domingo, febrero 25, 2018

Reportaje con el excomandante fariano Jaime Guaraca: “¡La historia dirá la última palabra!”



| Por: Nelson Lombana Silva |

Convencidos de la importancia de los planteamientos históricos y políticos del ex comandante de las Farc – Ep, Jaime Guaraca en los actuales momentos de grandes definiciones, ofrecemos a nuestros lectores el reportaje completo concedido en la Habana (Cuba), el pasado 15 de octubre de 2017.


Durante cuatro horas, el ex comandante fariano haciendo alarde de una memoria realmente prodigiosa nos relató parte de su vida, parte de su lucha y parte de su aporte en la construcción de un país al alcance de todos y todas, sin privilegios de ninguna naturaleza.
Este reportaje se convierte en una verdadera página de la auténtica historia colombiana, historia que ha permanecido oculta e ignorada por obra y gracia de la rancia oligarquía colombiana con el aval de los Estados Unidos.

Se publicará en tres entregas. La primera parte incluye un prólogo a manera de presentación. Se publicará oficialmente en la página web: www.pacocol.org los días 25, 26 y 27 de febrero de 2018.

Prólogo

La historia colombiana hasta ahora se ha venido escribiendo al revés. Patas arriba. Y de lo que se trata es de escribirla tal como ha sucedido. Es la única manera de interpretar correctamente el presente y proyectar el futuro. Mientras esto no suceda, el pueblo continuará divagando en la niebla densa del analfabetismo político, adulando a los verdugos y subvalorando su potencial transformador.

Producto de ese historicismo fatuo contado desde la clase dominante la masa transita en el piélago de la incertidumbre, padeciendo el látigo de la explotación del hombre por el hombre, la injusticia social y la desunión, teniendo como consecuencia la dura pobreza, la violencia y el desprecio por parte de la clase dominante, la clase burguesa.

En esa dura disputa, enmarcada en la lucha de clases, las fuerzas militares y paramilitares son el ejército de la burguesía liberal – conservadora, mientras que la guerrilla, en este caso las Farc – Ep, resultaba ser el ejército del pueblo, del proletariado, como diría Carlos Marx.

El ex comandante fariano Jaime Guaraca Durán, durante años segundo al mando de esta guerrilla, después del inolvidable comandante Manuel Marulanda Vélez, presenta en este reportaje una parte importante de su vida y obra revolucionaria de una manera honesta, franca y directa, en el afán de contribuir a clarificar la historia de este país sudamericano, país tan incomunicado y tan engañado por la rancia y violenta oligarquía liberal – conservadora.

Siempre se ha dicho – por ejemplo – que la guerrilla es la causante de la violencia que azota al país, lo dicen los medios de comunicación y los historiadores de la gran burguesía. El comandante Guaraca a través de relato directo, sin figuras literarias ampulosas o hipérboles oceánicas, demuestra claramente que el verdadero responsable de la violencia ha sido el sistema capitalista, la clase dominante. Luego, la guerrilla, en este caso las Farc – Ep, no era la causa, era la consecuencia de un régimen antidemocrático, violento e inhumano que se ha sostenido en las alturas del poder en forma ilegal e ilegítima, usando ante todo los aparatos ideológicos y represivos de la manera más criminal y ruin.

En el caso de Jaime Guaraca, un humilde campesino del sur del Tolima, fue lanzado a las aguas fétidas de la violencia por el estado colombiano. Fue obligado siendo apenas un niño que no cumplía aún los trece años. Así las cosas, la lucha guerrillera en Colombia no es una causa como mentirosamente lo viene afirmando la clase dominante utilizando ante todo los medios masivos de comunicación, las religiones, el pénsul académico y la represión, realmente la lucha guerrillera es una consecuencia de ese estado antidemocrático y corrupto que ha cerrado violentamente las posibilidades de la clase dominada, en este caso, el pueblo.

De una manera sencilla, el camarada Jaime Guaraca Duran, relata su odisea durante largas y azarosas décadas, de igual manera, dibuja con precisión el proyecto político – militar de las Farc – Ep, movimiento guerrillero que en el 2016 decidió decirle adiós a la lucha armada en acuerdo concebido en la Habana (Cuba) y firmado en el teatro Colón de Bogotá, el 24 de noviembre de 2016, entre el secretariado de esta guerrilla representado por Timoleón Jiménez y el Estado representado por el presidente Juan Manuel Santos Calderón.

Jaime Guaraca: Veterano guerrillero marquetalíano

El verdadero nombre del comandante fariano es Tarsicio Guaraca Durán, nacido el 5 de abril de 1938, en la finca San Isidro, vereda La Estrella, municipio de Planadas (Tolima).

Estudió hasta segundo de primaria, el tercero no lo pudo hacer porque la violencia se lo impidió a raíz del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán Ayala, crimen ejecutado por la CIA en el marco del plan Pantomima con pleno conocimiento de la burguesía liberal – conservadora. Al otro día del execrable crimen, Darío Echandía departía copa de vino en la casa presidencial con Marino Ospina Pérez. Seguramente festejaban el crimen entre risas y carcajadas burlonas, probando así lo dicho por Carlos Marx de que “el capitalismo vino al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza”.

Cinco de sus hermanos fueron asesinados por el estado y el paraestado. No cumplía los doce años cuando se encontró tres campesinos brutalmente torturados y asesinados por la policía de Ataco y los paramilitares con el liderazgo del curita de esta municipalidad.

Desde niño tuvo que dejar la vivienda para refugiarse en el monte de noche al lado de sus padres y hermanos para preservar la vida. El presidente Mariano Ospina Pérez había dado la orden a los conservadores que se armaran para acabar a sangre y fuego a los liberales y por supuesto, a los comunistas.

Se trataba de borrar violentamente el pensamiento gaitanista. En ese cruel propósito el liberalismo contribuyó sin remordimiento, recibiendo a cambio miserables puestos burocráticos. Proceder que no ha finalizado porque estos dos partidos se siguen repartiendo el poder, prácticamente entre familias: Primero, fue presidente Alfonso López Pumarejo, después fue su hijo Alfonso López Miquelsen; primero, fue presidente Misael Pastrana Borrero, después fue presidente su hijo Andrés Pastrana Arango; primero, fue presidente Eduardo Santos, después su familiar, Juan Manuel Santos Calderón…

Jaime Guaraca Duran para salvar su vida comenzó como el caracol con su casa a cuesta, yendo de un sitio para otro, aprovechando la montaña espesa, la solidaridad de los campesinos de la vasta región en idénticas condiciones, teniendo que empuñar las armas sin cumplir aún los catorce años. Recorriendo la arisca y quebrada montaña en condiciones infrahumanas al lado de cientos y cientos de familias, el camarada Guaraca pudo conservar su vida para contar esta historia tan dramática y conmovedora, que nos debe llevar a asumir una posición de clase, porque de nada sirve saber pero seguir apoyando la oligarquía, es como el que ara y ara pero nunca siembra, diría Platón. Hay que transformar la realidad del país; no es correcto asumir una simple postura contemplativa o religiosa.

Este emocionante y dramático relato que nos ofrece el comandante guerrillero nos brinda la gran oportunidad de conocer la realidad del país, la cual ha permanecido oculta y mimetizada por intelectualoides del régimen capitalista.

Abrir las posibilidades a la reinterpretación de la historia desde el pueblo será elemento valioso para comprender el momento y proyectar el futuro. Ir comprendiendo poco a poco la necesidad de hacer una revolución socialista, con tres características importantes como lo planteaba el camarada Gilberto Vieira White, ex secretario general del Partido Comunista Colombiano: Anticapitalista, antilatifundista y antiimperialista.

Las condiciones objetivas están dadas para iniciar en serio este proceso en Colombia, se hace indispensable la maduración de las condiciones subjetivas y desde luego, la unidad del pueblo. La izquierda debe persistir en esta titánica iniciativa dando ejemplo de unidad y cerrando filas ante la arremetida virulenta de la clase dominante por seguir anclada en las alturas del poder.

El pueblo debe reaccionar ante tanta injusticia, tanta mentira y tanta explotación del hombre por el hombre como lo señala el comandante cubano Fidel Castro Ruz. Tiene el deber moral y político de liberarse sobre la base de despojarse del consumismo y de la sumisión, asumiendo una postura inhiesta y consecuente con su clase social.

Revolución significa ante todo cambio, bienestar colectivo, romper las cadenas de la opresión y asumir una postura hidalga y humana capaz de sentir el dolor ajeno como propio. Revolución es alegría, esperanza, libertad y amor impoluto.

El sueño de estar frente a este gladiador de la paz y la justicia social era algo que concebíamos como una utopía. Sabíamos de él por la revista Resistencia, órgano informativo de las Farc – Ep, que de vez en cuando leíamos, el semanario Voz Proletaria y desde luego, las ignominias que publicaban los medios masivos de la oligarquía y el imperialismo norteamericano.

El sueño se hizo realidad el 15 de octubre de 2017, gracias a mi hermano Gustavo que nos financió una estadía en la Habana (Cuba) para tratamiento médico contra la diabetes. De igual manera, Imelda Daza Cotes, la Asociación de los trabajadores de los medios de comunicación (Asoprensa), Carlos Alfonso Polo Galindes, Doris Ramírez, Luis Carlos Moreno, Luis Carlos Delgado Peñón, Rodrigo López Oviedo, Santiago Cabrera, Reiniciar, Evelio Villarreal Herrán, Aureliano Liberato, Jorge Enrique Pinzón Quintero, Carlos Rojas, Venus Quiroga Carrillo, entre otros.

Estando en la clínica Cira García, un buen día el enfermero Miguel Cruz, llegó con la noticia: “Camarada, tiene visita”. Una pareja sonriente ingresó al cuarto. “¿Usted me conoce?”, me dijo. Lo miré de pies a cabeza contestando negativamente. “Venimos de parte del periodista Dick Emanuelson. ¿Sabe quién es?” “Claro”, le dije invitándolos a sentarse. “Nos recomendó que viniéramos a saludarlo, yo lo leo casi todos los días en www.pacocol.org por eso decidimos venir a saludarlo”.

La conversación fue amplia, productiva y amena. Juancho y Teresa, hicieron énfasis en los desafíos que implica el proceso de implementación de los acuerdos de la Habana entre las Farc – Ep y el gobierno nacional. Expusimos la preocupación del proceso por el incumplimiento que caracteriza a la rancia oligarquía colombiana en cabeza de Juan Manuel Santos Calderón. “Esta oligarquía es más falsa que una moneda de cuero”, dijimos.

Entre los temas tratados estuvo el nombre del comandante Jaime Guaraca Durán. “¿Qué hay de él?, le dije. “¿Todavía vive?”, agregué. “Jaime está vivito y coleando, ¿Quiere saludarlo?”, me contestó Juancho sonriendo. “¿Todavía está lúcido?”, le dije poniéndome en pie. “Claro, tiene sus achaques de salud, pero mentalmente está súper lúcido”.

Me dejó un número para que lo llamara el 11 de octubre. Lo hice. Y concretamos la visita para el 14. Hablé con el doctor Leonides Leonel Peña Pérez para tramitar el permiso. “Usted puede salir a cualquier hora, esta clínica no es una prisión, camarada”, me dijo sonriendo. Incluso, me ayudó con 60 pesos cubanos.

En compañía de Juancho y un compañero más, generosamente me recogieron en la clínica y fuimos a la modesta vivienda del camarada Jaime. Estaba en la pequeña salita sentado en un taburete. Nos saludó. Nos presentamos y comenzamos a hablar de diversos temas relacionados con Colombia y con el proceso de paz. “¿Me permite una entrevista?”, le dije. Se negó categóricamente. “Los periodistas no dicen lo que uno dice, escriben lo que a ellos se les ocurre escribir o decir”, me dijo. 

No insistí por el momento. Cambié de tema. Le comenté algo del camarada Raúl Rojas González, dirigente regional del Partido Comunista en el Tolima. Sus ojos brillaron de alegría al saber que el camarada Raúl estaba con vida. “Alguien me dijo que se había muerto”, me dijo acomodándose en su incómodo asiento.

“Veo que lo recuerda con especial deferencia”, le dije asombrado. “Quisiera tener a Raúl en frente para darle un fuerte abrazo, es un camarada muy trabajador y firme políticamente. Durante mi cautiverio en Chaparral (Tolima) fue muy especial conmigo, lo mismo que toda su familia”, dijo.

Después de casi tres horas de conversación, mucha de ella me abstengo de comunicar por cuanto no fue concertado con él, al incorporarme para despedirme le dije un tanto coloquial: “Camarada, ¿Me va dejar regresar a Colombia con las manos vacías, sin una entrevista?”

Me miró y en voz baja me preguntó “¿Usted cuándo se regresa a Colombia?” “El 17 de octubre”. “¿A qué horas?” “A las cuatro de la tarde, pero hay que estar con dos horas de antelación en el aeropuerto José Martí”. “Véngase el 17 por la mañana y hacemos una corta entrevista” “Me resulta imposible – le dije – por la mañana estoy recibiendo las indicaciones médicas y organizando la maleta”. “Mañana 15, ¿No se puede, camarada?”

Pensó un instante. “Tengo un compromiso mañana domingo. Sin embargo, podría cancelarlo para atenderlo”, dijo en voz baja. Volvió a mirarme. “Mañana, pero bien temprano”, me dijo. Exultante, me despedí con la promesa de llegar puntual al otro día.

Salimos con el camarada Juancho. “Mañana vendrá usted solo”, me dijo. Tomé todas las medidas para no perderme. Al otro día, a las 9:00 de la mañana soleada estuvimos al frente del camarada Jaime nuevamente.

Le planteamos la dinámica del reportaje en tres momentos bien definidos: Una primera parte relacionado con su infancia, vida familiar; una segunda parte, la experiencia de la lucha política y militar como guerrillero y la tercera parte, una análisis sobre el momento de coyuntura relacionado con la decisión de las Farc – Ep de decirle adiós a las armas y el proceso de implementación de los acuerdos concretados en la Habana (Cuba) y firmados en el teatro Colón de Bogotá, el 24 de noviembre de 2016. Estuvo de acuerdo.

Fueron cerca de cuatro horas de intenso interrogatorio. El producto final lo presentamos a nuestros gentiles lectores con la esperanza de contribuir a conocer la verdadera historia de Colombia, con el fin de asumir una postura política transformadora, porque no se trata con saber solamente, se trata de ayudar a los cambios que tanto necesita esta martirizada patria por obra y gracia de la oligarquía liberal conservadora con el aval permanente de los Estados Unidos.

Primera Parte

- Muchísimas gracias comandante Jaime Guaraca por permitirnos entrevistarlo para conocer más en detalle su vida y su aporte al proceso revolucionario, además, conocer un poco su parecer sobre la histórica decisión de las Farc – Ep de continuar la lucha revolucionaria sin las armas. Inicialmente, ¿Cómo fue su infancia?

Mi infancia: Puedo decir que hasta los diez años fue muy buena; yo recuerdo que fue muy bonita a pesar de ser una familia muy humilde, pobre, pero muy trabajadora. Mi padre de joven pagó el servicio militar. Cuando el conflicto con el Perú, era reservista y lo recogieron y lo llevaron a Leticia. Vino de allá y se casó con mi madre. En esa época todavía había selvas vírgenes, que posteriormente se convirtieron en fincas. Él fundó la primera finca llamada Las Mercedes al pie donde se une el río Montalvo y la quebrada de las Cruces.

Abastecido con ella, subió a fundar la otra arriba al pie del pueblito. De la finca al pueblito son 20 minutos a pie. Esta la llamó San Isidro. Mi familia, fuimos en total ocho personas: Dos mujeres y seis varones. Nos criamos muy bien en una abundancia muy buena porque esa tierra produce de todo y en esa época recién descubierta se daba lo que se sembraba. Había abastecimiento de todo, de todo. No había comercio para algunas cosas, por ejemplo, como los cerdos, el ganado, no había comercio para la leche. Recuerdo que en esa época no se vendía un litro de leche, se regalaba. El que lo necesitara se le regalaba el litro de leche.

Y así, sucesivamente, mucha abundancia. Ahora, fue una etapa en la que yo considero fue muy pacífica. En la región todo el mundo trabajaba, era dedicado al trabajo, el trabajo honrado, no había robo, no había nada, no había delincuencia. La gente asistía a las fiestas y no se creaba problemas, así se emborrachara no había problemas. Era una región muy sana.

Y nosotros nos fuimos criando. Recuerdo cuando salíamos de las Mercedes con mi madre para San Isidro, nosotros pequeños al paso nuestro, estaba siempre bastante retirado, pero ella fue una mujer que se ganó mucho el cariño nuestro, porque era una mujer muy dulce, muy cariñosa, muy atenta, nos ayudaba en todo; a los que estaban estudiando les ayudaba en las matemáticas, en la escritura, en la ortografía, porque ella dominaba todo eso

Así nos criamos nosotros hasta cuando tenía la edad de siete u ocho años, más o menos, ella murió y quedamos con mi papá. Pero los tres últimos hijos que éramos nosotros, era mi persona, Jesús Egidio y Joaquín, habían dos mayores y el otro estaba que ya podía resolver sus problemas por su cuenta.

Así duramos con él. Él me puso a la escuela de ocho años. Yo asistí a la escuela el primero y segundo año de primaria, ya el tercero no lo pude realizar, porque en eso se metió la violencia. Cuando tenía diez años y cuatro días de edad, mataron a Jorge Eliécer Gaitán.

Esa era una región toda liberal gaitanista, entre otras cosas. De modo que eso se sintió mucho. Así fue la vida nuestra de la niñez hasta ahí, hasta los diez años muy buena, muy buena.

- ¿Cómo se llamaba sus padres? ¿Cuál es la fecha suya de nacimiento?

Mi mamá se llamaba Concepción Durán y mi papá se llamaba Eliodoro Guaraca. Tenía buena cantidad de familiares. Por ejemplo, mi madre ahí mismo en la Estrella, lo que era Juntas, por ahí estaba mi abuelita Viviana; entre otras cosas, ella nos contaba muchas cosas de la guerra de los mil días. Yo oía esas historias porque ella nos la contaba.

Mi padre también tenía familiares, por ejemplo en Sur de Ata, en San Luis (Huila), pero casi no se veían. El nombre mío es el que me dio mi madre y mi padre: Tarsicio Guaraca Durán; nací el 5 de abril de 1938, allá en la casa de la finca San Isidro de la vereda La Estrella.

- ¿Recuerda algunos niños de su época?

Sí. Por ejemplo, cuando estudiaba en la escuela los hijos de don Zoilo Murcia: Gabriel Murcia, los hijos de don Francisco Cuéllar, que le decíamos Pachito Cuéllar, creo que él murió en Planadas (Tolima) y la familia la tenía allí, pero estuvo un tiempo viviendo en la Estrella, los hijos de don Arsenio Perdomo, recuerdo por ejemplo de una muchachita que era muy picarita que se llamaba Betina (debe estar viva todavía) y así sucesivamente varios, que compartían muy bien. Por ejemplo, doña Josefa, la esposa de Zoilo Murcia, que tenía una finca arriba que le decían Tierra Fría, cuando necesitaba mandar una de las muchachas a llevar alguna razón o traer alguna razón de allá, ella le decía a mi papá que me dejara ir a mí a acompañarla y yo me iba a acompañarla. Eran como tres horas de camino, pero iba y la acompañaba. La iba bien casi con todo el mundo, la iba bien.

- ¿De niño era pelión o tímido?

Más bien como algo tímido. Pero pelión no, a mí no me gustaba discutir ni ponerle problemas a ninguno, con el ánimo de que tampoco me los pusieran a mí, y más entre vecinos yo siempre respeté mucho los vecinos.

Y había un problema muy bueno en esa época en esa región y era que uno, desde la casa misma, aprendía mucho el aspecto de la educación. Por ejemplo, en esa época, a una persona mayor, se le decía: Don. Si era una señora: Doña. Nunca se le decía el nombre solamente. Entre los niños se respetaba mucho. Había un respeto total. Si uno se encontraba por el camino a una persona mayor, se saludaba y se hacía a un lado para que pasara. Hoy no hay esa costumbre, se perdió. Así me crié yo en medio de esa situación. Así me crié.

- ¿Cómo se sentía la religiosidad en la región?

La religión era un problema supremamente serio porque resulta que era una materia obligatoria en la escuela. O sea, una asignatura en la escuela que había que rendir, por ejemplo, en historia sagrada, el catecismo. Todo eso había que hacerlo y pasarlo como en los exámenes.

Y mi madre y mi padre, eran muy católicos, sobretodo mi madre sabía todo eso y ella lo enseñaba desde muy pequeñitos, a rezar, a persignarse, a hacer una cosa y otra.

En medio de esa situación nos levantamos nosotros, aprendiendo los nombres del sagrado corazón de Jesús, de no sé quién, de si se cuándo, pero de eso llegó un momento en que yo me fui separando, sobre todo por dos razones específicas. Le voy a narrar la primera, porque cabe aquí:

Cuando mi madre enferma, de acuerdo a lo que ella misma nos había enseñado que todas las cosas que uno necesitara había que pedírsela a Dios y que Dios se la resolvía. Entonces cuando ella enferma, que duró un año enferma en la cama, que no se podía levantar, se puso flaquita, flaquita, yo era uno de los que me salía de noche y detrás de la casa me arrodillaba y rezaba y le pedía a todos los santos (menos a Juan Manuel, claro), y le pedía que no me dejara morir a mi mamá y resulta que ella murió.

Ahí comenzó la desconfianza de que no había nadie que resolviera eso, que no había un ser sobrenatural que resolviera las cosas de la tierra. Y me fui apartando un poco. Después le cuento lo otro cuando estemos hablando de eso, la otra razón por la cual me retiré también de la religiosidad.

- ¿Cómo era la forma de los padres castigar a sus hijos en esa época?

Cuando el padre decidía castigarlo a uno, era serio el asunto, porque él cogía la correa y le daba sus correazos, o se acostumbraba tener un perrero para arriar el ganado y cogía ese perrero y le daba a uno. Claro, primero enseñaba pero cuando el muchacho se ponía un poquito caprichoso, le daban sus correazos.

- ¿Qué pilatunas recuerda usted de niño?

No, no recuerdo ninguna, porque no las hice.

- De niño, ¿Qué era lo que más le impresionaba?

Bueno, una de las cosas que yo veía era en el estudio. Por ejemplo, yo decía: “¿Por qué unos tienen capacidad de llevar todo lo que necesitan en la escuela y otros no? En esa época había una pizarrita en las que uno escribía con un gis, le decían gis; escribía y se podía borrar y volver a escribir cualquier otra cosa. Eso era lo más práctico que teníamos nosotros. Pero, habían unos que llevaban unas pizarras buenísimas, muy bonitas, en cambio otros como nosotros era una pizarra chiquita en la que habían estudiado los primeros hermanos y ahí las teníamos todavía. Yo decía: ¿Por qué esa desigualdad tan terrible? Por qué todos no podemos tener el mismo tipo de pizarra, si estamos estudiando en la misma escuela, con el mismo maestro y los mismos temas. Pero bueno, esa son cosas de la sociedad y de la economía.

-  ¿Quién lo marcó más: Su papá o su mamá?

Casi mi madre, porque  ella era la que mantenía muy pendiente de nosotros, ella era la que nos inculcaba mucho los buenos modales, porque ella lo sabía, dominaba todo eso. Mi padre el trabajo. Fue un hombre muy trabajador y también nos inculcaba tanto el trabajo que decía: “Ustedes tienen que aprender algo en la vida, porque va a llegar un momento en que si el hombre no sabe nada, también es nada, el hombre tiene que saber y tener salud. Son dos cosas que debe tener siempre”.

Ahora algo más: Él decía a manera de chiste: “El pobre y el feo todo se le va en deseos”. Hay que aprender a trabajar en algo. En cuanto al trabajo nos inculcó mucho mi padre.

Segunda Parte

-  Después de los diez años poco a poco se asoma la adolescencia. ¿Cómo se desarrolla en usted?

Mire: De todas maneras, tenemos que entrar ya a una etapa prematuramente, porque a los diez años y cuatro días matan a Gaitán. Hay la revuelta en el país. Hay las protestas por todas partes. La sublevación en Bogotá. Comienza a haber los muertos en Bogotá, los incendios, los saqueos y toda la cosa. Por todo el país comienza el problema a resolverse, a revolcarse, y llegó a nuestra vereda La Estrella.

Cuando eso, el partido liberal dio una orientación que todos los reservistas liberales se tenían que concentrar en los pueblos, que los necesitaban allá. Y claro, mi hermano mayor era reservista, él se fue para allá con el otro hermano que lo seguía. Allá, se concentraron los reservistas: En Santiago Pérez.

En Santiago Pérez los reservistas eligieron una casa como cárcel y recogieron a todos los conservadores del pueblo y los metieron ahí, duraron metidos como 15 o 20 días. Los reservistas estaban controlando el pueblo, pero llegó un momento en que Mariano Ospina Pérez, que no le había dado participación a los liberales en el gobierno, en vista de que se estaba creciendo la revuelta, entonces llamó a los liberales por intermedio de la dirección liberal y les dijo: “Si aplacan los ánimos de la población liberal, les doy puestos en el gobierno”. Pactaron eso. Y ahí mismo salieron los liberales a decir: “Todo se arregló, todo sigue en paz, de modo que a trabajar todo el mundo”.

Entonces, qué ocurre: Los dos hermanos míos que están en Santiago Pérez, como otros, se fueron para sus casas. Soltaron a los conservadores y se fueron para las casas, pero cuando ellos llegaron a la casa, ya no era la misma situación, ellos llegaron muy intranquilos, muy intranquilos, porque resulta ser que oían muchas conversaciones de la gente durante ese tiempo que tuvieron en Santiago Pérez y todo indicaba que iba a ver violencia, que iba a ver guerra, que iba a ver mucho muerto, eso era lo que se decía, porque Ospina Pérez decía que el propósito era que quedaran los puros conservadores en el país, que los liberales tenían que acabarse por completo. Eso era lo que decían los conservadores. Había mucha influencia en las zonas conservadoras porque Mariano Ospina Pérez mandó a armarlos. Armaron a los conservadores de Ataco, de la vereda arriba de Casa Verde, armaron a los conservadores de Velú, San Antonio de los micos. Se creó el problema.

Todo eso lo conocían mis hermanos cuando estuvieron en Santiago Pérez. Entonces cuando llegaron, llegaron como tratando de alistar las cosas que iban a necesitar. Por ejemplo, las escopetas de fisto, haciendo tacos de pólvora negra, poniéndole la pantalla a la linterna, un cartoncito con dos huequitos para poder alumbrar que se pareciera a un animalito que le dicen Cocuyo y por último llamaron a mi papá y le dijeron: “Tiene que hacer un rancho allá en la orilla de la selva y el platanal, para que vayan a dormir allá. No se quede en la casa porque esto está muy peligroso”. Dijeron: “Nosotros nos vamos, pero estamos pendientes de todo”.

Así fue. Ellos se fueron esa vez para Bilbao, porque se comentaba que los jóvenes estaban agrupándose, buscando cómo defenderse. Mi papá hizo el rancho y a partir de ahí, nos íbamos a quedar todas las noches allá. Y en el día no salíamos a la casa hasta que mi papá no miraba por toda parte que no hubiera peligro.

Así comenzó mi adolescencia. En esas condiciones que ya no fue una cosa normal, ya todo había cambiado, todo había pasado a la zozobra, a la desconfianza, al cuidado y todo.

Así duramos un tiempo, como unos tres o cuatro meses después del 9 de abril y de pronto salió un grupito de jóvenes de por allá de Bilbao y ahí venían los dos hermanos míos y con ellos Charro Negro. Un grupito como de ocho o diez. Estuvieron en el pueblito de la Estrella, bailaron, tomaron aguardiente y se volvieron a ir. Pero, ya le dijeron a la gente que tuvieran mucho cuidado, porque los conservadores y la policía estaban planeando salir a los campos a matar liberales.

Fue peor la cosa porque mucha de la gente del pueblito se fue yendo, unos para Neiva (Huila), el que tenía más posibilidades se iba para Neiva, otros para San Luis, otros para Ibagué… bueno, la gente se fue saliendo. Fue quedando mucha casa sola y los últimos tampoco dormían en sus casas.

Así fue como en eso de noviembre de 1948, llegó la policía y un grupo de civiles conservadores armados a eso de las 4:30 o 5:00 de la tarde, que salieron al filo de Santo Domingo, donde ya se ve para el pueblito, hicieron tres disparos. Cuando mi padre oyó los tres disparos desde la finca, ahí mismo dijo: “Esto está malo, porque esos disparos son disparos de fusil y por aquí nadie tiene fusil. Los únicos que tienen fusil son la policía y el ejército. Hay peligro”.

Ese día ya nos fuimos temprano para el rancho. Nos quitamos de ahí. Sí, era la policía y los conservadores armados. Llegaron a la Estrella, al pueblito, y no encontraron a nadie, porque todo el mundo se fue, se fue para el monte, desde las fincas, todo el mundo hizo lo que hicimos nosotros: Para el monte a escondernos.

Ellos se alojaron en la escuela. Eligieron la escuela que estaba en un altico muy bonito. Ahí se alojaron. Al otro día, amanecieron ahí y ese día era cuando bajaba de la Cumbre dos hermanos Jiménez: Rafael y Justo, en compañía de Baltasar Collazos y con Baltasar iban dos de sus hijas y un hijito pequeño. Ellos no sabían nada de lo que había en la Estrella, ellos no tenían conocimiento de nada y llegaron ahí cerca y no los dejaron arrimar a la escuela, sino que allá en la distancia los detuvieron y de una vez los fueron matando a puro machete a los tres campesinos. A las muchachas las violaron todo ese día y por la noche, haciéndoles cosas horribles.

Al otro día, mi papá me mandó a mí y a Chucho el que me sigue a mí, que tenía apenas ocho añitos y medio de edad, nos mandó a buscar una vaca que se había ido y nosotros por desgracia nos tocó que ver los primeros tres muertos, ver cómo comenzó esa violencia en el Tolima, que golpeó tan duro y sobre todo en el sur.

Porque llegamos a un sitio donde encontramos el primer muerto, estaba a un lado del camino que va para la escuela, en un punto que se llama: El Congo. El Congo porque había un árbol grande que le decían El Congo, relativamente cerca de la escuela. De ahí como a unos 15 minutos de la escuela, ahí estaba el primer muerto.

Nosotros no lo conocimos porque le habían quitado el cuero de la cara. Lo mataron a puro machete. Sin embargo, seguimos, pasamos el portón del Congo y ahí estaba el otro al lado del camino. A ese no le habían pelado el cuero de la cara, sino que le habían rayado la piel en forma vertical, que tampoco se podía conocer. Seguimos dizque en busca de la vaca y de ahí ya se veía la escuela. En ese momento no la veíamos porque estaba en tiempo de invierno y la neblina estaba sobre el piso. Entonces, no se veía nada. Comenzamos a oír la alborada que tenía esa gente en la escuela. Seguimos y cuando el otro muerto. Tres muertos.

Ya con tres muertos, dijimos: “Esto no está bueno. Vamos a decirle a mi papá”. Nos devolvimos a toda velocidad. Le dijimos a mi padre. Él salió con el yerno por allá a un filo a mirar, pero todo estaba consumado. Cuando ellos salieron por allá, ya se habían desplegado la policía y los conservadores a las fincas cercanas del pueblito y estaban recogiendo el ganado, poniéndole candela a las casas, al pueblito, a la escuela. Todo lo quemaron. Absolutamente todo lo quemaron. Antes de quemar sacaban todos los artículos de valor de las casas para llevárselo.

Eso quiere decir que esa vez fue el bautizo de violencia que dio el gobierno de Mariano Ospina Pérez a esta región del Tolima, quemando todas las casas, el pueblito, robándose todo el ganado, matando tres campesinos, violando dos muchachas. Fíjese como comenzó los delitos tan crudos que se dieron en esa región. Eso me marcó a mí para siempre.

Ahí es donde le cuento el otro tema por el cual me fui separando de la religión. Y es que con los conservadores armados de Ataco venía el cura párroco de este municipio con ellos y con carabina en mano. El mismo cura que subía a esa escuela que quemaron a bautizar, a casar, a dar la misa, a hacer el rosario. Él siempre decía que era el representante de Dios en la tierra.

Cuando yo me doy cuenta de que el representante de Dios en la tierra andaba con ese grupo de bandidos, enseguida me dije: “Bueno, y entonces nosotros a quién le pedimos algo. Eso quiere decir que estamos súper jodidos, porque no hay ningún representante de Dios en la tierra. ¿Por qué permite que se den esos delitos tan horribles?”. Ese fue un caso que me fue separando fuertemente del aspecto católico.

- ¿Cómo se dio usted cuenta que habían matado al doctor Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá?

Bueno, ya le dije que esta era una región liberal toda y gaitanista. En la región no había sino un solo radio, el dueño de ese radio era don Pompilio Perdomo, el dueño de una finca grande con ganado. Tenía un radio grande y él era gaitanista. Él se informaba cuando Gaitán iba a dar discursos y entonces regaba la noticia en la vereda y allá iba todo el mundo. Yo fui varias veces con mi papá a oír hablar a Gaitán allí, por ese radio. Por ese mismo radio, nos informamos de la muerte de Gaitán, cuando informaron nacionalmente la muerte de Gaitán, nos dimos cuenta por ese radio enseguida.

Todo el mundo se entristeció, porque debo decir que sí hubo dolor muy grande por la muerte del caudillo porque toda la gente era gaitanista. En esas condiciones nos dimos cuenta de la muerte de Gaitán.

- Después que usted ve esos tres muertos, ¿Qué siguió? ¿Cómo se fue desarrollando la violencia en la zona?

Fíjese usted que hasta ahí no habían guerrillas. Los jóvenes estaban inquietos por un lado y por el otro; eso los obligó a agruparse y comenzar a darle una estructura militar sobretodo apoyándose en los reservistas para que dirigieran el grupo de jóvenes y así hacer resistencia.

Eso fue lo que siguió después. Pronto vinieron los jóvenes que estaban por Bilbao y fundaron un campamento en una finca que se llama Caicedonia. Ahí fue el primer campamento. Y al llegar a Caicedonia fue donde murió el primer policía; ese primer policía el disparo se lo hizo un joven campesino que se llamó Medardo Quilombo, era el único que tenía una escopeta de cápsula en ese momento, porque era gente de bien, era gente rica, gente con buena finca, buen ganado y de todo. Tenía una buena escopeta y él fue, esperó la policía y mató al primer policía, fue el primero que murió en esa región.

La policía no siguió, sino que se devolvió para Planadas. Esos habían entrado por los lados de Planadas. Ahí sí comenzó en serio el asunto, ahí sí comenzó en serio la guerrilla.

Nosotros ya enmontados, porque la casa nuestra paterna también la quemaron en esa quemazón que hicieron, entonces nosotros enmontados, los que ya se habían formado en el campamento dieron la orientación de agrupar las familias y comenzó la peregrinación para nosotros. Nos tocó que coger por el campo, por potreros, a salir a la finca de Leal, a unos potreros que se llaman Los Monos y allí, se agruparon un poco de familias. Bastantes familias.

Luego, otra orientación: Que las familias teníamos que ir hacia San Miguel. Fíjese usted la distancia tan grande por esos campos atravesándolos con niños chiquitos, con viejitos, con viejitas, mujeres embarazadas, enfermos, pero nos aproximamos a San Miguel.

Nosotros nos quedamos en el área indígena. Mi papá se quedó ahí, cerca de un nacimiento de agua salada, donde se sacaba la sal y las otras familias pasaron al comando de San Miguel, al campamento.

Pero, cuando el ejército atacó a San Miguel, ya había la orientación de que las familias debían trasladarse hacia el Támaro, el Támaro es lo que hoy es Marquetalia. En esa época se le llamaba: Támaro a eso. Támaro sigue siendo el río, pero la vereda hoy se llama Marquetalia. Nosotros fuimos a dar en esa época allá, al Támaro, pero allí no duramos sino como mes y medio.

Otra orientación: Las familias tienen que bajar de allá otra vez con destino al Davis. Imagínese usted a donde estaba el Davis, al otro lado del río Saldaña, arriba en la cordillera, entre el río Cambrín y la quebrada La Lindosa. Desde el Támaro haciendo esa travesía hasta el Davis. Fueron meses. Y esas familias sufriendo, aguantando hambre. Ahí íbamos nosotros. Esa situación me tocó que vivirla a mí, entre los diez años y medio a once años y medio. La plena adolescencia. Hasta que llegamos al Davis. Al Davis llegamos finalizando 1950 y comenzando el año de 1951. Casi todavía en días de 1950. Así llegamos al Davis.

En el Davis ya había muchas cosas, una organización sobre todo muy buena, social, una organización de trabajo, una organización de todo. Yo con once años y pico me llevaron a militar en el batallón Sucre, o sea, a los niños y a los adolescentes. Se denominaba: Organización de pioneros, que eso no lo hubo sino en el Davis, en ninguna otra parte hubo eso. Todo el que hable de esa organización en otra parte, es mentira porque no fue sino en el Davis, el comando dirigido por el núcleo Comunista. Isauro Yosa era el jefe cuando eso.

Yo no duré mucho tiempo ahí. No me gustó la forma. Nos daban instrucción militar, nos daban instrucción política, nos enseñaban a leer y a escribir, teatro. Había jóvenes expertos y sabían dar ese tipo de instrucción. Lo hacían. Pero, a mí no me gustó, entonces pronto busqué la posibilidad de que me aceptaran en la fila de disponibles; pedí que me aceptaran en la fila de disponibles y me aceptaron antes de cumplir trece años de edad.

- ¿Qué significaba estar en la lista de disponibles en el Davis?

Disponible es una formación donde el guerrillero no tiene asignada una tarea específica, porque la mayoría de los guerrilleros en ese momento pertenecían a las compañías, estaban organizados por compañías. Una compañía eran 75 hombres y otros organizados en comisiones, como por ejemplo, el Disco Rojo, que era una comisión especial que salía del Davis e iba no sé hasta dónde, hasta Natagaima a hacer contactos con el Partido Comunista y volvía otra vez. Se movía así.

Entonces, los que no estaban en las compañías o en comisiones, eran disponibles. Yo pedí que me aceptaran en la fila de los disponibles y me aceptaron, pero a los pocos días, me aceptaron en una compañía.

Esa compañía no tenía nombre especial. Los primeros días que yo milité en la compañía fue en la compañía del capitán Llanero. Después de salir de allí, pasé a la compañía de Jacobo Prías Alape (Charro Negro) y a lo último me quedé con los camaradas: Manuel Marulanda Vélez y Charro Negro.

- En esa primera compañía, ¿Qué área le tocaba patrullar o caminar?

No tenía área específica. La misión la asignaba la dirección cuando hacía planes y todo eso, entonces era la que decía: “La compañía de fulano va a hacer esto y esto”. Ahí, era donde asignaban las tareas. No tenía un área específica.

-  ¿Cuál era la dirección general de ese entonces?

Bueno, había una parte militar y otra parte política. Por ejemplo, en lo militar el comandante en jefe era Isauro Yosa (Líster) con él estaban: Luis Alfonso Castañeda (Capitán Richard), estaba el capitán Canario, el capitán Joselito, el capitán Llanero. Esa es la idea de la parte militar.

De la parte política que eran cuadros del Partido Comunista, estaban el compañero Raúl Balbuena (Baltasar), Fabián (Cache Palo), Timochenko, Leobrí y así varios cuadros del Partido. Últimamente, como en el año de 1952, pasó también Martín Camargo y el que fue jefe del EPL, no recuerdo ahora su nombre, pero fue el que se separó del Partido con un grupo cuando fue a China a estudiar y volvió. Esa era la dirección política – militar.

- ¿Cuánto tiempo dura usted en el Davis?    

Nosotros llegamos, ya le dije, finalizando el año 50 y de allí salí en 1952, en la comisión de Charro Negro. El Davis quedó ocupado por el ejército nacional, porque hubo un operativo del ejército que tomó todos los campamentos de los liberales limpios y también los campamentos dirigidos por los Comunistas y cuando nosotros salimos de allí, precisamente, esa comisión de Charro Negro, la dirección del movimiento había estudiado sacar comisiones a larga distancia, hacer algo por allá, para llamar la atención del ejército para que desocupara el Davis.

Esa vez, el capitán Richard salió para Calarma y fue cuando peleó bastante. Tumbó una avioneta. Ave Negra salió para Monte Frío, Ciro Trujillo salió para Campo Hermoso, todo con esa finalidad, de obligar al ejército a abandonar el Davis. Cuando eso salimos y yo no volví por allá. Esa comisión no volvió allá.

- ¿Cuál fue la relación que existió entre los guerrilleros llamados Limpios y Comunes?

Ese es un tema grande, que mucha gente todavía no está clara y cada vez que pasan los años, menos clara está la gente sobre ese tema.

Las guerrillas en Colombia surgen, y sobre todo ese grupo del sur del Tolima al mando de Gerardo Loaiza y Leopoldo García (Peligro). Llegó un momento en que Gerardo se informa de la existencia del grupo de Irco que ya comandaba Isauro Yosa y que estaba apenas surgiendo. Mandó a invitarlo, porque la idea de Gerardo y Peligro era orientada por la dirección nacional del Partido Liberal, era que tomaran el mando de todas las guerrillas en Colombia. Esa era la idea.

Entonces los invitaron a la región y la dirección del movimiento dirigido por los Comunistas vino para ahí, desde Irco hasta el Davis. Se encontraron con Gerardo y hablaron toda la cosa muy bien y fue cuando organizaron un comando conjunto, un estado mayor conjunto de parte y parte. Así crearon el estado mayor.

Pero, cuando la dirección nacional liberal se dio cuenta de ese acuerdo, hay mismo mandaron específicamente un emisario a decirle a Gerardo y a Leopoldo García que no admitían esos acuerdos, mucho menos con Comunistas, que ellos eran liberales puros, limpios. Es cuando Gerardo obedeciendo la orientación de la dirección nacional liberal y conservadora, porque en eso ya operaban juntos, convoca una reunión de toda su gente de toda la guerrilla que ellos dirigían. Esa reunión la realizaron en el comando La Ocasión, que era el comando principal; allí Gerardo expuso el tema. Le dijo a la gente que ellos habían invitado a los comunistas a ir a la región, pero que los Comunistas desde el momento que llegaron, los habían traicionado, porque seguían dando una orientación que era foránea, una orientación que habían incluido a Colombia traída desde Moscú, que esa no eran las costumbres, ni la idiosincrasia del campesino colombiano, que era un daño que estaba haciendo los Comunistas, que tuvieran en cuenta que ellos eran liberales limpios, que no podían hacer alianza con ninguno. De ahí fue que cogieron el nombre de “Limpios” y propuso la ruptura con los Comunistas, porque como había el estado mayor conjunto, que rompieran esos acuerdos. Y la gente aprobó. La guerrilla liberal limpia aprobó eso al momento y se convirtió eso como en una orden de guerra, más o menos, como una actitud de guerra. Y así fue. Pronto hubo el enfrentamiento a tiros con pretextos muy leves unos y otros, pero hubo el enfrentamiento. El pretexto principal para esa división y para esa ruptura fue ideológico y político. No fue otra cosa, sino ideológico y político y la forma de organización que los Comunistas tenían no les gustaba a ellos de ninguna manera, nada de lo que tenían los Comunistas organizado para dirigir su guerrilla les gustaba, porque ellos eran liberales y querían hacer todo cuanto querían y cuanto podían. Para ellos no había control de ninguna manera.

Eso fue lo principal. Pero lo fundamental fue lo ideológico y político, dirigido desde la ciudad por la dirección nacional liberal y conservadora. Ahí se rompió todo. No se volvió nunca ni siquiera a hablar de eso, porque los liberales limpios cada vez se fueron sectarizando más, mucho más y después viene el otro caso que  lo hablaremos más luego.

- ¿Cuáles eran las diferencias entre las guerrillas Comunistas y las guerrillas Liberales de ese entonces?

Las diferencias son muy grandes, muy grandes. Le voy a poner unos ejemplos muy prácticos. Lo que conseguían en comisiones los comunistas y llevaban al Davis era distribuido totalmente para los más necesitados. No importaba quién era la familia, lo importante era que estaba en el Davis.

Se llevaba el ganado y cuando se sacrificaba una res a todo el mundo le correspondía un pedazo. Nadie se quedaba sin comer su pedacito de carne. Los Limpios (liberales) no hacían eso. Los limpios llevaban el ganado y los jefes separaban el lote exclusivo para ellos. Era propiedad de ellos.

Otro ejemplo: En combate se cogía un fusil y la guerrilla comunista decía: “Este fusil es del movimiento, del colectivo, su dueño es el colectivo”. Los liberales limpios recogían un fusil y el que lo recogía era el dueño. Lo podía vender, regalar, cambiar, lo que quisiera.

Otro ejemplo: En cuanto a organización. Los comunistas tenían un régimen interno, unas normas de comando, que todo el mundo tenía que regirse por ellas. Nadie se podía ir del comando sin permiso, sin tener justificado qué iba a hacer. Los liberales limpios se iban a la hora que querían cada uno para donde quisiera y volvía cuando quisiera. Esas son diferencias muy grandes.

- Siguiendo a pasos agigantados la conversación: ¿En qué momento aparece en escenario el nombre de Manuel Marulanda Vélez?

Bueno, muy sencillo: Cuando el camarada Marulanda decidió irse al Davis, llegó a comienzo de 1951, al comando dirigido por los Comunistas. Fue bien recibido, porque él desde un comienzo fue un hombre muy afable, muy cariñoso, muy respetuoso, muy conversador. Él se ganaba la simpatía de cualquiera, como ganó la mía desde un comienzo.

La dirección del movimiento organizó una escuela en 1952, una escuela ideológica – política. Los estudiantes fueron: Charro Negro, Manuel Marulanda, Ciro Trujillo, Richard, etc. Los comandantes fueron los estudiantes.

Cuando termina el curso, en la clausura, el camarada Marulanda pidió el ingreso al Partido. Así como le digo: Pidió el ingreso al Partido Comunista. La dirección del movimiento y de la escuela les aceptó el ingreso al Partido. Le proponen que si él quería llevar como nombre de guerra, el nombre de Manuel Marulanda Vélez y le explicaron quién fue Manuel Marulanda Vélez, aquel dirigente obrero y toda la cosa, que murió torturado por los esbirros de Laureano Gómez. Él aceptó. A partir de ese momento siguió llamándose: Manuel Marulanda Vélez, porque hasta ahí le decían Pedro o también Tirofijo.

¿Por qué Tirofijo?

Bueno, la gente le puso el nombre de Tirofijo porque en realidad él fue un hombre que con todo tipo de armas era muy preciso al hacer el disparo. Él pegaba al blanco muy bien, no perdía un disparo. Se ganó el nombre de Tirofijo.

- ¿Cuál fue la imagen que usted se hizo del camarada Manuel Marulanda Vélez desde el primer día que lo conoció y lo trató?

Mire: La primera vez que veo al camarada Marulanda fue en el año de 1950, en el comando de San Miguel. Allí, llegó él y al paso por el lugar que le digo de las salinas, donde había agua salada, que se sacaba la sal ahí, a ese lugar llegaban muchas aves a tomar de esa agua, cuadrúpedos también de noche y el día que él pasaba por ahí, San Miguel, había una cantidad de Pavas y mató dos  con el fusil, y las llevaba ahí.

Y llegó a San Miguel y se regó la noticia que Tirofijo estaba en San Miguel. Yo le dije al hermanito mío a Chucho que me seguía, vamos a San Miguel a conocer a Tirofijo. Y fuimos. Y sí andábamos cerca de él. Él no habló con nosotros porque éramos unos muchachos de doce años, pero yo le alcancé a decir a mi familia: “Si tuviera un poquito de más tiempo, le decía que me aceptara y yo me iba con él, porque me agradó desde un momento como era él”.

- Físicamente, ¿Cómo era el camarada Manuel Marulanda Vélez?

Físicamente era un hombre con un aspecto elegante, despercudido; mantenía bien peluqueado, bien afeitado. Era un personaje. Y así sucesivamente era su procedimiento, conversador y muy respetuoso, sobre todo muy respetuoso, muy amable, con todo el mundo la iba. Todo el mundo que pedía hablar con él, él le aceptaba hablar y lo que explicaba, a la gente le agradaba mucho.

- Era un conversador consuetudinario…

Sí, sí. Además de eso era humorista. Contaba muchos chistes de Cosiaca, de la Patasola, del Duende, todas esas cosas.

- ¿De qué hablaron la primera vez que usted tuvo la oportunidad de dirigirse al camarada Marulanda Vélez?

Tal vez fue como en el año 1953, tal vez ya finalizando, que él mismo se dirigió a mí, cuando un hermano y un primo que estaban en la misma comisión no quisieron seguir por la pacificación de Gustavo Rojas Pinilla, entonces un día se me acercó y me dice: “¿Y usted tampoco va a seguir con nosotros?”, me dijo. Le dije: (cuando eso no se decía camarada, se le decía era comandante): “No comandante, yo sí sigo con ustedes hasta el fin”. Ese día me echó el brazo por encima, porque era muy cariñoso en ese sentido. Pero como le digo: Fue finalizando el año de 1953.

- Decide definitivamente a hacer parte de la guerrilla siendo muy jovencito, ¿Verdad?

Sí, yo ya era guerrillero. Empecé en la guerrilla en los primeros meses de 1951.

¿Cuál fue esa experiencia de la lucha revolucionaria armada?

La experiencia fue lo normal. Un muchacho en la fila, que cuando daba las voces de mando, había que hacer lo mismo que hacía el resto. Y si se iba a cumplir una tarea, iba uno y hacía lo que podía de acuerdo a su edad. Nadie le exigía más de la cuenta. Ya andando, andando a Colombia como se dice.

- ¿Cómo fueron los primeros días de guerrillero? ¿En dónde fue reclutado usted?

El reclutamiento lo pedí yo mismo en el Davis, lo pedí al oficial de servicio. Fui y le dije que quería que me aceptaran en la fila de disponibles y él anotó mi nombre y me dijo que sí, cuando eso estaba ahí un muchacho que le decían Cardenal, era un político para la juventud y para los pioneros. El oficial de servicios, me dice: “Todo el mundo que viene aquí se pone un seudónimo, un apodo o nombre cualquiera. No el propio nombre. ¿Usted cómo se va a poner?”, me dice. Le dije: “Yo no sé”. Entonces este muchacho Cardenal, dice: “No, pues póngalo Jaime”. Y así me anotaron desde 1951 para acá, todo el mundo me llama Jaime.

- ¿Cómo fue el primer combate en el cual participó usted?

En eso, en general, hay que decir que a todo mundo le da miedo, a todo el mundo le da miedo, porque uno se va a enfrentar es a tiros y uno no sabe si el otro que viene es más hábil que uno. Además, si uno le tira y no le pega, el que viene sí viene dispuesto a tirarle, a pegarle.

Si el arma no le da fuego, queda embarcado, como se dice. Entonces, uno siempre va al combate pensando en esas cosas. Pero, más sin embargo, lleva en la mente a la vez la esperanza de que va a triunfar.

Pero, que me acuerde yo dónde fue, en este momento no me acuerdo, porque de muchacho nos tocó que en ese tiempo pelear con los pájaros, con los conservadores armados y después sí con el ejército.

- ¿Qué recuerda usted del plan Latín América Securety Operatión, plan Laso?

Esa fue una política de Estado Unidos que se inventó para contrarrestar en Colombia la posibilidad de una Revolución triunfante como la de Cuba. Entonces se inventó ese plan Laso con una serie de promesas, con una serie de ofrecimientos, que tampoco cumplieron. Porque no era para cumplirlos, era sinceramente para calmar los ánimos y poder controlar a la gente, no tenía ninguna intención de resolver el problema de la tierra, ni vivienda, ni escuela, ni nada de lo que prometía.

- ¿Cómo se sintió este Plan Laso en el sur del Tolima?

La gente realmente no comprendió nada del verdadero objetivo del plan Laso, solamente la dirección era la que dominaba, pero ni el campesino se daba cuenta de eso. En esa época tampoco era mucho lo que se hablaba con el campesino para explicarle esas cosas. No era mucho lo que se hacía de política.

- Se habla de mucha fuerza militar desplegada para este plan en el sur del Tolima. ¿Qué cifra maneja usted?

El Plan Laso no movilizó gente así. Estaban los puestos militares pero no movilizó gente. Cuando movilizan gente ya, así para contabilizar, es ya con la Operación Marquetalia.

Pero antes, por ejemplo, la base militar de Gaitania había movilizado 5 mil hombres contra nosotros, buscando la vía hacia Marquetalia y llegaron hasta San Miguel. Pero en ese trayecto, por las dos vías que penetraron, se peleó, se mataron soldados, se cogieron armas y ellos retrocedieron a Gaitania nuevamente.

¿Por qué retrocedieron a Gaitania? Porque hubo también protestas en las ciudades, en Bogotá, Cali, Medellín, protestas por eso. Además, la resistencia que nosotros hicimos. Retrocedieron.

Pero, el otro fenómeno es que todavía no habían concluido con el plan de la Operación Marquetalia, hasta dos años después.

- Se dice que el primer combate de la guerrilla con el ejército fue el 27 de mayo de 1964. ¿Usted está de acuerdo con esa fecha?

Sí, esa es la fecha. Aunque hay algunas cosas que no estoy de acuerdo con lo que se dice, porque, por ejemplo, para hacerle un poco de historia brevemente: En abril, llegó Jacobo Arenas y Hernando González allá a la zona, enviados por el Partido Comunista.

Cuando ellos llegan a la zona, nosotros ya estábamos en trincheras esperando el ejército que se metiera. Ellos encontraron fue un grupo guerrillero organizado ya y militante de Partido, dispuesto a hacer la resistencia.

Había otras cosas que no estaban acordes con la situación, pero que existíamos ya como guerrilla sí, entonces en el mismo mes de abril, tal vez el 25, nos reunimos la dirección del movimiento agrario con Jacobo Arenas y Hernando González. La dirección de ese momento de Marquetalia era: El camarada Marulanda, el jefe; secretario político era Isauro Yosa; el segundo era Isaías Pardo; luego, seguía yo como secretario de organización; Darío Lozano, secretario de finanzas; Jesús Medina López, secretario de agitación y propaganda y otros compañeros del Estado Mayor como Luis Pardo y Rogelio Díaz.

Nos reunimos con ellos y ellos informaron todo lo que tenía previsto los mandos militares para realizar la Operación Marquetalia. Entonces, comenzamos por ver, por ejemplo, tiempo de duración de la operación, ellos se había propuesto tiempo indefinido, no había tiempo limitado para esa operación.

Ahora, el volumen que iba a participar en la Operación: Se conoció desde entonces que estaban asignados 16 mil hombres del ejército y con el conocimiento de que si hacía falta, le agregaban otros batallones más.

En cuanto a logística: Tenían garantizado toda la logística que fuera necesaria; medios de transporte lo mismo todo: Aéreo, terrestre, lo que fuera.

Instrucción: Era la flor y nata del ejército colombiano que iba a participar con una formación de contrainsurgencia que les permitía penetrar a donde quisieran, a donde se lo propusieran.

En vista de esa situación, el camarada Marulanda pidió un plazo para estudiar, para pensar él solo por ahí sobre el tema y la orden era que todos pensáramos sobre lo mismo y luego nos reuníamos para seguir la discusión. Así fue.

Levantaron la sesión, pero al poco rato ya el camarada pidió que se reanudara la sesión y cuando es reanudada la sesión, pidió la palabra y expuso lo que había pensado. Dijo: “Esa operación que el gobierno planea contra nosotros, es una operación muy grande y peligrosa, pero por peligrosa que sea, nuestro deber es resistir y vencer”. Desde entonces lo dijo así. “Pero, para eso se necesita que nosotros quedemos móviles, totalmente móviles. Eso quiere decir que toda la población civil que está a nuestro cargo hay que evacuarla a la periferia”. Eran todas las familias nuestras, los hijos y todo, que lo teníamos entre la selva, como en tres o cuatro lugares.

Dijo: “Propongo 48 horas para que haya evacuado todo mundo; el que no se adapte a la vida de la guerrilla, que sea un inválido, un anciano, una señora, un niño, todo hay que evacuarlo”. Se aprobó eso y partimos enseguida a cumplir la misión de evacuar a la población civil.

Después que se hizo todo eso, volvimos a reunirnos y el camarada distribuyó el plan con el que se iba a hacer resistencia. Asignó a los caminos posibles por los que el ejército iría a entrar los grupos. Por ejemplo, para el Puerto asignó a Abanico con cinco compañeros; por el camino rial de Salvador a San Miguel, asignó a Miguel Pascuas con ocho compañeros y por la Suiza me nombró a mí y a Darío Lozano, jefe con ocho compañeros también.

Así es como el primer combate que se libra el 27 de mayo de 1964, lo hicimos nosotros. Yo era el que estaba allí comandando el grupito y fui el que disparé el primer tiro ese día, a las 9:15 de la mañana, con el fusil que yo portaba.

Ese fue el inicio de los combates allá. Nosotros peleamos ese rato allí y después de unas horas nos cambiamos de sitio, al otro lado del río San Pedro, y a las 4:30 de la tarde, llegó Isaías, que Isaías había sido nombrado cuando se nombró el secretariado para la resistencia, comandante operativo que movía a la gente para un lado y para el otro. El secretariado fue conformado por los camaradas Marulanda, Isauro Yosa, Jacobo Arenas, Hernando González, los cuatro nombrados para la resistencia, se nombró, repito, a Isaías comandante operativo, que movía la gente para un lado y otro.

Él no estaba en el momento del combate, él estaba por los lados de Peña Rica, pero se dio cuenta y llegó a las 4:30 de la tarde donde estábamos nosotros, pero ya nosotros habíamos cambiado de sitio.

Con él bajaba Luis González, bajaba Luis Salgado, que fue el primero que nos mataron, bajaba Joselo y bajaba Paso Lento, que era el grupo que andaba con Isaías. Por eso, Joselo no estuvo en el combate, pero en un discurso que Jacobo Arenas dio, todo emocionado, dice: “Que el combate que dirigió Joselo en la Suiza”, y así se ha quedado. Todo el mundo habla de que fue Joselo el que dirigió el combate y no es cierto eso.

Además, por ese tiempo Joselo estaba sancionado, no tenía ningún cargo de responsabilidad, no era miembro todavía de la dirección de Marquetalia. La sanción era por fallas, errores, que cometía cuando se emborrachaba, era muy borracho. En ese tiempo estaba sancionado por eso.

Los que hicimos la pelea por ese lado, ya Isaías se vincula, los diez que habíamos ahí y cinco con Isaías, éramos quince, quince hicimos la pelea hasta que tomaron a Marquetalia.

- Mientras tanto el camarada Manuel Marulanda Vélez, ¿Para dónde se había desplazado?

Él estaba en la zona, dirigiendo, planeando, planificando. Para dónde tiene que moverse uno, para dónde tiene que moverse el otro. Él se movía también, dirigiendo el asunto. Era el trabajo de él.

- ¿Cómo era la región en esa época? ¿Ya habían fincas o todavía era muy montañoso?

Bueno, cuando yo le cuento que tuvimos mes y medio, la primera vez que fuimos, que conocí yo el Támaro en 1950, era selva. Por eso Charro Negro de pronto eligió ese sitio de Marquetalia para el comando. Pero en el momento de la operación Marquetalia, nosotros habíamos desmontado mucho ya eso, porque ahí nos quedamos un grupo, cuando la pacificación del Frente Nacional, nos quedamos un grupo trabajando y se hicieron muchas fincas buenas.

Por ejemplo, los González eran los dueños de Peña Rica, cuando la operación, Peña Rica era una finca muy bonita, trabajo de ellos, trabajo de los cinco hermanos, y así sucesivamente.

Otro como Isaías y su hermano, tumbaron selva e hicieron muy buena finca. Isauro Yosa, en el propio Marquetalia, buena finca también. Ya no era mucho la selva, claro, sí había pero no tanto como decía José Joaquín Matallana.

- ¿Matallana estuvo  presente en esta Operación Marquetalia?

Sí Matallana estuvo. El gobierno tenía tanta ilusión que Matallana era el que nos iba a acabar a nosotros, como acabó con los bandoleros en el norte del Tolima, con Desquite, Sangrenegra, etc. Porque fue Matallana el que los acabó. Llegó un momento en que lo metieron para el sur del Tolima, pero el gobierno no se daba cuenta que en el norte del Tolima habían era bandoleros y en Marquetalia era un núcleo organizado con militantes comunistas, con una moral altísima para resistir. Por eso no pudo. No pudo hacer lo quería.
- ¿Cómo fueron las relaciones entre ese movimiento móvil guerrillero y la comunidad de la región?

Pues le quiero decir lo siguiente: Cuando nosotros quedamos móviles, el ejército recogió a todo el mundo del campo, de sus fincas a los pueblitos. A los indígenas Paeces de la región los ubicó al pie del cementerio de Gaitania y no los dejaba salir. Mató a unos indígenas que caprichosa y desesperadamente se salían de noche para irse, y el ejército los mató.

Entonces, no había relación con nadie porque no había con quien. El campo quedó desolado, solo, solo.

- Quisiera conocer un poco la vida de Charro Negro. Tengo entendido que en ese entonces su liderazgo estaba por encima del liderazgo del comandante Manuel Marulanda Vélez. ¿Cuál es su opinión?

Muy sencillo. Charro Negro lo asignaron desde el Davis jefe de la comisión. Él salió con nosotros, después el camarada Marulanda, después del 13 de junio, de tanta cosa que hubo, se vinculó allí con el grupo que él traía y crearon una sola comisión, pero el jefe siempre era Charro Negro.

Charro era de la resistencia de las cuatro dictaduras: Mariano Ospina Pérez, Laureano Gómez, Urdaneta Arbeláez y Gustavo Rojas Pinilla, que termina en 1957. Charro Negro alcanzó el grado de Coronel. Cuando eso se copiaba los grados militares. El camarada Marulanda era Mayor, lo mismo que Ciro Trujillo.

Entre ellos no había ninguna diferencia. No he conocido otra gente que se trate y se entienda también como ellos dos. Ellos eran como un par de hermanos. La única diferencia era que Charro era más bien para la parte política y en cambio el camarada Marulanda era lo militar. Siempre era a emboscar el ejército y a pelear.

Ahora, sobre Charro: Era un hombre de varias características, pero ante todo muy fraternal, muy fraternal y también muy respetuoso. Sí le gustaba tomar licor, le gustaba bailar. Él le organizaba un baile en cualquier lugar, así fuera en el filo de una peinilla, pero organizaba un baile.

No se le pasaba un 20 de julio, un San Juan, un San Pedro, una navidad, sin armar una fiesta donde estuviera. Era alegre, muy dinámico. Y una forma de tratar a su gente muy bien, trataba a la gente muy bien. Ese era Charro.

- ¿Era negro?

Sí, era morenito, un poquito trigueño. Mejor dicho: El clásico Pijao, porque él era de la cuna de los Pijao, era oriundo de Natagaima (Tolima), su padre había fundado una finca arriba en Horizonte, entre Herrera y el Río Cambrín. Allá, mantenían trabajando todos. Era de origen Pijao.

- ¿Cómo murió el camarada Charro Negro?

A Charro lo mataron los liberales limpios cumpliendo un plan de la oligarquía colombiana. Es la primera víctima de importancia para el Frente Nacional y la primera víctima de importancia de pérdida para nosotros.

En un plan conjunto del gobierno liberal de Alberto Lleras Camargo y los liberales limpios de Mariachi, llegaron un lunes a Gaitania, lo encontraron y lo mataron. Eso hacía parte del plan del Frente Nacional.

Porque el Frente Nacional se creó con un plan secreto para ponerlo en práctica contra las organizaciones. Es el temor que me da  a mí ahora, porque se parece mucho.

- ¿Cómo fueron los hechos del asesinato del camarada Charro Negro?

En primer lugar, por ser Comunista, porque el sectarismo de los “mariachistas” era muy grande y la asesoría de los dirigentes liberales y conservadores, muy grande también, que no querían en esa época, como no quieren ahora que hayan Comunistas y Guerrilla en Colombia. No nos podemos equivocar: Ahora está lo mismo.

Siempre es una orientación, que la escriben y la aprueban, ¿Dónde? Allá, en el Pentágono yanqui de los Estados Unidos. De allá sale esa orientación para el gobierno colombiano.

Los gringos no quieren paz. Ellos dicen: “Si hay paz, se nos acaba la plaza de venta de armas que se está fabricando”. Necesita que hayan los conflictos, que hayan las guerras, que hayan las invasiones, para eso. Aún están armando gobiernos que no tienen guerra, que no tienen nada y les está vendiendo por millones de dólares en armas. Esa es la política norteamericana.

En Colombia hemos sido víctimas de esa política norteamericana por varias ocasiones y la muerte de Charro Negro, hace parte de eso, que era en cumplimiento del primer punto que tenía el Frente Nacional contra el movimiento Revolucionario.

- ¿En qué año mataron al camarada Charro Negro?

A Charro lo matan el 11 de enero de 1960 en Gaitania.

- ¿Cuáles fueron las consecuencias inmediatas que generó el abominable magnicidio del camarada Charro Negro?

Las consecuencias fueron las que hasta ahora no se han resuelto. Ya le dije: Es el primer muerto de ese plan.

Cuando sucede eso, nosotros nos encontramos con el camarada Manuel, él salió ahí cerquita a Gaitania al Jordán y yo llegué también ahí, en eso salió Isauro Yosa, ahí nos reunimos los tres. Se acordó en esa reunión salir a poner en conocimiento a la autoridad lo ocurrido.

Se nombró al camarada Marulanda. Él salió a Neiva, fue a Ibagué. Habló con los mandos del ejército, alcaldes, los curas, en las dos ciudades. Y en los dos lugares la respuesta fue: “El único que puede resolver eso y mediar es el ejército. El ejército va para allá”.

Y entró el ejército. ¿Cómo entró el ejército? Con un guía nuestro, Mariachi estaba aquí, llegaba el ejército, inmediatamente Mariachi se iba retirando con su gente para otra parte sin problema alguno.

El comandante del batallón Tenerife, el coronel Charry, volaba de aquí donde estaba el ejército en el helicóptero y caía donde iba Mariachi, en una coordinación muy bien hecha, que demostraba para nosotros que eso era un plan.

Así, nosotros volvimos a salir a Gaitania estando el ejército ahí. Pero el ejército empezó a reducirnos el espacio para movernos, empezó a prohibirnos la parte política, no podíamos intervenir en ninguna organización, ni siquiera en las que había existentes en los campesinos.

Cuando eso ocurre, el camarada Marulanda dijo: “No salimos más a Gaitania”. Cuando dejamos de salir nosotros a Gaitania, el ejército aplicó otras medidas.

Le voy a contar lo que hizo posible de que el camarada dijera no más a Gaitania. Estando el ejército allí, como a los doce días, nosotros salíamos a reunirnos con los campesinos cerca de Gaitania. Digo nosotros porque era él y yo que lo acompañaba.

Un día salíamos para la reunión y nos vieron pasando la plaza y ahí mismo salió el mayor Torres y llamó al camarada Marulanda que esperara que el coronel quería hablar con él. El coronel vino, no saludó, sino que se dirigió directamente al camarada y le dijo: “Manuel, tengo conocimiento de que estás haciendo unas reuniones y debes saber que el ejército está aquí y es la autoridad; nadie más puede decir sobre cosas que el ejército. Es para que suspenda ese tipo de reuniones”. El camarada Marulanda, le dijo: “Coronel, yo no puedo suspender esas reuniones, porque son los mismos campesinos que me piden que les explique qué va a pasar. Mataron a Charro, un dirigente que estaba haciendo tantas cosas aquí para la ciudadanía y vino el ejército, está aquí en el pueblo, suben los de Planadas los que atacaron aquí con armas al cinto, se meten a las cantinas, toman aguardiente, humillan a la gente y el ejército no ve nada. Está aquí y no ve nada. La gente pregunta: ¿Qué va a pasar?”.

Vuelve y le dice el coronel: “Mire Manuel, yo lo que le estoy es advirtiendo, que se dé cuenta que esas reuniones son subversivas y usted no puede seguir haciendo eso. Si continúa haciendo eso, el ejército se ve obligado a ponerlo preso en la cárcel”. Salió y se fue.

Desde ese momento, dese cuenta, semejante amenaza. Eso era lo que ellos querían. Nosotros seguimos a la reunión y a las dos o tres cuadras, el camarada me dice: “Jaime, se acabó la salida de nosotros a Gaitania, las intenciones que tiene esta gente contra nosotros son negras, nos quieren joder y nosotros tenemos el deber de no dejarnos. Quiere que no haga reuniones y nosotros en este país tenemos que hacer millones de reuniones con campesinos, con todo el mundo, para preparar la toma del poder. Así es que no más a Gaitania”. No volvimos a salir.

Después, otra medida que toman es emboscarse en los entronques de los caminos; salían de noche y se emboscaban a haber quién de nosotros bajaba para capturarnos, porque sí tenían la intención de ponernos presos o matarnos. Y siguió la situación así agravándose cada día más. Instalaban morteros en lugares dominantes y bombardeaban por allá cerca de las casas, el camino que venía de Marquetalia.

Hasta que al fin y al cabo, ya en 1962, resolvieron fue subir el grupo que ya le dije, los cinco mil soldados hasta San Miguel.

Vuelvo a repetirle: Eso era un plan del gobierno nacional, matar a los principales dirigentes físicamente, era el plan del Frente Nacional. Así que el ejército ocupara con pretextos las zonas que habían abandonado, una vez ocupadas las zonas que había abandonado, entonces comenzar a preparar condiciones para la toma de Marquetalia. En eso aplicaban acción cívico – militar, aplicaban todo, tratando de ganar a la gente, tratando de ganarse a los indígenas, les regalaban azadones viejos, machetes viejos, peluqueaban gratis, sacaban muelas gratis, brigadas de salud, teatro, payasos. Todo eso lo hicieron con tal de conseguir adeptos.

Mientras tanto, estaban preparando todo para la toma de Marquetalia. Realizaron un censo de la población de cada familia campesina de cada casa, anotando: Cuántas reses tenía, cuántos cerdos, cuántas gallinas. Todo eso lo hicieron, previendo todo eso para el futuro, porque si en el futuro aparecía una res en una finca de las que habían censado que no tenía la referencia, ni la marca que figuraba allí, esa res era considerada de la guerrilla, la cogía el ejército y se la comía. Al fin y al cabo se comió todo. El ejército se comió todo lo que nosotros habíamos trabajado.

- Si el comandante Marulanda ordenó no volver a Gaitania, entonces, ¿A dónde salían?

A ninguna parte. Nosotros no volvimos a salir a ninguna parte. Comenzamos luego a mandar a las mujeres a hacer el mercado para la semana. Ellas iban y compraban y salían. Por cierto, en una de esas, casi matan a un poco, porque fue el tiempo en que el ejército en Gaitania organizó un grupo paramilitar al mando de Alirio Salcedo, que subía e incursionaba, atacaba casas, mató indígenas y el último día de un ataque, atacó la casa de Darío Lozano, en San Miguel y hasta ahí habían subido el domingo las mujeres, que iban con la provisión para sus casas.

No las mataron porque Lozano había hecho una cajuela y salía lejos de la casa. Cuando sintieron el ataque, todos se fueron por ahí. Por eso no las mataron, pero quemaron la casa y quemaron todo, ese grupo de paramilitares. Dese cuenta todo lo que hacían contra nosotros y nadie veía nada, ni nadie se acordaba de que también éramos humanos.

- Es decir, esa política paramilitar del estado colombiano no es nada nuevo, ya en esa época se implementaba para atemorizar y atajar la inconformidad del pueblo. ¿Verdad?

Le diría que también es un tema largo para hablarlo, porque a mi juicio eso es heredado de los españoles, de los españoles de 1.492. Cuando los conquistadores toman la sabana de Bogotá, la sabana de Tunja (Boyacá) y otras regiones, los jefes conquistadores comenzaron a distribuirse las tierras con bienes, indios y todo. Eran dueños de todo. El oro que había todo lo cogieron. Cuando vieron que los indios querían oponerse a eso, entonces trajeron de España bandoleros, delincuentes y formaron los grupos que se encargaban de poner el orden, según ellos. Eran españoles civiles, que le pusieron un jefe que se llamaba el Mayoral y era el que obligaba a los indios a trabajar, era el que cuando ordenaban un castigo, les daba látigo a los indios, los metía al cepo, hacía de todo. El indio que se jugaba para el monte lo perseguían con los perros, los cuales lo devoraban y todo.

Ese grupo, de esa época, era paramilitar. Esa herencia quedó hasta este tiempo; que ahora se perfeccionó es otra cosa. Ahora también como en aquella época, dependía de los jefes conquistadores, ahora depende de la oligarquía que domina al país.

Esos mismos paramilitares, fueron los que mataron al cacique el Zipa y el Zaque, esos mismos mataron la cacique Gaitana, esos mismos atentaron contra Simón Bolívar, esos enruanados que entraron a buscar a Bolívar eran para matarlo, eran paramilitares, no era militares. Los que mataron al general Rafael Uribe Uribe, los que mataron a Jorge Eliécer Gaitán, también eran paramilitares. No los dejaron vivo para no dejar el rastro, pero eran paramilitares. Ahora que los perfeccionaron. Eso es heredado de los españoles.

- ¿Cómo fueron las relaciones del naciente movimiento guerrillero con los indígenas Paeces de Marquetalia y su entorno?

No sé de qué etapa habla usted del movimiento guerrillero.

- La etapa naciente…

La etapa naciente es de 1949, cuando eso las relaciones eran muy buenas porque también eran perseguidos y fueron muchos los indígenas que mataron la policía, el ejército y los pájaros (paramilitares).

Ya en 1964, sobre todo con el grupo de Paeces de Gaitania fue un poco dura porque como le he dicho, el ejército los preparó muchísimo. Y resultó gente que se oponía a la lucha y nos perseguía y hacía de todo. Pero, eso fue mejorando hasta que se mejoró.

- ¿Cómo fueron ustedes a dar a Riochiquito, El Pato y El Guayabero?

Bueno, es que como hemos venido saltando la historia…Cuando se desmovilizó el Davis, que solamente quedó allá una compañía al mando del capitán Llanero, 75 hombres, esos 75 hombres, el ejército y los liberales limpios los mataron a todos, y en el Tolima, en el sur, se despertó una epidemia de odio contra los comunistas promovida por los liberales limpios que andaban por todas partes buscando comunistas para matarlos.

La guerrilla dirigida por los comunistas salió del sur del Tolima, toda se fue para Villarrica, oriente del Tolima. No quedamos sino nosotros, un grupo de 30, con los camaradas Charro Negro y Marulanda: 26 varones y cuatro mujeres.

En medio de esa situación, que nos perseguía el ejército, nos perseguía la policía, los conservadores armados, los pájaros y nos perseguían los limpios, cuatro fuerzas persiguiéndonos, eso fue en 1953, finalizando este año, decidimos irnos del Tolima y cogimos esas cuestas del Huila y fue entrar a este territorio en Santamaría y fue peleando con los pájaros, la policía y el ejército.

Pero, esos 26 varones y cuatro mujeres, ya faltando como cuatro varones que habían sido matados, fuimos los que llegamos a Riochiquito y comenzamos a hablar con los indígenas. Al comienzo no nos aceptaban, pero después nos fueron aceptando y se fundó el comando de Riochiquito, el campamento de Riochiquito.

De ahí, nos desplazábamos a la Síngula, de ahí nos desplazábamos a Mosoco, a Victocoila, la Troja, arriba al páramo de Moras y por ahí mismo íbamos a Jambaló, Pitayó. Fuimos nosotros, ese grupo pequeño que hicimos todo eso.

- ¿Qué recuerda ahora usted de esas travesías tan extenuantes y difíciles?

Hay muchos recuerdos, pero en este momento no es tan importante, lo único es que como yo todavía en esa época era un adolescente, uno pequeño en esas cosas, sufre mucho. El paso de un río crecido, el paso de un puente, de un cable. Buenas cosas que dificultan. Pero bueno, eso se resolvió.

- ¿Cuántas veces vio usted la muerte cerca?

Eso sí fueron muchas veces, muchas veces, porque cada que uno se enfrenta al enemigo, va enfrentando la muerte, porque el que viene, viene dispuesto a matar, que era lo que el camarada Marulanda decía en instrucción: “No disparen un tiro mientras no tengan bien enfocado el blanco, porque cuando usted dispare tiene que darle al blanco, para que el enemigo salga de combate, sino el que viene sí le tira a usted y te mata”. Entonces tocaba que tener mucho cuidado en eso. Muchas veces, pero eso va pasando y se va olvidando.

- ¿Algunas en especial?

No.

- ¿Cómo se preparaba un combate, una acción militar?

Eso corresponde a la parte militar. Depende del combate. Si es una emboscada hay que analizar muy bien el sitio de la emboscada. Que los guerrilleros queden viendo todo el terreno, lo que no ve uno, lo ve el otro, pero que dominen totalmente cuando el enemigo se repliegue o se trate de replegar, los guerrilleros tienen que quedar viendo dónde se mete cada uno del enemigo.

Pero, si es por ejemplo, un asalto ya es diferente, porque hay que analizar por donde se puede salir el enemigo, de donde le pueden disparar y todo. Eso se mira desde el campo de los acontecimientos.

- ¿Cómo se autodefine usted: Fue más militar, más político o combinó ambas cosas?

Bueno, hasta donde se pudo hubo una combinación, porque eso sí lo repetían los jefes mucho: Todos debían tener cierto conocimiento político para poder estudiar la situación. En el aspecto militar lo mismo. Entonces, es una combinación que tiene que ir pareja, no para ese tiempo, para ahora también. La guerrilla de ahora debiera de actuar así: En forma militar y política.

- ¿A cuántas conferencias guerrilleras usted asistió como delegado?

En la década del 50, asistí a varias. La última conferencia que asistí fue en 1958. Pero como ahí terminó la lucha armada por esa época, en el 58 con el Frente Nacional, entonces, ya en 1964 se abre como se dice una nueva etapa. Se dio la primera conferencia del Bloque Sur, yo no asistí. No asistimos porque la mayoría de los marquetalíanos habíamos salido en guerrilla móvil hacia los lados de Gaitania y todo eso, que fue cuando mataron a Isaías Pardo y me hirieron a mí en el brazo izquierdo.

En la segunda conferencia, sí estuve; tercera conferencia, también; cuarta conferencia, también estuve, también participé como miembro de Estado Mayor; la quinta conferencia, ya no pude asistir, porque estaba preso; yo caí preso en una tarea de civil y cuando la quinta conferencia se realiza yo estaba preso.

La sexta conferencia, tampoco había salido de la cárcel; a la séptima conferencia, tampoco asistí, porque me habían asignado apoyar el segundo frente del Caquetá y estaba por allá en Paujil, Caquetá. Las otras no, ya ninguna de las otras.

- ¿Qué conferencia lo nombra a usted segundo al mando, después del camarada Manuel Marulanda Vélez?

Eso fue en la séptima conferencia, que como le digo yo no estaba, yo estaba apoyando el segundo frente y en ausencia me nombraron al secretariado, secretariado que en esa conferencia nombró a cinco: Jacobo Arenas, el camarada Manuel Marulanda Vélez, Alfonso Cano, Raúl Reyes y yo. Pero, yo estaba por allá. Me dijeron que tenía que trasladarme al sitio, yo me trasladé. Fue en la séptima conferencia.

- ¿Cuánto tiempo duró usted con esta responsabilidad?

No, muy poco, porque eso fue en 1982 hasta 1986 no más. En 1986 ya yo me sentí bastante enfermo y en eso me asignaron una tarea para salir y al poco tiempo ya, nombraron un reemplazo.

- ¿Cuántas veces fue herido usted?

Una vez nada más.

- ¿Cómo sucedieron los hechos?

Eso fue en una pelea que se realizó muy complicada y el enemigo muy cerca de nosotros, y se realizó esa pelea y en esa pelea muere Isaías Pardo, Lozano que era el secretario de finanzas, lo hiere también una pierna y a mí me hieren este brazo. No estábamos sino los tres, en ese momento no estábamos sino los tres, la otra gente iba andando.

- ¿Eso fue en dónde y cuándo?

Eso fue el 8 de septiembre de 1964. Allá, en la cordillera de Canoas, frente casi a Gaitania.

- Usted fue detenido, fue puesto preso. ¿Cómo fue la captura? ¿En dónde fue?

Muy fácil: En Cali. Yo de civil iba en un bus y el bus fue interceptado por el B2, porque yo estaba sapiado, ya me habían sapiado y el operativo estaba tras de mí, y preciso ahí me detuvieron.

- ¿Qué misión iba a cumplir usted?

Bueno, eso sí es una misión que me había encomendado el camarada Marulanda, que no se puede decir todavía.

- Ok. ¿Qué pasó? ¿Cómo recibió usted esta nueva realidad?

Mire que eso es muy triste, que solamente entendí que estaba preso cuando me pusieron las esposas. A las 11:30 de la noche después de discutir con Landazábal Reyes, comandante de la tercera brigada de Cali, Landazábal comprobó con la herida mía, todas esas cosas y los sapos que estaban por ahí y me dijo: “Este es el preciso que buscábamos”. Así de frente me lo dijo. Y me dice: “¿Usted no sabía que a cada marrano gordo le llega su San Juan? Aquí paró tu carrera”. Le dije: “Pues vamos a ver si es cierto, mi general”. Y le ordenó a un coronel: “Póngale las argollas”. Y las argollas eran las esposas. Cuando yo sentí el frío del hierro en mis brazos, me dije: “Ahora sí estoy preso”.

De ahí, me llevaron a la pieza de “amansa locos” del batallón Pichincha. Allá, me tuvieron tres meses, siete días, recibiendo todo tipo de torturas. Allá, me dañaron la columna, me hicieron muchas cosas.

Luego de ahí, a la cárcel y de la cárcel una peregrinación por la cárcel de Palmira, la Gorgona, Popayán, Chaparral, Cali. En todas esas cárceles me tuvieron.

- ¿Cuánto tiempo duró usted detenido?

Cinco años y pico.

- ¿Cómo fue posible su excarcelación?

En primer lugar por la detención en Cali, el delito fue calificado de rebelión, porque cuando yo caigo preso el país estaba en Estado de Sitio, entonces automáticamente el Juez de Primera Instancia, era el jefe de la tercera brigada, el general que me acusaba de todo.

Me hicieron un consejo de guerra condenándome a 15 años más uno por peligrosidad. Pero, el país en tiempos de Alfonso López Miquelsen, levanta el Estado de Sitio, automáticamente todas esas condenas pierden vigencia, entonces pasó al Tribunal Superior de Bogotá y el Tribunal Superior de Bogotá, lo envió al Tribunal de Cali y el Tribunal de Cali, dijo: “Esto no es asociación para delinquir y otra cosa, sino rebelión. Con el tiempo que hace que está preso, ya pagó la rebelión”. Entonces pasó al Juzgado Tercero Superior y el Juzgado Tercero Superior, dijo: “Póngase en libertad condicional”. Pero, esa libertad condicional, no me la dieron porque se pagó la fianza y entonces me llevaron para la Gorgona, porque tenía una condena como reo ausente de 20 años de presidio y me llevaron a la Gorgona. Allá, estuve 28 meses.

Por mucha fuerza que hicieron los abogados y yo mismo desde allá, cuando Alberto Santofimio Botero era ministro de Justicia, yo personalmente le entregué un memorial escrito por mí, pidiéndole el traslado al Tolima, para aclarar mi situación.

Al fin y al cabo con todo lo que se hizo, me trasladaron otra vez al país. Y de Cali a Popayán y de Popayán a Chaparral. Cuando me llevan a Chaparral, la primera cita con el Juez, me pregunta el nombre y apellido. Y yo le doy el nombre y apellido concreto mío. Dice: “Pero, aquí figura la condena a Jaime Guaraca. ¿Usted conoce a Jaime Guaraca?” Le dije: “No”. “¿Usted es Jaime Guaraca?” “No”. “Mi nombre es este”. Me dice: “Entonces, ¿Qué hace aquí?” “Esa es la pregunta mía”, le dije.

Con todo eso llamo al abogado, al doctor Humberto Oviedo y le cuento eso y le dije: “Hay una posibilidad. Pida un duplicado de la cédula a la registraduría y con la cédula usted presente un documento de libertad. Eso lo hizo y salí en libertad por eso, porque la condena no estaba a mi nombre, sino al otro nombre que no era el mío. Salí en libertad por eso. No recuerdo la fecha.

- ¿Recuerda quiénes lo acompañaron cuando salió?

El mismo doctor Humberto Oviedo, él tenía una camioneta cerca de la plaza de Chaparral y ahí había dos compañeros civiles, el chofer y otro, y él me recibió saliendo de la cárcel y subimos de la cárcel que era por allá, en un hueco, pero no salimos a la plaza, sino que saliendo a la plaza los dos nos extraviamos y fuimos a la camioneta. Nos subimos a la camioneta y arrancamos de una vez y él le dijo al chofer: “Tiene que meterle duro porque antes de las seis de la tarde, tenemos que pasar Espinal. La orden que tiene el batallón Caicedo es que a las seis de la tarde, taponan todas las salidas y entradas para recapturarlo. Entonces, hay que salir de rápido”. Salimos.

- ¿Para dónde salió?

Primero salí a Ibagué. Allá, me quedé y al otro día me fui para Bogotá.

- ¿En dónde se quedó en Ibagué?

Bueno, no conozco a Ibagué, no sé decirle a dónde.

- ¿Salió entonces para Bogotá y no volvió a la lucha armada?

Pues claro, a los cinco días estaba en el campamento de Jacobo Arenas. ¿No ve que allá era mi puesto? A los cinco días estaba en el campamento donde estaba Jacobo Arenas, y como a los 15 días, me encontré con el camarada Marulanda.

- ¿Cómo fue ese reencuentro con el camarada Manuel Marulanda Vélez?

Pues muy bueno porque él llegó a una reunión del Secretariado ahí donde Jacobo, tuvieron reunidos todo un día y al otro día me dijo: “Vámonos para donde yo estoy, para el campamento”. Yo me fui con él. Ese día llegamos muy por la tarde, pero al otro día ordenó preparar un almuerzo como con siete gallinas. Un almuerzo muy bien hecho, unas botellas de whisky, arreglada una mesa grande ahí sirvieron. Él mismo dijo estas palabras: “Aquí no se trata de discursos, se trata de un homenaje a Jaime por el buen comportamiento que ha tenido en la cárcel y porque sigue siendo un revolucionario. Por eso es este almuerzo”. Fue todo lo que él dijo. Pero muy bueno todo. 

- ¿Usted fue guerrillero activo hasta qué año?

Hasta el año de 1985. En 1982, realizamos el último combate en San Vicente del Caguán, en la vereda Ochontal, le creamos como 25 muertos al ejército.

De ahí, tomé una subametralladora marca MP5, muy fina, que fue la que porté hasta que cuando ya me asignaron  salir, se la entregué al camarada Marulanda.

- ¿Qué sintió al entregar sus pertrechos diciéndole adiós a las armas?

Pues uno se encariña de un arma que en realidad siente como nostalgia saber que esa arma no estará más en nuestras manos.

- Se traslada a Cuba. ¿Cómo ha sido este paso, esta nueva realidad suya?

Yo no llego a Cuba desde un comienzo. Yo salí con una tarea y la tarea encomendada permitía que fuera a Nicaragua. Yo duré un año en Nicaragua, a ver si realizaba la tarea. Y en un paso por Cuba, los cubanos me hacen ver del médico y me ofrecen el tratamiento. Yo comunico a la dirección y la dirección determina que acepte el tratamiento y que venía el relevo para mí.

- ¿Quién fue su relevo?

El relevo mío fue el que hoy es Ricardo Téllez.

Tercera y última entrega

Situación actual

- Hablemos un poco del momento político que está viviendo el país y el continente latinoamericano. Se hace el proceso de paz entre las Farc – Ep y el gobierno. En términos generales, ¿Cómo analiza usted este proceso?

En primer lugar, yo no conocí mucho de las discusiones en la mesa de diálogo. No participé. Ni a mí me preguntó nadie nada de eso. En segundo lugar, yo creo que en realidad es otro momento histórico de Colombia, como los que han ocurrido anteriormente, porque no es la primera vez que se firma por ejemplo un documento tan grande, también discutido, tan bien elaborado donde participaron los compañeros activamente en él.

Pero, ahí sí como se dice: Tiene sus peros. Ese documento tan amplio no se ha empezado, por parte del gobierno, por parte del sistema no se ha empezado a resolver, ni a cumplir. Digo a cumplir porque yo miro por ejemplo la historia del pasado, como dice otra gente: La memoria histórica.

Y me doy cuenta que yo conozco y he vivido cuatro ley de amnistía del 48 hacia acá. Y que casi todas tienen el mismo objetivo y tienen un mismo parecido. Ahora se firma una ley de amnistía en todos esos documentos y fíjese usted que todavía no se ha cumplido.

Se convirtió en ley en diciembre de 2016, firmada por el presidente de la república, publicada en la Gaceta Oficial y no se ha cumplido. La ley de amnistía cuando se da es para que salga todos los presos prisioneros de guerra y presos políticos, salgan de las cárceles. Con esa finalidad se da la ley de amnistía, pero en Colombia, el presidente Santos y compañía, no quieren hacer eso, no quieren cumplir como no han cumplido con muchos acuerdos desde que él es presidente. ¿Por qué? Porque es una característica de Colombia y de los presidentes de Colombia: Prometen una cosa y prometen la otra y no cumplen.

Entonces, ¿Qué ocurre? La primera ley de amnistía que yo conocí y que está en la historia que se piensa olvidar por mucha gente, comenzando por la gente que repite 53 años de violencia, 53 años de enfrentamiento. Es que no son 53, son más, porque eso empezó en el 49 muy seriamente.

Comenzando con eso, comienza a negar una realidad colombiana, pero la historia la registra. La ley de amnistía primera que se da en Colombia fue la que decretó Gustavo Rojas Pinilla cuando tomó el poder, cuando sacó a Urdaneta Arbeláez del poder y dijo aquí mando yo, 1953.

Para todo el mundo fue la ley de amnistía, para todos los alzados en armas. ¿Cuál era el objetivo que se buscaba con eso? El objetivo siempre ha sido desmovilizar y desarmar la guerrilla. En aquella época había una guerrilla muy grande en el país, pero sobre todo liberal, pero era una guerrilla y estaba haciendo cosas importantes, pero Rojas Pinilla, un hombre hábil nombró inmediatamente emisarios a hablar con las guerrillas. Por ejemplo: A los llanos donde Guadalupe Salcedo, mandó al general Duarte Blum a hablar con Guadalupe Salcedo y su gente y convencerlos de que entregaran las armas porque había una pacificación en el país.

Y los convencieron.  En fila india, como se dice, casi más de tres mil guerrilleros que tenía Guadalupe Salcedo, pasaron por el frente del general Duarte Blum dejando su arma allí, entregándola y con ello se entregaban.

La pacificación la quiso aprovechar Guadalupe Salcedo y salió a Bogotá y ahí lo mataron enseguida. Eso ocurrió con la guerrilla del Medio Magdalena dirigida por Rafael Rangel Gómez. También entregó las armas y se entregó, se fue a Barranquilla y lo mataron en plena calle. Eso ocurrió con la guerrilla de Urrao (Antioquia) al mando de Juan de Jesús Franco, que también entregó todo, se salió a Medellín y ahí lo mataron.

No sucedió con las guerrillas del sur, porque con ellas tenían otro propósito. Lo que indica que el objetivo de esa ley de amnistía de Rojas Pinilla era acabar con las guerrillas de ese tiempo. Y la acabaron. Las guerrillas liberales no resurgieron nunca un hombre en armas.

De modo que muertos hubo muchos, con respecto a eso, confiados en la paz y en la tranquilidad salían a las ciudades y ahí los mataban.

Bueno, lo del sur ya estaba un poco descrito que fue lo que aconteció con las guerrillas liberales, que pactaron con el gobierno para perseguir a los comunistas y se convirtieron después en paramilitares: Gerardo Loaiza, Leopoldo García, después Mariachi, que se desertó de las guerrillas comunistas, se fue para allá, Efraín González, Arboleda, también, se convirtieron en paramilitares.

De modo que entonces ese objetivo que se buscaba con la ley de amnistía de Rojas Pinilla, lo cumplieron: Desmovilizaron la guerrilla liberal y mataron a un poco de gente, entre ellos a los principales dirigentes.

La otra ley de amnistía se da con el Frente Nacional. También el objetivo era ese: Apaciguar el país y comenzar lentamente penetrando en las zonas donde están los asentamientos guerrilleros para eliminar a los principales dirigentes. Así mataron a Charro Negro y otros como Alirio Saavedra y muchos ex guerrilleros, porque en esa vez fuimos amnistiados todos.

El objetivo también era el mismo del 13 de junio de 1953. De modo que esa ley de amnistía ha servido para eso. Y el comienzo de lo que hasta ahora no se ha resuelto del todo con la mancha de Charro Negro, porque ahí comenzó el problema para llegar hasta nuestros días.

Luego se presenta la otra ley de amnistía, que fue la de Belisario Betancur. Quería también hacer lo mismo, que nos desmovilizáramos y que entregáramos armas y cuando eso el propio camarada Marulanda al conocer la ley de amnistía, dijo: “Nosotros no nos podemos acoger a esta ley de amnistía porque le dejaron unos micos colgando. Pero sí la podemos utilizar como un instrumento de movilización de opinión de masas”.

Y, comenzamos a trabajar en torno a la posibilidad de crear un movimiento político y fue así como se creó la Unión Patriótica.

Pero en resumidas cuentas, ¿Cuál fue el resultado de eso? Las Farc sí envió compañeros a trabajar para la formación de la Unión Patriótica y se formó un gran movimiento con mucho entusiasmo y mucha esperanza, pero le aplicaron lo que se conoció después como la guerra sucia y murieron más de cinco mil dirigentes nacionales, regionales, militantes y simpatizantes del Partido Comunista y la Unión Patriótica.

Esos han sido los resultados de esa ley de amnistía y ahora conozco esta que firmaron, pero ya lo dije: Desde diciembre del año pasado (2016) convertida en ley y no ha dado el resultado que tiene que dar. Además, se le puede agregar otras cosas: Algunos que han sido favorecidos y le han dado libertad al salir de la cárcel, los han matado.

Entonces, este momento para muchos, si alguno de nosotros nos preocupa demasiado, el hecho de que las Farc tan pronto empezaron a discutir en las conversaciones propuso y aprobó un decreto de cese unilateral del fuego; desde ese momento las Farc silenciaron las armas, el gobierno no quería hacer eso. A última hora aceptó el cese bilateral de fuego con fines de silenciar las armas, pero el Estado Colombiano hay que decir y reconocer sinceramente: No ha silenciado las armas. Siguen habiendo muertos en Cauca, en el Tolima, en Antioquia, en Villavicencio, en muchos lugares muertes de líderes campesinos, ambientalistas, de derechos humanos con un argumento y con otro, pero es gente del Estado que está matando a esa gente, porque el paramilitarismo así Juan Manuel Santos y la canciller Holguín no lo quieran reconocer como otra gente, que están los paramilitares, pero los paramilitares siguen ahí, lo mismo que antes: Bien armados, uniformados con cara tiznada haciendo cosas.

Eso es del Estado. Yo me pregunto: “¿Por qué no silencian las armas, si Juan Manuel Santos es el presidente? ¿Por qué no adopta una medida de acabar con esa masacre?”

Ahora, como muestra un botón de que el Estado no ha silenciado las armas: Esos nueve campesinos asesinados y no sé cuántos heridos en Nariño, los mataron armas del Estado, armas oficiales del Estado, de la policía y del ejército. Entonces, yo me pregunto: “¿Para dónde va esta firma de Paz, si el mismo gobierno no cumple?” No cumple con el silenciar las armas, mucho menos con otras cosas que debería haber cumplido hace rato.

Le agrego: Es necesario que esta gente de la oligarquía olvide la cultura de la violencia, olvide la cultura de la guerra, de la muerte, olvide la cultura del odio, para que haya reconciliación en el país, para que haya un restablecimiento y reconstrucción del país. Se necesita que haya eso. De lo contrario no se puede.

Entonces, la situación es complicada. A nivel internacional a Colombia la miran de otra manera. ¿Por qué? Porque los discursos de Juan Manuel Santos, las opiniones que vierten de allá, de uno y otro miembro del gobierno nacional, son halagadoras, sin tener en cuenta lo que el pueblo está padeciendo, lo que el pueblo necesita y no se resuelve.

El problema de la tierra. El problema de la tierra se está concentrando mucho más en las grandes empresas transnacionales, explotadoras de los recursos naturales, mientras que el campesino sigue viviendo en minifundios y otros que no tienen donde vivir.

La situación es muy delicada. Además, el año entrante hay elecciones (2018) para presidente de la república. Hay una lista grandísima de gente que está aspirando a la presidencia de la república. Pero, ¿Qué prometen? Hasta ahora no es mucho lo que prometen y no es mucha la garantía con ninguno de ellos.

Entonces, Colombia está abocada a que el año entrante gane un presidente que eche atrás todo lo que se acordó en las conversaciones de la Habana, y no es extraño que eso pueda suceder, porque pueden seguir el ejemplo del presidente de los Estados Unidos. Barack Obama le entregó a Donald Trump la presidencia en una situación diferente a la que hoy hay, porque la que hoy hay, es una situación sumamente riesgosa, sumamente peligrosa. De un momento a otro puede evocarse una guerra nuclear, porque las amenazas del presidente de los Estados Unidos son muy fuertes.

Figúrese usted, que en plena sesión de las Naciones Unidas, fue a decir todas esas cosas y a amenazar con acabar a un país de 25 millones de habitantes y dejarlo en cenizas. Eso es muy peligroso, que de pronto resulte un loco y apriete un botón de esos y dispare un misil, ahí sí que la cosa se complica.

Como Colombia no es un país independiente, Colombia en todo depende del Pentágono, entonces no es extraño que sucedan cosas en Colombia. Para mí la situación es de mucha expectativa, sobre qué va a suceder y eso lo conocerán ustedes que están viviendo en Colombia.

- En relación con esas tres amnistías que usted enumera la constante era que la guerrilla entregara primero las armas. La guerrilla fariana no la entregó, ahora sí la entregó. ¿Qué lectura se puede hacer de esto? ¿Un error? ¿Un acierto?

Bueno, yo no me atrevo a afirmar nada de eso, porque respeto mucho la opinión de la dirección que fue la que estuvo en las conversaciones, la dirección completa estuvo en esas conversaciones y aceptó. Lo de antes, por ejemplo, el Partido Comunista Colombiano desde la primera ley de amnistía no estaba de acuerdo en la entrega de armas. Dijo: Nada de entrega de armas. Y después, entonces, ya el camarada Marulanda dijo: Nada de entrega de armas. Sobre esa base, se marchó hacia el trabajo.

Pero, lo de ahora, esa parte no me atrevo ni siquiera a decir algo, porque la verdad es que como que me parece sí que fue muy prematura la entrega de armas.

- Lo hecho, hecho está, dice el dicho bíblico. ¿Qué debe hacer Colombia y qué debe hacer el movimiento político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común para enfrentar esta realidad concreta que se presenta?

Pues yo no sé. En ese caso pareciera que hay que tener mucha paciencia para poder sortear esta situación. Pero dese cuenta usted la matanza selectiva que han estado haciendo en los campos. Eso corresponde a un plan de quitar a esos cuadros que están surgiendo allí, para con eso impedirle a las FARC que tenga posibles candidatos a concejales, a gobernadores, a diputados, al Congreso. Es quitarle un cierto sector de masas a la guerrilla, así no estén disparando contra el propio dirigente guerrillero, pero lo están haciendo en esas condiciones y en forma selectiva, repito, con esa finalidad. Eso es un plan ya organizado de la oligarquía y comienza a darse los mismos pretextos para entorpecer el proceso. Un día de esto van a cometer una masacre y van a decir que fue las Farc, porque hay gente interesada en eso.

Yo no sé. Hay que organizar un trabajo muy grande, un trabajo político, ideológico, pero quién garantiza la vida a la persona que va a trabajar, quién garantiza eso. En las condiciones que se viven no hay garantías para ese trabajo.

De modo que así haya muy buena intención, pero con esa matanza selectiva, están preparando condiciones para que la gente diga: No, qué me voy a poner a apoyar al movimiento para que me maten. Entonces, la situación es muy complicada, muy complicada. De todas maneras, todo eso va en contravía de la paz.

-  Según su criterio, ¿Todavía se ve el concepto de paz con justicia social muy distante en Colombia?

Para mí sí se ve todavía muy lejos. Mientras no se cumplan algunos de los acuerdos, que uno vea que se cumplió, no puede uno arriesgarse a decir siquiera: Sí la paz existe.

Y, una de las cosas, vuelvo a repetir, mientras exista la inseguridad que hay, no es paz lo que hay, no es paz; mucho deseo, mucho anhelo del colombiano vivir en paz, pero no se está viviendo en paz.

-  Hay siete bases norteamericanas en Colombia. Incluso, algunos hablan de 21. ¿Esto también va en contravía del proceso de paz y de la paz en sí?

Pues claro que sí, porque si es un país que acuerda la paz, ¿Para qué armas? ¿Para qué bases militares? El colombiano no está en guerra con ningún otro país, lo quieren sí meter en un problema muy serio y es el problema con Venezuela, porque les conviene.

El caso de las bases, es que la entrega de las siete bases iniciales fue una entrega muy amplia, con eso se acabó la soberanía de Colombia, la soberanía se perdió allí, porque la instalación de las siete bases permite que los gringos anden por Colombia por donde quieran, que utilicen las autopistas, las carreteras, que utilicen los puertos, que utilicen todo en un momento que ellos lo decidan. Entonces, si hay 21, puede inclusive haber más, porque esa fue una de las cosas que quedó en el acuerdo cuando entregaron la posesión de las siete bases.

Yo digo: ¿Para qué siete bases, si se quiere la paz? Ahora: Continentalmente se dio una conclusión que dice: América Latina y el Caribe zona de paz. No quiere que haya guerras, pero fíjese usted: El imperialismo sí quiere la guerra y la posición de Colombia es súper estratégica para ellos en todos los sentidos: En comunicaciones, en exploraciones en caso de guerra. Colombia está cerca a muchos lugares.

Un avión de guerra de Colombia puede despegar y va al África sin necesidad de aterrizar en ninguna parte. Así sucesivamente. El continente lo puede recorrer todo, sin aterrizar en ninguna parte.

De modo que a mi juicio, no se necesita que haya esas siete bases. Al contrario, yo soy partidario que se desista de ese acuerdo, como también que se retire la doctrina de la seguridad nacional impuesta a Colombia, al ejército colombiano. Que se retire eso. Y que se retire una cantidad de gringos que lo que hacen es estorbar en Colombia para que haya paz.

-  ¿Cómo entender que mientras el presidente Juan Manuel Santos firma la paz, el presupuesto para las fuerzas armadas el año entrante se incrementa en varios billones de pesos, mientras que se recorta en renglones sociales como salud y educación?

Pues eso no lo entiende sino el mismo Santos y compañía, porque si se quiere en realidad la paz, ¿Para qué aumentar el presupuesto para guerra? ¿Para qué aumentar el salario de los militares? ¿Para qué aumentar la compra de armas? Si se quiere paz, compre maquinaria agrícola, construya escuelas, construya universidades; reabra las universidades que están cerradas, los hospitales que están cerrados. Por ejemplo, el hospital La Hortúa en Bogotá, semejante hospital tan grande prácticamente cerrado. ¿Por qué no se le dedica tiempo más bien a eso? Que eso sí va a beneficio social. Lo otro no va a beneficio sino a los intereses de los capitalistas, a nadie más.

- El gobierno habla de paz pero pareciera que se preparara para más violencia contra el pueblo. ¿Cómo salirle al paso?

Es que la oligarquía está acostumbrada a eso, a dar un discurso de doble cara. Pero, esto no se resuelve de la noche a la mañana; únicamente la denuncia, hay que hacer mucha denuncia de las cosas citando propiamente lo que dice el presidente y lo que hace. Hay que criticar eso, hay que explicarle a la gente: Mire que está diciendo esto, pero lo que está haciendo es lo otro. No solamente el presidente, toda la gente que lo sigue, porque ellos lo dicen confiados en que la opinión más que todo internacional le está dando credibilidad. Y hay que explicar esto ampliamente.

- Se ha querido polarizar a Colombia entre Santos y Uribe. Santos presentado como la cara buena y Uribe la cara mala. ¿Usted también polarizaría el país entre esos dos personajes?

Yo no. Ni siquiera me atrevo a decir eso, porque, tanto el uno como el otro, son la misma cosa. No nos olvidemos de la memoria histórica: Santos fue el ministro de defensa de Uribe durante muchos años; en el mandato de Santos como ministro de la defensa, fueron miles los jóvenes muertos en los falsos positivos y en muchas cosas más que hizo. Ordenar los bombardeos a los campamentos de Raúl Reyes, el campamento del Mono Jojoy, la matada de Alfonso Cano. Son muchas las cosas que Santos debe y no tiene cómo decir nunca que no. Claro que lo reconoce públicamente, lo ha dicho. Inclusive, dice: “Yo soy enemigo de las Farc, pero por eso no vamos a dejar de firmar los acuerdos”. Ha dicho muchas cosas. Ahí, entre estos personajes oscuros del régimen no hay ninguna polarización. Los dos, para mí, son oligarcas, reaccionarios y enemigo de los trabajadores.

- Usted que conoció también al comandante, Manuel Marulanda Vélez, porque estuvo tan cerca durante tanto tiempo, ¿Si él hubiera estado vivo hubiera firmado este acuerdo de paz?

Bueno, yo creo que de pronto le hubiera incluido algunas propuestas más en el sentido de que algunas cosas no se hubieran hecho tan prematura, pero a lo mejor lo hubiera firmado sobre esa base. Pero, él era un hombre muy pensador y muy analítico. Inclusive, con ese análisis él se ponía a pensar en las cosas, se iba al infinito y volvía con una conclusión. Yo creo que hubiera sido otro el tema.

- ¿Qué le hubiera agregado?

Bueno, creo que de pronto él le hubiera agregado lo que ya estaba diciendo: El retiro de las bases militares gringas, la anulación de la doctrina de la seguridad nacional, la salida del país de la cantidad de gringos que estorban en Colombia y prohibición de que en Colombia hayan norteamericanos que cometen un delito y por serio que sea no son llamados a juicio porque tienen inmunidad diplomática. Eso lo hubiera agregado él.

- ¿Qué opina usted de la prolongada e injusta detención del camarada Simón Trinidad en las mazmorras de los Estados Unidos?

Bueno, eso está demostrando que las intenciones que tiene el gobierno colombiano y el de Estados Unidos. Fíjese usted: Simón Trinidad ya debería estar en libertad, no ve que es un guerrillero, es un revolucionario, no es un bandido, no es un narcotraficante, no es un bandolero; entonces debería estar en libertad ya y no está porque esa es la intención que tienen. El día que los compañeros de la dirección, alguno de ellos, vaya a recibir el beneficio de amnistía, se va a acercar donde el juez y el juez va a abrir un libro allí, donde está escrito el nombre de él y le va a decir: Pero, usted está aquí acusado de delitos de lesa humanidad, usted ha hecho esto y lo otro, usted no tiene derecho a la ley de amnistía. Va es derechito para la cárcel a pagar 20 años, porque así está estipulado en la famosa ley de transición.

Eso es lo que le espera a mucha gente. Yo no sé si me equivoque, pero lo de Trinidad está demostrando eso, precisamente.

- Con todo esto que se está viendo podría llegar a la conclusión que esta oligarquía colombiana y este imperialismo norteamericano, son intransigentes. En esas condiciones, ¿Podrá el pueblo colombiano tomarse el poder por la vía electoral?

Las cosas han cambiado mucho y si uno se pone a mirar, el imperialismo le está metiendo mucho dinero a eso, mucho profesional pagado para conservar el poder político, pero también está amenazando muchísimo. Cualquier movimiento que hagan las gentes es detectado y amenazado enseguida, entonces está la situación muy compleja, hay que pensarla muy bien y decidir también muy bien.

-  Como diría Lenin en su momento: ¿Qué hacer?

La verdad es que aunque en el momento el capitalismo tiene una crisis muy profunda, hay mucha contradicción entre ellos. En estos momentos la cúpula del capitalismo desarrollado está en el poder en los Estados Unidos. Eso es muy peligroso. Basado en eso hay que pensar. Sin embargo, hay que trabajar políticamente.

- Camarada: ¿Viene a su memoria el camarada Raúl Rojas González, de Chaparral (Tolima)?

Claro que sí. Lo recuerdo a él y a toda su familia, a toda la familia, porque uno no se puede olvidar de la gente que trabaja lo primero, de la gente solidaria, de la gente buena y Raúl es una persona como la que yo defino.

Yo recuerdo mucho y estaba supremamente dolido como me habían dicho que había muerto, pero ahora me alegra mucho saber que está vivo y como tal quisiera saludarlo y abrazarlo.

-  ¿Por qué esa amistad con el camarada Raúl Rojas González?

Esa amistad es de revolucionarios, entre revolucionarios se hace una amistad como si se fuera hermanos, claro del verdadero revolucionario. Cuando a mí me tuvieron preso en Chaparral, ellos vieron por mí mucho, se solidarizaron mucho conmigo. Y eso uno lo agradece profundamente, más que cualquier otra cosa estando uno en la cárcel, que está padeciendo todas las humillaciones del caso. Una familia que se solidarice con uno así como lo hizo Raúl, eso es muy importante.

Una anécdota que recuerdo del camarada Raúl. Cuando me iban a liberar en Chaparral, el militar mandó a llamar a Raúl por intermedio de uno de sus hijos, creo que Jairo. Raúl vino. El militar le dijo en presencia mía: “Lo he citado para que se despida de su amigo, porque mañana nos lo llevamos nuevamente para la Gorgona. Raúl lloró. Su único ojito bueno se llenó de lágrimas al saber la noticia. Al ver eso el militar, dijo: No sea huevón, lo cité para comunicarle que mañana sale libre el señor y para que usted le lleve alguna maleta y mañana no haya inconvenientes.

¿Quién hace eso? Solo un amigo, un camarada de verdad, un comunista convencido. Para mí Raúl es más que camarada, es mi hermano. Toda su familia fue muy generosa conmigo, me acompañó permanentemente durante la prisión en Chaparral. De verdad: Quisiera tener a Raúl en frente para darle un fuerte abrazo.

- Finalmente camarada Jaime Guaraca: ¿Qué palabras dirigiría usted a la juventud comunista colombiana, al Partido Comunista Colombiano, al pueblo colombiano, al pueblo tolimense?

Hay muchas palabras para uno poderse dirigir a ellos, pero sobre todo, les diría que piensen en el futuro, que analicen la situación presente y la futura, que no admitan engaños, que no admitan promesas falsas, que miren bien a la persona por cual se van a inclinar, porque de lo contrario, si no se analiza muy bien, se vuelve a pecar. Ese pecado que yo digo consiste en la parcialización política que ha vivido Colombia.

Cuántos movimientos, cuántos sindicatos con tantos nombres, siglas por un lado siglas por otra, esa desunión tan terrible es lo que ha perjudicado a Colombia y la va a seguir perjudicando. Que piensen muy bien en eso y que analicen – vuelvo a repetir – a quienes es que le van a brindar su apoyo, que piensen quién puede cumplir y quién no puede cumplir.


Ibagué, febrero 27 de 2018