lunes, marzo 12, 2018

La ducha dorada y el mundial de Rusia



| Por: Luis Orlando Ávila Hernández* |

Aparentemente, el contratar a varias Miss Universo en 2013 para que en la suite presidencial del hotel Ritz Carlton en Moscú – con el dinero que todo lo puede – se le satisficiera su parafilia sexual a la “ducha dorada” de quien hoy es presidente de los USA, no tendría nada que ver con la otra orgia del consumismo: el mundial de Futbol 2018 en Rusia.

Sin embargo, el entonces empresario Donald Trump no sabía o – pretendía no querer saber – que el heredero de la KGB, el Servicio de Seguridad Federal – FSB – filmaba cada cuarto del afamado hotel, además que de vez en cuando, le satisfacía (provocaba), otras ocultas perversiones como su nuevo socio norteamericano en los negocios de proyectos inmobiliarios y hoteleros desde 2011, algunos de estos financiados con préstamos de la banca estatal en la Federación Rusa, antigua USSR.

Sobre quién contrató a las bellas candidatas para hacer gala de sus sexuales fluidos corporales, permanecerá tan secreto como mucho de lo que está por saberse, dado que aún no termina la investigación sobre la posible colusión Trump – Putin, empero  lo único cierto es que todo nació de la enconada competencia entre el Reino Unido contra Rusia, para hacerse cada uno por su lado, al suculento botín del despilfarro capitalista y ansiado tesoro político de las oligarquías mundiales: la copa mundial de futbol.

El Reino Unido, preocupado por lo que ya venía sucediendo desde mucho antes (la corrupción de la FIFA), dispuso encausar a sus agencias de inteligencia (GCHQ, MI6, etc.) a vigilar las empresas o los financistas que Rusia y su FSB, cooptaban para ganarse los votos necesarios a la obtención de su sede, la que finalmente lograron.

Sea necesario ilustrar que las agencias de inteligencia, como románticamente se creía, ya no están exclusivamente al servicio de los gobiernos que las mantienen: éstas ahora son – junto a sus empleados y exempleados – para el servicio de las grandes corporaciones y multinacionales, ya sean productoras de guayos, de telefonía, de noticieros de TV, de predicadores de la fe religiosa o de la pornografía en línea, incluida las mil maneras de “duchas doradas” o urofilias.

Y es en esta entrelinea que aparece el nombre del espía britanico Christopher Steele.

Antiguo académico de Oxford, reclutado en los 80 por el servicio secreto británico para espiar desde la embajada británica en Moscú a quienes a su vez espiaban a los espías, cayó doblemente en desgracia: primero debió volver a Londres con la caída del muro y el desplome de la USSR ante los nuevos multimillonarios del socialismo soviético (incluido al primer director en 1998 de la recién creada FSB: Valdimir Putin); posteriormente a finales de los 90, cuando no pudo volver más a Rusia, tras la filtración publica de un listado de espías británicos que actuaron en la USSR, Steele se retira y en 2009 monta su propia oficina de espionaje corporativo o inteligencia política y comercial, denominada ORBIS.

Con su propia firma de inteligencia corporativa o empresarial y con sus antiguos contactos soviéticos, que al igual que Steele son mayoritariamente exjugadores de futbol en la ciudad de Kazan, algunos de ellos privilegiados multimillonarios del rezago comunista, decide en 2010 junto al periodista norteamericano y talvez presunto espía también, Glen Simpsons, fusionar su recién creada empresa de inteligencia comercial con la de este último, Fusión GPS.

El primer paso para las empresas asociadas, fue hacer inteligencia contratada por algunos oligarcas gringos, europeos o rusos, contra otros igualmente oligarcas, cuya competencia por dinero y por favorecimiento político en sus propios países, les impedía su expansión.

La asociación empresarial de espías rendía frutos doblemente; por un lado la experticia de Steele en conocer al detalle los movimientos de los enemigos de sus clientes en Moscú (lavado de dinero en compañías ficticias, seguimiento de activos, etc.) y por otro lado la información que Simpson poseía sobre el crimen organizado y el estado ruso.

Es en este punto, que consiguen su más preciado nuevo cliente: La Asociación Inglesa de Futbol, FA, quien sospechaba que la FSB rusa ofreció secretas dadivas antes de la votación en Zúrich. 

Steele y sus asociados descubrieron que la corrupción de la FIFA era global, entregando su primer informe, además de a su cliente, al agente encargado del FBI en Europa, lo que generó la mayor redada de la justicia gringa a los directivos del futbol internacional, incluyendo a unos cuantos millonarios colombianos.

Con esta reputación, a Steele y a su empresa asociada de inteligencia política y comercial, se le abrieron las puertas de las agencias gringas de inteligencia.

De esta manera, a inicios de 2016 consiguió su otro preciado cliente, el senador republicano Paul Singer, critico de Trump ante la inusitada caída de su candidato Jeb Bush y del auge mediático del empresario, contra quien contrató los servicios de Steele y asociados, para investigarlo.

Terminada la tarea para los republicanos, le reanudaron su contrato los demócratas, a través del abogado Marc E. Elías, por quienes veían en Hilary Clinton una esperanza contra el millonario.  Su nuevo cliente, entonces era el Comité Nacional de los Demócratas.  En ese instante su socio gringo, Simpsons, le sugirió enfocarse principalmente en Paul Manafort, quien meses después sería el jefe de campaña de Trump, encontrando en su escrutinio que el propio Trump hacia negocios en Rusia desde 1987.

Ante la cuestión de si Trump tenía lazos comerciales con Putin, el propio Steele en un correo cifrado a su asociada Fusión GPS, en junio de 2016, escribe:

“El régimen ruso ha estado cultivando, apoyando y ayudando a TRUMP durante al menos 5 años. El objetivo, respaldado por PUTIN, ha sido alentar divisiones y enfrentamientos en la alianza occidental… "

"…Hasta ahora, TRUMP ha rechazado varios jugosos negocios inmobiliarios, que se le han ofrecido en Rusia, para promover la injerencia del Kremlin sobre él. Sin embargo, él y su círculo interno han aceptado un flujo regular de inteligencia del Kremlin, incluso sobre sus rivales demócratas y otros rivales políticos…”.

"…El ex alto oficial de la inteligencia rusa afirma que FSB ha comprometido a TRUMP a través de sus actividades en Moscú lo suficiente como para poder chantajearlo. Según varias fuentes bien informadas, su conducta en Moscú ha incluido actos sexuales pervertidos que han sido organizados / supervisados por el FSB…”.

"Un expediente de material comprometedor sobre Hillary CLINTON ha sido recopilado por los Servicios de Inteligencia rusos durante muchos años y comprende principalmente conversaciones con micrófonos ocultos que tuvo en varias visitas a Rusia y llamadas interceptadas en lugares diversos, de conducta vergonzosa. El dossier está controlado por el portavoz del Kremlin, PESKOV, directamente por orden de Putin. Sin embargo, aún no se ha distribuido en el extranjero, incluso ni a TRUMP. Las intenciones rusas para su despliegue aún no están claras”.

El uso de las mayúsculas en los nombres de los espiados, era una vieja costumbre de la supuesta finalizada guerra fría. Con este escrito y otros 16 más que le siguieron entre junio a noviembre de 2016, el nombre de Steele y sus empresas de inteligencia comercial, llegaron primero al director de la CIA, John Brennan, a través de Robert Hannigan entonces director de la británica GCHQ, y del primero al propio escritorio del ya saliente Barack Obama, quien solo atinó a entregarlo personalmente al recién posesionado presidente Trump, con la histórica y perentoria frase: “Me ha llegado esto, para que usted lo considere”.

Lo que siguió, fue la frustración de Steele, quien no vio la oportuna reacción del FBI y de la CIA a sus informes de colusión, antes incluso de la misma posesión de Donald Trump.

Lo que sigue, es lo que se nos mostrará (en apenas una mínima parte) del informe del fiscal investigador nombrado por el Senado gringo, Robert Mueller, y de las secuelas de encubrimiento por el poder ya no solo gringo, sino ruso y de la FIFA: Diálogos con Corea del Norte para atizar luego la rentable guerra nuclear, o, paralelamente, la invasión a Venezuela desde Colombia, o talvez la victoria China en su primera guerra comercial, o tal vez el anhelado ataque nuclear de Israel sobre objetivos civiles en Irán.

O talvez nada de esto y a cambio, cómodamente sentados veamos el mundial de Futbol en Rusia y entre los intermedios, los spot publicitarios con bellas ex reinas de Miss Universo, con precavida y privada continencia urinaria.

Y por último, si de colusión se trata, en nuestra propia historia de 208 años como república y gracias a la invisible mano gringa, la costumbre de hacer pactos secretos para hacerle daño a terceros, la ejerce muy bien la rancia oligarquía colombiana (¡como hace de falta Chávez!), sus partidos tradicionales y sus ejércitos privados, sin necesidad de duchas doradas, sean de reinas o de reyes de belleza, a la colombiana.

Nota: La fuente principal de esta nota es del libro “Collusion” de Luke Harding (Ed. Guardian Faber, 2017) y de la crónica especial de este autor para el diario británico The Guardianhttps://www.theguardian.com/news/2017/nov/15/how-trump-walked-into-putins-web-luke     

(*) Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.