martes, abril 17, 2018

No dejemos que la infamia mate la dignidad: Carta a nuestro hermano Jesús Santrich


El autor de la Carta a Jesús Santrich, Dax Toscano Segovia durante su visita en La Habana. Santrich, ex comandante guerrillero de las FARC-EP (a la derecha) y hoy víctima de un siniestro montaje por la CIA/DEA que corre el riesgo de ser extraditado por el estado traicionero y servil a los gringos.

| Por: Dax Toscano Segovia / Colomdick |

Fue en el año 2009 que te conocí personalmente. Recuerdo con claridad nuestro encuentro en el campamento guerrillero. Tú estabas con una chompa impermeable, de color negro. Para ese entonces, ya usabas un bastón de madera y tu bigote presentaba algunas canas. Nunca me imaginé que te estabas quedando ciego. Te confieso que fue algo que me dolió mucho. No sé si recuerdes que te indague sobre aquello, con la esperanza que me digas que había una solución a tu problema de la visión.

Mi paso fugaz por tu morada guerrillera fue uno de los momentos más felices que he vivido. Hay muchas cosas que recordar, pero, en este momento crucial por el que estamos pasando, mi memoria pone énfasis en la conversación que tuvimos en tu caleta, ya avanzada la noche, a la vez que, alumbrados por una linterna, yo leía las poesías de tu autoría que las tenías impresas en unos pequeños papeles. Aún conservo la que me obsequiaste y que desde el día que me la diste, la he llevado siempre conmigo dentro mi cartera.

Hoy, las palabras contenidas en esa poesía titulada “Oración del Guerrillero” son tan vitales para tener las fuerzas necesarias que nos permita enfrentar la infamia urdida por órdenes de EEUU y ejecutada por el Fiscal, Néstor Humberto Martínez, un asiduo enemigo de la paz:

Ángel nuestro guerrillero
Manuel de la resistencia
No retires tu presencia
De mi rumbo justiciero
Protégeme con tu acero
Y tu adarga, Comandante,
Que tu fuego más radiante
Y tu amor bolivariano
Me conduzcan de la mano
Marchando siempre adelante.

Ángel nuestro comunero,
Señor de la rebelión
Guárdame en tu corazón.
Y líbrame compañero
Del odio del enemigo
Entregándome al abrigo
De tu fuerza en la batalla
Y la fe que nunca falla
Si siento que estás conmigo.

Aquel encuentro marco mucho mi vida. Me queda como recuerdo tu sonrisa, tu fino humor y tus profundos conocimientos para explicar las cosas. Me trataste como un hermano al que conocías de hace mucho tiempo y, desde ese momento, te convertiste precisamente en eso para mí.

Tropas guerrilleras y cinturón de seguridad del Frente de Santrich en la selva en el norte de Colombia que no lo abandonarán en este momento delicado y dificil. FOTO: MIRIAM EMANUELSSON.

En el año 2012 nos volvimos a encontrar, justo en los primeros días en que iniciaban los diálogos de paz en La Habana. Nos encontramos en “El Laguito”. Tú estabas con una camisa beige. Ya usabas gafas oscuras. Nos dimos un abrazo fuerte. Viéndote ciego, lloré mientras te abrazaba.

Fue muy lindo compartir una vez más contigo, Jesús Santrich.

¿Recuerdas que te hice una entrevista que se publicó en diversas páginas en la Internet, en la cual conversamos sobre muchos temas?

A las cuatro de la mañana me despertaste y me dijiste que era el momento preciso para hacerla. Ante tantas ocupaciones tuyas, yo había pensado que ya no se iba a poder realizarla. Me quedé dormido en tu cuarto, esperando tu llegada. Cuando lo hiciste, ya muy tarde en la noche, me dijiste que al otro día lo haríamos. Y así fue, tempranito. Tú, como se aprecia en el trabajo realizado, cargado de afecto bolivariano, alegre como siempre te conocí y claro en tus planteamientos.

Recuerdo que junto a Iván y Maritza nos quedamos conversando un día hasta la madrugada, escuchando música y tomando unos traguitos. Fue ahí que ustedes me obsequiaron el disco “Nuestros Héroes”, interpretado por Ruben Vargas, El Pollo de Falcón, con letras creadas por ti y por Iván. Toda una cátedra de historia de nuestra Patria Americana contada a través del canto revolucionario.

Volví a la Habana, en un nuevo viaje, en esa ocasión con mi padre y mi hijo Fidel. Compartimos momentos especiales en El Laguito. Ustedes tuvieron muchas atenciones con nosotros y fueron generosos. Fidel Camilo te obsequio un dibujo que tú lo conservabas en tu habitación. Mi padre y mi hijo siempre recuerdan aquellos momentos de alegría y de conversaciones agradables. Tocaste el saxo, la flauta y la armónica. Conservo unas hermosas fotografías de esos momentos, querido hermano.

“Mamador de gallo”, también eres. Me hiciste reír cuando a un mesero, en un restaurante cerca del lugar de la casa de paz, le consultaste si tenía carne de elefante y él, con mucha inteligencia e ingeniosidad, te respondió que se le había acabado.

En 2016 una vez más te vi en Cuba. Estuviste esperándome en el aeropuerto. En esa ocasión conversamos sobre los acuerdos y tú ya advertías algunas dificultades, aunque siempre manifestaste tus dudas sobre la voluntad del gobierno de construir la paz.

Tu espíritu combativo jamás decayó. Tu fortaleza física y moral eran cada vez mayores. Hasta una bicicleta doble manejabas y hacías permanentemente tus ejercicios. Nunca dejaste de cumplir tus tareas y trabajaste incansablemente por la paz. En ocasiones casi que ni dormías.  

En otro encuentro en La Habana, ya no conmigo, compartiste con mis padres quienes siempre tienen en su memoria la imagen tuya como la de un hombre generoso, gran conversador y afectuoso. Ellos también sufren en este momento en que la ignominia quiere imponerse sobre la decencia.

Firmados los acuerdos, ustedes finalmente regresaron a Colombia. En varias ocasiones te vi en la televisión. En Bogotá apareciste en los medios de comunicación, en algunas entrevistas con periodistas que lanzaban sus dardos venenosos contra ti. Les diste duro. Tu ironía es un arma de combate contundente.

Ante los incumplimientos del gobierno decidiste iniciar una huelga de hambre. Para ti no pediste nada, pediste para los compañeros presos en las cloacas del sistema carcelario colombiano. Exigiste con energía que su situación se resuelva y fuiste el más firme defensor de sus derechos y el que con más claridad veía las patrañas del régimen para cumplirle a la paz.

No faltaron los ataques del establishment y, lamentablemente, también desde dentro de la organización cuando uno de sus integrantes publicó un despreciable escrito contra tu persona, el mismo que hoy, una vez más, vuelve a exponer su miseria humana, su envidia y desconfianza hacia ti.

Te visité con mi hijo en Bogotá. Estabas recuperándote de la huelga de hambre. Comimos unas papas, chicharrones y pollo en tu habitación. Tú, con mucho cuidado, por lo delicado de tu estado, picabas un poquito de todo. Tocaste la guitarra y nos enseñaste unas pinturas que estabas haciendo. Hablamos un poco de cine. Me obsequiaste unos ejemplares de tu libro “Una prosa de amor para ella” dedicados a mí, a mi padre y a mi compañera. Fidel y yo observamos una vez más tu calidad humana, cuando a una compañera joven, que estaba embarazada, tú le habías comprado unos utensilios necesarios para el futuro bebé. Vimos como la abrazaste y le diste tu afecto. Ese cariño sentimos, una vez más, con mi hijo en ese encuentro en el que nos deleitamos con tu cuadro de “Cheplin”.

Así eres tú, hermano querido.

La noticia de tu arresto nos impactó, mucho más ante la posibilidad de que te extraditen. Todo esto forma parte de la nueva escalada represiva policial y judicial en la que interviene en primer lugar el gobierno de EEUU, sus agencias de espionaje como la CIA y, en segundo lugar, los aparatos judiciales que han sido secuestrados por las oligarquías vendepatrias, serviles al imperialismo en América Latina.

Un montaje judicial orquestado contra tu persona por uno de los principales cárteles de la droga en el mundo, la DEA, en complicidad con el servil fiscal Humberto Martínez, acusándote de conspirar para traficar droga. ¡Canallas, miserables!

Quieren encerrarte como lo hicieron con Simón Trinidad. Él demostró ante la injusticia estadounidense, su inocencia. Pese a ello lo mantienen encerrado, bajo condiciones inhumanas. No lo han doblegado, es verdad. Pero el imperialismo se ha ensañado contra él, demostrando su condición brutal.

Como dice tu hermano del alma, Iván Márquez: “sabemos de tu firme terquedad”, sobre todo cuando se trata de defender tu dignidad. Es una cuestión de principios, ligada a tu ética y moral revolucionaria.

Sé lo que implican tus palabras: “Es mi última batalla”, nos has dicho.

Me invade mucha tristeza, dolor y angustia. No quisiera conocer una noticia fatal. Me resisto a pensar que tú, querido hermano, ofrendes tu vida para evitar se concrete la infamia de tu extradición.

Sé que luchas, ante todo, por los compañeros detenidos y porque el Estado colombiano y el gobierno de Juan Manuel Santos, cumplan con los acuerdos de paz.

Sé que tus abogados y el partido de las FARC, con sus mejores hombres y mujeres no te dejarán solo. Sé que lucharán para desenmascarar el montaje judicial. Tengo la esperanza bolivariana de que lo lograrán a tiempo.

Hasta entonces hermano, no te dejes morir, resiste, vive que te necesitamos. Eres de los imprescindibles de Bertolt Brecht.

Acá siempre estaremos contigo, para caminar juntos por los caminos que nos enseñó Simón Bolívar, Manuel Marulanda, el Mono Jojoy, Alfonso Cano entre otros grandes revolucionarios farianos.

Me despido con las palabras escritas por Julius Fucik, tan justas en este momento en que has tomado una determinación tan dura de asimilar:

“Hemos vivido para la alegría. Por la alegría hemos ido al combate y por ella morimos. Que la tristeza jamás vaya unida a nuestro nombre”.

“También mi juego se aproxima a su fin. No puedo describirlo. No lo conozco. Ya no es un juego. Es la vida. Y en la vida no hay espectadores. El telón se levanta. Hombres: os he amado. ¡Estad alerta!”.

Con profundo amor, tus hermanos Dax y Fidel.
Quito, 17 de abril de 2018