miércoles, marzo 07, 2018

¿Por qué conmemorar el 8 de marzo?



Este 8 de marzo de 2018 se está invitando a la reflexión, para que estas condiciones laborales, económicas, sociales y culturales que afectan a todas las mujeres, cambien.

| Por: Yeni Pino Franco* / Kavilando |

El 8 de marzo es una conmemoración internacional de la luchas de las mujeres; en ese mes, en 1908, un grupo de obreras textiles, unas 15 000 mujeres, marcharon por la ciudad de Nueva York y Chicago exigiendo una reducción de la jornada laboral, mejores salarios y derecho de voto, en pie de igualdad con el hombre, y en su desarrollo íntegro como persona. En 1911, cuatro años después, un incendio en una fábrica en New York acabó con la vida de más de 140 trabajadoras, ya que estas eran encerradas por los empleadores, como política de la empresa, para que durante la jornada laboral no pudieran salir, similar a lo que hoy conocemos como maquilas.

Cada 8 marzo recordamos estas y otras mujeres que han muerto o han visto desgastada su salud por unas malas condiciones laborales, discriminación, falta de reconocimiento de su labor productiva y reproductiva, precariedad en la atención en salud, abusos sexuales, y, a su vez, recordamos las históricas luchas que han librado y siguen librando las organizaciones de mujeres, a nivel mundial, para que las mujeres tengan unas mejores condiciones laborales; no sean violentadas en los espacios familiares, ni sociales; contra los feminicidios; por una adecuada atención en salud, entre otras reivindicaciones.

Las mujeres quieren:

Vivir con tranquilidad, sin miedo de ser abusadas, sin miedo de ser humilladas y maltratadas por los seres que aman; es tan sencillo como eso.

Que se reconozcan los aportes que hacen, día a día, a sus familias y a la sociedad.

Sentirse protegidas por su entorno, y no amenazadas como lo viven en el día a día.

Recargarse de amor, afecto, fuerza, vitalidad y eso se los da el entorno: cada persona que las rodea, desde el círculo familiar, social y el laboral.

Más que una rosa o un chocolate, que, por supuesto se agradece, necesitan, en el día a día, la seguridad de poder trabajar, estudiar, ser reconocidas en sus talentos, ser respetadas y admiradas, y esto es fácil hacerlo.

Por ello, este 8 de marzo de 2018 se está invitando a la reflexión, para que estas condiciones laborales, económicas, sociales y culturales que afectan a todas las mujeres, cambien.

Algunas personas dicen que las mujeres están exagerando con el asunto del miedo hacia los hombres, pero es difícil no sentirlo en una sociedad que cada día, en promedio, asesinan a dos mujeres por ser mujeres y cada 40 minutos una es agredida sexualmente; lastimosamente, estamos entramos en un estado de paranoia colectiva; las mujeres llenas de miedo por ser mujeres en una sociedad con rasgos de ser misógina y, los hombres porque ya no pueden acercarse sin que ellas los miren con sospecha o con miedo.

Podemos reconocer estos aportes de las mujeres, haciendo un ejercicio en nuestro entorno laboral, preguntándole a cualquiera de nuestras compañeras sobre sus vidas, y los esfuerzos que han hecho y están dispuestas a hacer por sacar, a sus hijos e hijas, adelante, o, más fácil aun, revisar nuestras vidas y darnos cuenta como en muchos de nuestros hogares fueron las madres quienes, con su valentía y dedicación, lograron darnos educación; ese es el verdadero reconocimiento que se merecen las mujeres.

En este sentido es importante reflexionar¸ a propósito de este 8 de marzo: como hijos, hijas, compañeros de trabajo, esposos, hermanos:

¿Qué les estamos devolviendo a estas mujeres?, ¿es suficiente una rosa y un confite cada año?, ¿debemos hacer más por mejorar la calidad de vida de todas las mujeres?, ¿qué podemos proponer desde nuestro entorno laboral y familiar?
"Para combatir el antisemitismo no hace falta ser judío, como para luchar contra el racismo no hace falta ser negro. Lamentablemente, a veces parece que para combatir la discriminación de la mujer hace falta ser mujer". (Soledad Gallego-Díaz)

"La feminización de la pobreza es un hecho. La falta de oportunidades de empleo acordes con la formación, otro. El acoso y, cuando cabe, la violencia, otro más. Todo ello para un colectivo cuyo único defecto visible parece ser el no haber tenido la previsión de nacer con otro sexo." Amelia Valcárcel

(*) Yeni Pino, socióloga, Investigadora Grupo de Investigación y Editorial Kavilando