seguir adelante y no tener miedo a la muerte”.

NOTAS

[1] Primer sacerdote católico indígena de Colombia. Asesinado el 10 de noviembre de 1984.