jueves, enero 25, 2018

En Colombia quienes están detrás del poder son siempre los mismos



Aquí las elecciones son como una carrera de caballos donde todos los alazanes son del mismo dueño, así tengan distintos jinetes.

| Por: Gustavo Adolfo Carreño* / Con al Oreja Roja |

El sistema político colombiano ha sido construido históricamente con un andamiaje que se sustenta sobre bases bipartidistas, sectarias dogmáticas y excluyentes, con esto los padres de la patria han capturado para sí el Estado y sus instituciones, instaurando modelos de dominación “estilo sastre”, diseñados a la medida de los intereses-generalmente mezquinos-, por parte de la oligarquía liberal-conservadora.

Precisamente, estas mezquindades arrastraron al país a muchos conflictos, golpes de estado, guerras civiles y conmoción interior permanente en lo corrido de nuestra bisoña vida republicana, desde XIX hasta hoy, cuando definitivamente damos pasos agigantados hacia la construcción de una Colombia en paz.

Por fin entendimos que una sociedad se construye sobre las bases del respeto a la dignidad humana y sus naturales diferencias, con participación de todos los colombianos, a través del diálogo, permitiendo los discensos, el pluralismo, la tejeduría de acuerdos colectivos sobre bases programáticas, la validez de la fuerza de los argumentos y no el argumento de la fuerza, la borradura de proyectos mesiánicos o caudillistas y la consolidación de proyectos hegemónicos alternativos suprapartidistas y colectivos.

Consolidar un bloque hegemónico alternativo es el gran reto de la izquierda democrática colombiana hoy, es la prueba de fuego que las dinámicas políticas, sociales y económicas imponen a sus nuevas generaciones y tiempos.

Las experiencias acumuladas para hacer “añicos” los exclusivismos de las sempiternas oligarquías dominantes, tan solo han alcanzado para conquistar escaños en corporaciones públicas como concejos, asambleas y congreso; como también algunas alcaldías y gobernaciones, permaneciendo esquivo ganar la presidencia de la república.

No obstante, en las últimas contiendas electorales se ha participado con candidato propio y jugado un papel decisivo, como en la definición del mandato de Santos II. Adicionalmente, las pocas experiencias en el ejercicio del poder de los movimientos y fuerzas alternativas emergentes, han permitido importantes transformaciones y avances sociales, con logros positivos y por supuesto negativos, mismos que le permiten a la derecha el uso y abuso constante del ejercicio del poder, la capacidad para reinventarse y acomodarse-en caso contrario prohibitivos en los más mínimo para la izquierda-, que de cualquier manera ha cometido menos errores y horrores que su antípoda.

En esta parte del mundo, naciones hermanas latinoamericanas se han atrevido a experimentar opciones políticas de poder democráticas que hunden sus raíces en la izquierda, demostrando que sí es posible la toma de poder sin necesidad de recurrir a las armas, levantamientos o insurrecciones. Ahí están los ejemplos dados por Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Bolivia, Ecuador o Venezuela.

La coyuntura especial que atraviesa Colombia es propicia para mover los cimientos del establecimiento, romper el espinazo al bipartidismo, implantar nuevas gobernanzas, el descredito de la dirigencia política tradicional no puede llegar más bajo, el despertar de la conciencias e indignación llegan a su culmen, la corrupción es la argamasa que une los pilares que sustentan el sistema, por ello se caen puentes, edificios y también pueden caer gobiernos.

Se ha dicho hasta la saciedad que la política es dinámica, que busca hacer posible lo imposible, que son más importantes las ideas que las personas, que los acuerdos son fundamentales. En este orden de ideas, el ajedrez político ha llevado a la conformación de coaliciones en el marco de consensos programáticos, verbigracia Coalición Colombia.

Para los conocedores del trasegar político de la izquierda, es claro las posturas senador Robledo, su lucha frontal contra el neoliberalismo, su claridad ideológica en cuanto a que Santos y Uribe desde el punto de vista económico defienden y coinciden totalmente en cuanto al modelo económico, sus diferencias radican únicamente en el tema de la paz (arquitectura, fines, mecanismos, etc).

De modo que resulta muy difícil vender una candidatura como la de Fajardo, en nada comprometida en combatir, enfrentar o si quiera morigerar el nefasto modelo neoliberal implantado desde Gaviria hasta el sol de hoy, al cual el exgobernador de Antioquia y exalcalde de Medellín coquetea sin ambages.

La otra experiencia de coalición dentro de la izquierda resultó ser una burla para la ciudadanía, días antes Clara López, Carlos Caicedo y Gustavo Petro hacen el lanzamiento de la Colombia decente, pero horas antes del cierre para la inscripción de las consultas interpartidistas, Clara se retira de manera inexplicable, dejando abiertas puertas a Humberto De La Calle figura del establecimiento así como Frank Pearl. Ni si quiera dos excandidatos presidenciales del Polo logran ponerse de acuerdo, hasta allá llegan los celos, rencillas, orgullos, mezquindades, miopía política festejada apoteósicamente por los paleolíticos del bipartidismo.

Ya lo había advertido López Michelsen, en Colombia las elecciones son como una carrera de caballos donde todos los alazanes son del mismo dueño, así tengan distintos jinetes o aurigas decorativas, quienes están detrás del poder son siempre los mismos. Por ejemplo, Sarmiento Angulo apostó por igual a Santos I y Serpa, también a Santos II y Zuluaga, igual hizo Odebrech con los últimos, hacían el gana-gana.

Tal cual sucederá sí la izquierda no se unifica, al practicarse un harakiri político monumental se castiga en la carrera al poder sin siquiera empezar, pues el candidato investido por la unificación entre el coscorronudo Vargas Lleras y la coalición de derecha, “cucarachas del mismo calabazo”, avizoran más sangre, sudor y lágrimas para el pueblo colombiano.

(*) Pretendiente decodificador de lo cotidiano. Economista, Candidato a Magister en Desarrollo y Cultura, Educador, Amante de la filosofía, librepensador.

Ilustración tomada de PIXABAY