domingo, diciembre 03, 2017

Alias Inglaterra: el (anti) héroe



Una sociedad no puede permitir que el fin justifique los medios, porque detrás de cada regalo de un capo como Inglaterra hay lavado de activos, asesinatos y narcotráfico.

| Por: Jorge Andrés Osorio / Con la Oreja Roja |

En días pasados la Fuerza Pública abatió a Luis Orlando Padierna, alias “Inglaterra”, líder del Clan del Golfo y uno de los criminales más buscados en el país. En Carepa, municipio de la región del Urabá en Antioquia, los habitantes homenajearon al capo y lo alzaron como a un héroe en la zona.

La noticia generó todo un revuelto a nivel nacional, pues hay quienes defienden este tipo de acciones porque los capos suelen ser esa imagen que el Estado no tiene en esas pequeñas poblaciones y hay quienes condenan que se realicen homenajes a personas que han hecho un daño irreversible en el país.

En este caso, me inclino hacia el segundo grupo aún cuando procuro entender al primero. Si nos detenemos a pensar por qué la población de Carepa homenajeó a alias Inglaterra, uno llega a deducir que este es un caso más de cómo los narcotraficantes se ganan el cariño de su tierra brindando aquello que el Estado no pudo brindar: alimentación, seguridad, empleo e infraestructura.

De ahí nace el primer problema: a lo largo del territorio nacional existen un fenómeno que, infortunadamente, no es de ahora, y es que en las pequeñas poblaciones existe un olvido total del Gobierno, de modo que no hay garantías para el bienestar de las pequeñas comunidades. Al ver que existe una sociedad desamparada, cualquier personaje que llegue a ofrecer oportunidades (sin importar cuáles sean y de dónde provienen) para mejorar el estilo de vida, empezará a ganarse el corazón y la confianza, pues se aprovecha de las debilidades para generar un control del territorio y así mismo fortalecer su seguridad y blindar sus planes (buenos y malos).

Ahora, el problema por parte de la comunidad nace en lo ético. Una sociedad no puede permitir que el fin justifique los medios, porque detrás de cada logro, detrás de cada regalo de un capo como Inglaterra hay lavado de activos, asesinatos, narcotráfico y demás acciones sancionables por la ley y por la ética. De manera que si la misma sociedad ignora y avala el accionar de este tipo de delincuentes, quiere decir que estamos ante una tergiversación de los valores que legitima el mal si este nos beneficia directa o indirectamente.

Otras causas, además del abandono estatal que genera ausencia de oportunidades laborales y educativas, se encuentra el manejo que los medios de comunicación le han dado a la historia del narcotráfico en Colombia. En repetidas ocasiones se han generado polémicas por los contenidos que ofrecen los canales nacionales en sus franjas de la tarde y de la noche, pues desde hace un tiempo el tema de las ‘narconovelas’ ha tenido un auge importante entre los televidentes.

Y es que el inconveniente no está en querer plasmar una cruda realidad del país desde los años ochenta, el inconveniente se da en la manera en que presentan a los narcos en las novelas, pues a partir de sus relatos aparentemente ficcionales, terminan ovacionando la acción y el carácter del mafioso para cometer sus delitos, de modo que esto despierta en los jóvenes y en los niños que llegan a consumir este tipo de contenidos cierta exaltación y admiración por las figuras heroicas que terminan pintando en la televisión. De allí nacen aquellos que lucen con orgullo las camisetas de Pablo Escobar, sintiendo en ellos esa maldad que los hace creer superiores, irreverentes y capaces de generar miedo o de persuadir la atención de los demás.

Esto poco a poco va calando en los valores hasta truncarlos. Todos creen ser conscientes del mal de la violencia en Colombia. Todos, o muchos, creen entender lo nocivo del narcotráfico en el país. Pero a la hora de la verdad es que todos dejamos que estos fenómenos sigan apoderándose del comportamiento del ciudadano común. Seguramente la realidad será más agradable cuando todos salgamos a las calles a homenajear la vida de nuestros escritores, de nuestros científicos y de nuestros artistas. Hablará mejor de nosotros hacer memoria de la vida de Álvaro Mutis que de Alias Inglaterra. Será mejor para nosotros que transmitan la vida de Rodolfo Llinás y no la vida de Gacha o de Pablo Escobar.

Quizá se haga necesario resignificar al héroe, trastocar su figura y hacerla ver no como el que más mata y el que más nos da a costa de sus crímenes, sino el que nos hace patear una pelota y divertirnos en una cancha, o el que nos hace estudiar las plantas, los animales o nuestra propia condición.

Los héroes no son capos del narcotráfico, los héroes son los que salvan la vida, entendiendo que ésta se salva desde cómo nos educan hasta cómo nos protegen.

(*) Estudiante de filosofía y letras. Interesado en reconstruir historias y narrar al país desde el periodismo. Trabajo temas en cultura, sociedad, memoria, conflicto y literatura.