domingo, mayo 13, 2018

Santrich: Su diatriba entre la vida y la muerte



| Por:  Efraín Cisneros /  Santrich Libre |

De lo mucho que se ha escrito desde la detención de Seuxis Hernández, conocido como Jesús Santrich, ha habido una suerte de condolencias por su decisión de dejarse morir de hambre en una huelga que inició en el momento que fue capturado.Un número de artículos eseñan cuando sus autores lo conocieron, lo que vivieron con él y el respeto que le sienten por sus capacidades intelectuales. En la mayoría de los artículos se solidarizan con la despedida a la que Trichi llamó: “su última batalla”.

El tema Santrich se ha mantenido en los medios de prensa y de redes sociales por casi un mes, puesto que en realidad ha sido un golpe artero por parte del Fiscal General de la Nacional, quien a rodillas juntitas ha cumplido con el ordenamiento del Cártel de la DEA, dando un revés al proceso de paz, dejando expedito la poca o nula seguridad jurídica que tienen los excombatientes farianos luego de firmar los Acuerdos de la Habana.

Lo que llama la atención de quienes se han pronunciado en solidaridad con Santrich es que en medio de tantos elogios al arquitecto del documento de 310 páginas del acuerdo final entre el Estado colombiano y la FARC-EP, es un silencio despiadado que se oculta en el respeto a su decisión de “morir antes de ser extraditado”, como atentos al desenlace de lo que ello podría acarrear. Incluso esperábamos la voz aliciente de su amigo Iván Márquez orientándolo a levantar la huelga como ocurrió en el mes de noviembre del año pasado, pero fue más desconcertante saber sobre su renuncia a la curul del Senado y alejarse al sur de Colombia.

La apuesta que han hecho las FARC en los años de guerra ha sido por la defensa de la vida, las historias contadas por sus excombatientes, datan en un número significativo de quienes vieron en la insurgencia la posibilidad de salvaguardarse ante la arremetida de la fuerza pública en consonancia con los grupos paramilitares (Terrorismo de Estado).

Ese es el aliento que se debe seguir impregnando en las más difíciles de las batallas. Suficiente tenemos ya con los miles de mártires que ha puesto esta sangrienta guerra para que en nombre del amor o la dignidad se ofrende la vida de un hermano sin antes haber dado la pelea. Claro que es duro pensar en ser extraditado y mucho más ser condenado por una legislación extraterritorial y que no atiende las razones como las expuestas por aquel prohombre de la dignidad como lo es Simón Trinidad. Pero, Santrich aún tiene oportunidades con la movilización de su partido, con la sapiencia colectiva de su dirección política.

Debemos sumarnos en verdadera solidaridad al llamado que hiciera en primera instancia el presidente de esa tolda política, la de la Rosa Roja, la Rosa Blindada; la que encierra y protege con su vida la estrella de la revolución.

Como diría Timoleón Jiménez, exhortamos a que Santrich levante la huelga de hambre para que se ponga de pie y esté en plena cabalidad para su defensa. Lo mismo reiteró el Consejo Político Nacional y a esas voces se han sumado el expresidente de Uruguay Pepe Mujica, la comisión de notables internacionales que le visitaron en el Hospital el Tunal y con mayor vehemencia la carta dirigida por Álvaro Leyva Durán e Iván Cepeda.