domingo, octubre 15, 2017

Páramos: fábricas de agua, vida y cultura



Nuestro planeta se ha visto afectado por conflictos socio-ambientales a lo largo de la historia; el impacto del hombre, y la manera en cómo hemos ‘’aprovechado’’ los recursos naturales, repercuten en muchos de los problemas que vivimos a diario. La sobre-explotación de los ecosistemas, con todas sus especies de fauna y flora, ha ocasionado que los procesos de extinción se aceleren, ocasionando la pérdida irreversible de la variedad biológica, por lo tanto las dinámicas entre ambientes y poblaciones cambian, y que nuestra huella como especie cada vez sea más latente.

| Por: Stefany Vargas *| Tras la Cola de la rata |

Colombia no ha estado exenta de esto; a pesar de ser un país mega diverso con sabanas, bosques tropicales, manglares, selva, humedales, y páramos, muchos de estos ecosistemas están en riesgo a causa de nuestro poco sentido de pertenencia, sumado a nuestra ignorancia y las malas decisiones de la dirigencia colombiana que hemos escogido con su modelo extractivista, quienes ven nuestros bienes naturales en términos de productividad, de mercancía, dándole prioridad a la explotación por parte de extranjeros y sus multinacionales; en vez de proteger, velar por la conservación de la biodiversidad, por la inclusión de la gente en las políticas públicas y en las decisiones acerca del territorio. La riqueza que podemos hallar en nuestro país es extraordinaria, pero como sabemos, los recursos son limitados.

Uno de estos recursos de vital importancia es el agua. Colombia está ubicada en un lugar privilegiado gracias a este bien natural. Los páramos, ecosistemas considerados fábricas de agua, dan vida a innumerables ríos, quebradas y fuentes que alimentan varios sistemas hídricos en todo el país, y contamos con al menos 39 complejos paramunos a lo largo del territorio, dentro de los cuales tenemos al páramo de Sumapaz, ¡el más extenso del mundo! Estos ecosistemas dan agua a alrededor del 70 % de la población colombiana que habita los Andes, además nuestro país posee casi el 80% de la flora paramuna, la cual está hospedada en un área muy pequeña, correspondiente a s0lo el 1.01% del territorio nacional, según el IGAC.

Uno de los grandes estudiosos de los páramos, el español José Cuatrecasas, para comprender e interpretar mejor estos ecosistemas los divide en tres tipos básicos de ambientes de acuerdo al clima, la altitud y los atributos fisionómicos y florísticos de la vegetación; sin embargo, con estudios más recientes como los de Luteyn, Van der Hammen y Cleef, se logra tener una mejor descripción. Recogeré las características más sobresalientes, así:

Subpáramo: Es la zona de transición entre el bosque altoandino y el páramo propiamente dicho. Es la más baja y la más diversa, además de la más difícil de definir debido a su gran extensión a causa de la influencia humana y la destrucción de hábitat a causa de la agricultura. Aquí predominan especies de las familias Asteraceae, Hypericaceae y Ericaceae, comprendiendo entre los 2.800 -3.200 y 3.600 metros de altitud.

Páramo: Ecosistema de pajonales, localizado en la franja de bosque montano y el límite superior de la nieve perpetua. La vegetación aquí es continua. Principalmente se hallan frailejones (diferentes especies compuestas del género Espeletia), pajonales (diferentes especies de gramíneas, especialmente del género Calamagrostis) y chuscales. Comprende aproximadamente los 3.000 y 4.100 metros de altitud.

Superpáramo: Encima de los 4.100 metros de altitud y que alcanza nivel superior en las nieves perpetuas. Allí la vegetación es discontinua y hay gran proporción de suelo desnudo. Las plantas en esta zona deben ser capaces de enfrentar diariamente las condiciones extremas de frío y fuertes radiaciones. Algunos géneros de plantas característicos de estos ambientes son Draba (Brassicaceae), Azorella (Afiacea) y Cerustium (Cariofiláceae).

Una historia ancestral

En una escala geológica, los páramos son ecosistemas jóvenes que se hallan a lo largo de la cadena montañosa de los Andes, en Colombia, desde Venezuela hasta el norte del Perú y en menor escala en Costa Rica y Panamá. Gracias al carácter único de este ecosistema podemos vislumbrar los procesos de evolución que han moldeado la vida en la tierra durante millones de años, en especial porque ha generado una gran diversidad de animales y plantas que no encontraremos en ningún otro lugar. Al día de hoy, la flora paramuna y su vegetación son el resultado de una amalgama de complicados eventos paleo-históricos de hace aproximadamente 4-5 millones de años, según Luteyn. Es esencial conocer profundamente la historia de este ecosistema para poder apreciarlo y lograr conservarlo.

Para los pueblos indígenas que habitaban y habitan nuestro territorio, los páramos han sido asumidos como representaciones míticas y simbólicas. Siempre se buscó la sustentabilidad entre la tierra y el uso de esta, ya que dentro de la cosmovisión indígena ha permanecido a lo largo del tiempo el concepto de Pachamama. Las culturas indígenas andinas ‘’se adentraron siguiendo los ciclos alimentarios y reproductivos de la fauna asociada a su existencia. Integraron los páramos a las estrategias de manejo vertical de las montañas’’. Lo demuestran los talleres prehispánicos en páramos ecuatorianos y los vestigios de caminos que comunicaban los valles interandinos y las rutas de comunicación de la Cultura Inca: hoy en día algunos páramos son importantes sitios arqueológicos.

En nuestro país los Muiscas tuvieron en las altas montañas del páramo y en las lagunas el escenario fundamental en el que se llevó a cabo la creación del mundo y de la humanidad; en la Sierra Nevada históricamente el páramo ha sido fuente de medicinas tradicionales para las comunidades locales, incluso actualmente 56% (43 de 77) de las plantas medicinales usadas por los Kogui, provienen de los páramos, de acuerdo con Carbono de la Hoz. Los Yanaconas y Coconucos, quienes han vivido en el Macizo Colombiano, en su cosmogonía y dentro de su sistema de creencias existen espíritus llamados Cocos, los cuales tienen su morada en los sitios ricos en agua, en los cerros, los cauces de agua, lagos, pantanos, lagunas, grandes bosques y, obvio, en los páramos, los cuales no se usaban para actividades económicas, sólo extraían plantas, animales, minerales de uso medicinal y ritual.

Su pensamiento preserva la vegetación y la fauna, ya que en un paisaje no intervenido se halla el equilibrio. Pero actualmente se han visto obligados a cambiar su economía y a intervenir cultivando papa cada vez en altitudes más altas en aquellos páramos que fueron maltratados a causa de los cambios por el cultivo y el pastoreo de la gente de afuera. La conquista española alteró la ocupación de los territorios andinos mediante despojo forzoso obligando a que los pobladores indígenas, luego los campesinos, empezaran a migrar a áreas paramunas, estableciendo sus hogares y resguardos a más de 3.000 msmn.

Pasado sin presente

En tiempos en los que los primeros exploradores españoles recorrieron nuestro territorio y se toparon con los páramos los describieron como llanuras elevadas, sin árboles e inhóspitas; por asociación histórica los relacionaban con sitios fríos, de solo pajonales, haciendo referencia a las planicies de su nativa Península Ibérica. Durante la colonia se introdujeron animales exóticos nuevos para el norte de los Andes (vacas, ovejas, cabras, caballos), también plantas fueron introducidas para ser cultivadas en las altas elevaciones (trigo, cebada, lentejas, habas, rábanos, zanahorias, cebolla, ajo); lo cual llevó a que la población se acentuara y fundaron pueblos y villas cada vez más cercanos a los páramos, ocasionando que gradualmente se necesitara cortar el bosque justo en los límites con el páramo para proporcionar áreas adicionales para el pastoreo y los cultivos. De aquí en adelante la agricultura y la ganadería se volvió común en estos lugares, dando pie a que cada vez más la expansión de la frontera agrícola obedeciera a la necesidad de colonizar nuevas áreas sin pensar en los impactos negativos que se verían en los ecosistemas.

Los páramos son de gran importancia biológica, hidrológica, social, económica y cultural. Estos ecosistemas del norte de los Andes son increíblemente diversos. Las altas tasas de endemismo nos demuestran la preparación evolutiva de los seres que encontramos ahí, lamentablemente la fragilidad del ecosistema y el impacto del hombre ha hecho que se vaya fragmentando cada vez más, afectando la distribución y el corredor biológico de especies emblemáticas, como la danta, el oso de anteojos, el cóndor, el puma y los maravillosos frailejones.

Hay que comprender que los páramos y los bosques andinos son fundamentales para la regulación de la hidrología, que constituyen una gran reserva de agua que directa o indirectamente proporciona bienestar para la mayoría de la población colombiana. Las dinámicas agrarias de nuestro país han hecho que el problema de la frontera agrícola persista, el incremento de la población en las ciudades ha hecho que haya incrementado la demanda y presión para producir más comida en los campesinos a lo largo de los Andes, ocasionando que las prácticas de cultivo tradicionales no fuesen suficientes, pasando a una agricultura intensiva que ocasiona el deterioro de los suelos, debido a que el uso de fertilizantes, insecticidas, pesticidas y fungicidas aumentó considerablemente. Son alarmantes la deforestación, las quemas, el uso intensivo de la tierra y el crecimiento de la ganadería, esto causa que los ecosistemas y sus especies nativas desaparezcan, nuestras actividades han limitado drásticamente la variación biológica y estamos viendo las consecuencias.

Por lo tanto debemos aumentar los esfuerzos para estudiar y proteger no sólo los páramos, la naturaleza en general, entender las funciones ecológicas de los diferentes ecosistemas, tomar medidas y declarar más áreas protegidas que resguarden los recursos acuáticos, que el diálogo entre la academia y la gente sea crucial en los procesos de planeación del territorio, que no se margine a las comunidades indígenas ya que ellas también tienen alternativas necesarias que pueden aliviar la presión y la destrucción de los hábitats, velar por la reforestación de especies nativas, e integrar sistemas de agroforestería; volver a la agroecología, sin dejar atrás la importancia de la educación ambiental que debe ser construida con el pueblo, comunidades campesinas e indígenas y evaluar qué es lo mejor para el futuro, si una vaca productiva, que tiene más tierra que un campesino o la magnificencia de un frailejón y el agua que nos brinda.

(*) Estudiante de Antropología de la Universidad de Antioquia

Bibliografía:

·         Díaz Rueda, Daniel. Intercambio de plantas entre Europa y América desde el Siglo XV hasta nuestros días. Artículo.
·         Luteyn, James. Paramos: A Checklist of Plant Diversity, Geographical Distribution, and Botanical Literature (Memoirs of The New York Botanical Garden Volume 84).
·         Revista Páramos. Ed. 1 (2011)
·         Sklenar, Petr, Luteyn, James L., Ulloa, Carmen & Jorgensen, Peter M. Flora Genérica de los Páramos. Guía ilustrada de las plantas vasculares. Memoirs of the New York Botanical Garden.