sábado, noviembre 18, 2017

Evolución del pensamiento y las propuestas de las guerrillas colombianas y el reto de su paso a la acción política legal*



| Por: Álvaro Villarraga Sarmiento** / Caja de Herramientas |

Las guerrillas colombianas recepcionaron teorías, doctrinas, discursos y propuestas a partir de elementos internacionales e internos, desde el sentido del proyecto revolucionario adoptado y del contexto registrado. 


Tuvieron en ello similitudes, discrepancias y matices. Con los años tuvieron desarrollos y cambios en distintos grados con relación a tales elementos, al ritmo de sus propios debates y evoluciones como del cambio en las condiciones y circunstancias políticas, sociales y militares. Pero sin duda el paso de la insurgencia a la legalidad en aplicación de pactos de paz por parte de ellas de forma secuencial, resulta ser el hecho más determinante a la adopción de replanteamientos a adoptar, especialmente en lo referido a la adscripción y las interacciones presentadas en el contexto de las vertientes políticas de izquierda y democrática en el ámbito democrático.

En la insurgencia irrumpieron guerrillas, milicias y autodefensas con rasgos diferenciados

En Colombia las guerrillas que han actuado durante las últimas cinco décadas protagonizando un alzamiento frente al Estado y sus gobiernos nacionales, han tenido en lo referido a las corrientes de pensamiento han tenido rasgos similares pero también diferenciaciones y matices, a la vez pueden encontrar desarrollos o cambios al respecto que se asocian a determinadas circunstancias internas y de determinados contextos. Así se registra también diversidad de posiciones doctrinarias, teóricas, políticas, discursivas y de posiciones ante asuntos relevantes del orden político, programático, estratégico, táctico y de concepciones y formas de actuación. Además, algunas guerrillas se ligan de manera directa o indirecta a proyectos políticos partidistas, con cambios según determinadas circunstancias históricas, a la vez que otras configuran proyectos político-militares autónomos.

De manera general las guerrillas colombianas, en mayor o menor grado, se inscriben y en parte expresan el ascenso revolucionario alternativo e innovador registrado en los años sesenta en el mundo, con en la región latinoamericana y caribeña y más aún en país. La mayoría surgió y pelechó a partir principalmente de su relación con bases sociales campesinas, a la vez que en su conducción y elaboración política y estratégica contaron con cuadros y comandantes jóvenes forjados en movimientos estudiantiles y de militancia política juvenil. Puede afirmarse que su origen y posibilidad de desarrollo en varias regiones obedeció a una suma de causas y factores explicativos.

Entre ellos pueden referirse: la situación social crítica de pobreza y exclusión; ciclos de violencia político social antecedente que se proyectaron; exclusión política del Frente Nacional frente a cualquier proyecto de izquierda o alternativo; vigencia casi permanente del Estado de sitio con tratamiento represivo, militar y autoritario con masivas y graves violaciones a los derechos humanos ante los movimientos sociales de protesta; adopción por el Estado de una política e instrumentos legales anticomunistas, contrainsurgentes e inspirados en la llamada doctrina de la “seguridad nacional” que criminalizó la militancia de izquierda y la protesta social del ámbito popular; y en respuesta los discursos de la insurgencia hacia desatar la revolución social armada, derrocar el régimen político social existente y apoyar proyectos de transformación que respondieran a reformas de beneficio social y se orientaran a la consecución del socialismo.

En este contexto hacemos referencia a los movimientos insurgentes guerrilleros FARC, ELN, EPL y M19 así como pueden registrarse otras agrupaciones insurgentes o relacionadas con ella menores de impacto local o regional, o de existencia solo en determinado período y sin llegar a consolidarse propiamente como guerrillas. En tal sentido en los sesenta hubo varias pequeñas guerrillas que intentaron irrumpir pero no lo lograron y varias fueron aniquiladas por las Fuerzas Militares y los organismos de seguridad estatal, sin que tuvieron suficiente arraigo social, algún nivel de control territorial, estructura política y capacidad militar para resistir y proyectarse. De igual forma, de la ola de numerosas pequeñas agrupaciones políticas con discurso revolucionario, básicamente estudiantiles, que actuaron en los años setenta, algunas pocas se ligan a proyecto políticos o guerrilleros de mayor posibilidad y perspectiva, mientras la mayoría se disuelve. Así trascienden en los ochenta algunos de estos grupos políticos conspirativos de presencia principalmente regional con formulaciones hacia el alzamiento militar y que contaron con algunas milicias rurales o urbanas. En tal contexto, existieron principalmente las agrupaciones PRT, MIR-PL, MAQL y numerosas Milicias Populares con distintas denominaciones en Medellín y su área metropolitana.

Fuerzas Armadas Revolucionarias Ejército del Pueblo, FARC-EP

La guerrilla FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) surgió en 1964 bajo la orientación ideológica, política y estratégica del PCC (Partido Comunista Colombiano). Pero asunto histórico importante es que tenía raíces históricas desde las autodefensas y las guerrillas campesinas comunistas que proliferaron desde mediados de los años cuarenta hasta mediados de los años cincuenta entre Tolima, Huila, parte del Valle y del Cauca, las cuales hicieron parte del intenso conflicto bélico de tal período sostenido entre la violencia gubernamental asociada con el Partido Conservador, la Policía y civiles armados adscritos a ella y la resistencia armada campesinas mayoritariamente liberal pero también comunista en las zonas referidas. Cerrada la guerra conservadora-liberal con el Frente Nacional se amnistiaron la inmensa mayoría de alzados en armas liberales y comunistas, pero pronto vino el ataque a exlíderes comunistas amnistiados y el ataque militar a las zonas campesinas de reconocida influencia del PCC donde existían autodefensas comunitarias, lo que ocasionó la reactivación de guerrillas orientadas por el PCC, que conformaron las FARC.

Las FARC surgen con un programa de exigencia de reforma agraria, reformas sociales y garantías políticas para retornar a la legalidad. Desde su origen y durante toda su existencia se proyectará como guerrilla de composición altamente campesina y de actuación casi totalmente rural, a la vez que hizo parte del proyecto estratégico y político del PCC, siguiendo sus lineamientos, tesis, consignas y campañas de distinto orden. De tal manera, se inscribió en la corriente internacional comunista liderada por la URSS entre las décadas sesenta y ochenta, que entró en crisis al inicio de los noventa. En toda su existencia como insurgencia las FARC asumió la formación de sus mandos y combatientes a través de escuelas, documentos guías y soportes incluidos en sus estatutos, programas y pronunciamientos sustentados en la ideología “marxista leninista”. Tal interpretación doctrinaria se asoció en las décadas iniciales al bloque de países socialistas de la URSS y sus aliados, lo que implicó distancia y rechazo ante otras vertientes revolucionarias que se reclamaban también del “marxismo leninismos” o de otras vertientes de pensamiento.

El comandante histórico de las FARC Manuel Marulanda Vélez, joven fue un joven guerrillero liberal, fue atraído al PCC por la propuesta de reforma agraria y la resistencia efectiva ante los planes elitistas y de régimen excluyente y represivo del Frente Nacional. A la vez, históricamente se destacan dirigentes comunistas al seno de las FARC desde su origen como Isauro Yosa, Jacobo Prías Alape y luego quien fue su principal vocero y líder político por varias décadas Jacobo Arenas. En los años ochenta con proyección en las siguientes dos décadas emergerá otra generación de líderes políticos y comandantes de las FARC que jóvenes hicieron escuela política en la Juventud Comunista (JUCO) y el PCC. Entre ellos, Alfonso Cano, Raúl Reyes y Timoleón Jiménez.

No hubo lugar durante toda la historia de las FARC para una doctrina distinta al comunismo como su guía doctrinaria y que inspiró su planteamiento programático y estratégico. Sin embargo, se encuentran algunos cambios y desarrollos en el discurso doctrinario, en lo relativo al pensamiento y la actuación política en los años noventa. Esta situación se inscribe en una fase en que se dio el distanciamiento y la ruptura de las FARC con el PCC al iniciar esa década, por determinadas divergencias políticas así como ante la inviabilidad de tal relación en medio de la “guerra sucia” de exterminio contra el PCC y la UP, adelantada por el Estado y los grupos paramilitares. Rota la tregua bilateral sostenida con el gobierno entre 1984 y 1987, las FARC EP se proyectan progresivamente como proyecto revolucionario autónomo. Ante la crisis del movimiento comunista mundial y la desaparición de la URSS y otros países socialistas aliados, las FARC se mantuvo dentro de la ideología marxista leninista, pero desarrolló nuevos planteamientos y búsquedas ideológicas y programáticas. Así en los años noventa mantuvo la demanda central de reforma agraria, reformas sociales y la posibilidad de lograr una solución política que diera lugar a “un gobierno de reconciliación nacional”. En tal contexto procedió a conformar una estructura partidista propia, el Partido Comunista Colombiano Clandestino (PCCC) y una estructura política en su entorno con criterio programático y organizativo más amplio denominada Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia.

En 1993, la VIII Conferencia de las FARC EP adoptó un nuevo Plan Estratégico orientado hacia una ofensiva militar de toma del poder. Reconoció la existencia de crisis en el llamado «socialismo real», con referencia a los estados socialistas en buen grado colapsados. Introdujo un desarrollo programático con referencia a varias reformas sociales y el llamado a promover el Movimiento Bolivariano por una Nueva Colombia, con pretensión de lograr un «Gobierno de Reconciliación y Reconstrucción Nacional», definido con carácter pluralista, patriótico, democrático, de soberanía nacional, de protección de la industria nacional, liquidación del latifundio y desarrollo de una reforma agraria integral. En lo político propuso la reforma a un parlamento unicameral. Y llamó a la reconversión de las economías ilícitas, en circunstancias en las que el cobro de rentas a la economía del narcotráfico tenía alto peso en sus finanzas de guerra así como se tal economía ilegal tenia adscritas a una amplia base campesina y de obreros agrícolas en las regiones de su principal presencia y actuación.

Entre los noventa y los dos mil en las FARC se reforzó el planteamiento doctrinario del imaginario bolivariano que llegó a sus símbolos, la bandera, los brazaletes y las consignas. Así mismo, las estructuras milicianas de las FARC nacionalmente fueron denominadas Milicias Bolivarianas. En sus documentos y materiales de propaganda introdujo alusiones históricas en tal sentido. Conjugó entones el marxismo leninismo con su interpretación revolucionaria del bolivarianismo. Hecho no ajeno al Movimiento Bolivariano con facetas políticas y sociales en la región, con alto grado de importancia e influencia desde el proceso revolucionario del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, bajo el liderazgo de Hugo Chávez y su propuesta de Socialismo del Siglo XXI.

Con el desarrollo de las negociaciones de paz Gobierno Santos y FARC EP entre 2012 y 2016 en La Habana, Cuba, se llegó a un Acuerdo de Paz final y definitivo, de manera que éste proyecto revolucionario en armas, tras sufrir fuerte operativo militar estatal por una década que lo debilitó pero no lo derrotó, dio paso a su tránsito a la legalidad y, en consecuencia, se aboca a la redefinición de su proyecto político. En reciente congreso fundacional en 2017, mantuvo la misma sigla FARC pero ahora con el significado de Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, de manera que lanza una propuesta programática centrada en la democratización institucional y las reformas sociales, teniendo como base y punto de partida la implementación del acuerdo de paz en curso, pero con la pretensión estratégica de profundizar un proyecto democrático de reformas políticas y sociales de beneficio popular.

Ejército de Liberación Nacional, ELN

La guerrilla Ejército de Liberación Nacional surgió en 1964 de la conjugación de tres elementos: El discurso gaitanista antioligárquico y de demanda de reivindicaciones y reformas de beneficio popular. El cristianismo de compromiso con los pobres y la causa del cambio social pregonado entonces por la teología de la liberación. Y la versión guevarista del marxismo leninismo que con base en el triunfo de la revolución cubana consideró innecesario el papel de un partido de vanguardia de carácter proletario y se lo otorgó a la guerrilla. Así, el ELN en su proclama y su programa fundacional plasmó reivindicaciones democráticas, estimó inviables bajo el régimen del Frente Nacional las luchas legales y asumió una estrategia guerrillera de guerra popular campesina con apoyos urbanos, en perspectiva del derrocamiento del régimen estatal existente y la imposición con el triunfo revolucionario de un régimen del socialista. Esta versión guevarista del marxismo se convirtió en los sesenta en corriente internacional y se relacionó con la creación de guerrillas tipo ELN en otros países de la región, centradas en la simpatía a la revolución cubana.

En consecuencia los fundadores y dirigentes del ELN procedían de distintas vertientes políticas y sociales. La mayoría provenía del fuerte movimiento estudiantil que irrumpió en aquella década, parte de los cuales tuvo adiestramiento militar en Cuba. Tenían en lo político procedencias de la JUCO, del MOEC, de la JMRL y algunos sacerdotes y monjas de las agrupaciones religiosas con compromiso de acción social popular bajo la teología de la liberación que incluyeron al padre Camilo Torres Restrepo, quien previamente había emergido de manera extraordinaria como líder político del movimiento Frente Unido del Pueblo. Y la posibilidad de implantación guerrillera campesina y territorial del ELN se configuró al ligarse el origen de este movimiento insurgente con la base campesina liberal del Magdalena Medio y sur de Bolívar, inconforme por la ausencia de reforma agraria y de garantías estatales que habían prometido desde la amnistía de la anterior guerrilla liberal de Rafael Rangel y desde el apoyo que habían brindado al MRL.

Esta recepción parcial del marxismo leninismo matizada de consignas liberales progresistas y del cristianismo en versión revolucionaria, se expresaba en conceptos particulares. Así, distante del lenguaje clasista preservado con celo por las corrientes propiamente marxistas leninistas, utilizaba las alusiones del que se llamó “camilismo” a la oligarquía, «la clase dominante», «la casta privilegiada» y la base popular obrera campesina. Propio del guevarismo asumido fue el desechar elaboraciones teóricas y discursos con categorías complejas y debates propiamente ideológicos y conceptuales de línea política y estratégica, para afirmar tesis sencillas de compromiso revolucionario con alta moral, convicción en la causa y reafirmación de la lucha armada como «única vía».

El ELN adoptó el Programa de Simacota, 1965, que tenía como propósito estratégico la toma del poder con un desenlace insurreccional final para implantar un Gobierno Democrático Popular, con medidas contra los monopolios y la oligarquía, de derechos y libertades para los sectores populares, de aplicación de las reformas agraria, urbana, tributaria y de reconformación de unas nuevas fuerzas armadas. Internacionalmente se inscribió el ELN activamente en los encuentros internacionales alentados por la revolución cubana que dieron lugar en 1967 a OLAS. En su desarrollo guerrillero inicial consiguieron desplegar acciones desde el Magdalena Medio hacia el nordeste de Antioquia, parte de Santander y hacia norte de Santander por la Provincia de Ocaña. Sin embargo, pronto sufrieron dos golpes significativos: un cerco militar que destruyó su columna más importante y ocasionó la muerte de varios de sus principales comandantes y una crisis interna ocasionada por el fusilamiento de varios de sus principales comandantes y principales líderes políticos por expresar divergencias o discusiones a favor de la acción política y social más allá del compromiso guerrillero, interpretadas como debilidad o desviación del compromiso revolucionario.

A partir de esta crisis el ELN revoca la comandancia a Fabio Vásquez Castaño, responsable del “ajusticiamiento” arbitrario de la mayoría de sus principales líderes políticos fundadores, de forma que en los setenta e inicio de los ochenta se torna una fuerza guerrillera debilitada y con apoyos urbanos dispersos. En búsqueda de superar esta situación en 1983 realiza la “Reunión Nacional Héroes y Mártires de Anorí”, que consigue sentar bases para reconfigurar el proyecto y actualizar el programa. Mantiene el propósito de la toma revolucionaria del poder y implantación de reformas sociales, pero incluye temas más actuales como el rechazo a la política energética de concesión a las multinacionales con beneficios injustificados de detrimento al interés nacional. Asunto relacionado con un nivel de influencia que tenía en los trabajadores y las zonas petroleras. Hecho que a la vez lo lleva a practicar una política sistemática de sabotaje al sector petrolero, con negativo impacto económico al sector y grave consecuencia ambiental.

En los años ochenta el ELN rechaza los diálogos de paz y los acuerdos de tregua bilateral suscritos entre el gobierno Betancur y las otras tres guerrillas (FARC, EPL, M19), de forma que se alía desde tal posición con varios núcleos milicianos regionales o locales que han despuntaban: el MAQL, el PRT, el MIR PL. En 1986 realiza la “Asamblea Nacional Comandante en jefe Camilo Torres Restrepo”, de forma que persiste en la negativa a los diálogos de paz, propone conformar una Asamblea Nacional Popular (ANP) con las consignas de ejercer un gobierno revolucionario desde lo local, defensa de los recursos naturales y defensa de la soberanía nacional. Bajo la comandancia del padre Manuel Pérez consigue desplegar frentes en las regiones de presencia histórica. En 1987 se unifica con el grupo MIR PL, por lo cual por unos años se llamará “Unión Camilista-ELN”, a la vez que asimila sus cuadros políticos e influencia social a su proyecto insurgente.

Junto con el EPL, el M19 y las agrupaciones milicianas regionales menores conforman la Coordinadora Nacional Guerrillera (CNG) en 1985 y con la participación de las FARC en 1987 conforman la Coordinadora Nacional Guerrillera Simón Bolívar (CNGSB). El ELN mantiene la consigna de ANP, que sustenta con el concepto de construir poder con una concepción no institucional sino en perspectiva de un nuevo gobierno revolucionario. En la Tercera Cumbre de la CNGSB 1988 el ELN discrepa de las demás guerrillas en el planteamiento programático adoptado de buscar con el Estado una solución política del conflicto armado, pero no plantea por ello la ruptura sino una postura de desconfianza total hacia el Estado y sus gobiernos al respecto, a la vez que presenta y es aceptada su propuesta de buscar con el mismo Estado un Convenio por la Humanización de la Guerra, que hace referencia a demandas humanitarias para las partes en guerra, aunque con ellas también involucra demandas políticas y sociales.

El discurso del ELN desde los noventa incorpora progresivamente alusiones más expresas al marxismo leninismo, aunque no involucra todos sus postulados clásicos ni el partidismo. Mantiene mixtura con el “pensamiento camilista”, a la vez que se nutre de consideraciones, marcada simpatía y cercanía con la revolución nicaragüense y el proceso revolucionario de El Salvador y Guatemala. Con respecto al guevarismo, si bien lo mantiene como elemento político ético paradigmático, se distancia tácitamente de él, al buscar ahora aproximaciones unitarias con las otras insurgencias y vertientes de izquierda, desde postulados como la búsqueda de un proyecto político partidista revolucionario unificado y de convergencia social. En tal sentido, admite entonces interacciones entre la lucha insurgente y los movimientos políticos, sociales y cívicos de exigencia de reformas y garantías de derechos. Situación que explica, entre otros hechos, su particular influencia hacia la organización política “A Luchar”.

En 1990 el ELN realiza su II Congreso que por primera vez define la posibilidad de participar en diálogos, con alta exigencia en términos de demandar la superación de “las causas del conflicto” y advirtiendo que ello no significaría la renuncia a sus propósitos revolucionarios. Expresa también rechazo a la mafia en un contexto donde el narcotráfico y el paramilitarismo han configurado un fenómeno de alta y negativa incidencia, a la vez que denotan flexibilización de sus posiciones hacia el entendimiento con otras guerrillas y sectores revolucionarios bajo la propuesta de configurar una «vanguardia colectiva, de clases», lo que implica una reinterpretación heterodoxa del marxismo leninismo, en el sentido clasista. En 1991 se produce una fracción disidente del ELN llamada Corriente de Renovación Socialista (CRS) que en gran medida es el sector del MIR PL junto con algunos pocos dirigentes y núcleos de combatientes. Este sector escindido reconoce como válido el avance de democratización conseguido por la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, en cuyo marco de convocatoria y realización de consolidaron los pactos de paz con el M19 y el EPL, de forma que luego pacta la paz con el gobierno en 1994.

Por su parte, el ELN persiste en la lucha armada aunque participa -junto con las FARC y una pequeña fracción del EPL opuesta al pacto de paz de esa insurgencia- en los diálogos de paz con el gobierno Gaviria entre 1991 y 1992, realizados en Venezuela y México consecutivamente, sin lograr resultados. Se recrudece entonces la confrontación en los noventa, de manera que expande nuevos frentes en el suroccidente del país, a la vez que consolida su centro estratégico en el nororiente, en el eje Nordeste antioqueño-Magdalena Medio-Catatumbo. En la segunda mitad de esa década incursiona con ataques a sus bases sociales campesinas de esas regiones el paramilitarismo, con apoyo oficial y de empresarios y mafias narcotraficantes, de forma que causan una masiva tragedia humanitaria a la vez que consiguen debilitar y hacer replegar sus frentes. En 1998 suscribe con el Consejo Nacional de Paz un acuerdo que incluye compromisos humanitarios de las partes y la propuesta del ELN de convocar una Convención Nacional para la paz. Sin embargo, tras conversaciones de paz sostenidos con los gobiernos Pastrana y Uribe en escenarios internacionales, que por primera vez los asume como guerrilla de manera independiente, no consigue ningún acuerdo sustantivo en tal perspectiva.

En la actualidad el ELN durante las administraciones del gobierno Santos mantiene su discurso revolucionario, pero en su V Congreso avanza con postulados más definidos hacia la posibilidad de lograr una solución política negociada con el Estado, producto de lo cual mantiene un acuerdo de agenda convenida en Venezuela en 2016 y una mesa de diálogo actual en Ecuador. Una particularidad en este proceso de paz que podrá cerrar las hostilidades entre el Estado y las distintas insurgencias, es el énfasis en una metodología de participación directa de la sociedad en el desarrollo de la agenda y consiguiente logro de acuerdos temáticos parciales. Para el efecto, ha adoptado la tesis de que el acuerdo de paz no sea producto del consenso gobiernoguerrilla sino principalmente producto de la incidencia de las propuestas para la paz que sean de consenso en la sociedad, a partir de lo local, lo regional y lo nacional. En 2017 ya firmaron un acuerdo de cese al fuego bilateral con el gobierno que incluye compromisos humanitarios y de garantías en las regiones para facilitar la participación de los pobladores en audiencias convenidas y en las metodologías participativas que se adopten. Es previsible que si se logran un pacto de paz definitivo, al igual que las FARC en la actualidad y con anterioridad con el M19 y el EPL, ahora el ELN se verá históricamente abocado a reformular los postulados y el programa político a adoptar, en correspondencia con el tránsito a la actuación como partido o movimiento político legal.

Partido Comunista (Marxista Leninista)-Ejército Popular De Liberación, EPL

El Partido Comunista de Colombia (Marxista Leninista) (PCC ML) surgió en 1965 como escisión del PCC y de la JUCO (Juventud Comunista), tras divergencias ideológicas y políticas en el movimiento comunista internacional, relacionan así mismo con contradicciones en posiciones y definiciones del orden nacional. El PCUS con apoyo de un sector mayoritario de partidos comunistas del mundo adoptó un viraje pragmático entre los cincuenta y sesenta: admitir la coexistencia pacífica entre el sistema capitalista y socialista, priorizar la lucha y las transiciones políticas y pacíficas en todo el mundo y colocar al centro de la disputa la emulación y competencia económica entre los dos sistemas. En reacción, el Partido Comunista Chino el Partido del Trabajo de Albania y más de cuarenta partidos comunistas reaccionaron reafirmando una línea revolucionaria de mantener la lucha en todas sus formas contra el “imperialismo norteamericano” y el sistema capitalista, reconocer la vigencia de las revoluciones en distintos continentes y priorizar la acción política revolucionaria bajo la divisa del internacionalismo proletario.

De hecho, por la intensificación de éstas contradicciones varios cuadros de dirección nacional y direcciones regionales fueron expulsados del PCC, entre ellos Pedro Vásquez Rendón y Pedro León Arboleda. De la JUCO varios líderes nacionales liderados por Francisco Garnica rompieron con el PCC y se sumaron al nuevo proyecto partidista revolucionario en conformación. En el movimiento comunista y revolucionario en todos los países entonces denominaron a ésta vertiente que alegaba mantener la esencia revolucionaria de los postulados programáticos y estratégicos como los “ML”, sigla que además regularmente adicionaban al nombre de su partido comunista o del trabajo o a la denominación nuevos grupos en conformación desde esta vertiente. Su posición era señalar por tal viraje de apertura política, coexistencia y emulación entre sistemas como revisionista del marxismo leninismo.

Las críticas hechas al PCC se resumían en considerar su línea política carente de una estrategia revolucionaria enfocada a la toma del poder; señalar que se quedaba en un ineficaz lucha electoral sin que existieran garantías políticas desde el régimen; demandar superar la orientación de “autodefensas campesinas” por la de estrategia de guerra de guerrillas y, al igual que otras vertientes de la llamada “nueva izquierda” que irrumpía en los años 60, asumir compromisos militantes y líneas de actuación revolucionaria muy influidas por la revolución cubana pero también por la revolución china y en simpatía por la resistencia Indochina a la agresión de EEUU y a las luchas de liberación nacional en África y el Oriente Medio.

En consecuencia, el PCC ML se proclamó marxista leninista, partido de vanguardia proletaria de la revolución y asumió la estrategia de guerra popular prolongada desde el campo para la toma del poder. Su programa en el X Congreso –en realidad primero pero buscaba con tal denominación disputarle al PCC la herencia histórica comunismo colombiano- incluyó el logro de una “República Popular en marcha al Socialismo”, que aplicara reformas agraria, urbana y otras, con el respaldo de un “Frente Patriótico de Liberación”, basado en la alianza obrerocampesina-popular. No negaba la lucha reivindicativa y por derechos, pero la consideraba escuela de formación para preparar el desenlace insurreccional final de la población, de manera que priorizaba al seno de los movimientos sociales la organización partidista clandestina con enfoque conspirativo y la construcción de las guerrillas del EPL. Consiguió desde ésta década y de forma amplia hasta mediados de los setenta, importante respaldo popular en distintas regiones, principalmente campesino y estudiantil, a la vez que en sectores del sindicalismo y del ámbito popular y cultural.

En la táctica de irrumpir en distintas regiones el EPL fracasó en cuatro y surgió entre Córdoba y Antioquia en 1967, a través de “levantamientos campesinos”, tomas de haciendas por parte de sus destacamentos armados y de campesinos locales, repartición de sus tierras, maquinarias, herramientas, ganado y demás insumos y propiedades allí presentes. Así se conformaron las “Juntas Patrióticas Populares del Alto Sinú, San Jorge y Cauca”, que actuaron como pequeños gobierno locales que administraban regulación social. El proyecto insurgente consiguió respaldo campesino en la zona, heredado de viejas guerrillas y liderazgos liberales defraudados con la desatención del Estado a sus demandas y fuertemente victimizados por el Estado y los hacendados ante la exigencia de tierras y derechos.

Pero éstos levantamientos locales y la conformación de los destacamentos guerrilleros del EPL en la región que realizaban asaltos a puestos de la Policía y hostigamientos a las tropas oficiales, fueron respondidos por varios cercos de aniquilamiento entre ese año y 1971, que derivaron en fuertes enfrentamientos con bajas notorias en ambas partes, desplazamiento “cometidas por las tropas oficiales y debilitamiento y repliegue del EPL. En los años siguientes por el desplazamiento forzado masivo del Ejército la “zona interna” quedó casi despoblada, y el PCC ML y el EPL perdieron buena parte de sus principales cuadros y comandantes, pagando la osadía propia del ímpetu revolucionario de la época de actuar en la primera línea de combate.

Entonces, a mediados del setenta sobrevino un intenso debate interno. El PCC ML había crecido con presencia en numerosos departamentos e influjo notable en los movimientos sociales del ámbito popular, pero carecía de una táctica política que respondiera a las demandas de derechos como las reformas agraria, urbana, laboral y en beneficio de la educación pública, entre otras, lo cual fue discutido por la mayoría de la militancia, que con el correr de los años encontró estéril propagar el futuro programa del triunfo de la revolución y limitarse al reclutamiento político clandestino y para las filas del EPL. A la vez, tras la derrota táctica el EPL, quedó además de fuertemente debilitado cuestionado en su estrategia y en la táctica de conformar un “gobierno embrionario”, fijarse en el terreno y exponer la vida de los principales dirigentes.

A la crisis se sumó el tratamiento vertical que pretendió darle el Comité Central expulsando a dirigentes intermedios que canalizaban las críticas y sustentaban la necesidad de replanteamientos, lo cual llevó al fraccionamiento del movimiento insurgente, de forma que la mayoría de militantes y combatientes salieron en grupos escindidos: dos liderando tales críticas, la “Tendencia MLM” y la “Línea Proletaria” y otro de reacción contraria extrema que planteó fue profundizar de manera total la lucha armada rural y urbana y negar la lucha política, social y legal, el “Comando PLA” que derivó en actuaciones terroristas.

En consecuencia, el PCC ML y el EPL se reconstruyen para realizar un segundo congreso – denominado XI Congreso-, en 1980, el cual asumió reformulaciones: Distanciamiento ideológico y estratégico de los postulados políticos y militares del maoísmo, de forma que el marxismo leninismos sea base para interpretar la sociedad colombiana y su proceso revolucionario; adoptar la lucha política como principal, pero mantener y ampliar el radio de acción de la lucha armada; definir la revolución como Democrática y Socialista y la estrategia como guerra popular hacia desenlaces insurreccionales; con base en un estudio de la formación social colombiana reconocer las nuevas realidades sociopolíticas y recuperar la influencia urbana en sectores obreros y populares y en sectores de agroindustria; adoptar la lucha por reformas democráticas y sociales; y emprender una campaña para corregir las expresiones de “sectarismo, vanguardismo e izquierdismo”. Producto de este viraje el discurso de este proyecto insurgente se flexibilizó para reconocer, coordinar y desarrollar procesos unitarios con los demás sectores revolucionarios, de izquierda y democráticos, con repercusión en dinámicas políticas y sociales. Así mismo, adoptó los diálogos de paz y el acuerdo de tregua bilateral con el gobierno Betancur, en unidad con el M19 y ahora con buen entendimiento con las FARC, a la vez que mantenía buenas relaciones con el ELN y otras vertientes revolucionarias. Incluso como hecho nuevo restableció relaciones con Cuba y con otros movimientos revolucionarios y democráticos diversos en centro y sur américa y en otros continentes.

La propuesta política más importante del PCC ML y su EPL fue la demanda durante dicha tregua, entre 1984 y 1985, en las mesas de Diálogo Nacional y Diálogos Regionales, de convocar por la vía plebiscitaria o de referendo a una Asamblea Nacional Constituyente, soberana y autónoma y con garantías para la elección por voto directo de sus miembros, para que tal instancia adoptara una nueva Constitución Política que diera lugar a garantías, derechos y formas de soberanía popular y de democracia directa. A tal propuesta asociaba demandas de reformas políticas y sociales. Sin embargo, al momento sobrevino la ruptura de esta tregua en 1986 y el retorno a las hostilidades, de forma que en la segunda mitad de los ochenta el EPL consiguió importante presencia en distintas regiones, así como recuperó influencia social el PCC ML y promovió el partido legal Frente Popular.

Simultáneamente el proyecto insurgente y sus sectores políticos y sociales influenciados sufrieron en los finales de los ochenta fuertes golpes por la estrategia paramilitar que comprometía al Estado y a sectores de élites, grandes propietarios y redes mafiosas. Fueron de tal manera asesinados en estado de indefensión el comandante general del EPL Ernesto Rojas tras ser capturado por la Policía y el vocero nacional del PCC ML Oscar William Calvo acribillado por el Ejército en plena tregua; a la vez que varios cientos de militantes y simpatizantes en distintas regiones, por lo regular siendo dirigentes o activistas sociales, sindicales, campesinos, estudiantiles, integrantes del Frente Popular o de la Juventud Revolucionaria de Colombia (JRC).

En 1990 al darse una coyuntura nacional extraordinaria que dio lugar a la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente, el PCC ML-EPL entró en conversaciones de paz con el gobierno nacional, en un proceso que dio lugar en 1991 a un pacto definitivo que incluyó la dejación de las armas y el paso a la vida legal, a través del escenario de la Constituyente, en la cual tuvo dos delegados por derecho propio consignado en el acuerdo y otros dos producto de cuadros políticos elegidos como constituyentes, en el marco de una convergencia de izquierda y de espectro democrático denominada Alianza Democrática. Este tránsito hacia la paz se acompañó de un profundo replanteamiento ideológico y político, que llevó a flexibilizar posiciones, al punto que al irrumpir en la legalidad este sector ya no asumió una postura marxista leninista sino de convergencia política democrática pluralista con otros sectores, en busca de configurar una alternativa política unificada. Pero así mismo, un sector minoritario de dirigentes con respaldo bastante minoritario en la base política y militar, desconoció el pacto de paz e intentó sin éxito reconformar el proyecto revolucionario original, pero de forma que prolongó durante los noventa pequeños círculos políticos en el ámbito sindical y popular y disidencias armadas del EPL en distintas regiones, que progresivamente se fueron extinguiendo.

Movimiento 19 de Abril, M19

La guerrilla M19 surge como expresión de alzamiento armado ante el fraude electoral de responsabilidad gubernamental sucedido en 1970, bajo el gobierno del presidente Carlos Lleras Restrepo que desconoció el triunfo electoral a la ANAPO con el ex general Gustavo Rojas Pinilla a la presidencia, de forma que decretó estado de sitio, toque de queda y reprimió las protestas en distintas ciudades, para imponer como presidente al conservador Misael Pastrana Borrero. En tal circunstancia, un sector de ese partido que representaba una corriente de izquierda política sindical denominada ANAPO SOCIALISTA, a la cual estaban adscritos algunos parlamentarios y destacados líderes políticos y sindicales, paso a la lucha armada. Paralelamente, se sumaron a este proyecto armado varios ex dirigentes de la JUCO que habían ingresado a las FARC y fueron expulsados por promover una guerrilla urbana no compartida por su comandancia, entre quienes estaban quien asumió como comandante general, Jaime Bateman. Y también se sumaron otros revolucionarios y el colectivo Movimiento Comuneros de activismo popular barrial en Bogotá. El M19 a diferencia de las anteriores guerrillas irrumpe como guerrilla urbana, en Bogotá, y con acciones inicialmente simbólicas y propagandísticas, no de confrontación con la fuerza pública. En su discurso asumieron la ruptura con la izquierda tradicional y con los propios postulados de las otras guerrillas, en crítica al sectarismo y al seguimiento de corrientes internacionales del marxismo leninismo en disputa, desde centros de poder desde países socialistas. Retomaron la plataforma democrática de la ANAPO del anterior Congreso de Villa de Leyva, con la consigna “socialismo a la colombiana”. No se declararon marxistas, adoptaron el pluralismo interno y un discurso de contenido democrático y de crítica al autoritarismo, la falta de garantías y la exclusión en el régimen político y social entonces existente. A su seno había tensiones entre vertientes, algunas se reivindicaban marxistas leninistas y otras no. En 1978 su VI Conferencia definió su movimiento como una “organización política militar nacionalista, revolucionaria y por el socialismo”.

Al final de esa década el M19 tuvo cierta influencia en el nuevo Movimiento FIRMES, expresión política de convergencia unitaria renovadora en la izquierda, el cual consiguió positivo impacto. En 1979 su VII Conferencia adoptó como consignas la “democracia”, “independencia nacional” y la activa solidaridad con la revolución en Nicaragua. En 1980 realizó en Bogotá la toma de la Embajada de la República Dominicana, en demanda de respeto a los derechos humanos dadas las graves violaciones cometidas contra presos políticos y miles personas capturadas y procesadas por sospecha de pertenecer a las guerrillas, sobre quienes exigían la libertad. Si bien no consiguieron este objetivo, sí lograron con intermediación interna e internacional un acuerdo especial humanitario que superó tal toma y permitió la liberación de los rehenes diplomáticos y el refugio de comando guerrillero en Cuba. Simultáneamente, Jaime Bateman lanzó las propuestas de amnistía para los presos políticos y diálogo nacional por la paz entre el Estado y las guerrillas.

El M19 tras ser golpeado por los organismos de seguridad estatales prolongó su acción guerrillera con frentes rurales principalmente mediante un periplo entre Los Llanos, Huila, Tolima, Valle y Cauca, de forma que innovó con intrepidez militar. Entre 1984-1985 suscribió conjuntamente con el EPL la tregua bilateral con el gobierno Betancur, de forma que hizo propuestas que denominó “de rectificación democrática” en el régimen político, en la justicia y en lo económico social. Rota la tregua adoptó una concepción insurreccional bajo la consigna: ”¡De Pie Colombia!”. En 1987 concentró una columna guerrillera de más de cuatrocientos efectivos denominada Batallón Colombia, con la consigna “Paso de Vencedores”, la cual tenía la pretensión de despliegue estratégico definitivo hacia la toma del poder, pero progresivamente fue golpeada y disminuida por las tropas oficiales. Entonces, el M19 se repliega en Cauca y asume la consigna: ”Guerra a la oligarquía y tregua a las FFAA”, de manera que toman como rehén al importante dirigente del Partido Conservador Álvaro Gómez, como forma de presionar el inicio de un diálogo de paz.

Con apoyo en facilitadores y reuniones con diversos sectores liberan al líder político conservador y dar lugar al inicio de diálogos de paz con el gobierno Barco, el cual da lugar al final de 1989 a un Acuerdo de Paz definitivo, que hizo posible la desmovilización del M19 en 1990, de forma que pasa como colectivo a la vida política legal, con marcado éxito electoral en sus primeros años de actuación. Su comandante Carlos Pizarro había declarado en entrevistas a propósito del pensamiento de su movimiento que «el marxismo leninismo recorta el sentido de la nación», de manera que explicó que «el objetivo central de la lucha revolucionaria y en cualquier lucha democrática, es convertir el conjunto de los hombres de una sociedad en propietarios de su destino, de su quehacer político, de los beneficios de su trabajo, es decir, una sociedad de propietarios». Ideas que inspiraron su programa político en la legalidad y en el acceso que consiguieron en la Asamblea Nacional Constituyente, con la elección de seis de sus integrantes, a la vez que lideraron la convergencia política entonces denominada Alianza Democrática M19. Disueltos como proyecto revolucionario, la mayoría de sus ex integrantes han nutrido vertientes de la izquierda democrática, con casos destacados de gobernabilidad y actuación política como los de Antonio Navarro y Gustavo Petro.

Agrupaciones guerrilleras o milicianas menores

De manera paralela a los movimientos guerrilleros referidos, otras agrupaciones armadas en el marco de la insurgencia o relacionadas con ella, han tenido sus propias recepciones del marxismo leninismo o de otras vertientes del pensamiento revolucionario y democrático. Dentro de ellas destacamos: Numerosas agrupaciones en distintas regiones que filaron en el maoísmo con el denominado “campo ML”. Entre ellas grupos como el MOIR que adoptó una política de actuación legal y de participación en las elecciones, que se configuró como partido con reconocida influencia y obró en medio de marcadas tensiones y expresiones de sectarismo mutuo frente al PCC y las FARC.

Producto de la fusión de los grupos “MUR ML” y “MIR ML”, surgió el MIR PL, el cual proviene del maoísmo, algunos de sus cuadros habían sido del PCC ML, a la vez que otros provenían de la teología de la liberación y el camilismo. Ésta agrupación -como referimos- ingresó al ELN en 1987 y la mayoría de sus ex integrantes se retiraron de ésta guerrilla en 1990 para conformar la CRS, pactar la paz en 1994 con el gobierno y entrar a nutrir proyectos políticos de convergencia democrática en la legalidad. En particular promovieron el Partido del Socialismo Democrático y luego se unificaron a otras vertientes en el Polo Democrático Independiente.

El PRT proviene de una escisión del PCC ML -en su crisis en los setenta antes referida-, de forma que buscó una acción política clandestina de orientación revolucionaria pero con amplitud hacia lo social y que se apartó de la vertiente ML para lograr entendimientos y acuerdos de actuación con otras vertientes revolucionarias. Mantuvo influencia campesina en Montes de María, sindical y en algunas otras zonas, de forma que se proyectó en la convergencia de izquierda Colombia Unida y luego, tras firmar la paz con el gobierno, tuvo acceso con un delegado a la Constituyente y engrosó la Alianza Democrática M19.

Desde otra vertiente poblacional, social y política distinta, el MAQL expresa la resistencia armada indígena del norte del Cauca, en reacción al hostigamiento oficial, paramilitar y en parte también del VI Frente de las FARC. Su presupuesto fue servir al movimiento indígena en sus demandas de tierra, autonomía, defensa de la cultura propia y garantías, ante los atropellos históricos y vigentes sufridos. Surgió de autodefensas indígenas precedentes y se proclamó autodefensa indígena. Sin embargo, su actuación militar llegó a representar acciones guerrilleras en unidad con otros movimientos armados insurgentes en distintos momentos, en especial con el M19. Al convocarse la Constituyente de 1991 pactó la paz y consiguió acceder a esta corporación pública con un constituyente propio, que se sumó a otros constituyentes indígenas en la demanda de los derechos de los pueblos indígenas.

Otras vertientes de izquierda, relación con guerrillas acogidas a la paz

El MOIR desde su origen rechazó con verticalidad la lucha armada y la consideró como una desviación izquierdista. En las décadas más recientes entró en las confluencias de izquierda con los demás sectores, incluidos los provenientes de las insurgencias. Del MOIR se dieron desprendimientos importantes que dieron lugar a agrupamientos de izquierda importantes en varias regiones y sectores sociales como el Socialismo Democrático y el Partido del Trabajo de Colombia, que confluyeron en el Polo Democrático Independiente. Por su parte, la “Liga ML” tuvo ideología maoísta, particular influencia en el movimiento campesino entre setentas e inicio de los ochenta y luego se disolvió, de forma que parte de sus cuadros ingresaron al PCC ML y otros a vertientes ML. Destino similar corrieron otras agrupaciones diversas denominadas ML que actuaron en Bogotá y otras regiones, que finalmente tributaron su militancia al MOIR, al PCC ML o a otro tipo de agrupaciones políticas o al activismo social.

El Partido de la Revolución Socialista (PRS) surgido en los 60 con presencia destacada en Antioquia y el eje cafetero tuvo como hecho relevante el liderazgo de los valiosos intelectuales marxistas independientes Estanislao Zuleta y Mario Arrubla, quienes provenían del PCC y planteaban la estrategia de revolución socialistas e hicieron importantes aportes con elaboraciones teóricas y discursos de particular incidencia. Ellos rechazaron la lucha armada pero un sector del PRS se escindió y se integró al surgimiento del PCC ML y del EPL.

De otra parte, en los sesenta surgen grupos socialistas marxistas que tuvieron distancias o acercamientos al leninismo y rupturas expresa con el estalinismo. Entre ellas estuvieron el Bloque Socialista, la Liga Socialista y Espartaco. En sus filas participaron intelectuales, estudiantes y trabajadores. Sobresalió el Bloque Socialista que incursionó en procesos electorales e incidió como vertiente de izquierda importante. Estas agrupaciones plantearon la revolución socialista, no compartieron la lucha armada y reivindicaron el trotskismo, siendo parte activa de corrientes internacionales. En los ochenta se disolvieron, de forma que sobrevivieron algunos grupos de menor impacto como el PST con algún influjo sindical. Parte de sus cuadros políticos y sociales se proyectó en posteriores convergencias de izquierda, sectores progresistas del Partido Liberal y en movimientos por la paz.

Se agregan vertientes socialistas que rescatan elementos del marxismo y planteamientos socialdemócratas y del liberalismo progresista. Entre ellas sobresalió el Partido Socialista fundado por Antonio García desde los sesenta, el posterior influjo de tal postura en varias agrupaciones, especialmente en los ochenta con Gerardo Molina que lideró el Frente Democrático. Este tipo de agrupaciones no compartieron la lucha armada ni la recepción del marxismo leninismo, pero tuvieron convergencias programáticas y políticas de forma que consolidaron alianzas con vertientes de izquierda marxista o marxista leninista en distintos momentos históricos. Igualmente, se proyectaron positivamente en respaldo a los procesos de paz con varias guerrillas y milicias en los años noventa. Este tipo de agrupaciones así mismo confluyeron en procesos unitarios como los que dieron lugar a la Alianza Democrática en 1990 y el Polo Democrático Independiente en los dos mil.

Existieron otros casos de intelectuales y líderes de izquierda que dejaron valiosos aportes en su vinculación e interacción con proyectos políticos de izquierda, movimientos sociales y procesos de paz en las décadas recientes. Entre ellos Diego Montaña Cuellar primero fue líder comunista, pero luego desde posiciones socialistas críticas se separó del PCC. Abogado asesor sindical de la USO y de otros sectores de trabajadores, autor de ensayos y publicaciones ampliamente difundidas e incansable luchador político y social que acompañó los proyectos unitarios de la izquierda. Al final de sus años, tras ser asesinados Jaime Pardo y Bernardo Jaramillo asumió la presidencia de la UP. Luego, con un sector importante de este movimiento y en alianza con otros diversos sectores políticos y sociales fue fundador de la Alianza Democrática que tuvo exitoso despliegue en la Constituyente de 1991. Simultáneamente respaldó los procesos de paz, de forma que se integró en calidad de invitado la mesa de negociación Gobierno-EPL e hizo parte de su subcomisión de reformas políticas.

Por su parte, Orlando Fals Borda brilla como destacado intelectual que introdujo la sociología en el país, creó el método de Investigación Acción Participativa que consiguió importante influjo internacional, lideró la Fundación La Rosca que fue baluarte pedagógico y de estímulo al movimiento campesino de los setenta. En los ochenta promovió y oriento diversos movimientos políticos regionales alternativos y progresistas. Al inicio de los noventa acompañó los procesos de paz, siendo invitado como integrante de la mesa Gobierno-PRT. Fue Constituyente por la Alianza Democrática, de forma que dejó el legado de la teoría y lineamientos hacia un nuevo ordenamiento territorial que parta de reconocer el poder local y las provincias. Hasta sus últimos años perseveró en su labor intelectual y dirigió la escuela política del Polo Democrático.

Estas alusiones ponen de presente aproximaciones e integraciones entre diversas vertientes políticas de izquierda en las últimas dos décadas, en las cuales participaron y proyectaron sus legados políticos y sociales anteriores sectores de la insurgencia que suscribieron pactos de paz. En los noventa el M19, el EPL y el PRT se vincularon a la Alianza Democrática M19, de forma que disolvieron sus propias estructuras políticas y se sumaron con una decena de agrupaciones políticas legales a este proyecto de izquierda alternativa de histórico impacto inicial en la Constituyente del 91, pero de pronto debilitamiento y disolución posterior. La mayoría de sus ex militantes y los de la CRS luego nutren sucesivos proyectos de izquierda como el PDI, PDA, Partido Alianza Verde y Movimiento Progresista. Por su parte el MQL creó el partido Alianza Social Indígena que consiguió importante representación regional y nacional y luego sus ex integrantes junto con otras vertientes indígenas se encuentran comprometidos con el proyecto político MAIS.

Los acuerdos de paz y su aplicación significan democratización política y social

En la actualidad, en medio de un nuevo contexto histórico y político las FARC EP irrumpen a la vida política legal y de tener éxito la negociación en Quito permitiría que también lo haga a futuro próximo el ELN. Se vive un contexto político en el cual las vertientes de izquierda en la actualidad asumen la lucha contra el modelo neoliberal que generaliza la precarización del trabajo y el deterioro de las condiciones de vida de amplios sectores, las demandas de equidad social, el reto de consolidar la paz, la defensa del medio ambiente y la lucha contra la corrupción, entre otros asuntos relevantes. Están entonces al orden del día redefiniciones programáticas, elaboración de propuestas de gobierno y diseño de nuevas estrategias que viabilicen la posibilidad de acceder al poder y desarrollar tal tipo de demandas democráticas.

Frente al proyecto político de las FARC se expresan resistencias alimentadas por más de una década de campaña antiterrorista de guerra que buscó señalar injustamente a ésta guerrilla como el problema del país y como la supuesta causa de todos los problemas, cuando la insurgencia es precisamente expresión de las críticas circunstancias sociales, políticas e institucionales vividas por décadas, en medio de diversos e intensos conflictos. Pero también el rechazo de determinados sectores sociales y de opinión hacia las FARC denotan el cansancio y el rechazo que hubo hacia la guerra y sus efectos, incluidas las graves violaciones a los derechos humanos y al derecho humanitario que comprometieron directamente al Estado y a todos los actores bélicos incluidas las guerrillas que persistieron en el alzamiento. Es uno de los grandes retos políticos del acuerdo de paz con las FARC el que sus excombatientes cuenten con las debidas garantías y el que tienen las propias FARC para proyectar propuestas y dinámicas políticas en búsqueda de legitimidad y respaldo a su proyecto, en lo cual expresan avances dignos de reconocer.

En todo caso, las insurgencias dotadas de pensamientos, discursos y programas revolucionarios no consiguieron la toma del poder por vía del alzamiento armado, de forma que prolongaron dinámicas de guerra con altos costos de todo tipo. Sin embargo, es necesario reconocer que precisamente los pactos de paz conseguidos entre ellas y el Estado, al inicio de los noventa y en la actualidad, tienen como común denominador el que las soluciones políticas negociadas del conflicto bélico conllevan compromisos de democratización política y social y que la construcción de la paz se posibilita en la coherencia con ellos. Ese fue el saldo de los aportes de la paz del 90 y con ellos ante todo de la Constitución Política de 1991, la cual entre varios factores explicativos para su consecución y realización tuvo los pactos de paz en esa coyuntura histórica. Así como sin duda, la histórica paz conseguida con las FARC, la más importante e incidente de todas las insurgencias, entrega a partir de lo pactado compromisos de apertura democrática, inclusión social, pluralización política, reconocimiento y reparación de las víctimas y recuperación de la justicia. Ojalá se hagan realidad propósitos y compromisos similares con la paz pendiente de lograr con el ELN.

NOTAS:

(*) Con base en la ponencia presentada en la Universidad de Antioquia-Programa de Sociología-Grupo de Estudios Marx y América Latina, GEMA, Medellín, 31 de mayo de 2017.

(**) Politólogo, especialista en Derechos Humanos, candidato a magister en Derecho. Directivo del CNMH, investigador de la Fundación Cultura Democrática, catedrático.

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