martes, marzo 13, 2018

Los hilos rotos del San Juan de Dios



| Por: Carmen Quintela Babio / Plaza Pública |

Profesionales del Hospital General San Juan de Dios llevan años señalando la mala calidad de los hilos de sutura de las marcas Vital y Tagum. Se rompen durante las operaciones y en el postoperatorio. El centro continúa utilizando los materiales a pesar de las denuncias en PDH y MP.

Sobre la camilla del quirófano de emergencias del Hospital General San Juan de Dios, una joven de 25 años está siendo intervenida. Es octubre de 2017 y la mujer ingresó por una peritonitis, que se fue complicando hasta afectar al intestino. Por ello, hay que realizarle varias cirugías para retirar el pus de los órganos. En total son cinco operaciones las que terminan practicándole, una tras otra.

Los tejidos estaban dañados, así que los médicos decidieron llevar a cabo una triple sutura con puntos de contención. Cuando se cose una herida, lo más frecuente es realizar una hilera de puntos y cerrarla con un nudo al final. Napoleón Méndez, jefe de servicio de emergencias y encargado de la operación de la joven, decidió cambiar la técnica. Fue punto por punto. “Era una paciente de alto riesgo, y yo no me iba a arriesgar. Hacía un punto, y lo cerraba con un nudo. Punto, nudo, punto, nudo”.

Pero no funcionó. En un vídeo que guarda en su teléfono, Méndez muestra las dificultades que tuvo para terminar la cirugía. Después de cada intento de nudo, se escuchaba un sonido seco, tirante. El hilo no aguantaba: se rompía. “Un hilo que debería servir para tirar de un camión”, remarca el doctor.

Utilizó dos suturas. Ácido poliglicólico —un tipo de hebra que los órganos absorben al cabo de un tiempo— y nylon —no absorbible— de calibre 0, un grosor intermedio, para reforzar y asegurarse de que la herida no diera de sí. Ninguna de las dos resistió la tensión.

La marca Vital era la única disponible en ese momento y fue la que se utilizó en un principio. Es una de las dos casas, junto con Tagum, que los profesionales del Hospital General han señalado en los últimos años de ser defectuosas. “Por ello, se extremaron las precauciones y se cambió la técnica”, explica Méndez. Después de varios intentos, y ante la imposibilidad de cerrar la herida, terminaron utilizando una muestra de otra marca, que guardaban para emergencias de este tipo. “En este caso se pudo hacer eso, pero muchas otras veces no tenemos otros hilos para solucionar el problema” lamenta.

Cinco años de hilos rotos

El problema de los hilos quirúrgicos que se rompen no es nuevo. Los profesionales del hospital llevan años señalándolo y documentándolo. Para la realización de este reportaje, Plaza Pública habló con cinco médicos y médicas. La mayoría prefirió permanecer en el anonimato. Por temor a que no les renueven el contrato en el caso de los residentes más jóvenes, por no buscar enfrentamientos con superiores y por miedo a represalias mayores, aseguraron. La respuesta fue la misma al inicio de cada entrevista: “Le voy a contar todo lo que sé, todo lo que me ha pasado y lo que he visto, pero le voy a pedir que no escriba mi nombre”.

“Empezó siendo algo ocasional —cuenta uno de los médicos—. Cuando uno está operando, pide un nylon, un politetrafluoretileno, pero no la marca. No solemos saber qué marca utilizamos. De pronto, una sutura empieza a fallar. Ahí se empieza a investigar y se pide el sobre”. Fue entonces cuando los nombres Vital y Tagum comenzaron a escucharse en los quirófanos.

“Al principio, cuando fallaban, pensábamos que era algo técnico. Pero empezó a aumentar la frecuencia. No grandemente, pero se salía de los rangos. Si antes se rompía un hilo al mes, pasó a ser un hilo por semana, y luego te encontrabas con tres o cuatro pacientes por semana. Luego bajó la frecuencia, a dos o tres cada mes”, continúa el médico.

Todos los profesionales remarcan que no es algo de todos los días. Otro de los doctores asegura que se encuentra con uno o dos casos en un mes, que otros meses no hay ningún problema y que otros se incrementa la cantidad.

Napoleón Méndez, el único médico que ha querido dar su nombre, asegura que al inicio achacó el problema a su equipo. “Pensé que mi gente hacía mal los puntos, así que entré a anudar yo los hilos. Igual se rompían. Entonces, pensé que estaban vencidos, pero no, no lo estaban”.

El factor común es siempre el hilo, señala un residente de último año que ya no se encuentra en el hospital. “Si cambiábamos la técnica o a la persona que suturaba, el problema seguía. Pero si usábamos otra marca con la misma técnica, el hilo no se rompía”.

La situación es más común cuando se cose una herida en el abdomen, por la tensión del área, aunque esto también se ha dado en suturas oftalmológicas, donde los hilos no están tan tensos.

Los doctores han documentado varios casos, incluso durante el postoperatorio. “Cuando ya está operado un paciente, se pasa al área de recuperación y al día siguiente, tal vez se moviliza o solo tose, y cuando uno entra, los hilos rotos y el paciente eviscerado con los órganos saliéndose”, comenta uno de ellos.

—¿Podría pasar esto en el postoperatorio por otra causa, como un problema en los tejidos del paciente o una infección? —se le pregunta al médico.

—Una infección de herida no se da de un día para otro. Cuando sucede muy rápido es por defecto de la sutura. Es porque algo tiene el hilo. Hemos visto pacientes que se infectan en una semana, y de pronto el hilo se rompe, o no, pero ahí es problema del tejido. De un día para otro no es por el paciente.

Una médica asegura que a las 24 horas de operar a un bebé de pocos meses por una hipertrofia de píloro, este se evisceró. “Cuando fuimos a ver, el hilo que le habíamos puesto estaba suelto y no había ninguna infección”, cuenta.

Esto, coinciden los profesionales, pone en peligro la vida de los pacientes. También acarrea un problema económico: hay que volver a intervenir a la persona, con los gastos que eso supone.



Los reportes y el olvido

“Nos obligó a tomar medidas —explica uno de los médicos—. Empezamos a reportar fallos terapéuticos y a presionar a las autoridades para que se preocuparan de ver si era la casa comercial o un lote en concreto”.

Cuando un profesional encuentra un problema de calidad en un medicamento o en un insumo médico, debe documentarlo en lo que se conoce como hoja de falla terapéutica. Es una boleta de notificación de material médico quirúrgico en la que se debe incluir la descripción general y características técnicas del producto (la marca, el modelo, el lote, la fecha de vencimiento…); el fabricante y distribuidor; la descripción de las fallas; la fecha en la que sucedieron y los datos del médico notificador.

En los últimos años, dependencias del hospital han enviado varias boletas —la Oficina del Procurador de los Derechos Humanos (PDH), tiene contabilizadas al menos diez— relacionadas con fallas en la calidad de los hilos Vital y Tagum. Los documentos son recibidos primero por el Comité terapéutico del hospital y en última instancia por el Programa Nacional de Farmacovigilancia y su Departamento de regulación y control de productos farmacéuticos y afines, la dependencia del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) que a inicios de 2017 tuvo problemas logísticos como consecuencia de un incendio en sus instalaciones. Se solicitó una entrevista con alguna persona responsable de recibir las boletas para consultarle acerca de las fallas terapéuticas recibidas y las acciones que están realizando. Sin embargo esta no se concedió. Unos días más tarde, el Ministro de Salud aseguró a Prensa Libre que los hilos de la marca Vital, dejarían de ser utilizados en todos los hospitales.

Mario Figueroa, viceministro de hospitales, explica que los reportes “tienen un proceso, un protocolo ya establecido para ver si (la ruptura de los hilos) es por una deficiencia de calidad o es por mal almacenamiento, exposiciones a altas temperaturas… En eso estamos ahora. Esperamos que cuando avance este proceso se pueda dar una información más concreta ”.

Por parte del hospital, la falta de atención y los constantes cambios en la directiva de este —en el último año han asumido el cargo tres directores— hicieron que las fallas no tuvieran respuesta durante varios años.

Jorge Fernando Solares Ovalle lleva apenas un mes como subdirector técnico del San Juan de Dios. Antes de asumir el cargo, trabajó como jefe del departamento de cirugía por diez años. “En mi experiencia nunca he tenido problema con este tipo de material, pero en vista de que eso sucedió, obviamente había que darle seguimiento. Se hicieron las denuncias correspondientes a vigilancia de material del MSPAS y en ese proceso estamos”, explica. Se excusa de desconocer el estado de los reportes de falla terapéutica, por el poco tiempo que ha estado a cargo de la subdirección técnica.

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