domingo, junio 17, 2018

La opinión libre tolimense: 1 de 3, contra la perpetuación de la ultraderecha


Parque Murillo Toro en 1926, imagen tomada de Pinterest
| Por: Luis Orlando Ávila Hernández* |

Si algo deja esta elección de Presidente en Colombia, es que para el Tolima la ultraderecha retrocedió a pesar de haber triunfado: 21 de los 47 municipios la proporción de ideas liberales, ecologistas, izquierdistas y progresistas frente al oscurantismo de la ultraderecha fue 1 de 3, y no absoluta como se nos estaba volviendo desde 2002.

Ya el tolimense promedio empieza a recordar los años aciagos de Laureano Gómez, Guillermo León Valencia, Julio Cesar Turbay Ayala, Cesar Gaviria y Alvaro Uribe.

A pesar del bombardeo mediático de las emisoras de los locutores empresarios, de los portales noticiosos con inusitado capital, de los programas radiales mañaneros con su fundamentalismo chabacano y misógino, de los procaces congresistas regionales y de, por qué no decirlo: del resurgimiento de las bandas paramilitares gracias al extraño capital corporativo legal e ilegal que nos intenta inundar, en los espacios dejados por la insurgencia.

En Ibagué, Espinal, Natagaima, Coyaima, Ortega, Purificación, Saldaña, Icononzo, Flandes, Coello, Piedras, Alvarado, Venadillo, Ambalema, Lérida, Libano, Armero Guayabal, Falan, Honda y Mariquita, las cuentas fueron claras: el voto libre y de opinión estuvo por el 33% en promedio frente al altibajo del 66% de la ultraderecha obediente.

Eso ya es algo y por eso, las trompetas de guerra en la victoria se silenciaron o al menos no fueron tan estridentes.

Es un buen ejercicio sociológico el ver celebrar en estos días a los cabezas de la ultraderecha tolimense (entre estos los dueños del diario El Nuevo Día) en contubernio con las decenas de miles de pobres que en las barriadas y veredas más necesitadas de Ibagué y los municipios les votaron sin razonar: solo basta recordarles que no hay cuña que más apriete que la del mismo palo.

Llegan cuatro años en que los desplazados, los LGTBIQ, las minorías étnicas, los ateos, las iglesias cristianas no fundamentalistas, los curas con opción por los pobres, las veredas asentadas en yacimientos mineros, los derechos de las mujeres, la educación pública y el mismo sistema judicial tolimense tendrán que sortear de nuevo el autoritarismo del gamonalismo y del caciquismo de quienes le dieron la impronta al Presidente que gobernará.

Pero por algo se empieza, y el 33% en esos 21 municipios dice mucho de que no todos en el Tolima somos de los Yepes, de los Chocos, de los Ferro, de los Matiz, de los Parra, de los Gaitán, de los Martínez, de los Barreto, de los Chocos, de los Santos, de los Jaramillo, de los Toledos y de tantos otros que hicieron que la región fuera el nido de corrupción que es hoy en día.
Ya alguna vez lo dijo el paisano expresidente Manuel Murillo Toro:

“Que los hombres se han reunido en sociedad no como pudieran reunirse los lobos y los corderos, sino con la mira de protegerse recíprocamente; y que con tal objeto es necesario cuidar de mantener la exacta y equitativa relación de las libertades e intereses permanentes de los asociados, lo que no puede consultarse con el sistema de dejar hacer, que implica el dejar robar y dejar oprimir y va hasta la consagración de la esclavitud, o de la explotación del hombre por el hombre.”      

(*) Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.