martes, marzo 13, 2018

Los maestros perdimos anticipadamente el año



| Por: Alberto Ortiz Saldarriaga |

Una de las instituciones con menor credibilidad en el país es el congreso, pero paradójicamente los mismos partidos y los mismos nombres se repiten y salen premiados y victoriosos con el abrumador "respaldo popular".

Algo está fallando para que este tipo de cosas ilógicas ocurran en el país. Si exploramos causas o buscamos posibles culpables, probablemente los hallaríamos por el lado de la educación y de los educadores.

Mientras sólo tengamos en las aulas docentes dictadores de clases y reproductores de información, que no se preocupan realmente por educar y brindar una educación pertinente y significativa, el analfabetismo político seguirá permitiendo que las víctimas continúen eligiendo a sus victimarios por insignificancias como una menta diaria durante 4 años.   

Los docentes permanentemente reclaman mejores condiciones salariales, prestacionales y de salud y tienen todas sus expectativas puestas en un Estatuto Único y en una reforma estructural al Sistema General de Participaciones (como quedó acordado en el último paro), pero no se detienen a pensar en qué requieren hacer para cristalizar sus expectativas.

Lamentablemente por esa falta de visión y educación política y a pesar de las advertencias, no logramos entender que las reformas que requerimos dependen y pasan por el poder legislativo. Una mala elección de congreso o la falta de compromiso en la renovación del mismo era el peor de los escenarios posibles.

Así ganara Petro, sus 4 senadores y sus 2 representantes a la cámara serían insuficientes para tramitar y aprobar una ley en el congreso y mucho menos un acto legislativo como el requerido para revertir las modificaciones constitucionales que arrebataron recursos de la educación para la banca y la guerra durante los gobiernos de Pastrana y Uribe.

De 100 escaños en el Senado 64 (64%) quedaron este 11 de marzo en manos del Centro Democrático (19), de Cambio Radical (16), del Partido Conservador (15) y del Partido de la U (14), mientras que de los 166 representantes a la cámara, 108 (65%) quedaron distribuidos entre el Centro Democrático (32), Cambio Radical (30), el Partido de la U (25) y el Partido Conservador, lo que hace inviable cualquier reforma favorable a los intereses y expectativas del magisterio.

Desde este punto de vista e indistintamente al presidente que se elija (que muy seguramente será el que ese bloque imponga), el panorama para el magisterio será desolador bajo esta recargada alianza Uribepastranista representada en la fórmula Duque-Ramírez.

Para los maestros no debe ser un secreto que gran parte de las nuevas cargas impuestas y de los derechos arrebatados al gremio se gestaron e implementaron entre 1998 y 2010, cuando primero Pastrana, y luego Uribe, detentaron el poder presidencial.

Con un eventual gobierno de Duque y la favorabilidad que otorga a éste y a su sector el disponer de una mayoría parlamentaria, lo que se vislumbra para la educación y para los educadores es la culminación de lo que quedó inconcluso: se avecinan épocas de tierra arrasada y ya pueden imaginarse a los docentes exigiendo al sindicato que los salve y que frene lo que ellos en su momento no evitaron o no quisieron evitar por compromisos individuales, por divisiones, por falta de claridad y de convicciones, por ausencia de espíritu y  de cuerpo y hasta por desidia.

Si con "oposición" armada Pastrana y Uribe hicieron lo que quisieron con los derechos laborales y salariales, imaginemos lo que podrá ocurrir en el escenario que Santos les construyó.

Se avecinan tiempos de entrega de colegios en concesión a operadores privados, de desaparición del régimen especial, de paso de los docentes al régimen de ley 100 y quizás hasta alcancemos a ver la extensión de la evaluación sanción, de los traslados discrecionales a cualquier zona apartada del país, de las  destituciones y de los tiempos en que los docentes ganen un mínimo y sean vinculados (como en el sector privado) mediante contratos a término definido (10 meses anuales).

Lo interesante será que podremos sonreír al saber que "no nos convertimos en otra Venezuela" o "sucumbimos frente al castrochavismo". Nos merecemos nuestra suerte, nuestros gobernantes y nuestro destino.

Como dirían nuestras  abuelas: Dios nos coja confesados en los tiempos apocalípticos que se avecinan, aun cuando aún hay algo por hacer. Más difícil, pero no imposible.