lunes, noviembre 06, 2017

Los modelos de desarrollo humano y la crisis del agua



Podemos observar la falta de voluntad política sobre una buena gestión de las fuentes hídricas y el manejo de los desechos de la región. Por otro lado, también se observan las prioridades del sistema en relación al uso del agua y las necesidades de la población. Esta gestión del agua y el aumento de la población en la región llevan a algunas ciudades al estrés hídrico.

| Por: Florencio Díaz / La Estrella de Panamá |

La relación población – agua se observa siempre en el desarrollo de la humanidad. En las riberas de los ríos y de cursos de agua, cerca de un pozo, de un oasis han prosperado pueblos y civilizaciones completas. Cinco mil años antes de Cristo, civilizaciones como los sumerios lograron desarrollar la agricultura altamente productiva en los deltas del Éufrates, el agua les dio alimento y riqueza. También el Tigris, el Nilo, el Ganges o el Río Amarillo dieron luz a las primeras civilizaciones, así como el Amazonas para Suramérica; el Chagres, en Panamá, aportan al desarrollo de nuestras culturas.

El agua como recurso natural a través de la historia ha servido para producir alimentos, para beber, como forma de transporte, como arma y para la acumulación de riqueza en el nuevo orden mundial. Hemos aprendido a almacenarla, a depurarla, a tratarla. Pero no hemos aprendido a distribuirla de manera equitativa y racional, variables que han incido en la crisis mundial y nacional del agua generando conflictos entre culturas e internas de los países.

Desde esta mirada de desarrollo y crisis potencial en el acceso al agua, de un alto porcentaje de la población mundial, la Asamblea General de las Naciones Unidas se pronuncia en su Resolución 64/269 ‘El Derecho Humano al Agua y el Saneamiento', aprobada el 28 de julio de 2010, reconociendo: ‘…que el derecho al agua potable y el saneamiento es un derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos…'. (Naciones Unidas, 2010).

Resolución que según las Naciones Unidas necesita del compromiso de todos los actores que conforman la sociedad mundial; de ahí que insta a los Estados y a los organismos internacionales que propicien recursos tecnológicos y financieros con el fin de abastecer a todos de agua potable y contribuyan a su saneamiento.

CRISIS MUNDIAL

Según las estadísticas de las Naciones Unidas, 1,100 millones de personas (18% de la población mundial) no tienen acceso a agua potable. Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud plantea que 768 millones de personas no tienen acceso al agua potable y 2,500 millones carecen de servicios básicos de saneamiento. En el caso de Latinoamérica, 26 millones de habitantes urbanos y 51 millones rurales carecen del servicio de agua potable.

Esta realidad contradice con la disponibilidad de agua que cuenta la población de la región en relación al resto del mundo. Las personas en América Latina y el Caribe cuentan con 24,400 metros cúbicos de agua. (Cirelli, 2013)

Latinoamérica tiene el 33% de los recursos hídricos del mundo; es decir, cuenta con la disponibilidad más alta en el planeta. Contar con 3,100 m³ de agua per cápita por año, duplicando el promedio mundial. La gran mayoría de los países de la región cuentan con disponibilidades catalogadas entre altas y muy altas en razón de su superficie y población.

Tener el mayor porcentaje de recurso hídrico no significa que toda la población tenga o acceda al mismo. El 97% de la población latinoamericana que vive en las ciudades accede a fuentes de aguas mejoradas. Para los que disfrutan de este suministro en casa, es fácil olvidar que se trata de un recurso limitado. Tan limitado que, según organismos mundiales, el déficit mundial será de un 40% para 2030.

Según datos del Tribunal Latinoamericano del agua, 77 millones de personas aún no cuentan con acceso al agua. La cobertura de servicio sanitario presenta niveles aún más bajos. Aunque la región ha experimentado mejoras considerables, tan sólo el 49% de la población cuenta con servicios sanitarios. Esto significa que la población sin acceso al saneamiento sea superior a los 100 millones de habitantes. [Tri10] Ahora bien, si observamos las asimetrías que imperan entre lo urbano y rural en relación al acceso al agua, de los 77 millones de personas que no cuentan con servicios de agua potable, 51 millones se localizan en áreas rurales y los 26 millones restantes, en áreas urbanas.

Desde esta perspectiva podemos observar la falta de voluntad política sobre una buena gestión de las fuentes hídricas y el manejo de los desechos de la región. Por otro lado, también se observan las prioridades del sistema en relación al uso del agua y las necesidades de la población. Esta gestión del agua y el aumento de la población en la región llevan a algunas ciudades al estrés hídrico. Para organismos como World Resources Group (WRI) las principales ciudades de Latinoamérica caminan sobre el estrés hídrico son, México DF., Río de Janeiro, Lima, Santiago, Caracas, Salvador, Haití, entre otras. Es decir, la demanda es más grande que la oferta del agua en estas ciudades.

CRISIS EN PANAMÁ

La Organización Mundial de Meteorología dice: Panamá es un país que no tiene problemas de escasez de agua, ya que cuenta con alrededor de 500 ríos, ubicados así; 350 en el litoral Pacífico y 150 en el Caribe. Teniendo una oferta de agua de aproximadamente 144,119.52 hm³/año, de los cuales, el 60% desagua en los océanos, coloca al país como el segundo de la región con mayor disponibilidad hídrica. La realidad no se evidencia en la gestión y acceso al agua de la población.

Prevalece la relación entre distribución del agua y la capacidad económica de la población, es decir, por la capacidad que brinden los espacios económicamente desarrollados o por la capacidad económica del individuo. Ahora bien, de los 3.9 millones de habitantes censados en el país, 600,000 no tienen agua de forma estructural, 800,000 no tienen agua las 24 horas del día; un millón usan letrinas y 500,000 no tienen baño dentro de sus casas.

Entre algunos de los indicadores que evidencian la condición económica y acceso al agua, la diferencia entre las áreas urbanas de las rurales es el acceso a fuentes de agua mejorada. Para el caso de la población urbana casi el 100% de la población tiene acceso a fuentes de agua mejorada. Es relevante mencionar que el 88.8% de la población tiene acceso al agua mejorada a través de la gestión pública del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan), mientras que en el área rural sólo el 22% de la población se aprovisiona de agua.

Por otro lado, se plantea que en 2015 la población de la urbe metropolitana ha llegado a consumir 415 millones de galones diarios, mientras que por esclusajes se consumen aproximadamente 52 millones de galones de agua, justificando la dualidad distribución del agua y espacios económicamente desarrollados.

REFLEXIONES FINALES

La mencionada crisis del agua no ha encontrado en el discurso público argumentos que la relacionen con el modelo de desarrollo de país y mucho menos a las élites económicas y a los gobernantes, quienes son los mayores responsables por las consecuencias ambientales en el país producto de la acumulación, en detrimento de los derechos de los ciudadanos. Tal es el caso de Petaquilla Gold, Barro Blanco y otros proyectos hidroeléctricos que han ocasionado daños irreversibles a la calidad de vida de las comunidades que demandan el derecho a la vida con respeto a su cultura y al ambiente.

En este sentido, más allá de una política de reforestación de un millón de hectáreas en 20 años, del Plan Estratégico de 100% agua y cero letrinas, se deben desarrollar políticas del manejo del agua capaces de ser sostenibles en la gestión y protección de todas las fuentes hídricas del país. Es decir, promover educación ambiental y detener la política irracional de explotación de minerales metálicos y no metálicos, las concesiones hídricas y la falta de una política coherente sobre la protección de los bosques, agua, suelo y demás recursos comunes.