sábado, enero 20, 2018

El funeral del tiempo



| Por: Fredy Gallego “poeta” / Desde Abajo |

"La vida es un baile en un cráter de un volcán que en algún momento hará erupción". Haiku de Yukio Mishima.


“Excuse mua que me entrometa como el ángel de la muerte y su trompeta...”, así entraba un joven a la tarima del barrio La Victoria cuando lo invité a cantar en uno de los eventos que organizamos en la localidad cuarta de San Cristóbal; fue la primera vez que lo pude escuchar y a su vez intercambiar algunas palabras.

Eso fue en el 2009. Ese día recitaba el tema que le hizo reconocer como el cantor, pintor y poeta de Ciudad Bolívar, “El Haiku” (1), palabra originaria del Japón feudal para un estilo de poesía breve que componían o recitaban los samuráis antes de encarar la batalla.

Un hombre de mirada profunda por su cejas pobladas y ojos negros como la noche que tanto veía, de mediana estatura pero titánico en su manejo de tarima; el público recitaba cada palabra de sus canciones con las manos arriba, cual si fuese una oración, y aunque su actitud pareciese dura, en realidad contrastaba con su sonrisa, carisma y caballerosidad.

Quebraba los paradigmas estereotipados del rapero ignorante, con actitud hostil y letras sin gracia ni contenido. Este artista de Ciudad Bolívar era de otro molde, un molde en el que pocos se forman, el de los raperos reales, los cuales saben que vienen de contextos de exclusión y violencia –producto de gobiernos y sus modelos al servicio del sistema capitalista-neoliberal– pero que deciden dedicarse a la música, el arte y la poesía, pues su naturaleza no es igual a la de su entorno.

“Tiempos de guerra” (2)

A partir de su primer sello “Sangre Oculta Records” que gestionó y sacó adelante, Héctor Eversón Hernández, más conocido –hoy y siempre- como el Samurái empezó su camino meteórico por el Hip Hop bogotano.

Un artista empírico e integro, que llegaba con líricas y músicas contundentes, aportando ideas para la trasformación de la cultura Hip Hop capitalina. Un hombre pragmático en sus filosofías, pero sencillo en su carisma, lo cual hacia alago de su seudónimo sin tenerlo que alardear.

Al principio no fue fácil. Como todo guerrero de los guetos, su camino fue marcado por dificultades y responsabilidades que muy temprano decidió asumir, comenzando con su mayor amor; su hija, su familia, a la que le dedicó su amor y trabajo.

Paso tras paso, sin retroceder. Unido a sus seres queridos crecían los nuevos temas y videos, abriéndose paso entre miles de Maestros de ceremonia o Mc (3). El Samurái, se vio frente a desafíos importantes en plazas y ruedos, se empezaron a escuchar sus potentes versos solo superados con su avasallador talento, sonrisa y sencillez.

Desde Bogotá desenfundó su Katana, forjada en rimas y versos de las calles invisibles para los medios, protegido con la literatura que lo nutría a base de continua lectura –práctica para dejar las tarimas destrozadas entre el júbilo y la euforia–. Paso a paso, álbum tras álbum, éxito tras éxito, hicieron que hasta Ecuador sintiera que desde Colombia venia una leyenda sónica que con su voz tejía mitos liricos.

Pero en Colombia si no haces parte de la elite y no estás en sus lineamientos para secar la mente de esta generación, no eres artista, eres otro sobreviviente marginal o ”ñero”. Eso al Samurái no lo intimidó, por el contrario, aumentó sus motivaciones, así que de manera independiente, sin títulos –sólo los que le dio su gente– se hizo una profesión como cantor, pintor y poeta.

Apoyado por sus amigos y amigas el Samurái salió adelante. Sacó seis producciones y mano a mano vendió sus discos, sin salir en grandes medios ni en los diales más escuchados.

“Mientras duermen” (4)

Nos cruzamos muchas veces en tarimas y actividades de resistencia cultural, bebimos algunas chelas hablando de poesía, la vida, la sociedad y el Hip Hop colombiano, junto a otros grandes como Rastro Mc y Dj criminal –ex integrante de otro hito del Hip Hop colombiano como fue asilo 38–, con quien Samurái, entabló una fuerte amistad y conoció su proceso del cual hizo parte.

Aunque su territorio original estuvo localizado en Ciudad Bolívar, identidades barriales lo motivaron para llegar al barrio San Luis, kilometro 5 vía La Calera, un barrio donde se lucha por su legalización, pero también por su reconocimiento como parte de Bogotá; allí se resiste desde la cultura y la solidaridad comunitaria; ejercicio que en su práctica los lleva a hacer todo lo contrario a las lógicas de ambición que manejan los gobiernos de turno y las constructoras que acechan el lugar para quebrar los procesos comunitarios.

Allí la organización juvenil “Sur del cielo” empezó un proceso realmente elocuente y muy organizado de defensa cultural y territorial del barrio San Luis, allí el Samurái encontró un espacio no solamente para seguir cautivando con su música sino también para hacer parte de un proceso social que coincidía con su causa personal, por esto se unió a esta comunidad donde se convirtió en líder, maestro y consejero de las nuevas generaciones, sin desistir en su exitosa carrera

“Cuando la luna llora” (5)

En diciembre del año pasado, Samurái tenía una serie de presentaciones importantes, además de nuevos proyectos musicales. Había dificultades como en todo, pero él siempre seguía con la moral adelante. El día 11 de diciembre, desapareció. No se supo más de él, dejó el dinero, la ropa y a sus mascotas en su casa como si fuese a volver pronto.

Al pasar los días sin una respuesta, con el peso del silencio, la angustia aumentaba en la familia. Su búsqueda pasó a las redes sociales, donde sus seguidores y amigos no tardaron en circular ideas para organizar la información e iniciar la búsqueda.

Rumores y posverdades venían y se iban, aumentando la desesperación en sus seres queridos, Alejandra Rincón fue fundamental para poder enfatizar la búsqueda y poder encontrar pistas viables que ubicaran su paradero, siempre sin perder la fe en encontrarlo vivo y a salvo.

La inoperancia de los entes investigadores se sumó con la lentitud de la policía para dar resultados. Todo era lento, no avanzaba nada y mientras tanto los días pasaban con la angustia de no saber dónde estaba el cantor, pintor y poeta. La reacción de las autoridades dejó mucho que desear, pero aun así la familia del Hip Hop estuvo presente, exigiendo resultados a través de denuncias y marchas.

Llegó la trágica noticia. Su vida fue tomada de manera violenta, el cuerpo fue encontrado el 4 de enero siendo tan difícil su reconocimiento que hasta el día 15 de enero se pudo confirmar que sí, que aquel cuerpo era el de Samurái. El dolor y el luto oscurecieron el día de su familia nuclear así como de la familia del Hip Hop, quienes estuvieron acompañados de las lluvias que andan en Bogotá por estos días. Aún los motivos de su asesinato son desconocidos, pero no se descarta ninguna posibilidad.

Caminamos en silencio. Sólo su música nos acompañó en el recorrido hacia su última morada; la familia desconsolada avanza con el recuerdo de Héctor; el Hip Hop con el recuerdo del Samurái; Alejandra con el recuerdo de su “negrito”, como lo llamaba.

Después continuaremos caminando en cada una de nuestras calles, allí no iremos a un funeral, sino a reclamar justicia y así no olvidar su legado. Quedará la luna como testiga y cruel amante; ella sabe lo que sucedió la noche de su partida de este plano entre carne y cemento.

Lucharemos para que no haya impunidad. Las calles terminarán soltando señas, susurros y sus nocturnos hijos caminarán tras ellos, hasta entenderlos.

Paz en la tumba del hermano; continuaremos nuestros caminos con tu recuerdo.
Referencias

1. Canción disponible en

2. Canción disponible en

3. Referencia a los intérpretes de este elemento en la cultura Hip Hop, como lo es el RAP.

4. Canción disponible en

5. Canción disponible en