martes, enero 23, 2018

Santos deja la olla raspada a quien venga



Después del aterrizaje por barrigazo, que significó el comunicado leído al gobierno Santos con sus acompañantes, por el partido Farc en Turbo (04.01.2018) sobre el estado de la implementación del primer año de la implementación de los Acuerdos de la Habana. 

Ha seguido una refrescante ola de realismo analítico, sobre todo económico sobre la situación de postración en la que encuentra la economía colombiana, y se han introducido nuevos elementos en la polarización electoral con la cual la clase dominante mediante su falsimedia contrainsurgente pretendía mantener engañado a la población colombiana, tirándole confeti y loando a Cárdenas Santamaría, ministro Pastranista de economía; a pesar de que Pastrana dice fungir como enemigo de Santos. ¿Quién les cree?

La antigua polarización liberal-conservadora que tantos litros de sangre le ha costado al sufrido y engañado pueblo colombiano, en los últimos años se fue trasformando paulatinamente, de una vulgar y soez riña Santos-Uribe; en dos bloques politiqueros que se están disputando con posibilidades reales de poner el próximo presidente de Colombia 2018, y que según sus propias denominaciones mediáticas son:

 1-Un Bloque de extrema-derecha, 2-Enfrentado a un bloque de centro-derecha. De donde muy probablemente después de una serie de complicadas alianzas y contra-alianzas, salga elegido el próximo presidente de los colombianos. La izquierda, según la redundancia clásica, será un cero a la Izquierda.

Y entonces, según quien sea el “elegido”, estaremos frente al famoso dilema del Hamlet de Shakespeare: ¿Se implementará el Acuerdo de Paz de la Habana, o No se implementará?

Si, el elegido presidente, es del bloque de extrema derecha, lo más probable es que según su lema político, se harán trizas las trizas que quedan.

 Pero, si es del bloque de centro derecha, cuyo “desiderátum” o lista de deseos, o, base programática, tiene escrito en el último lugar y en letra pequeña un pequeño párrafo sobre la reconciliación de los colombianos que dice así:   ….”Por convicción esta coalición asume el compromiso de consolidar la paz territorial y defender e implementar los Acuerdos de Paz  suscritos y  otros  que  se  puedan  lograr,  siguiendo  el marco normativo  vigente  y  las  disposiciones  de  la  Corte  Constitucional.  Construiremos ciudadanía, Estado y mercado en los territorios más afectados por el conflicto y la pobreza. El programa de cultura ciudadana para la convivencia será la base para orientar los comportamientos hacia la reconciliación y la solución pacífica de los conflictos” ….  Entonces, lo más probable es que cuando esté sentado el nuevo presidente de este bloque, donde tendrán un papel relevante los voceros de burguesía nacional de Colombia, se encuentre con el título de este editorial, y, no tenga con qué hacer realidad “sus convicciones de defender e implementar acuerdos de paz suscritos, o, que se puedan lograr”.

Como se ve el asunto es sencillo. Claro, tratándose de un genio literario como Shakespeare, quien con una sola pregunta resolvió el dilema del ser y la nada; pero en Colombia, la realidad es más compleja. Si no, pregúntenle a la gran historiadora y politóloga de la Universidad de los Andes, María Fernanda Cabal.

Y, como debajo del fogón está la brasa ardiendo, talvez oculta con un poco de ceniza, de la gran crisis socioeconómica, política, y moral de la sociedad, lo más probable es que el Acuerdo de Paz, el que SIN haberse implementado y por efectos de su “electorización” o utilización para lograr votos, se fue convirtiendo en un fetiche “arréglalo-todo” sin que arregle nada; el desengaño sea mayor.

Entonces y solo entonces, todos aquellos que cifraron sus esperanzas en cambiar la lucha de clases por la lucha de cartas bien redactadas y quienes, no se sabe por qué razón, dejaron de lado o escondieron la revolucionaria consigna de los “viejos” de la Asamblea Nacional Constituyente, volverán a encontrarse con la inmensa realidad que esta constituye en sí misma, como medio para cambiar una agobiante realidad de Colombia.

 Así, pasadas las elecciones y nos demos cuenta de que el asunto no era solo de unos cuantos votos; volverá a ser NECESARIO sacar del cajón de los recuerdos la consigna de la Constituyente, para agregarla a la consigna de la implementación de los Acuerdos de Paz.