martes, mayo 29, 2018

Elecciones: Un País Pintado



| Por: Gearóid Ó Loingsigh* |

Al final de la película La Estrategia del Caracol, los “dueños” finalmente logran echar a la gente pobre y abren la puerta del inmueble y encuentran que no queda nada, cuatro paredes exteriores, no más, sin siquiera paredes interiores, y un mural de una casa con el lema Aquí Tienen Su Hijueputa Casa Pintada. El 27 de mayo, los hinchas del proceso de paz, la social democracia, las ONG entre otros, abrieron la puerta del país y encontraron al candidato Duque, rodeado por Uribe, Popeye, el combo de La Gata y demás criminales, sonriendo ante un mural que acababan de pintar y su lema reza Aquí Tienen Su Hijueputa País Pintado.

Desde el 2012, nos vienen diciendo que el país va a cambiar con el proceso de paz, que el campo será transformado hasta tal punto que ni vamos a reconocer el país en que vivimos. Académicos como Alejo Vargas, condecorado por su servicio al Ejército, pregonaba el nuevo evangelio de bienestar y progreso, junto con otros de la “social democracia” tibia que tiene el país, como Victor de Currea-Lugo, Carlos Medina Gallego, ONG como Indepaz, Arcoiris, partidos políticos como el hoy moribundo Polo Democrático, entre otros en la larga lista.  Inclusive metieron mano académicos internacionales. Hace dos años tuve la desgracia de compartir plataforma con el historiador francés Daniel Pecault, donde él afirmó que el proceso de paz nos llevaría a un florecimiento del movimiento popular.  El 27 de mayo encontraron a su país pintado.

Existe una leve posibilidad que Petro gane en la segunda vuelta, pero la matemática no favorece mucho ese escenario. Muchos de los votantes de Fajardo, son Uribistas tibios y no votarán por Petro, Fajardo mismo es estirpe neoliberal y es poco probable que dé su apoyo a Petro, y si lo hace será con poco entusiasmo.  Fajardo, es un neoliberal sin motosierra. Como gobernador de Antioquia no vacilaba en reprimir a los campesinos que protestaban la construcción de la represa hidroeléctrica de Ituango, que casi viene abajo en las semanas anteriores a las elecciones. Además, no existen garantías de que la campaña de Duque no vuelva a cometer el mismo fraude que hizo en la primera vuelta. La única esperanza de Petro es que el miedo al retorno de los tiempos oscuros del régimen uribista, con sus asesinatos, corrupción, criminalidad, estado paralelo de las fuerzas de inteligencia policial y militar movilice a los que abstuvieron, ese 46% que no votó. Es inútil lamentar el indiscutible analfabetismo político colombiano, en un país, donde la pedagogía política se reduce, a comprar votos, prometer prebendas y en este último caso el carismático caudillismo de un salvador.  La izquierda siempre ha emulado a la derecha en su forma de hacer campañas.  Solo hay que mirar el tráfico de puestos y proyectos en los tres mandatos de Bogotá donde gobernó la izquierda.

¿Cómo llegamos a este punto?

Después del proceso de paz que iba a transformar el país, ¿cómo es que hemos vuelto al 2002?  Se debe, en parte, a la misma naturaleza del proceso.  En el proceso las FARC siguieron los consejos de pazólogos que era más fácil llegar a un acuerdo de paz y las negociaciones no eran públicas.  Es cierto, pero de esa forma el acuerdo es de las partes no más. Nadie se siente representado, nadie participó y el acuerdo no tiene un respaldo masivo.  La mayoría de los que votaron a favor del acuerdo en el plebiscito no leyeron el acuerdo.  Pronunciamientos posteriores de varios políticos del Polo indican que ellos tampoco lo leyeron.  La gente estaba cansada de la guerra no más.

Así los sectores sociales que no participaron en la negociación no tienen nada que mostrar al mundo.  Existe un acuerdo bastante nefasto en muchos puntos y el gobierno ha incumplido en la implementación de los pocos puntos positivos del acuerdo. Así el domingo pasado, no se jugó una visión del país, sino las maquinarias electorales del Uribismo contra un candidato cuya trayectoria es más bien electoral.  El proceso de paz no transformó el país y la ironía de las elecciones es que el acuerdo incluye un capítulo sobre la participación política puramente electorero para garantizar curules para las FARC y también de las víctimas (aunque el Congreso incumplió a las víctimas y de nuevo quedaron excluidos.)

El proceso de paz y su metodología no sirve a nadie más que a la burguesía, pues son los principales beneficiarios del enfoque electoral, con la compra de votos, y la pasividad de la gente.  ¿Qué nos dicen nuestros pazólogos?  Nada.  Como el Dr. Frankenstein se horrorizan ante el monstruo que han creado.  Aunque, por lo menos en la novela, los moradores locales participaron activamente en la quema del monstruo.  Colombia es el país de la pasividad, tendencia elevada a dogma por los pazólogos.  Allí tienen su hijueputa país pintado.

Si logramos sobrevivir en la segunda vuelta, se debe aprender la lección, la pasividad y lo electoral solo favorecen a los ricos.  Si la izquierda quiere cambiar el país, tiene que botar a la basura sus prácticas clientelistas y movilizar a la gente, y no solo para votar una vez cada cuatro años, y tampoco para recibir las prebendas de uno u otro proyecto asistencialista de la cooperación internacional.  Dr Frankenstein, se requiere visión y movilización más allá de llenar plazas en campaña electoral, o vendrán de nuevo a quemar su castillo.