domingo, abril 08, 2018

La crítica que denuncia los síntomas pero no la enfermedad: a propósito de un texto de William Ospina

El escrito de Ospina es un buen ejemplo de un tipo de análisis de la sociedad colombiana que aparenta ser muy crítico pero que no va al fondo de las cosas y termina siendo conservador y enmascarador.

| Por: Alberto Maldonado Copello* / Palabras al Margen |

Introducción

 El texto de Ospina “La paz del pueblo ausente” es un buen ejemplo de un tipo de análisis de la sociedad colombiana que aparenta ser muy crítico pero que no va al fondo de las cosas y termina siendo conservador y enmascarador.

Publica William Ospina en El Espectador del domingo 11 de marzo de 2018 un texto titulado “La paz del pueblo ausente(1)”, texto que había leído el sábado 10 de marzo en la Universidad Libre en la Cátedra Gerardo Molina. La tesis central es la ausencia del pueblo en el proceso de paz y en la política, no solo en la actual, sino a lo largo de la historia, para lo cual expone las características de la política vigente, esboza algunas ideas sobre una nueva política y establece relaciones entre la política y el modelo económico y social. Me parece que el escrito de Ospina es un buen ejemplo de un tipo de análisis de la sociedad colombiana que aparenta ser muy crítico pero que no va al fondo de las cosas y termina siendo conservador y enmascarador. Se caracteriza por utilizar conceptos imprecisos como pueblo, gente, ciudadanía, Colombia; por quedarse en la descripción de los síntomas de la enfermedad y no abordar en serio las causas; y por proponer ilusiones sin fundamento. Paso a sustentar estas afirmaciones, comenzando por una síntesis de lo que plantea Ospina para luego comentar cada uno de los puntos.

La ausencia de pueblo y el modelo de sociedad

Para Ospina “el estilo de nuestra política ha consistido en invisibilizar al pueblo y sustituirlo en el diseño de la nación y de sus instituciones” y “[…] La ausencia del pueblo en las grandes decisiones es la historia misma de nuestro país y sigue siendo la principal limitación de nuestro orden social.” La política, afirma, está hecha para “manipular, para borrar identidades, para anular posibilidades, para imponer esquemas y modelos pero no para interpretar creadoramente lo que somos y lo que puede ser el país”.

Describe muchos rasgos negativos de la política en Colombia: los candidatos solo buscan adhesiones y no promover la participación, se convoca a la gente solamente cada cuatro años para las elecciones, no escuchan a la comunidad, manipulan a la gente, no son la voz de la comunidad. Las confrontaciones entre los partidos tradicionales y actualmente entre Uribe y Santos son una farsa, dado que tienen el mismo proyecto de país y tienen los mismos intereses(2).

Señala que el lenguaje, importado de España, ha servido no para nombrar sino para enmascarar las cosas. Afirma con respecto a la democracia, que esta palabra “sirve aquí para disfrazar una plutocracia manipuladora y hostil a todo lo genuinamente popular. Aquí ser liberal no es profesar una filosofía de libertad, igualdad y fraternidad sino participar de un sistema clientelar hereditario que manipula voluntades y se impone por medio de maquinarias y de mermeladas.”

Con base en esta descripción de la situación presenta diversas aspiraciones y expectativas: necesitamos ciudadanos de todos los días y no de cada cuatro años(3), una nueva política que convoque de otra forma a la gente, líderes que no sean salvadores sino que escuchen a la comunidad y liberen sus iniciativas, necesitamos un pueblo protagonista de otro modelo de sociedad(4).

Sobre el modelo de sociedad menciona que “hay demasiada gente excluida, demasiada injusticia, somos el cuarto país más desigual del mundo, lo cual es importante considerarlo para diseñar soluciones.” En este contexto las desmovilizaciones de guerreros no son útiles sin acompañarlas de reformas profundas que corrijan las causas de la guerra. El proceso de paz careció de varias cosas fundamentales: un proyecto de juventudes, un proyecto urbano, un proyecto ambiental.

Pero el vacío más grande fue la falta de participación ciudadana y la ausencia de acciones del gobierno para mostrar a la comunidad que la paz traería beneficios concretos. El Estado no ha logrado imponerse en el territorio y no ha cumplido con tareas básicas de la institucionalidad democrática como “una economía incluyente con un mercado interno fuerte, como una agricultura moderna, como el catastro rural, como una adecuada industrialización, y el modelo de propiedad de la tierra, que ha debido democratizarse y modernizarse, más bien se ha concentrado en las últimas décadas”.

Afirma que la principal riqueza del país es la gente: “hay que dejar de pensar que la riqueza de Colombia se limita al petróleo y las minas: la principal riqueza es la gente, su generosidad, su solidaridad, su capacidad de acompañarse, de hacer alegre la vida, de cuidar a las nuevas generaciones, de proteger el territorio, de hacer brotar por todas partes las riquezas paralelas.”

El análisis enmascarador

No se encuentra en parte alguna del texto una definición o explicación del concepto de pueblo que utiliza el autor, lo cual es un vacío importante considerando la relevancia que tiene dentro de la exposición; se utiliza en varias partes como sinónimo de gente, ciudadanos, ciudadanía, comunidad, incluso de Colombia, por ejemplo, cuando afirma que Colombia debería estar hastiada de las prácticas políticas. Parecería que para Ospina no existen otras categorías que permitan nombrar, explicar, entender en mejor forma nuestra sociedad.

Para él no hay trabajadores asalariados, campesinos, propietarios ni capitalistas. Decir por ejemplo que los ciudadanos solo son convocados a participar cada cuatro años es una manera de ocultar que hay “ciudadanos” que si participan todo el tiempo, que financian a los candidatos, que hacen negocios con ellos, que les imponen tareas concretas. Hay ciudadanos, hay gente, hay colombianos que participan todo el tiempo, que efectivamente dirigen y controlan a los políticos para que cumplan adecuadamente con las funciones a su servicio. Un asistente a la Cátedra en la Universidad Libre le preguntó a Ospina sobre su posición con respecto al proletariado a lo cual respondió rápidamente que ese concepto ya no se usaba. ¿No existen ya proletarios? ¿No hacen parte los proletarios del pueblo en la concepción de Ospina?

En segundo lugar, la revisión del texto no muestra en parte alguna explicación sobre la “ausencia del pueblo”, sobre las razones de su escasa participación, sobre los factores que hacen que no participe en las decisiones fundamentales. El autor se queda en los síntomas, en las manifestaciones del problema. La lectura del texto hacer pensar que Ospina considera que no existe democracia en Colombia pero no se encuentra un vínculo claro con el sistema capitalista, régimen en el cual la democracia por definición es una caricatura, dado que no existen condiciones para su adecuado funcionamiento. ¿De dónde provienen todos los aspectos negativos  que describe de la “democracia colombiana”? De otra parte, parecería que Ospina cree que sí puede efectivamente existir en una sociedad capitalista la libertad y la igualdad entre las personas.

En tercer lugar, Ospina menciona varios de los síntomas de la enfermedad capitalista: la desigualdad, la injusticia, el desempleo. Se refiere en algunas partes del texto al modelo de sociedad y da la impresión de que está criticando el capitalismo y avizorando algún tipo de socialismo, pero nunca lo dice expresamente. Al revisar las propuestas o aspectos que considera que hacen falta, queda claro que no hay tal, que sus propuestas se enmarcan dentro de los límites del capitalismo: una industrialización adecuada, una agricultura moderna, un modelo de propiedad democrática. Ospina critica los síntomas pero acepta la enfermedad, piensa que dentro del capitalismo es posible hacer reformas que solucionen sus consecuencias negativas intrínsecas. Su crítica es una crítica superficial del sistema y finalmente se enmarca dentro de una posición pro-capitalismo (que es distinto de tener una posición a favor de los capitalistas o algunos de ellos).

Sus propuestas tienen por tanto el carácter de aspiraciones, de ideales sin mucho fundamento, de meras expectativas, de anhelos: ojalá todo fuera mejor, ojalá fuéramos ciudadanos de cuatro años, ojalá los políticos escucharan a la comunidad. Este tono del discurso lo lleva a hacer afirmaciones más propias de un Ministro de Turismo promoviendo las virtudes del país en el exterior: “la verdadera riqueza de Colombia es la gente”. Dejando de lado el hecho de que al referirse a la gente incluye también a la gente que está en la política, a los corruptos, a los que degradan el ambiente, a los egoístas, a los insolidarios, etc., aborda el concepto de riqueza desde una perspectiva superficial.

En las condiciones actuales de la economía colombiana quizá “la gente” es la verdadera riqueza, pero para los capitalistas que ponen a trabajar a millones de “gentes” proletarias a su servicio y crean la enorme riqueza que se concentra en pocas manos. Poco le faltó a Ospina para citar a Iván Duque en su carta a Eloísa donde afirma que “Colombia es una gran nación en la que viven millones de personas buenas y trabajadoras” y describe todas las maravillas de Colombia que la hacen en su opinión un paraíso(5).

Me parece, en conclusión, que Ospina en medio de un discurso aparentemente crítico de la sociedad lo que hace realmente es enmascararla utilizando palabras que en lugar de explicar, ocultan. Su insistencia en referirse al pueblo, la gente, la comunidad, el ciudadano, la ciudadanía, es una labor impecable de ocultamiento. Critica, al referirse a la democracia, el lenguaje enmascarador, el lenguaje que disfraza la realidad, pero termina haciendo lo mismo en su análisis. Paradójicamente, un ferviente defensor y partidario del capitalismo y sus métodos políticos, el senador Roberto Gerlein, dice con mucha franqueza y claridad lo que Ospina no se atrevió a plantear en este texto:

El poder en Colombia funciona como en casi todo el mundo: lo detentan los muy ricos, los que controlan los medios. Quizás lo único que no controlan aún los poderosos en Colombia son las redes sociales, pero ya hay presiones para que éstas funcionen conforme al querer y al deseo de ellos. El poder político en un mundo capitalista como el nuestro está determinado por los intereses de quienes controlan los grandes capitales (6)

Referencias


2.         Dice que las confrontaciones y polarizaciones han sido una farsa, que la disputa entre liberales y conservadores era retórica y artificial, lo mismo que la confrontación entre Uribe y Santos. “Los dos partidos no diferían en términos filosóficos, ni en su doctrina, ni en su proyecto de país; los dirigentes tenía el mismo proyecto de manipulación y de saqueo…”.Tanto Uribe como Santos participan del mismo modelo de sociedad y tienen los mismos intereses. 

3.         “Es evidente que necesitamos ciudadanos todos los días, que votar cada cuatro años es poca cosa para ayudar a resolver tantos males. Que seamos ciudadanos solo una vez cada cuatro años, que seamos necesarios solo una vez cada cuatro años, es lo que más les sirve a los que viven de usurpar la voluntad popular y reemplazar a la ciudadanía, a los que son apenas negociantes de la política, disputándose la bolsa de empleos del Estado, y repartiéndose el ponqué de los presupuestos.” 

4.         “Se necesita una nueva política, que consiste en una manera distinta de convocar a la comunidad, en darle un lugar distinto a los ciudadanos en la transformación de la realidad, romper con la lógica triste y mezquina de los directorios y de las clientelas. Se necesitan candidatos a los cuales les guste no que la gente adhiera sino que la gente participe. No necesitamos salvadores sino de escuchar a la comunidad, de liberar la iniciativa de la comunidad. Lo único que se necesita es ver al pueblo “convertido en protagonista creador de otro modelo de sociedad”. “La política no puede seguir siendo lo que fue durante más de un siglo, la comunidad tiene que aparecer, no sólo en el discurso sino en la dinámica de la política…” “La política tiene que dejar de ser formalismo, manipulación de la gente y burocracia” “Tiene que empezar a ser la voz de la comunidad, su ingenio, su recursividad, su capacidad de afecto y su alegría.” 



(*) Economista de la Universidad Externado, doctor en Gobierno y Administración Pública de la Universidad Complutense. Consultor e investigador en temas de descentralización, desarrollo territorial y análisis crítico de la economía capitalista.

Ilustración “Trabajo asalariado y capital” por Fernando Cruz Fuente:  NEHANCE https://www.behance.net/gallery/26619879/Trabajo-asalariado-y-capital-(en-proceso