martes, marzo 20, 2018

Fracking. Fuego en la ducha y hormigas en mis pantalones



| Por: Álvaro Marín / Ojo Cangrejo |

El arte vuelve a la calle por varios motivos, y en una movida que por momentos, al ver a Yoko Ono y a Sean Lennon nos recuerda las movilizaciones del siglo pasado contra la guerra de Vietnam. Pero ahora es otra guerra la que saca a los artistas de los estudios, los abismos, los nirvanas, las torres de marfil y las flores de loto.

Primero fue Nueva York la ciudad que escuchó en coro las voces de Don’t Frack My Mother, una canción de Yoko Ono, Joseph Gordon, The strokes, Liv Tyler, Maggie Gyllenhaal, Carrie Fisher y otros artistas para manifestarse contra el uso tecnológico que rompe la roca profunda de la tierra y que se conoce como fracking. La preocupación es tal que conformaron una asociación de artistas contra esta práctica petrolera en donde están Mark Ruffalo, Susan Sarandon, Alec Baldwin, Robert De Niro, Zooey Deschanel, Uma Thruman, Hugh Jackman, Gwyneth Paltrow, Paul McCartney, Ringo Starr, Tom Waits, Lady Gaga, Steven Tyler, Bon Iver, Scissor Sisters y los Beastie Boys, además de los de la iniciatiava Yoko Ono y su hijo Sean Lennon.

Don’t Frack My Mother aparece en 2013  como un video en la red, una de sus imágenes es la ya conocida y viral imagen de un hombre de Australia que extrae agua en llamas de su lavamanos. Pero en el caso australiano no es solo el agua del lavamanos la que se enciende, es también el río que lleva el agua a los acueductos y a las casas. Si quiere ver solo por curiosidad un río en llamas, vaya a Australia a la ciudad de Brisbane y allí busque el río Condamine, lleve encendedor y crueldad pirómana. O vaya a Oklahoma en Estados Unidos, o a México, o a Vaca Muerta en Argentina en donde puede ver lo mismo, y si no tiene para el pasaje, entonces espere solo unos meses para su satisfacer sus necesidades pirómanas porque en Colombia ya fue aprobada esta práctica en el Congreso de “la República”.

Si usted abre la llave del lavamanos, o la llave de la ducha, y le sale agua combustible en forma de fuego, no se preocupe, es un regalo de la técnica del fracking que le lleva hasta su casa, a través de la tradicional tubería del acueducto y sin costos adicionales, el agua y el gas al mismo tiempo. Esto ya ocurre en algunas partes de Norteamérica en donde se practica la perforación profunda de la roca para la extracción de petróleo y gas no convencionales. Esta técnica ha llevado a Estados Unidos a estar entre los primero productores de petróleo en el mundo, y también a ser el país con más perforaciones y pozos de este tipo.

Lo que ha sido un beneficio para la economía norteamericana, es un problema grave para muchas de sus poblaciones. La historia de la llave con el agua incendiada no es una exageración, le ha ocurrido a los habitantes de Texas y otros lugares, las fugas de gas que se presentan en un porcentaje considerable de los pozos –al menos 5% comprobado según la técnica– contaminan las aguas de uso doméstico y rural, con efecto mortal en animales y plantas y la afectación de la salud de los campesinos en el caso de las áreas rurales, además de la aparición de enfermedades y envenenamientos en los cascos urbanos.

Estados Unidos cree estar saliendo de esta manera de la crisis energética, pero como es costumbre no le ha  sido suficiente su territorio, ahora ha extendido esta técnica a México y Argentina, y si la cosa continúa no será raro ver en poco tiempo todo el planeta como el escarbadero de un oso hormiguero. Y hablando de rocas y hormigas, ya no está vivo el rockero James Brown, si no estaría entonando su canción Hormigas en mis pantalones, y esta vez no sería pura imaginación lírica, es la canción precisa para estos tiempos. En México el hormigueo del fracking sacó de la tarima a Julieta Venegas, a Rubén Albarrá, cantante del grupo Café Tacuba y a la actriz Lumi Cavazos, quienes colgaron en la red un video crítico. En Argentina el cineasta Fernando Pino Solanas fue más lejos y creo el documental La guerra del fracking con información exhaustiva sobre sus efectos en el sur del continente.

Sismos provocados

Los Servicios Geológicos de Estados Unidos –USGS–  reportan como consecuencia del fracking un aumento en la ocurrencia de sismos, como en el caso de Colorado. Hace seis años, cuando se perforó el territorio de Oklahoma, se presentó un sismo provocado de cerca de seis grados. “Hay una sólida relación entre la mayor actividad sísmica y las grandes cantidades de aguas residuales subterráneas procedentes de la inyección de líquidos a presión sobre las rocas para la extracción de petróleo y gas”, dice un estudio de esta institución.

Además de Colorado y Oklahoma, otros lugares del territorio han sido afectados, entre ellos Texas, Kansas, Arkansas y Alabama, que ahora son estados de mayor riesgo sismológico que antes, como aparece en los registros institucionales. Zonas del territorio de Estados Unidos que tradicionalmente han sido de baja presencia sísmica han empezado a convertirse en zonas de riesgo sísmico.

Los casos de Dakota y los graneros de Iowa son especiales porque anuncian los conflictos socio ambientales que vienen. El caso es que la fiebre de fracking ha alborotado el oso hormiguero de las perforaciones y lleva a los granjeros a una crisis profunda. Lo que se tiene como resultado de miles de pozos en todo el territorio norteamericano es un hormiguero de dos pisos que empieza a atravesar la parte norte del continente americano de un lado a otro de la tierra. También a los indígenas siux este hormiguero mundial los despertó del largo sueño ancestral en sus territorios. Esta nueva embestida de la fiebre petrolera los llevó a salir y protestar, hasta bloquear la construcción de los oleoductos que corren sobre la superficie de la tierra, de manera paralela a las galerías profundas de la excavación de las petroleras.

Ya ni se puede fumar en el baño. Le ocurrió a una familia de Dakota del Norte, un hombre prendió con un encendedor el agua potable de su casa, el agua hacía llama  como si la pluma líquida fuera un mechero, o como si el hombre prendiera una vela al revés. Son los beneficios de la tecnología, ahora cuando alguien de Dakota tiene frío puede tomarse un vaso de fuego, y si tiene sed, puede tomar petróleo frío. Para allá vamos si los usos tecnológicos no empiezan a ser revisados por las sociedades directamente afectadas y sigue siendo la economía la que regula la vida; la economía solo mide cantidades y beneficios económicos, pero en Estados Unidos las protestas contra el fracking aumentan de manera proporcional al aumento de la perforación de pozos, no solo en las áreas aisladas, pues los pozos están cada vez más cerca de centros poblacionales.

El hormiguero se extiende

La película documental del director argentino Fernando Pino Solanas es un buen registro investigativo sobre la realidad de la tecnología de fracking y sus efectos en la vida social, en el medio ambiente, en la economía y en la aparición de nuevos conflictos de carácter socio ambiental, que son los tipos de conflictos que hoy desatan las intervenciones mineras en los territorios de todo el planeta.

Solanas desde el año 2013 nos muestra las primeras experiencias del fracking en Argentina, en donde ya se han hecho concesiones del subsuelo incluso en zonas de reserva ambiental. Pero el argentino esta vez expone las intervenciones en el Yacimiento Vaca Muerta por parte de las petroleras, y lo que primero observamos desde el aire es una red de pozos en cuadrículas que podríamos llamar escarbaderos, porque debajo están las galerías a cuatro kilómetros de profundidad que recorren y perforan la roca haciendo poroso el horizonte de esquisto que es roca laminar que se vuelve inestable y porosa ante la humedad y la perforación, de allí que se considere la práctica del fracking como una actividad generadora de sismos.

¿Fracking o manzanas?

En la película de Solanas aparece la comunidad de productores de manzanas y peras, esas peras y manzanas que llegan a los mercados europeos y latinoamericanos como unas de las frutas ya tradicionales del sur del continente; algunos de estos cultivadores tienen empresas dedicadas al cultivo orgánico y sienten amenazadas las exportaciones por el bajón en la calidad de las aguas. Lo que se puede ver con la llegada del fracking a Argentina es una nueva disputa entre agricultores y empresas petroleras que tiende a extenderse por los países que utilizan esta práctica.

Territorios que han estado ocupados por naciones indígenas como los mapuches en Argentina, o los sioux en Norteamérica empiezan a entrar en los conflictos de los nuevos tiempos. Los mapuches como no tienen documentos “legales” sobre sus territorios son tratados como invasores por las empresas petroleras, tal como ocurrió con los yariguíes en Colombia cuando las petroleras incursionaron en Santander en el siglo pasado. Para las empresas, las comunidades y los territorios son obstáculos que hay que pasar, ya sea por la “ley”, o por los gases de la “ley”, y muchos gobiernos del mundo parecen estar decididos a superar la crisis energética sin importar los métodos que empleen y sin tener en cuenta el cuidado ambiental de los territorios ni las comunidades que viven en ellos.

En La guerra del fracking una de las mujeres líderes mapuche muere en el mismo tiempo del rodaje por las intoxicaciones debidas a la presencia permanente de gases que han sido extraídos del fondo de la tierra y permanecen en el aire llevando enfermedades y muerte a personas, animales y plantas. Este conflicto se presenta también en Norteamérica y ha empezado su recorrido por Latinoamérica en donde las comunidades se debaten entre las necesidades de preservación de la vida propia y las de las generaciones que llegan, y el modelo extractivo que busca sobrevivir a su propia crisis.

El documental termina con una gaseada general ya no por el fracking sino por la policía que refuerza el trabajo de los pozos legislativos de aprobación de decretos y leyes en favor de los nuevos métodos petroleros, y con una reflexión del director quien se pregunta por qué, y ahora menos que antes, no le interesan a los gobernantes los bienes comunes. El arte documental esta vez hace un llamado a recuperar el sentido común y a proteger los bienes comunes, y lo hace mientras sobrevuela con la cámara el acuífero Guaraní, que es uno de los acuíferos más importantes de Latinoamérica y alimenta con sus vertientes a cuatro países.

Fin del petróleo y crisis de modelo

La era industrial que empezó en Inglaterra con el carbón y continuó en Europa y Norteamérica con el petróleo parece haber agotado no solo su materia, también su tiempo. El fracking es su último aliento y al mismo tiempo el último aliento del modelo urbano que requiere para su fuerte dinamismo grandes cantidades de energía, y no solo en lo que se refiere al movimiento industrial. También el cuerpo humano es un alto consumidor energético y ante el crecimiento desmesurado de la población mundial el modelo de producción en masa y consumo en masa está ahora mismo en el momento de colapso, más aun cuando se ha iniciado una competencia por el territorio entre producción de alimentos y producción de combustibles y biocombustibles.

Las energías alternativas no hacen parte de este modelo y es la razón de no haber sido desarrolladas aunque se cuenta con tecnología, mecanismos y recursos suficientes. El modelo petrolero es un animal hambriento que sabe que sus fuentes de energía son cada vez más escasas y hace la guerra para sobrevivir y mantener el dominio mundial del cual ha mantenido un alto nivel de vida en Norteamérica en el último siglo, y por lo visto hasta ahora, parece que  cuando se acabe definitivamente el petróleo y el gas, nada va a calmar sus ansias, si no hay otro recurso comerá tierra, piedras o humanos, es indiferente.

La técnica del Fracking

Las reacciones enérgicas de comunidades de diferentes Estados de Norteamérica, México, Australia y otros lugares del planeta en donde se usa esta nueva tecnología petrolera se están presentando por afectaciones directas a la población cercana a los pozos. A esta técnica, y al gas y al carbón que se obtienen a través de ella se les llama no convencionales, lo que significa que no han sido obtenidos a partir del pozo tradicional que consiste en una perforación vertical hasta encontrar el fluido o el gas libre acumulado en yacimientos a varios kilómetros de profundidad.

El gas y el petróleo no convencionales, contrario a lo que ocurre con los convencionales, están atrapados en la roca, y para su extracción se hace la ruptura y perforación de la roca, primero con explosivos y posteriormente con agua y arena a presiones elevadas, es esta ruptura lo que se conoce como fracking. El agua y la arena llevan un porcentaje de sustancias que permanecen como información reservada de las petroleras, aunque por sus efectos se puede determinar que son altamente contaminantes y contienen elementos radioactivos. Estas sustancias contienen un elevado y diverso número de componentes que llegan a cantidades de seiscientos y más elementos de diversa composición física y química.

Primero se hace una perforación vertical, seguida de una perforación horizontal, después de esta perforación se inyecta la mezcla de agua, arena y demás elementos. Este procedimiento perfora la roca de lutita que es una roca que atrapa el gas y el petróleo en su conformación en forma de láminas impermeables. La fractura libera los elementos y parte del agua utilizada regresa a la superficie con los nuevos componentes que extrae en la inyección y el posterior reflujo, entre ellos gas. Este gas contamina las aguas de los acuíferos de la superficie porque muchos de los pozos dejan escapar material combustible que hace que el agua no sea reutilizable y además contamina las otras fuentes hídricas. Por la utilización de agua en el proceso de perforación al fracking se le conoce también como fractura hidráulica.          

Agua de fracking

El elevado uso del agua y la contaminación de los acuíferos superficiales y profundos en el proceso de producción de gas y petróleo a través del fracking es la mayor preocupación de las comunidades cercanas a este tipo de explotaciones. El uso del agua es descomunal en sus cantidades y pernicioso en sus efectos sobre el agua potable. En el solo proceso de fractura un solo pozo demanda, según cifras técnicas, de 15.000 a 20.000 metros cúbicos de agua, que regresan contaminados por los componentes químicos y van a depósitos en la superficie.

Otra forma de contaminación del agua potable son los residuos del agua que escapa y no se recupera en el reflujo y es aproximadamente la mitad del agua usada en la perforación que puede ir a las vetas profundas o a los depósitos naturales, así ha ocurrido en muchos de los pozos de Estados Unidos, México y Argentina. Los depósitos de agua que se construyen para los residuos del fracking en la superficie son la mayor fuente de contaminación, el agua con gas y otros elementos contaminan con derivas de gas el aire y las demás aguas.

El  gas también se filtra desde la profundidad de los pozos hacia los horizontes superiores y termina haciendo parte en muchas ocasiones de los sistemas de acueducto del agua potable. Esta otra forma de contaminación vuelve inutilizables los acueductos y se convierte en un problema grave para comunidades enteras que están dentro de las zonas de exploración, más si se tiene en cuenta que muchas explotaciones son semi urbanas, pero también en las zonas rurales las fuente de agua son afectadas ocasionando muerte de animales y plantas y enfermedades en los animales y humanos.

El fracking en Colombia y el proyecto piloto en el Cesar

Hace un año la industria petrolera propuso crear un proyecto piloto en el corregimiento de San Martín del departamento colombiano del Cesar, para la instalación de un primer proyecto de fracking en Colombia. Según los ejecutivos se trataba de un proyecto controlado para probar si “los mitos y leyendas” alrededor de los efectos del fracking eran falsos o verdaderos, como si ya no hubiera existido suficiente ilustración con los efectos de fracking en Estados Unidos, México y Argentina. “Manosalva” el técnico y la empresa Ecopetrol buscan con la generalización de la técnica del fracking incorporar cinco mil millones de barriles a la producción de petróleo en Colombia en dos años. “Manosalva” habló en ese momento para los medios nacionales de “extracción responsable”, de “participación de la comunidad”, de “cuidado del medio ambiente” y de “estándares de calidad”.

A pesar de los resultados catastróficos en las zonas norteamericanas y argentinas de este tipo de explotación y las evidencias de los hechos, en el momento se argumentaba por parte de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos y de los geólogos colombianos del petróleo, la no contaminación de los acuíferos y la ausencia de sismicidad con esta práctica de explotación.

Los hechos son irrefutables a un año de este proyecto, “los mitos y leyendas” de los que hablaban hace un año los funcionarios son ciertos, y de manera irresponsable ya se ha afectado en Colombia a la primera comunidad con el fracking, los acuíferos de los que se alimenta la población de San Martín en Cesar, hoy están cubiertos de una nata de aceite. La zona es una reserva de humedales y ciénagas, como son buena parte de las zonas por donde avanzan juntas la sombra de los intereses petroleros y la primera mancha del fracking en Colombia.

Otras zonas y lugares hacia donde camina el oscuro sueño petrolero mirando hacia lugares que son cruciales para el país, como Caño Cristales o la laguna de Tota, y otros lugares en donde ya existen licencias como en el Caquetá, o en Boyacá en donde las exploraciones sísmicas han afectado las estructuras de las casas del barrio Asodea de Sogamoso. Como se ve el proyecto de la locomotora minera avanza y las comunidades se ven enfrentadas a un gobierno y un proyecto económico multinacional que si no se detiene en pocos años convertirá el país en una inmensa y desolada cárcava.