lunes, mayo 07, 2018

Medellín está en jaque frente al gigantesco poder de fuego de ‘La Oficina’



La Oficina nació en Envigado, por allá en los años ochenta. Era una oficina de cobros, un local amoblado, algo muy normal, pero con una particularidad: hombres al mando de Pablo Escobar eran quienes trabajaban allí, encargados de cobrar las cuentas pendientes por pagar, las cuentas del narcotráfico, las del Cartel de Medellín.

Pablo Emilio Escobar Gaviria, quien había logrado aliarse con paramilitares para traficar con droga y enfrentar al Gobierno, murió baleado el 2 de diciembre de 1993, a sus 44 años, en el techo de una vivienda del barrio Los Olivos, en La América.

Se creyó que su desaparición y la captura de los jefes del cartel de Cali marcarían el principio del fin del narcotráfico en Colombia. Nada más errado.

La Oficina no cerró. Alias don Berna la fortaleció y se hizo su jefe. Don Berna o Adolfo Paz, como es conocido Diego Fernando Murillo Bejarano, nacido en Tuluá, Valle, en 1961, un exmilitante del Ejército Popular de Liberación, EPL, llegó a ser parte del Cartel de Medellín gracias a su jefe, Fernando Galeano, alias El Negro, de quien era su escolta.

El Negro, socio de Escobar, fue cortado en pedazos en la cárcel La Catedral en 1992, junto a su hermano Mario, a Gerardo Moncada, alias el Quico, y su hermano William. Escobar, se asegura, los citó para reorganizar el Cartel y una vez allí los desapareció. Otra versión afirma que estos se negaron, por lo que fueron secuestrados por El Chopo, El Pájaro y El Zarco, quienes los llevaron a la cárcel. Igual murieron.

Alias Berna se salvó porque ese día acompañaba a la esposa de su jefe. Era la tercera vez que se salvaba de morir. Cuando perteneció al EPL, un narcotraficante ordenó acabar con esa guerrilla. Los mataron casi a todos, menos a Murillo, que huyó a Itagüí y terminó trabajando para Galeano, lavándole los carros. Una vez convertido en su hombre de confianza, fue emboscado por la guerrilla, una disidencia del EPL denominada Estrella Roja, que le destrozó una pierna, pero no lo aniquiló.

Cuando se enteró del trágico fin del Negro Galeano, su patrón, alias Berna puso todo su empeño en combatir a Pablo Escobar. Fue uno de los líderes de los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar) hasta que ese grupo se extinguió, precisamente el 2 de diciembre de 1992.

Murillo Bejarano se asoció desde entonces con combos criminales de la ciudad y fortaleció la Oficina de Envigado, que ahora delinquía en todo el Valle de Aburrá. Un dirigente deportivo de Envigado, según la Dijín, fue su socio en esa tarea: Gustavo Upegui. Alias Berna se ocupó del ala militar. Se unió posteriormente, a finales de los años noventa, con las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, y convirtió su Oficina en el Bloque Cacique Nutibara (BCN), con más de 4.000 hombres, muchos de los cuales aún siguen delinquiendo en la ciudad, poniendo en práctica lo aprendido por aquella época. Upegui era el de los negocios.

En el año 2.000, una agrupación de sicarios de la cual Murillo fue su jefe, La Terraza, se rebeló contra alias Berna. En esa guerra murió un hermano de Murillo Bejarano. La reacción fue exterminar a La Terraza. Y así sucedió. La Terraza que existe hoy, 2018, en Medellín, es otra, una que tiene su asiento en Manrique y que se dedica principalmente al hurto de automotores; suelen confundirlas, pero son diferentes.

En 2002, con ayuda de un hombre conocido como Fabio Orión, enfrentó y erradicó a las milicias de las Farc y el Eln (compuestas por unos 2.000 hombres de 600 barrios) que tenían asiento en las comunas de Medellín, pero también a satélites paramilitares de las AUC con presencia en la capital antioqueña, como el del Bloque Metro, comandado por alias Doble Cero o Rodrigo (Carlos Mauricio García Fernández), con influencia en el Oriente, Occidente, Norte y Nordeste de Antioquia.

Tras convertirse en el único grupo armado ilegal que imperaba en Medellín, alias Berna, su líder, consiguió desde enero de 2004 una pacificación de la ciudad, conocida como la “Donbernabilidad” (gobernabilidad) o “Paratranquilidad” urbana. Su orden fue que en Medellín, quien matara, moría.



El poder de alias Berna, su sangre fría, lo convirtieron en el líder no solo en Medellín. Consiguió el control en 37 municipios de Antioquia, logró liderar el Bloque Calima en el Valle, hacerse al mando de los Héroes de Tolová, en el sur de Córdoba y dominar la mitad del Bloque Libertadores en Putumayo y Nariño. En 2004, coincidencialmente, fueron asesinados Carlos Castaño y alias Doble Cero.

Dos meses antes, en noviembre de 2003, alias Berna y 855 integrantes del BCN se desmovilizaron, como parte de la firma de los Acuerdos de Santa Fe de Ralito. El BCN desapareció, pero no la Oficina, que eran la misma cosa.



En 2005 fue acusado de ordenar la muerte del diputado cordobés Orlando Benítez. Alias Berna, que entonces estaba en la zona de encuentro en Ralito, escapó. Pero fue capturado y recluido en la cárcel de máxima seguridad de Cómbita, desde la cual siguió delinquiendo, según las autoridades colombianas. Por tal razón, fue trasladado a la prisión de La Picota, en Bogotá. Fue señalado de idear un plan para acabar con algunos líderes de las Farc, para lo cual habría encargado la tarea a sicarios del combo Los Triana, agrupación ilegal que nació en la zona nororiental, que hoy tiene presencia, además, en todo el norte del Valle de Aburrá y que hace parte, junto a los Chatas, los Pachelly y los Mesa, Los Chamizos, La Oficina del Doce, entre otros, de una mega estructura paramafiosa denominada la gran Alianza del Norte.



El 13 de mayo de 2008 fue extraditado a los Estados Unidos, con otros 13 paramilitares. Y con él se fue parte de la verdad. Nos quedó la guerra urbana y la Oficina del Valle de Aburrá (la antigua Oficina de Envigado) se dividió en dos y la lucha por el poder dio inició a un recrudecimiento de la violencia que hasta ahora perdura en la ciudad.

De una parte estaba Maximiliano Bonilla, alias Valenciano, quien junto a alias Danielito (Daniel Alberto Mejía), alias Yiyo, alias Kéner, alias Douglas y Rogelio (Carlos Mario Aguilar) hacían parte de los consentidos de alias Berna. Alias Valenciano empezó a controlar importantes rutas de tráfico a través de la costa Caribe. Era el cerebro internacional de la Oficina. Inclusive, investigadores aseguran que alias Valenciano fue hasta Santa Fe de Ralito, Córdoba, para recibir directamente de parte alias Berna las rutas del narcotráfico y los territorios que dominaban alias Jorge 40, Hernán Giraldo y Los Mellizos en el Cesar, la Guajira, Magdalena, Córdoba, Bolívar y Arauca.



Algo salió mal, como suele suceder en los negocios entre ilegales. Según la Dijín de la Policía, el delegado de alias Berna en la Oficina, el dirigente deportivo Gustavo Upegui, fue asesinado en San Jerónimo el 3 de julio de 2006 por alias Danielito y otros sujetos del combo Calatrava, de Itagüí, orden impartida por Murillo Bejarano.

Un año después, Danielito fue acribillado por alias Rogelio, en venganza por la muerte de Upegui, y pasó a ser jefe de la Oficina. Pero, posteriormente, en 2008, se entregó a la DEA con la ayuda de su hermana fiscal. Alias Yiyo y Kéner fueron capturados. Así las cosas, desde julio de 2008 Valenciano pasó a ser el jefe y hasta creó su propio grupo: Los Paisas.

Pero Erickson Vargas Cardona, alias Sebastián, no estuvo de acuerdo con esa jefatura y desde 2008 le empezó a disputar el trono de la Oficina. Junto con su hermano Franklin, Erickson se inició como sicario de los Pepes cuando era apenas un adolescente y con el paso del tiempo se convirtió en jefe de sicarios de alias Berna.

Con más fuerza local que internacional, alias Sebastián se hizo cada vez más poderoso en el Valle de Aburrá. Entre 2008 y 2011 en Medellín se libró una guerra entre estas dos facciones que dejó más de 7.000 asesinatos.

La guerra parecía acabada con la captura en Venezuela, en noviembre de 2011, de alias Valenciano, quien fue extraditado a Estados Unidos y condenado por un juez de Nueva York, en octubre de 2016, a 20 años de prisión.

Pero poco le duró el “reinado” a alias Sebastián, pues en agosto de 2012 fue capturado en una finca de Copacabana, fue extraditado en octubre de 2013 a los Estados Unidos y en febrero de 2016 fue condenado a 25 años de prisión.

Entre 2011 y 2012, alias Sebastián tuvo que enfrentar a los “Urabeños”, conocidos hoy como Autodefensas Gaitanistas de Colombia, AGC, Clan Úsuga o Clan del Golfo, quienes, según investigaciones de la Dijín, lograron ingresar al Valle de Aburrá gracias a su alianza con alias Valenciano y, desde la captura y extradición de este, pasaron a ser lo jefes de estructuras como los Mondongueros, que trabajaban para Valenciano.

Así las cosas, el ala de Valenciano sigue viva en manos de las AGC, mientras que la Oficina siguió en pie gracias a la Alianza del Norte, la odín Robledo conocida como los Pesebreros, entre otros.

Nadie se esperaba esa guerra entre alias Valenciano y alias Sebastián, mucho menos después de experimentar tantos años de “paz” en la ciudad. En julio de 2013, con Erickson Vargas y Maximiliano Bonilla extraditados, se selló el Pacto del Fusil, acuerdo celebrado entre La Oficina del Valle de Aburrá y Las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) lo que permitió que se detuviera la guerra urbana que venía desangrando a Medellín.

El pacto redujo la confrontación y por ende las muertes violentas, sin embargo, las tensiones siguieron latentes en varias comunas, corregimientos de Medellín y municipios del Valle de Aburrá, conflictos que todavía hoy afloran.

Hay confrontaciones pero hasta el momento la “guerra fría” sigue en la Oficina del Valle de Aburrá. Cabe preguntarse, ¿qué posición estarán asumiendo las AGC? ¿Estarán auspiciando una nueva guerra urbana? ¿Cuándo terminará la guerra fría adentro de la Oficina? ¿La terminación traerá una nueva guerra urbana entre las dos líneas que la componen, tal y como ocurrió en la división de la Oficina en el segundo semestre del 2007?


Estas preguntas quedarán por resolverse en la medida que se desarrollen los nuevos acontecimientos en Medellín.

Cómo decíamos en el portal La Nueva Prensa, la guerra en Medellín y, por qué no, en el resto del Valle de Aburrá, está servida. Los enfrentamientos armados en Belén parte alta (comuna 16), en el corregimiento de Altavista, en Robledo (comuna 7), en San Javier (comuna13) y la posible confrontación en la comuna 12 (la América) por el ingreso a ella de la Unión Pájaros-Chivos contra Los Pesebreros, estaría solidificando esta teoría.

Frente a todo esto preocupa que la institucionalidad banalice la situación al decir inicialmente que es debido a las capturas de este o aquel personaje. Es inocente creer que con tantos hombres fuertes en la sombra y otros tantos dando órdenes desde la prisión, como alias Pesebre, se crea que un individuo de tercer nivel, como alias Juancito (Juan Manuel Piedrahíta), esté provocando el desorden armado en la comuna 13.

Incluso es grave que algunos funcionarios y servidores públicos oculten las verdaderas causas de lo que se está viviendo. Centrar la atención en la comuna 13, mientras las otras mencionadas zonas arden es una irresponsabilidad mayúscula. Esperamos desde Análisis Urbano que el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, reaccione y mire más allá de lo que le está informando la Fuerza Pública.

¿Estará Medellín preparado para una nueva guerra urbana? ¿Conocerá la institucionalidad y la ciudadanía el verdadero poder de fuego de la Oficina del Valle de Aburrá, las AGC y las 350 bandas que le sirven a unos y otros?

El arsenal de la Oficina no son juguetes de piñata

La Agencia de Prensa Análisis Urbano tuvo la posibilidad en exclusiva de conocer de cerca parte del armamento con el que cuenta la Oficina. Lo que encontramos es impresionante y muestra que el crimen urbano-rural está en capacidad de arremeter o defenderse de los ataques de la Fuerza Pública u otras estructuras paramafiosas que quieran invadir los territorios que controlan.


Encontramos todo tipo de armas, fusilería, rifles con mira telescópica, ametralladoras, artillería pesada como los lanza granadas MGL, granadas, pistolas, escopetas, entre otros.

Debemos anotar que no son una o dos armas, son cientos de ellas. Las imágenes y videos dan cuenta de lo que encontramos.

El poder de fuego de la Oficina muestra su capacidad de dañar, de aniquilar. Consideramos hoy más que nunca que la ciudad, el departamento y el país no están preparados para afrontar semejante desafío.


La división de hoy

La guerra fría dentro de la Oficina del Valle de Aburrá, que agremia a la mayoría de las bandas de los diez municipios del Área Metropolitana y otras subregiones, pareciera estar dividida en dos líneas, una que agruparía el 20% y la otra el 80%.
Los primeros, parecieran querer ir a la guerra para quitarle territorios y poder a la línea mayoritaria, los segundos estarían buscando la salida negociada a través de la Dirección Colegiada de Grupos Armados del Valle de Aburrá.

El 20% lo conformarían Los Pesebreros, La Terraza, la Oficina de San Pablo, al parecer con auspicio de un sector de las AGC.

El 80%, integrado por la mayoría de jefes de la Oficina o Dirección Colegiada, patrocina la guerra a través de bandas, pero no confrontan a la minoría, eso muestra que la guerra fría es una realidad.

Teniendo en cuenta lo anterior, la ONG Corpades y la Agencia de Prensa Análisis Urbano consideran que ha llegado la hora de que la alcaldía de Medellín, en cabeza de Federico Gutiérrez Zuluaga, el gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, y los otros nueve alcaldes del Valle de Aburrá, le exijan al Gobierno del presidente Juan Manuel Santos, que antes de entregar su mandato deje la herramienta idónea para el desmantelamiento de la Oficina, las AGC y sus bandas. Esa herramienta es una Ley de Sometimiento o Acogimiento a la Justicia, que consulte la realidad y que lleve por fin a la liberación de comunidades y territorios urbanos y rurales sometidos a una guerra sin cuartel de la cual son víctimas.

Apunte Urbano

Análisis Urbano ha conocido de primera mano que poderosos jefes de la Oficina del Valle de Aburrá están firmes en la decisión de trasegar el camino de la paz. Desde este espacio ayudaremos a que eso sea posible. La paz urbana y rural es necesaria. Solo así llegaremos a la paz total y al proceso de la reconciliación nacional.

¡Bienvenida sea la Oficina al camino de la paz!

Mientras la Defensoría del Pueblo emitió un informe de Alerta Temprana Inminente, para que la Alcaldía tome medidas de acuerdo a las recomendaciones, el alcalde saca pecho por supuestos “peces gordos” del crimen. Entretanto, las bandas siguen cometiendo acciones que tienen en ascenso los homicidios, los desplazamientos, las extorsiones, las desapariciones y todos los delitos que el crimen para-mafioso ha impuesto en Medellín en los últimos años.

¿Qué le espera a Medellín? Lo único que podemos decir es que la guerra está servida, conocimos su poder de fuego, por eso alertamos antes de que sea demasiado tarde.