martes, mayo 29, 2018

Reflexiones sobre la segunda vuelta presidencial, desmitificación de ideas y horizontes posibles



| Por: Por Jymy Forero |

"Hay que pensar y actuar con sobriedad sin el afán que impone el ruido emocional y la efervescencia de las pasiones".

Los resultados electorales de la jornada del 27 de mayo nos dejan ante un escenario inédito en la vida política colombiana por dos razones. De un lado, porque una opción de alternativa democrática está en la segunda vuelta y de otro lado, porque esta posibilidad la abrió un amplio y diverso espectro de la población que expresó su deseo de cambiar la historia de Colombia. Candidatos alternativos y sus proyectos que emergieron en otros momentos históricos como lo fueran Jorge Eliecer Gaitán, Pardo Leal o Jaramillo Ossa, ni siquiera llegaron a la contienda electoral ya que fueron acallados mediante el crimen y el terror. Carlos Gaviria fue derrotado en primera vuelta en 2006. Hoy cerca de 9 millones de colombianos manifestaron su rechazo y malestar profundo por las prácticas de corrupción, politiquería, miedo, injusticia y malgobierno que han representado los gobiernos de las elites en Colombia. El asunto es sencillo, complejo y difícil a la vez, estamos ante la posibilidad de un nuevo momento político para los inconformes en este país. Este momento político no es meramente coyuntural, es el resultado diferenciado del movimiento de los conflictos sociales, acumulados populares e intentos diversos por democratizar la sociedad colombiana.

El escenario de la segunda vuelta es profundamente fecundo. Si hubiese pasado una propuesta de “centro” a competir con Duque, la contrastación y/o confrontación entre candidaturas se habría dado riesgosamente en términos de estilos o de formas de gobierno, el quid no es la forma sino el fondo de las propuestas, sin embargo, hoy tenemos la posibilidad de confrontar dos modelos opuestos, dos proyectos de país diferentes liderados y configurados a su vez por clases sociales distintas, confrontación que seguramente se mantendrá más allá del 17 de junio.

En esta hora del país no da igual quién gane, clarificar sus distancias, sus diferencias, sus intereses, sus contradicciones y sus repercusiones para la vida de los colombianos, para la vida natural en nuestros territorios y para la suerte del continente, debe ser una tarea de quienes aspiramos a contribuir -en el corto y en el mediano plazo- a vivir en una sociedad mejor. Se trata pues, de promover el voto consciente, critico, informado y argumentado.

Mitos y engaños en la retórica de Ivan Duque

Me propongo analizar por ahora dos ideas fuerza que el candidato Duque expresó en su discurso luego de conocer los resultados electorales y que no necesariamente corresponde con la realidad ni con lo que él representa; “Este es un proyecto colectivo que le da una nueva oportunidad a una nueva generación de gobernar a Colombia con todos y para todos”, dijo en su alocución. Veamos:

1. El proyecto del Centro Democrático que representa Ivan Duque, muy a pesar suyo, no es una renovación en esencia ni mucho menos un proyecto que sea para todos. No se puede hablar de renovación cuando en la arquitectura del proyecto y tras bambalinas aparecen figuras pletóricas de la política tradicional como Álvaro Uribe, Andrés Pastrana, Alejandro Ordoñez, Martha Lucia Ramírez, Carlos Holmes Trujillo, Fernando Londoño, los Valencia, los Cossio, los Lafurie, entre otros. Todos ellos comprometidos y responsables durante décadas del malgobierno, de las prácticas clientelistas, de la tragedia humanitaria y del desfalco económico de la nación en todas sus dimensiones incluyendo los monumentales casos de corrupción. Qué paguemos hoy todos los colombianos la gasolina más costosa del continente; que tengamos la carga tributaria más onerosa de la región, que la salud y la educación se hayan convertido en mercancía al vaivén de la oferta y la demanda; que las empresas de servicios públicos y otras empresas estratégicas se hayan privatizado y subastado al peor postor; qué los dineros públicos para fortalecer el agro se hayan destinado a ampliar las propiedades y ganancias de sus amigos de turno gracias al programa descolorido de Agroingreso Seguro. Prácticas políticas nada decentes como el candidato Duque pretende atribuirle a sus coequiperos y que las nuevas descendencias de los Santodomingo, los Santos, los Valencia y él candidato mismo, por supuesto, van a retomar. La renovación no se da en términos generacionales donde los vástagos de las mismas familias relevan a sus progenitores, no, renovar es transformar las ideas y las prácticas políticas y en ese terreno las ideas del Centro Democrático son el continuismo, más de la política incesante de exclusión, neoliberalismo y miedo.

2. La otra idea que quiero controvertir del candidato Duque es que tampoco el suyo es “un proyecto para todos”, las ideas que enarbola el uribismo ha demostrado en las últimas dos décadas que, pese a su popularidad, es un proyecto de clase, elitista, en el que encajan exclusivamente sectores industriales, terratenientes y burgueses emergentes, por tanto, está asociado a los intereses del gran capital, de los grandes grupos monopólicos nacionales y extranjeros. Ese es un proyecto desarrollista atípico, que defiende sus grandes propiedades, que exalta la tradición, incuba el odio y el miedo, promueve la cultura de la muerte, la intimidación, la naturalización del horror y de las injusticias. En sus programas y proyecciones no aparecen como protagonistas las mujeres y hombres sencillos, trabajadores, allí no está representada la Colombia profunda y diversa. Decir que es un gobierno de todos, cuando en realidad es clasista y excluyente es demagogia, es tratar de envilecer y seducir engañosamente a los votantes. La sinceridad y la honestidad no son los mejores aliados del Centro Democrático, las frases vacías y abstractas que Duque usó en su afán por posar de centro y ganar a los votantes de Fajardo y de La Calle le ponen al descubierto. Frases como por ejemplo: “Colombia necesita un gobierno que desde el primer día asuma la lucha contra la corrupción” (no tiene la autoridad moral ni política por los sectores que representa); “nos sintonizamos con Fajardo en la idea de trabajar en la educación” (su idea de educación se agota en una educación autofinanciada, técnica, para el trabajo y la productividad, alejado del carácter universal y emancipador que debe propiciar toda educación, la promoción del libre pensamiento y el desarrollo de la ciencia, las humanidades, las artes, la cultura, la filosofía, son áreas del conocimiento que no hacen parte del tipo de país que propone el candidato Duque). Finalmente, su llamado a “la esperanza por encima de los odios de clase” en un acto descalificador de la postura crítica de su opositor Petro, pone de manifiesto el concepto de unidad de los fascistas el cual implica el anhelo de una sociedad sin contradicciones ni lucha de clases, en donde los contradictores y los “traidores” son derrotados y los conflictos sociales como motor de desarrollo de una sociedad se encubren. Por tanto, ese proyecto es racista y patriarcal, rechaza la diversidad, el pensamiento crítico y muestra desprecio por la diferencia y lo heterogéneo.

Con los resultados de ayer, no podemos desconocer de todos modos, que cerca de 8 millones de colombianos, siguen considerando que las ideas uribistas son la “salvación” de Colombia, muchos de ellos por convicción ideológica, por su defensa a la propiedad privada, a la familia y los privilegios de los poderosos, otros están allí porque siguen abrigados bajo el embrujo autoritario fascista. Muchos de estos últimos son personas humildes y populares con legítimos deseos de cambio. El proyecto de la Colombia Humana no debe desconocer esta condición, por el contrario debe disputarle al fascismo estos sectores sociales, atraerlos y convocarlos a que es posible tener voz y protagonismo en la construcción de sus aspiraciones. La votación de la primera vuelta muestra que es una tarea posible y que en muchas zonas del país la Colombia Humana atrajo a muchos otrora uribistas.

El alcance de la propuesta de Petro

En aras de las clarificaciones también hay que decir algunas cosas de los alcances del proyecto de la Colombia Humana. Petro levanta hoy una propuesta democrática, liberal radical, diversa y pluralista de conquista de derechos sociales consecuente con las reformas aplazadas por más de dos siglos en nuestra sociedad junto con valiosas sensibilidades frente a la urgencia del cambio climático y el calentamiento global. Creo que para quienes no somos petristas esta es una propuesta muy valiosa en el momento actual de disputas y transiciones que vive el país, por eso lo respaldamos con toda nuestra convicción. No hay una intención programática ni de expropiaciones ni de ataques a la propiedad privada como dicen sus detractores, eso es un mito muy efectivo para asustar y oponer a la gente. En este país el capital ya nos expropió todo y sólo nos dejó el miedo a los fantasmas ficticios, al parecer hasta ese miedo ya se está desvaneciendo. Tampoco vamos a ser como otro país, ni como Venezuela ni como Cuba por dos razones, en primer lugar porque la historia no se repite igual en distintos países, ni siquiera el capitalismo reproduce los mismos países, no es igual Colombia que Guatemala o que Brasil, hay singularidades históricas, geográficas, culturales, entre otras. En segundo lugar, porque el proyecto de la Colombia Humana para gusto de unos y pesar de otros no es socialista ni se propone serlo. Esa es la propuesta de la Colombia Humana, ni más ni menos. Sin embargo, su propuesta fue acogida y desbordada por miles de rostros esperanzados en el cambio a lo largo y ancho del país. Su candidatura hoy y sus reales posibilidades de seguir creciendo son un proyecto ya no sólo de Petro sino de los inconformes y de los sectores alternativos de este país. Hoy la campaña de la Colombia Humana debe centrar sus esfuerzos para seguir creciendo hacia el sector abstencionista que es susceptible de seguir reduciéndose, hacia los indecisos que votaron por De la Calle y Fajardo, y hacia nuestros vecinos, familiares y amigos que votaron por Duque o Lleras y que tendrían un lugar sincero y dispuesto en este proyecto que está construyéndose, confió en que este trabajo es más fructífero que las coaliciones que se puedan hacer desde arriba con las dirigencias de Coalición Colombia o de la campaña de De la Calle, en donde muchos de sus votos no son endosables. Ese debe ser el derrotero, profundizar la diversidad y la democracia para continuar ampliando este proyecto con múltiples sectores históricamente silenciados.

Un momento clave para el campo democrático-popular

Una parte importante de los proyectos de izquierda han estado activos en esta campaña, varias de sus luchas y banderas de ayer por derechos y libertades democráticas están recogidas en la apuesta programática de la Colombia Humana, allí tenemos una parte de responsabilidad en lo que se ha hecho, pero los ojos deben estar puestos en lo que está por hacerse, pues la elecciones por si mismas no garantizan transformaciones, ganemos o gane la derecha, se requiere la construcción colectiva del sujeto revolucionario y del poder popular.

Este proceso abre horizontes interesantes que debemos sortear, aprovechar y aprender a transitar. Ya se abrió un dialogo y una comunicación amplia que conectó con el cansancio y los anhelos de cambio de mucha gente en el país, la propuesta ha calado y se ha afincado en sectores casi impenetrables históricamente para los sectores alternativos como serían sectores de las fuerzas militares, de los cristianos con notables excepciones, de la tercera edad, de los discapacitados, de los sin partido, más allá de los sectores sociales y políticos tradicionales, algo que puede seguir desatándose de cara a la segunda vuelta pero también más allá del 17. El ambiente es propicio para la esperanza, para la deliberación, para gestar propuestas renovadas de organización y para convocarnos a un proceso inédito de asamblea del campo popular que tenga entre sus objetivos mantener la vigorosidad y pluralidad de la participación popular, fortalecer las expresiones alternativas regionales y territoriales, y construir un nuevo proyecto estratégico donde las voces e intereses de la izquierda toda ella conectada con la Colombia profunda se puedan expresar por sí mismas tanto en las luchas sociales venideras, en las contiendas electorales del 2019 y 2022, y en las apuestas prácticas y colectivas de un gobierno y una sociedad realmente democráticas.