jueves, marzo 08, 2018

La conjura de los necios, a la ibaguereña



| Por: Luis Orlando Avila Hernandez* |

Cuando apareció de mano en mano, “La conjura de los necios” del afortunado suicida Jhon Kennedy Toole, entre los nadies que parodiábamos leer y saber en las vespertinas tertulias de Hugo Ruiz Rojas hacia mediados de los 90, alguien jamás hubiese imaginado que el personaje de Ignatius Jacques Reilly habría de inspirar, dos décadas después, a tanto político yupi o prospecto de hípster de hoy, en este Ibagué cuna del oportunismo y del robo de lo público, por raizales y foráneos dizque dirigentes.

Para la muestra varios botones, que coincidencialmente muestran sus atributos Ignatiusanos con su hábil labia y su presta destreza en sus posiciones como políticos, directores, patronales o secretarios (que para el efecto, son lo mismo), en esta semana anterior a elecciones:

Palabras de imprecación acullá y algún parafraseo más acá, sobre el “terror de los niños”, según él, con derecho a la dosis personal (imagínese la bellaquería), además del incitar (tal vez en asonada) a tumbar uno de los pocos logros de la Constitución del 91 para los ADULTOS con mayúscula (el desarrollo de la libre personalidad), en su última columna del Nuevo Día, un señor político de apellido Ferro, sintetiza así su diatriba con esta perla: “…Cada bala disparada por las Farc, cada acto terrorista y cada secuestro fueron posibles gracias al patrocinio diabólico del narcotráfico, que es una industria ilegal próspera gracias a los miles de niños que envicia (sic) desde temprana edad para destruirles sus vidas y la de sus familias.”

Desde otra esfera, no menos retrograda y hábilmente disfrazada de gremialismo “apolítico” (como si eso existiera, entonces no habría un presidente empresario en USA), un señor Huertas empresario de la privada asociación empresaria (vale la redundancia) Cámara de Comercio con función alcabalera, al “leer” por uno de los noticieros de la Voz del Tolima, los resultados de desempleo en la encuesta “Ibagué como vamos”, en un ataque propio de Ignatius, se quejó que el gobierno (de Jaramillo entiende uno, porque de los anteriores ni del departamental, poco) ¡no produce! los suficientes empleos ni fuentes de trabajo.  ¡Hágame el impronunciable favor!

En su acostumbrado autoritarismo, la corporación que dicta quien tiene derecho a los frutos y mieles del ambiente (a veces desde su atrio patrocinador de cocteles a los fabricantes de herbicidas), ha anunciado que ya instaló esta semana un ¡puesto de comando unificado! (que tal que el director corporativo tuviese pasado militar, que miedo) en dos predios vía al Nevado del Tolima, para decir quien merece ir o no, a disfrutar su derecho más connatural: el de chupar frio. Menos mal, que los corporados ambientales no se han copiado (aun) la experiencia española del gobierno del PP: cobrar por la luz del Sol.

Ya por último, lo más vigorosamente ignatiusano: la Asamblea del Tolima por convocatoria de su Gobernador al mando y a través de su portavoz radial el señor Secretario del Interior, por estos días, han aprobado una ordenanza que da recursos públicos ($30 millones, por esta vez pero pueden ser más, aseveró) para castrar machos e inutilizar el útero de las hembras felinas, caninas y de cuanto animal se les cruce, dizque con la sana intención de protegerles. Ojala, solo por esta vez también, se les acabe (roben) el recurso para que se queden sin cinco y así calmen su ansiedad nazi.

(*) Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.